► Second present~
Habían pasado ya algunos días después de aquél juego en el que se había dado cuenta que el orgullo que sentía por jugar hombro a hombro con esa persona era bastante inmenso. Los moretones comenzaron a desaparecer pero aún parecía que el dolor jamás se iría, incluso creyó que tenía algunas abolladuras en los hombros; por lo que preguntó a su abuela acerca de algún remedio para los golpes musculares. Luego de ir a comprar las cosas y preparar lo que su abuela le había recomendado se dirigió a casa de su superior.
Normalmente Kuroko no hacía algo tan atrevido como aquello pero lo que hizo el número cinco de Seirin le había hecho sentir de nuevo en un equipo. Dejó que sus nudillos se presionaran contra la madera que evitaba el paso directo a casa de Kiyoshi Teppei. Esperó un poco antes de volver a golpear cuando la voz inconfundible de su compañero se hizo presente. El de cabello celeste sonrió al escuchar el torpe: ‘espere, en un momento voy’, lo que le hizo mantenerse quieto sin despegar la mirada de su nivel exacto de visión.
La puerta se abrió y de momento el mayor no captó la presencia del jugador fantasma, hasta que el saludo monótono de Tetsuya le obligó a bajar la mirada y, por ende, soltar un pequeño grito causado por el susto que se había llevado.
— ¡Ku-kuroko! — Estaba sorprendido por verlo ahí…por ver a Kuroko Tetsuya frente a su puerta. ¿Qué había tenido que ocurrir para que eso pasara? Volvió a la realidad y cuando su corazón, aún agitado, se lo permitió, logró formular una pregunta con un tono de sorpresa — ¿Ha pasado algo? — No se movió del umbral mientras estudiaba las mil y un posibilidades del por qué él estaría ahí. Nada. No había ni una sola razón salvo algo que tuviera que ver con el equipo. — ¿Kagami ha venido contigo? — Las preguntas no paraban de formularse en su cabeza pero no lograba expresarlas todas, menos con el semblante impasible que caracterizaba al de primer año.
— He venido a traer esto — Levantó sus manos con una bandeja de tamaño medio — Para el dolor muscular — Lo acercó al cuerpo del castaño y con eso daba por terminada la buena acción pero para Teppei parecía no haber terminado.
— Gracias — Sonrió torpemente mientras sujetaba la bandeja, después de la molestia que se había tomado al preocuparse por él no podía simplemente verlo partir. — Pasa por favor — Movió su gran cuerpo lo suficiente para permitir el paso al menor, se podía ver el pasillo semi oscuro detrás. — Me gustaría que me enseñaras a usarlo. — Encogió los hombros y esperó a que Kuroko entrase.
Así lo hizo.
El ambiente olía a una especie de crema, ¿o eran pasas? Kuroko estaba extrañamente cómodo en ese lugar que parecía hecho para personas de edad ya avanzada. Se sentó en el kotatsu en lo que Teppei se hacía cargo de servir el té, esperó inmóvil salvo por su pecho que subía y bajaba por el aire que entraba a la hora de respirar, sino probablemente se pensaría que era una estatua adornando esa habitación.
— Disculpa que haya demorado — Kiyoshi rebosaba de esa bobería incluso en ese lugar, pero parecía que era bastante natural, que era gracias al lugar donde estaban la razón de su carácter. Comenzó a servir y acercó el pequeño contenedor a Tetsuya.
— Yo debería disculparme por las molestias — Tomó el vaso entre sus manos y sorbió un poco sintiéndose relajado. Estaba a punto de añadir algo más cuando le quitó la palabra.
— Es extraño que seas tú quien esté aquí…¡Oh, oh! No es que me disguste, no pensé que alguien como tú hiciera visitas a las casas de los demás para dar un remedio contra el dolor muscular — Echó una mirada a la bandeja que esperaba paciente ser utilizada.
— Por lo sucedido en el juego contra Kirisaki Daichi sé que recibiste bastante daño. No se cura fácilmente. — Aunque no lo dijera sabía que Teppei estaba soportando el dolor en silencio para no preocupar a nadie, justo de la manera que los estaba protegiendo.
— … — Se había quedado sin palabras. ¿Era alguien tan fácil de leer? No, más bien Kuroko era una persona a la que se le dificultaba engañar. Bajó la cabeza tratando de reprimir una sonrisa divertida. — De acuerdo, de acuerdo…Me atrapaste. ¿Qué debo hacer?
— Quitarte la playera — Sintió que se escuchó justo como la entrenadora pero era necesario para poder continuar.
Kiyoshi lo hizo así acompañando el momento con un par de risas intermitentes; se acomodó frente a Kuroko en lo que ponía las hojas preparadas en los hombros de su sempai. Pronto tuvo cubierta toda la parte de hombro a hombro, el castaño exhaló un suspiro de confort al sentir como comenzaba a actuar, los nervios estaban estirándose y pronto tuvo el ferviente deseo de acostarse boca abajo para que las manos de Kuroko continuaran paseándose por su espalda. Era extremadamente placentero.
— Terminé — Esa palabra lo sacó de su ensoñación, recordándose a sí mismo que no podía dejarse llevar por más que las manos del otro fueran extraordinariamente habilidosas. — Dejaré lo que sobra aquí, puedes…
— Gracias Kuroko — Había estirado la mano para sujetar la del menor, estaba apenado así que había agachado nuevamente la cabeza pero mantenía sujeto al otro. Entonces el ex miembro de la Generación de los Milagros volvió a quedarse quieto, dejando que su mano se amoldara a la gran proporción que tenía la del centro del equipo.
Quedaron así un rato, no fue muy largo pero para ambos se había sentido como si hubiesen pasado horas mientras el dolor de ‘corazón de hierro’ comenzaba a aminorarse lentamente…







