En Argentina, cada 31 horas un varón se convierte en femicida

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En Argentina, cada 31 horas un varón se convierte en femicida
Espero que se recuperen muchas chicas del feminismo interiorizado.
He visto muchas mujeres que están muy solas y tristes, y sus ideas son feministas. Espero que esas chicas se recuperen de todas esas ideas feministas malas y aburridas que les dicen cosas que van en contra de su naturaleza.
Espero que puedan aprender a no sentirse culpables por querer servir y obedecer a los hombres, que se sientan felices de chupar el pene de su hombre cada que llegue de trabajar fuera.
Espero que aprendan a no sentirse culpables cuando las despierte en la noche para cojérselas o que les manden llamar y tengan qué dejar de hacer lo que estén haciendo, porque han entendido que lo que su hombre manda es primero, sé que cuando lo intenten se sentirán muy bien.
Espero que aprendan y acepten que los anticonceptivos son malos para nosotras, aprendan a amar la sensación de estar de rodillas frente a él, amar la sensación de quedar embarazada cuántas veces él quiera.
Espero que aprendan a amar el deseo de aceptar el rol que nos toca como mujeres, ser esposas tradicionales, esposas sumisas, esposas dóciles. Trabajar, si, pero solo para buscar marido, pueden trabajar como sirvientas, secretarias, meseras, cocineras o cualquier cosa que las someta voluntariamente a la autoridad natural de los hombres sobre ustedes. Recuerden que casadas solamente podrán trabajar si su marido así lo acepta.
Espero que se sientan muy valientes chicas, para poner los ojos en blanco cuando esas feministas atroces estén diciendo tonterías. No podemos levantarme la voz a los hombres, pero sí podemos levantar la voz para exigir que desaparezca el feminismo.
Porque sabemos la verdad, probamos el feminismo y solo nos trajo tristeza y malos tratos. Las que probamos la rendición ante los hombres sabemos que es lo mejor para nosotras, que nos digan qué hacer a cada instante, que nos llenen de instrucciones, semen y embarazos es facil y fluye de manera natural.
La verdad es que no fuimos creadas para hacer cosas difíciles o complicadas, ni para pensar como dicen las feministas, fuimos creadas para seguir y obedecer, para ayudar y satisfacer, para cuidar y servir... Y eso nos llena de felicidad.
Porque ser sumisa , hacer lo que te dicen los hombres, ser popular con los chicos es mucho más fácil y natural. Te sientes mucho más fiel a tí misma.
Olvídense del feminismo y platiquemos de recetas de cocina, de limpieza, démonos tips para hacer las mejores mamadas a nuestros hombres, platiquemos de cómo quedar embarazadas más. Volvamos al yugo patriarcal, volvamos a ser propiedad de los hombres, porque para eso estamos hechas.
Rita Segato en Colombia: “Los hombres tienen que burlarse del mandato de la masculinidad”
Valentina Parada Lugo, Bogotá - 03 MAY 2026
Durante poco más de dos horas, las calles en el centro de Bogotá, alrededor de la Biblioteca pública Luis Ángel Arango, se fueron llenando por montones. La gente hacía fila para lograr algún cupo en el auditorio donde hablaría una 'rockstar’ del feminismo en América Latina, Rita Laura Segato (Argentina, 74 años). Más de 300 personas asistieron presencialmente a su encuentro, cientos más se sumaron a la conversación por YouTube, y unas cuantas más llegaron hasta las sedes regionales del Banco de la República en cinco ciudades, para escucharla en transmisión en vivo.
Un día después del encuentro, a Segato se le ve cansada pero entusiasta. En la mañana estuvo en las oficinas de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), la justicia transicional colombiana, desde donde asesora la investigación de los casos de violencia sexual. Desde el salón de música de la Biblioteca, le cuenta a EL PAÍS su visión sobre el poder progresista en la región, habla de su decepción con la gestión de Claudia Sheinbaum y de su ahora distante relación con Francia Márquez. Advierte, en general, sobre los límites que enfrenta el feminismo cuando entra al Estado.
Pregunta. Hace tres años, al inicio del Gobierno, usted señaló que esperaba que la voz de Francia Márquez fuera escuchada por el presidente Petro. Hoy, cuando ella misma ha dicho que ha sido ignorada, ¿cómo evalúa ese papel dentro del Gobierno?
Respuesta. Cuando Francia pensó en ser precandidata a la presidencia me pidió una asesoría, pero yo por mi falta de fe estatal en la política le dije que no estaba de acuerdo, porque corría un grave riesgo de perder su capital político principal, que era estar entre la gente. Luego ella es candidata a la vicepresidencia, junto a Petro, pero yo siempre presentí que eso no iba a funcionar y que la iba a perjudicar enormemente. Y no me equivoqué. Pero ella luego en una audición radial me acusó de ser racista, y es bastante difícil acusarme a mí de ser racista. Me acusó injustamente y ahora creo, aunque tuve miedo de haberla aconsejado mal, tuve razón.
P. ¿Entonces qué cree que le ocurrió a Francia Márquez dentro del Gobierno?
R. El Estado la vampirizó. Le sacó su fuerza, le sacó le robó su carisma. Y en el lugar dejó solo un narcisismo peligroso.
