Al reflexionar Muller sobre el futuro de la eugenesia y la posibilidad de alterar el genoma humano, se preguntó si Galton y sus colaboradores no habrían cometido un fundamental error conceptual. Al igual que Galton y Pearson, Muller simpatizaba con el deseo de usar la genética para aliviar el sufrimiento. Pero, a diferencia de Galton, Muller empezó a darse cuenta de que la eugenesia positiva solo era realizable en una sociedad que ya hubiera logrado una igualdad radical. La eugenesia no podía ser el preludio de esa igualdad. Al contrario: la igualdad debía ser una condición previa de la eugenesia. Sin igualdad, la eugenesia inevitablemente admitiría la falsa premisa de que los males sociales, como el vagabundeo, el pauperismo, la desviación, el alcoholismo y la debilidad mental, son males genéticos, cuando en realidad simplemente reflejan la desigualdad. Las mujeres como Carrie Buck no eran imbéciles genéticas; eran pobres, analfabetas, enfermizas y desvalidas; víctimas de su destino social, no de la lotería genética.