Su primer día lejos de la maldita ciudad, los ancianos decrepitos y las obligaciones del trabajo (más o menos) ambos habían llevado su equipo pero ella se aseguraba de no trabajar lo suficiente y por eso habían acordado cenar viendo el atardecer juntos. Allí estaba ella, con un vestido ligero pero hecho para la ocación, sosteniendo una copa de las varias que ya llevaba de vino, viendo de reojo al menor.
—¿No es este el mejor fin de semana que has tenido? Porque el mío sí, playa, sol, y —pausó, se rehuzaba a decir que su compañía le agradaba de más— ...este vino... @saranghacs