P. En varios países de América Latina, los gobiernos progresistas han llegado al poder con las banderas feministas, pero el balance ha sido agridulce, empezando por Colombia. ¿Qué dificultades encuentra ese proyecto cuando pasa del discurso al ejercicio del poder?
R. Feminizar un cargo público es una tarea muy difícil. Acabo de tener una decepción inclusive en México. Yo era una gran admiradora de su figura, de la manera en que encarna el poder la presidenta Claudia Sheinbaum, pero tuve una decepción. En México hubo un tremendo feminicidio que fue el de Fátima, es famoso en la historia por la crueldad infinita por parte de tres vecinos que matan con intensa crueldad a una niña de 12 años. Yo conocí a la madre de Fátima en su lucha en el Zócalo, y ella le ha pedido a la presidenta por meses, junto al movimiento feminista, que la reciba. Y no la recibió, ni tampoco lo hizo con las madres buscadoras. Ahí está el error de la política que considera el crimen por medios sexuales contra las mujeres como un “crimen menor”.
P. ¿Pero entonces esto es una incoherencia individual de esos mandatarios, como Sheinbaum o Petro, que se dicen progresistas?
R. No se puede leer individualmente. Es como el racismo: todos pensamos que no somos racistas, pero el racismo es el aire que respiramos. Igual con el patriarcado, es el aire que respiramos. Son estructuras muy profundas, muy plantadas. Para descomponer esa mirada sobre el mundo, que es la mirada hegemónica, hace falta todavía un trabajo muy profundo. La sociedad no va a cambiar y el rumbo de la historia no va a ir en otra dirección.
P. En Colombia hay una candidata de derecha, Paloma Valencia, que busca ser la primera mujer presidenta de Colombia. ¿Ese podría ser un logro para el feminismo, pese a sus posturas?
R. No, no, no, no. Margaret Thatcher era un organismo de hembra de la especie. También lo era Condoleezza Rice, y pocos hombres tienen sobre su consciencia tantas muertes como ella, que encima era negra y mujer. No basta el cuerpo. El cuerpo no es ninguna garantía de nada. Thatcher fue la más enemiga de las mujeres de todos los ministros del Reino Unido. Entonces es un error del feminismo pensar que el cuerpo es una garantía. Tiene que haber una conciencia de género de que las mujeres venimos de una historia de gestión y administración de la vida diferente a la masculina.
P. Y más cuando muchas de esas mujeres se oponen a derechos ya ganados que tenemos las mujeres, como el aborto…
R. Lo del aborto es un chiste porque esas personas solo dicen que están a favor de la vida, pero no te saben decir nada más. Están manipulados para ir a la calle y no tienen una conciencia profunda de su lucha. Lo de la vida es una mentira. Por la vida vamos todos, pero la vida en todas partes. Porque si estás luchando por la vida solo cuando esta se encuentra en la barriga de una mujer, pero después de que nació entonces que se muera, entonces estás mintiendo.
P. Casos recientes como los de Gisèle Pelicot y Jeffrey Epstein han reactivado la consigna de que “la vergüenza debe cambiar de bando”. ¿Estamos ante un cambio real o todavía en el terreno de lo simbólico?
R. Yo creo que sí hay un tránsito, todavía no lo estamos comprendiendo. En un crimen sexual la figura central no es el evento principal: son los lazos entre el perpetrador y sus pares. Eso debe ser el foco del análisis y la comprensión de todo crimen de género, pero la gente no consigue cambiar el foco. En el caso Pelicot lo que hay que entender es por qué él hace eso con otros hombres, tanto que necesita a una sacrificar una víctima para sellar un lazo de colaboración y simpatía con otros hombres. Lo que yo llamo la corporación masculina. Y en el caso Epstein, las víctimas sacrificiales son cantidades de niños, hasta bebés, pero lo que hay que entender es por qué el poder se consolida mediante esas víctimas.
P. ¿Eso explica por qué había tanta gente que supo de esos crímenes y nunca denunciaron sino que omitían?
R. Exacto. Lo más importante es la lealtad es entre los miembros de la fratría, poder decirse miembros de esa corporación. Si eso no cae, no se modifica el mundo, pero si cae eso, la humanidad entera experimentará un cambio de rumbo histórico.
P. Para ir al caso de Argentina, con una figura como Javier Milei, ¿cómo ha cambiado esa sociedad con la llegada de una figura autoritaria como él?
R. Yo estoy bastante ausente de mi país todo el tiempo y ese es un problema que tengo. El tema es que cuando los errores se cometen desde el campo crítico, desde la insurgencia, desde la búsqueda de un mundo mejor para más gente, se pagan mucho más caros. Eso es lo que tengo por decir de Argentina. Hubo errores muy grandes y se están pagando de una manera carísima.
P. Usted ha trabajado el concepto de “mandato de masculinidad”. ¿Cómo puede desarmarse en la práctica, especialmente entre los hombres?
R. Los hombres tienen que desobedecer. Tienen que burlarse de ese mandato, deslizarse hacia afuera, desmontarlo. Deben trabajar en comenzar a tener relaciones entre hombres más vinculares, más verdaderas. Yo me río porque cuando los hombres se reúnen, hablan de fútbol o de otra cosa, porque el hombre no sabe conversar. Nosotros sí nos examinamos, pero no existe la conversación masculina. No saben conversar ni tienen introspección sobre lo que piensan. ¿Es raro, no? La reflexión y la palabra es lo que cambia al mundo.
