Giulia Fernandez
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Giulia Fernandez
Es que ella ya sabía que a Assim le encantaban las pollas, pero que se hubiera decantado por una en específico era icónico
Giulia sobre Assim y Yaro
Patronus: Búho real
Casa: Gryffindor
Casa Ilvermorny: Pukwudgie
Varita: Madera de castaño, núcleo de nervios de corazón de dragón, 10 ¼", quebradiza
Mugres varias (?)
CRACK (???????????????)
Assim, Jack & Yahan
¡Ya no era divertido, era odioso! Yahan tenía un objetivo para detestar y no era de esos rubios bonitos. Bueno, lo era, pero no como otros rubios bonitos de esos que le entretenía molestar. Ese individuo llamado Jack era una amenaza latente y él no sabía sobrellevar los celos con su nivel de imprudencia.
Giulia cotorreaba, hablando de lo adorables que se veían juntos. —Es más amor que nunca ¿lo habías visto ser tan tierno antes? ¡Me fascina su cambio! Y cuanto sonríe—. Eso hacía crecer sus estadios de ira y pasar de odiar a Jack para planear un ataque terrorista en su contra. ¿Qué gracia tenía si ya no podía alardear que su hermano le quería más a él? No podía ponerse al lado de sus “es complicado” y “oficiales” para presumir las prioridades de Assim. Yahan era el primero y con la llegada de ese pecoso con suerte era mencionado en la quinta categoría de importancia, parecía incluso ir detrás de Giulia, pues ella se había enterado primero que la genialidad de su hermano había mutado a pura mamonería. —…tiene un relleno de nutella y chocolate blanco— —Ah ¿Y quieres probarlo? Yo…te invito. Cuando salga de clases a eso de las cuatro. Cuatro y media paso por ti—. Assim sonreía, SU hermano sonreía y parecía tener manos de jalea. Tan penoso… Yahan era una sombra, estando en medio de esos dos no resaltaba y eso le hacía sentir tantas cosas al mismo tiempo que equivalía a desear empujar a ambos por las escaleras. Más a uno que a otro. Luego correría a rescatar a Assim, pero a Jack claramente lo dejaría caer esperando que se quebrara en varias partes. —Yahan ¿tu vienes?—¿Para ser opacado por un ser inferior? No, gracias. —Uuuuh no, otro día. Tengo asuntos que atender. Diviértete—
[AU] 13 Going on 30
Si tuviera 30
Yuro&Assim
I. Assim El recientemente nombrado contraalmirante de la infantería de marina, había pasado sus últimos cinco años como capitán de navío en función de alta mar. La opinión pública estaba de acuerdo en que aún aparentaba ser demasiado joven para asumir el cargo, pero su espectacular desempeño hablaba por sí solo. Otorgo una serie de entrevistas las tres semanas siguientes a su nombramiento a pesar de que la prensa del país continuaba realizando columnas dudosas sobre su futuro trabajo. —…Por eso queríamos saber su opinión al respecto del caso que se ha estado investigando este año y que ha resultado ser… —Assim apago la televisión del canal político, justo cuando la imagen de Yuro se enfocaba en un primer plano. Se acurruco en lo que imaginaba era su confortable cama de dos plazas. Eran las nueve de la mañana del día domingo y él no recordaba nada de su vida en los últimos quien sabe cuantos años. Varios celulares sobre la mesa comenzaron a sonar al mismo tiempo. Se cubrió la cabeza con la almohada encontrando unas pantaletas debajo de esta. Dio un grito ahogado y se levantó con tanta fuerza que cayó de la cama de costado. Se sujetó el pecho, luego la cabeza y sentó observando las fotografías sobre la mesa de madera de sequoia. Vaya…cuando niño siempre dijo que se compraría una de esas cuando fuera millonario. Toco las esquinas inseguro de que fuese suyo comprobando que, efectivamente, el sujeto de las fotos era él ¿Era él, no? ¿Lo era? Y si lo era ¿Por qué se veía tan apuesto? No, debía haber un error, puesto que a su alrededor se codeaba con varios vejetes que posaban en un yate y una bandera que rezaba: Yatch Club Mónaco Aunque pensándolo bien y fijándose a su alrededor, aquel dormitorio era tan grande como toda su casa. Lo último que podía recordar era aquel estúpido baile escolar durante la secundaria y por partes. Tocaba la canción Love, love, love de un artista del cual poco sabía y Yuro se iba por alguna razón de allí. Se refregó los ojos y se puso de pie buscando el baño. Un segundo grito ahogado llego cuando se vio al espejo, después uno más. Podía ver ¡veía sin gafas! y además ya no tenía sus frenos. Se palpo el rostro, el cuerpo y hasta la retaguardia sonriendo tan ampliamente por su nueva apariencia que le dolió la mandíbula. —¿Quién es Christian Grey, eh? —Era definitivo, no sabía había sucedido y sin embargo ¡Lo amaba! Se sujetó el mentón admirando su diploma en la oficina contigua a su dormitorio una vez había dejado de admirarse frente al espejo, con que había estudiado ingeniería civil calculista y no administración de empresa como había contemplado de niño. Justo al lado se encontraban