Antes que nada, se trata de liberar la sexualidad de todas las constricciones morales, conyugales y heterosexuales que obstaculizan la autonomía femenina; se trata asimismo de separar el amor femenino del enclaustramiento doméstico y del ideal de dedicación tradicional. En fin, las miras más radicales preconizan la destrucción de los estereotipos sexuales, la abolición de la «prisión de género», que aplasta las individualidades mediante las definiciones artificiales de la masculinidad y la feminidad.
Gilles Lipovetsky, La tercera mujer.