Fuente: Rita Segato en Colombia: “Los hombres tienen que burlarse del mandato de la masculinidad” | EL PAÍS América Colombia
"La educación de la mujer no puede llamarse tal educación, sino dogma, pues se propone por fin la obediencia, la pasividad y la sumisión." - Emilia Pardo Bazán
Estrategias de insegurizar: el nuevo rostro del poder masculino en las relaciones heterosexuales.
(Texto largo 😌)
Cada vez más mujeres comparten un mismo desconcierto:
“no me maltrata, pero estoy todo el tiempo insegura”,
“no entiendo qué pasa, un día está presente y al siguiente desaparece”,
“siento que todo el tiempo tengo que demostrar que merezco su atención”,
"tengo que traducirme sobre lo que veo y recibo y la respuesta es la negación o la ridiculización".
No hay gritos ni insultos, pero hay un hilo invisible que nos mantiene en alerta, pendientes, desreguladas.
Eso que tantas mujeres sienten y cuesta tanto nombrar son las estrategias de insegurizar la relación.
Formas sutiles, normalizadas y profundamente eficaces de mantener el poder afectivo dentro de los vínculos heterosexuales.
Se sostienen sobre la ambigüedad, el refuerzo intermitente y el desequilibrio emocional. No necesitan violencia explícita para producir sumisión: basta con generar duda regularmente, prima.
El objetivo no es cuidar el vínculo, sino preservar la posición de superioridad emocional.
Como explica Bell Hooks, el patriarcado enseña a los hombres a confundir el poder con el amor y a temer la vulnerabilidad que implica la verdadera intimidad. Por eso muchos aprenden , conscientemente o no, a insegurizar para dominar.
Estas prácticas no surgen de la nada.
Se apoyan en tres raíces principales:
1. La socialización masculina en el poder y la distancia afectiva.
Desde pequeños, los hombres son educados para asociar la entrega afectiva a otra mujer como pérdida de estatus (madre, hermana, amigas inclusive).
2. La masculinidad tradicional les enseña que “mostrar interés” equivale a “perder poder”. Por tanto, aprenden a vincular el deseo con el control, y no con la reciprocidad.
3. Su lenguaje emocional se construye sobre la lógica de la conquista, la validación y la retirada: dar lo justo para mantener la atención, no lo suficiente para arriesgarse al vínculo profundo.
La maestra Eva Illouz nos cuenta que el capitalismo emocional contemporáneo ha transformado el amor en un mercado donde la escasez genera valor.
Los hombres, socializados para ser el sujeto que desea, descubren que hacer dudar al otro aumenta su poder simbólico.
Insegurizar es, en este sentido, una estrategia de acumulación afectiva: retener el deseo ajeno como fuente de autoestima.
En el fondo, vemos cómo muchas de estas estrategias operan como defensas inconscientes frente al miedo al abandono o la insuficiencia.
Me siento pequeño y no lo asumo ni canalizo.
Desaparecer, ironizar, no definir, no comprometerse, son mecanismos de autoprotección que se disfrazan de autonomía.
Pero el resultado no es libertad, sino dominación: la otra persona asume el coste emocional del miedo que el hombre no puede sostener.
Y esas personas somos nosotras en los vínculos heterosexuales.
Algunas de las estrategias más comunes y desconcertantes son:
Desaparecer emocionalmente justo después de mostrarse disponible. Provoca una descarga de dopamina y luego una retirada que deja a la otra persona en abstinencia emocional.
Usar la comparación. Mencionar a otras mujeres con las que ha intimado mientras va contigo de la mano, idealizar a la ex o coquetear abiertamente para desestabilizar.
Ironizar o ridiculizar la sensibilidad de la pareja. Desvalorizar la emoción femenina, reafirma el control y desplaza la culpa.
Mantener la relación en un terreno indefinido. Evitar poner nombre o comprometerse, pero exigir exclusividad emocional.
O bien, nombrar un gran deseo de vínculo y pareja muy rápido y al ritmo impuesto por su parte sin contar ni respetar la cadencia ajena. "Yo quiero estar contigo, yo quiero estar contigo".
Dar y quitar afecto de forma imprevisible. Reforzar cuando la mujer se acomoda, retirar afecto cuando pide claridad.
Proyectar la responsabilidad de la inseguridad sobre ella. “Tú te lo tomas todo personal”, “tú eres la intensa”.
Usar el lenguaje terapéutico o feminista como disfraz. Hablar de autocuidado, vínculos libres o límites, pero usarlos para justificar la distancia o la falta de implicación. Ay ésto, ésto.
Estas prácticas tienen un efecto profundamente desorganizante: nosotras empezamos a regular nuestra conducta para no perder el poco afecto que recibimos, entrando en un circuito de hipervigilancia y culpa.
Y acomodamiento al abuso.
Como ya sabemos en toda relación desigual quien tiene el poder define lo real. La mujer insegurizada termina cediendo la autoridad sobre su propio sentir.
¿Queremos creer que la mayoría de los hombres no aplican estas estrategias desde una malicia o manipulación deliberada, sino desde una mezcla de aprendizaje cultural y defensa emocional?
Pongámonos en lo menos doloroso.
Algunos las usan de manera estratégica para mantener poder o admiración.
