Gilles Lipovetsky y el deporte.
Gilles Lipovetsky se han escrito y se han dicho una gran cantidad de cosas. Que es “el filósofo por excelencia de la modernidad y su postrimería” (El Mundo), que “es el teórico de la llamada segunda revolución individualista” (Cles) e incluso, hay quien lo llama “el filósofo favorito” de Bernard Arnaud, nada más y nada menos que el dueño de LVMH (Louis Vuitton Möet Hennesy) por (The Economist).
Un criterio como el de Lipovetsky con títulos como La Era del Vacío, El Imperio de lo Efímero o La Sociedad de la Decepción convirtió su ensayo De la ligereza, el más reciente de sus temas y, por mucho, uno de los más fascinantes ensayos que ha escrito en los últimos años. Lipovetsky, sí, sabe ver hacia dónde vamos y cómo cuestionarlo.
El hombre, quien acuñara para la posteridad el concepto de hipermodernidad un concepto que nos deja mal parados como sociedad demostrándonos que solo nos preocuparnos por el placer, ser impacientes, vivir de excesos que no son una necesidad, el consumo de en cualquiera de sus expresiones y lo que nos trae aquí el personalismo y las individualidades, ¿la filosofía de este autor puede ser llevada al deporte?
Ya lo decía el responsable del mayor fracaso en la historia de los mundiales de la selección Argentina Marcelo Bielsa “El futbol se vuelve menos dramático cuando lo ejecutan los que saben. Soy muy respetuoso y un admirador de la gambeta. Es más: consideró que dos gambetas juntas cambian el contenido de un partido, lo despeja, lo oxigena, lo hace más saludable”. El futbol es un deporte que ha vivido de evoluciones desde su invención en Inglaterra ya sea para mejorarlo o volviendo un evento multicultural capaz de unir a naciones, pero los avances cada año incrementa el desarrollo de la hipermodernidad convirtiendo una ilusión de miles de personas enamoradas de este espectáculo en una rivalidad que supera el deporte tanto es así que los equipos hoy en día compiten ya no solamente en la liga correspondiente.
El consumo, la necesidad y el personalismo son el mejor ejemplo hoy, los equipos de elite representan a jugadores de gran nivel y con renombre con el propósito de llenar un estadio, vender camisetas y tener los mejores resultados creando así a los grandes ídolos haciendo que los otros diez compañeros solo completen el equipo para el partido, lo que hace que una individualidad es crear esa chispa el triunfo que los otros diez no son capaces de hacer en conjunto, pero cuando algo les falla a estos ídolos no son perdonados y son severamente criticados tanto que si este se vuelve frecuente son repudiados y el aficionado por ser resultadista e impaciente exige su salida o alguna sanción siendo tan egoístas olvidando el lado humano pues esos semidioses hábiles con el balón no dejan de ser personas. El consumismo y el apoyo de las marcas o grandes empresas hace que nos olvidemos de que ellos también son personas.