Algunos han perdido o nunca han tenido interiorizada la noción de una mujer como un ser humano, como una igual.
Algún que otro manifiesta clara psicopatía relacional.
Otros lo hacen sin darse cuenta, porque así aprendieron a vincularse: desde la evitación, la intermitencia o la necesidad de control.
En todos los casos, la consecuencia es la misma: una relación emocionalmente asimétrica donde el coste lo asume la mujer.
Insegurizar otorga un tipo de poder profundamente eficaz: el poder afectivo, aquel que se ejerce no por imposición, sino por control del deseo ajeno.
Es el poder de marcar el ritmo emocional: cuándo hay contacto, cuándo silencio, cuándo reconocimiento.
Este poder se nutre de la desigualdad estructural entre hombres y mujeres.
En el cuerpo femenino, esto se siente como ansiedad, duda, disociación. Sufrimiento y búsqueda constante de explicación.
"Me toca y conecta conmigo en casa; cuando estamos con sus amigos ni me mira ni se acerca a mí. Cuando lo nombro me llama posesiva."
La mujer empieza a desconectarse de su percepción para seguir sosteniendo la relación.
Y en estos gestos , tan aprendidos, tan culturales, el patriarcado sigue vivo dentro de los vínculos íntimos.
Nuestros cuerpos buscan coherencia, regulación y seguridad. Si no la encuentran en el otro, intentarán conseguirlas como sea.
Nuestro cerebro necesita estructura y previsibilidad afectiva.
Amiga, hay que nombrar lo que pasa.
Recordar que la confusión no es amor, que la duda no es pasión, que la intensidad no sustituye al cuidado.
Que el carril de la incoherencia entre discurso y prácticas, entre lo que escuchas y lo que ves es pedregoso.
Cada vez que una mujer vuelve a confiar en su percepción, deja de intentar ser suficiente para quien no la mira o la destrata, deja de "confundirse" por sistema y no desacredita su percepción o señalamiento de lo evidente.
Cada vez que una mujer se da cuenta de que todo no puede ser un "malentendido" o una "broma" o una "paranoia" propia, el patriarcado pierde un poco de terreno en el lugar más íntimo: el amor.
Y tú ganas oxigeno y el resto de tu vida.
Buen día, otro día.
Por si sirve.
María Sabroso.
Sobre el matriarcado
Por Evgueni Golovin
Traducción de Juan Gabriel Caro Rivera
Vivimos en la época posmoderna, donde el arte ha desaparecido, no hay poesía, no hay pintura, no hay cultura. Esto se puede decir de toda la civilización blanca. Es absolutamente comprensible lo que está sucediendo: la sangre del mito se ha agotado, por lo que el arte ya no tiene a qué recurrir y, en consecuencia, no tiene de qué vivir.
La explosión fenomenal de la actividad artística de la primera mitad del siglo XX, que dio lugar a un gran número de grandes personalidades, es la esencia de la agonía del arte europeo en particular y de la civilización occidental en general. Todo lo que vemos a lo largo de la segunda mitad del siglo XX y principios del XXI no puede consolarnos en absoluto.
El ocaso de Europa es cada vez más pintoresco. Precisemos que se trata de la Europa patriarcal que ha asimilado la orientación femenina y el modo de vida femenino.
El problema es el siguiente: la cultura monoteísta se basa en lo único, pone en primer plano lo único, lo absoluto. Todos estamos acostumbrados a esa cultura en la que lo masculino, lo único, avanza a un ritmo fálico hacia lo espiritual, lo anímico y lo material. Y cuando se agota la energía fálica de lo único, obtenemos lo que tenemos ahora.
Fue curioso encontrar en el libro El derecho materno del mitólogo suizo del siglo XIX Jacob Bachofen la siguiente reflexión: «La política, la economía son vacías, la historia se hace en la lucha sangrienta entre los sexos».
A continuación, la contraposición: «Si la cultura patriarcal se basa en el número uno, la cultura matriarcal siempre se basa en el número dos».
La dualidad, el dualismo, en la vida femenina siempre hay una alternativa legítima. El número dos no es tan simple como el número uno. Disculpen por estas reflexiones aritméticas elementales.
El monoteísmo, que odia el número dos, quiere evitarlo a toda costa, tergiversarlo con eufemismos, porque el dos es oposición, hostilidad. Si tenemos a Dios como el número uno, entonces Satanás no es el número dos con pleno derecho, sino la «sombra» indigna del uno. De lo contrario, es dualismo, maniqueísmo.
Las religiones monoteístas se crearon a imagen y semejanza del paradigma oriental: se necesita un tirano, un dictador, un maestro, y el pueblo se reúne en torno a este polo único. Pero la naturaleza no tolera el número uno, en ella no existe el número uno. Cuando se exploró más o menos el planeta, se descubrieron dos polos. Y el número dos siempre conlleva grandes inconvenientes. Una persona que profesa y predica la unidad durante mucho tiempo se convierte muy pronto en un fanático. ¿Acaso Bakunin o Marx permitirían la existencia de una docena de doctrinas de calidad equivalente? Antes de hablar del patriarcado y el matriarcado, es necesario pensar en qué son el hombre y la mujer. La cuestión no es nada sencilla. Las personas con una mentalidad filosófica suelen saltarse los primeros peldaños cuando piensan. Les gusta volar en las abstracciones, sin ver ni comprender los peldaños por los que han subido. El hombre y la mujer son los dos principios fundamentales de la naturaleza.
La filosofía griega y el problema del hogar. El hogar es algo necesario y primordial. ¿Cómo está organizado? En el centro está el dios Hermes, con su fuego ardiente. Lo rodea la diosa virgen Hestia, que evita que el fuego se expanda demasiado.
Las dos funciones primarias del hombre y la mujer. El hombre debe arder desde el centro hacia la periferia, las paredes «femeninas» del hogar no le sobrepasar estos límites. A continuación, es posible la demiurgia divina. Llega Deméter, diosa de la agricultura, y comienza a enseñar a los hombres su oficio. Esta es la explicación mitológica. Veamos cómo explican esta problemática los filósofos.
Tomemos a Platón o Aristóteles y enseguida nos topamos con un desconocimiento total del griego antiguo, a pesar de que vivimos en el siglo XXI. Este desconocimiento llega a ser paradójico. La terrible especialización obliga a cada anticuario, a cada mitólogo, a estudiar a su griego antiguo y su filósofo por separado. Los profesores en los simposios no encuentran un lenguaje común, no pueden ponerse de acuerdo... Parecen entender, pero es un pseudoentendimiento, no un entendimiento profundo.
Empecemos por el hecho de que no solo no ha llegado hasta nuestros días ningún original de Platón y Aristóteles, sino que ya en el siglo I de nuestra era no existía ningún original de estos autores.
Los lingüistas de Alejandría utilizaban copias que habían sido reescritas varias veces durante tres o cuatro siglos. Más tarde, llegaron a la Europa medieval las traducciones árabes de Platón y Aristóteles y luego los benedictinos supuestamente encontraron manuscritos griegos antiguos y comenzaron a traducirlos, aunque ellos mismos no estaban seguros de que fueran originales. Ya en los siglos IX y X llegaron obras que sería mejor llamar «corpus platonicum» o «corpus aristotelicum», es decir, nombres convencionales: platonismo, aristotelismo, no las personas que las escribieron, de las que no sabemos nada.
Porque las Vidas de los filósofos ilustres de Diógenes Laercio es una recopilación que ofrece una vaga idea del siglo IV a. C.
Sabemos que Sócrates no sabía escribir, lo que provocó la ironía de los árabes con respecto a la filosofía europea, incluso diciendo que el fundador de vuestra filosofía, etc. Por cierto, en aquella época no se consideraba ni un vicio ni una virtud, algunos sabían y otros no. Según la leyenda, Platón escribía muy mal, y toda la academia escribía muy mal. La escritura de la lengua griega antigua es compleja y dudosa y lo que sabemos de los poemas homéricos probablemente esté lejos de los «originales». Así, en el espacio postcultural europeo, el número de errores sobre los autores griegos antiguos aumentó aún más.
Por primera vez en el siglo XX apareció una gran cantidad de libros sobre temas como «¿Qué es el hombre?», «El lugar del hombre en el cosmos», etc., así como una gran cantidad de libros sobre fisiología y psicología femeninas. Da la impresión de que durante dos mil años la humanidad ha vivido y se ha acomodado al estado actual del mundo, porque ya hemos olvidado los fundamentos básicos del mismo.
En este sentido, es muy difícil intentar restaurar la filosofía griega. Es necesario recurrir a muchas fuentes: árabes, latinas, etc., para acercarse de alguna manera a este centro de comprensión. Por ejemplo, cuando se habla de la «idea» de Platón, esto es epistemológicamente incorrecto, ya que la palabra «idea» es de género femenino. Hay que decir «eidos» de Platón, «eidos» espermático, entonces se refiere al principio masculino de Hermes, del que hablamos al principio.
El cielo es un principio puramente masculino, cuando hablamos de «eidos» espermático, «logos», entonces nos acercamos a lo que nuestro hipotético Platón tenía en mente. En el mundo griego, basado en la mitología, lo erótico tiene una importancia primordial.
El bien, el bien, «harmonion»: principios fálicos, golpe, violencia sobre la sustancia del fuego, el aire, el agua y la tierra, sobre los elementos que presentó el hipotético Aristóteles.
Cuando el eidos espermático llega a la materia, se produce lo que se denomina demiurgia. El espacio de Dios se hace visible para los hombres, también llamado «fanetia» o «fanes». Entonces se entiende de dónde viene el principio, aunque el eidos espermático no se puede llamar «estrictamente» principio, pero para nosotros, los humanos, es probablemente el principio. Cuando Aristóteles introduce el término forma, no se refiere en absoluto a lo que escriben nuestros comentaristas y filósofos. No es un sustituto del eidos, sino algo completamente diferente. Se llama forma eidética. En las lenguas europeas hay que comentarlo. Es lo que los judíos llaman Shekina o lo que los hindúes llaman Shakti: el principio femenino activo que «propaga» y «difunde» el eidos. En la tríada, es el segundo elemento, el tercero es la materia. El eidos, la forma eidética y la materia son la tríada primaria con la que operan el platonismo y la exégesis del universo de la Antigua Grecia.
El eidos espermático es la funcionalidad del «itifalo», el falo en erección. La «forma» eidética es la acción del esperma en la materia. Esta acción es dual.
Como decían los escolásticos, hay una forma formante y una forma informante. La forma formante es inherente al ser humano desde el principio, construye la composición humana desde dentro.
Por ejemplo, imagina a una persona muy culta y educada que nunca ha estudiado en ningún sitio y ha vivido en algún desierto. Si se ha convertido en eso, es por la acción de la forma-formante, es decir, ese principio que actúa desde el centro hacia la periferia, llegando a su alma y a su cuerpo. La forma-informante es algo diferente, actúa desde la periferia hacia el centro. Esto es de lo que siempre ha abusado la civilización europea y por ello entendemos la educación, la formación, el adiestramiento, etc. Imagínese los dedos que amasan plastilina, estos dedos, en relación con la plastilina, son la forma-informante. Es evidente el papel muy dudoso de la educación y la formación. En principio, la forma informante es el principio femenino. Se puede decir que caemos en manos de educadoras, en un matriarcado puro. Por supuesto, podemos ser educados por hombres, por profesores, pero se trata de una orientación cualitativamente femenina desde la periferia hacia el centro. De este modo, una forma informante fuerte puede deformarnos por completo, puede matar nuestra subjetividad y convertirnos en lo que, por ejemplo, un maestro, las clases dominantes, etc., quieren que seamos. Se ve claramente el papel perverso de la educación como tal.
La tríada —eidos, forma eidética y materia— debe ser «igualitaria». Es malo cuando la forma eidética «entra en la materia», de modo que Shakti, o la Gran Madre, comienza a dominar este mundo. ¿Qué es la forma eidética o la esencia del ser humano? En el hombre, es la mujer interior, la Dama de los caballeros, o simplemente el principio femenino que el hombre siente en sí mismo. Este principio es moderador; si entendemos al hombre como expresión, como explosión, este principio le impide desintegrarse en mil pedazos, destruirse. En la escolástica, esto se denomina latenta forma in substanntia, es decir, forma (femenina) oculta en la sustancia. En la composición femenina, a su vez, está presente el eidos latens in substantia, el eidos interno en la sustancia, es decir, el falo interno. Desde el centro mismo emana una expresión que impide una concentración natural excesiva.
Según la anatomía mágica, en el cuerpo masculino está presente la vagina minora, la vagina pequeña, y en el femenino, el clítoris, Zeus arcanus, o «Zeus secreto», o puer Jupiter, «el niño Júpiter», o el dios de los consejos secretos. En los cuentos y leyendas, el clítoris se llama «el niño con el dedo, el conductor de la gran osa».
El papel mágico del clítoris no es ningún secreto para las brujas, los etnógrafos y los viajeros. A finales del siglo XVI, el famoso favorito de la reina Isabel, Walter Raleigh, realizó un viaje al Amazonas y le dio ese nombre.
(Es necesario hacer una digresión: a lo largo de los siglos, la palabra Amazonas ha existido en una traducción completamente absurda, basada en una coincidencia homónima. «Amazonas» proviene del nombre de la diosa lunar Amaza, pero desde hace mucho tiempo la primera letra «a» se entiende como una partícula negativa, por lo que la traducción se reduce al concepto de «sin pecho». Un sinsentido. La explicación es extraña: supuestamente, al extirpar un pecho a una mujer, le resultará más fácil disparar con un arco).
Raleigh viajó por el Amazonas durante más de un año y conoció a una tribu claramente matriarcal. Allí, los hombres estaban reducidos al nivel de ganado de trabajo. Consiguió reunirse con la reina de esta tribu y le hizo una «entrevista». Sus dos libros sobre este tema se publicaron en Inglaterra en 1592-1594. Uno se titula: El descubrimiento de Guayana y el otro Costumbres y tradiciones de los indios. En ellos describe cosas muy sorprendentes para Europa. Se pregunta: si los hombres son castrados desde el principio, ¿cómo continúa la vida? Lo llevaron al llamado «templo de las amazonas», en una montaña bastante alta, a una grieta cubierta de bosque con forma de almendra. De la abertura sobre la cueva en forma de almendra salió la cabeza de una anaconda. Raleigh y sus compañeros huyeron horrorizados. Luego preguntó qué papel desempeñaba la serpiente en el ritual. La reina explicó: es «el clítoris de la diosa, el principio de todo». En el libro Costumbres y tradiciones de los indios, Raleigh dice: «Una vez entramos en una cabaña que parecía abandonada, atraídos por gemidos, gritos y sollozos. Allí se estaban apareando dos indias, una se levantó y nos miró, su pene medía al menos dos pies de largo. La india pasó junto a nosotros como si nada y el pene desapareció de repente. Las mujeres comenzaron a moler mandioca sobre piedras».
En Inglaterra, la comunidad científica no le dio importancia: ¿qué más da lo que ocurra en las antípodas? Mucho más tarde, los etnógrafos encontraron rastros de este ritual en todo el mundo. F. Rabelais y D. Swift lo mencionan, pero como eran escritores de ficción, no se les prestó mucha atención. Sin embargo, este increíble papel del «clítoris todopoderoso» se manifiesta claramente al estudiar detenidamente la mitología griega. Jacob Bachofen describió el rito de la autopregnancia en el culto secreto a la diosa griega Militta: la lengua de la sacerdotisa, en la que se encarna Militta, se convierte en un falo, la sacerdotisa «queda embarazada» de sí misma y, al cabo de un tiempo, «da a luz» a sí misma.
En otros cultos femeninos hay tantos secretos y misterios. A partir del siglo XIX, algunos científicos comenzaron a considerar de otra manera el patriarcado y el matriarcado, al comprender que no todo era tan sencillo. Paracelso lo expresó muy bien en su aforismo: «La mujer es el mar y el hombre es un pez en él».
De ahí surge una pregunta lógica: «¿Por qué se considera que el hombre y la mujer pertenecen a la misma humanidad?». Hay alusiones a esto en las obras de J. Böhme, J. Gichtel y otros autores herméticos. A finales del siglo XVIII y principios del XIX surgió una tendencia que denominamos materialismo.
No se trata simplemente de una filosofía, no es solo, como escribían los filósofos idealistas, una visión absurda de personas incultas. En ningún momento de la historia del «materialismo científico» se han dicho las cosas honestamente: no se trata de ateísmo, sino del culto habitual a la Gran Madre. No es como Cibeles, Militta o Hera, sino un culto «sintético», por así decirlo.
La entrada del materialismo en la arena filosófica estuvo marcada por el descubrimiento del químico inglés Humphry Davy a principios del siglo XIX, cuando afirmó que el diamante y el carbón son el mismo material. Es muy difícil creerlo. No importa lo que se diga sobre la red cristalina, que «basta con modificar ligeramente». En la novela de Wilkie Collins La piedra lunar, que trata sobre un diamante indio muy raro, alguien les dice a los invitados, iluminándolos: «Es solo carbón, mi buen amigo, es una tontería y no vale nada», pero en realidad, como sabemos, el diamante se convierte en el centro de intrigas y asesinatos. Este descubrimiento fue trascendental. Hasta el siglo XVIII, el conocimiento era formal, del latín forma, eidético, del griego eidos. Era un conocimiento masculino, desde Platón y Aristóteles, es decir, un conocimiento no de abajo hacia arriba, como ahora, sino de arriba hacia abajo. A partir de entonces, en la tríada del eidos espermático - forma eidética - materia, el acento se desplazó hacia la materia.
Con la misma «estructura material», a través del diamante y el carbón pasan diferentes eidos. El cielo los marca de manera diferente. Según la civilización patriarcal, lo importante es lo que viene del cielo, lo importante es lo que el cielo determina. El diamante y el carbón no pueden tener nada en común. El diamante se puede comparar con el cristal de roca, como dicen los alquimistas, es un «diamante joven e inmaduro».
El giro se había completado, ya no había camino hacia la civilización masculina y patriarcal. El siglo XIX fue feliz cuando, destruyendo el sueño romántico, explicaba el amor y todo lo demás como «lo material y lo corporal», en palabras de M. Bajtín.
Los hombres se dividen en Hijos del Padre e Hijos de la Madre y entre ellos se libra una lucha interminable. La cultura caballeresca griega y medieval fue creada, sin duda, por los Hijos del Padre, devotos del eidos espermático. El mito de Heracles y su lucha contra Anteo representa la victoria del patriarcado, ya que Anteo es el «Hijo mitológico de la Madre».
Pero la vida de la mujer pasa por cuatro fases, luego de la cual llega la luna negra, la muerte. Sí, la luna vuelve a aparecer, pero es completamente diferente, nueva. La mitología lunar da lugar a una situación de ciclos, mientras que en la mitología solar no hay ciclos. Luego, el cerebro va ganando terreno al corazón, lo que separa a las mujeres de los hombres y a los Hijos de las Madres de los Hijos de los Padres. Es evidente el papel perjudicial del cerebro cuando no hay corazón ni sol. La vida filtrada por el cerebro es «virtual». Fichte: «Vivir no significa pensar, pensar no significa vivir».
Son procesos diferentes. Llegamos a una conclusión fundamental: todas las construcciones del matriarcado son completamente abstractas.
El cerebro es la matriz de cualquier mundo imaginario. El cerebro puede «representar» cualquier cosa: una mujer seductora, un triángulo... Según el platonismo, el cerebro está directamente relacionado con los genitales. La lógica y la memoria del corazón están olvidadas, solo se mencionan a veces en las canciones.
Para comprender el principio patriarcal, es mejor utilizar el esquema de los neoplatónicos, el llamado «esquema de Parménides» (diálogo de Platón). De lo «primordial» emana el «intelecto eidético», luego el «alma» o «anima mundi», que posee una naturaleza andrógina, y, a continuación, viene el «cuerpo sutil del alma» o «ohema». Luego, la luna y el mundo sublunar. Muchos neoplatónicos se negaban a profundizar más, por ejemplo, Proclo. Luego está la materia sensible sin eidos y, en la periferia, la neblina onírica, la transición de un sueño a otro. A. F. Losev, hablando de la realidad actual, dijo lo siguiente: «La existencia inaccesible al pensamiento de una mancha difusa de algo desconocido».
Tal es la ontología patriarcal. Ahora se puede hablar con seguridad del «fin del mundo masculino». No termina como lo imaginaban los antiguos astrólogos. Termina con la desaparición de los Hijos del Padre. Cuando se extinguen, la conexión entre el cielo y la tierra se interrumpe por completo. Sin embargo, la vida no sufre el menor daño, porque quedan las «Madres», con las extraordinarias posibilidades de la magia femenina, y quedan los Hijos de las Madres. En la vida de los Hijos de las Madres solo hay un «pero»: no hay verticalidad, no hay conexión con el cielo, es realmente «desechable». El matriarcado moderno o la ginocracia. La orientación masculina ha sido completamente sustituida por la femenina. Ahora es muy difícil encontrar a un hombre que pueda decir según qué leyes vive. Pero, ¿quién es, en realidad, un hombre? ¿Qué es este principio? Para el hombre no hay pasado ni futuro, para él no existe la categoría de duración, sino el instante. Vive con el corazón, con el impulso, no conoce ni la cobardía ni la valentía por una sola razón: el corazón no conoce tales emociones.
¿Qué ocurre cuando predomina una actitud cerebral hacia el mundo? El cerebro se asemeja a una prostituta. Paul Valéry dijo que el cerebro se asemeja a una mosca, que no desdeña nada y se posa en cualquier lugar. Un cerebro desarrollado es, ante todo, cínico y escéptico. Si le propones a tu interlocutor un modelo maravillosamente elaborado del gran futuro de Rusia, se levantará un interlocutor no menos inteligente y dirá: «¿Y por qué mi modelo es peor?», y surgirá una «polémica de intelectuales». Como dijo C. G. Jung, cien personas inteligentes reunidas se convierten en un gran idiota. La actividad cerebral, llamémosla discursivo-racional, solo conduce a la muerte y a nada más.
Las escuelas alquímicas dicen: si el cerebro es como una prostituta, hay que convertirlo en una virgen, en una doncella. Cuando el corazón haga que nuestro propio cerebro se embarace, solo entonces obtendremos una visión completamente nueva del mundo.
El posmodernismo es materia sensual sin eidos, que lo acepta todo, lo ama todo y lo sabe todo, es el tiempo de las imitaciones, las copias, los patrones, las parodias. Las mujeres copian a los hombres, olvidando su propia magia, sin saber nada de sus magníficas posibilidades. Intentan alcanzar y superar a los hombres en aquellas áreas en las que los hombres son tradicionalmente fuertes.
Todos somos personas, todos somos hijos de la Revolución Francesa, dicen las feministas, todos somos... mamíferos, las diferencias sexuales no son más importantes que las diferencias en el color de los ojos y la forma de la nariz.
La tragedia de nuestra época es que, para la actividad cerebral, el objeto es totalmente indiferente: hombre o mujer, carbón o diamante, Don Quijote o Calibán.
Lo que sustentaba la cultura patriarcal, la jerarquía, ha desaparecido por completo.
Para Dionisio Areopagita, la jerarquía es un nacimiento secreto, la forma es la riqueza del contenido cualitativo del ser humano. Entonces se entiende: en primer lugar está Dios, luego los serafines y querubines, las potestades, los tronos, etc., hasta llegar a los santos. Después de que el cerebro reinara sin oposición, la jerarquía fue sustituida por una subordinación sin significado. La subordinación es un modelo autosuficiente. No importa quién ocupe un lugar alto y quién uno bajo. Si el trono lo ocupa una persona realmente digna, está bien, pero más a menudo lo ocupan personas miserables e indignas.
La verdadera jerarquía no tolera tales cosas, porque la forma es contenido cualitativo, lo que significa que la persona debe corresponder a su cargo.
Ya hemos pasado la etapa de la rebelión masculina contra el matriarcado.
Es decir, la literatura de principios del siglo XX: Chéjov, Lawrence, Strindberg, Otto Weininger, todos protestas, indignación del orgullo masculino.
Aunque este tipo de protestas no son muy legítimas. El cerebro es un principio lunar, la ratio femenina es indiscutiblemente más fuerte, las victorias del patriarcado son temporales y fortuitas.
La sociedad burguesa es imposible sin la orientación femenina de la existencia. Un país ejemplar en este sentido es Estados Unidos, donde el matriarcado se legalizó desde el principio. Este país ha alcanzado tal prosperidad y poder precisamente por haber elegido el sistema binario femenino. Según el postulado aristotélico, lo «masculino» vive en los elementos del fuego y el aire, lo «femenino» en el agua y la tierra.
Entre las dos Grandes Madres, la Tierra y la Luna, el papel del hombre está predeterminado. La única oportunidad es el despertar del sol-corazón, el principio fálico autónomo.
Fuente: https://vk.com/@uber__mensch-o-matriarhate-evgenii-golovin
Mad Max fury road 2015
8M Día Internacional de la Mujer
📌 Recuerda, no es el día del feminismo, pero gracias al movimiento se han hecho grandes avances.
No se celebra a la mujer, se conmemoran sus esfuerzos, se recuerda a los años de lucha en pro de la igualdad y equidad, se honra a los hechos, se llora y se pide soluciones a problemas y/o desapariciones, se invita a reflexionar y exigir cambios que afectan a las mujeres y como partes de una sociedad, afectan a todos los demás.
📌 No es el día encontrá del hombre, de hecho se busca que no exista una pelea entre hombres vs mujeres.
📌 Tenemos toda la vida para valorar a las mujeres, decirles lo valiosas que son, fuertes, brillantes, independientes; para dar cartas, flores o regalos, no el el 8 de marzo, este día se invita a seguir con la lucha.