enmarcadas varias primeras planas de diario que se titulaban como: La creación del nuevo metro en… y El puente se estructurara en… sobre el escritorio varios planos en desorden, dibujos, calculadoras y otras cosas a las que no presto real atención por escuchar los mensajes de la contestadora. —¡Hey, Assim! ¿Cómo está el señor “yo estoy muy ocupado, no tengo tiempo para nada, agggg” Te llame varias veces y no contestaste ¡Estoy muuuuy preocupada por ti! Hace varias semanas que no vamos por un helado ¿Quedamos este domingo? No puedes decir que no, te esperare donde siempre y… —Arrugo el cejo, podría reconocer a Giulia donde fuese. Estruendoso tono de voz y capacidad insana para vomitar una enorme cantidad de palabras por minuto hasta agotar el límite de la grabadora. —¡Hermano! Pase por tu departamento ayer en la tarde ¿Debajo de qué roca te has metido? ¡Hace días que no sé de ti! Llámame cuando escuches el mensaje. Por cierto, saqueé el refrigerador. —Eso explicaba porque se encontraba medianamente vacío. Se masajeo el cuello, era un alivio cerciorarse de que las personas que le importaban continuaran en su vida aunque en lo que llevaba despierto se había percatado sobre más detalles sobre su persona. 1. No tenía tiempo para divertirse. 2. Seguía siendo el mismo ermitaño. 3. Continuaba soltero. 4. Eso le molestaba por alguna razón. Y nada tenía que ver con que Yuro no estuviera. Porque al parecer no era el único con una profesión exitosa. Contraalmirante de la marina del país, sentado en esa mesa redonda con varios sectores de la milicia y políticos, con un uniforme que le hacía ver más imponente que su maduro rostro. Se veía bien, para ser él… Tal vez era hora de hace una visita inesperada y aclarar un par de dudas.Y no iba por él porque deseara hacerlo, era su último recuerdo. Solo eso. II. Yuro Dos horas de entrevista habían finalizado. Estoico se puso de pie y se despidió formalmente de los presentes. Se ajustó la gorra y se retiró para regresar a casa. Eran escasas las ocasiones donde podía regresar temprano y hacer algo más que trabajar. Dar una buena impresión y ofrecer un desempeño impecable tenía sus costos. Por supuesto, que dentro de sus planes no contemplaba el tener una visita que no había vuelto a ver hacía años tras cruzar la puerta de su casa. Mentira, sabía la fecha exacta: diecisiete años, cinco meses y si contaba ese día una semana exacta. No es que llevara la contabilización, solo hizo cálculos básicos. Pero no fue la presencia de aquel individuo lo que más le desconcertó, fue el efecto espejo que se producía entre los otros dos presentes en su casa que le observaban desde el fondo con una taza caliente en las manos tratando de simular que mantenían una charla amena cuando desde donde estaba podía ver como lanzaban chispas por los ojos. Cerró la puerta y se quitó la gorra, no tuvo que formular la pregunta, sus ojos lo decían todo: ¿Qué ***** ocurre aquí? —¿Es amigo tuyo? —Por un instante tuvo el impulso de decir: No, eso de ahí me pertenece. De no ser por el tiempo que había transcurrido de la última vez, si lo hubiera soltado habría ocasionado el apocalipsis, pues era lógico que la nueva pareja que tenía no aceptaría un lo siento de su parte si le decía: Assim. Como casi lo hizo cuando le saludo al llegar. Guardo silencio y camino para estrechar la mano de su invitado, por cortesía. —¿Amigos? Que va, quién podría serlo. —Incluso bajo su propio techo actuaba como un zoquete, arrugo el cejo para hacer del saludo un movimiento breve. Assim miraba de reojo a lo que estaría considerando como la tercera rueda para dar rienda suelta a lo que sea que tenía que decir. Podría pasar mucho, mucho tiempo y seguiría siendo obvio. —Conocidos de la secundaria. Hablemos afuera. —No iba a arriesgar la integridad de su relación charlando en la sala, menos cuando su pareja apretaba su taza con tanta fuerza para hacer que sus dedos se pusieran rígidos y colorados. —Será breve. —Le tranquilizo, tomando su mano notando un eje de fastidio en Assim quien fue el primero en salir hasta llegar a la vereda de la calle con ambas manos en los bolsillos y gesto colérico. Le siguió, procurando dejar la puerta cerrada y se mantuvo firme sin evidenciar una gota de la confusión que traía. Ante todo ser pulcro. —Puta madre, fue como ver a mi gemelo bueno. —Gruño alzando los hombros, como hacía cuando fingía que una situación no le importaba. —¿A qué has venido? —No quería que todo eso tardara demasiado, por eso paso de lleno el ¿Qué tal? Y todo lo demás, por otro lado, tampoco se moría de ganas por averiguar más allá. —No te creas que he venido a verte porqué sí. Tengo un problema, uno muy serio y lo último que recuerdo es a ti. —Cuando Assim le contó lo sucedido, le creyó por fantástico que sonara. Tenía una especie de amnesia de ciertos eventos y si le busco, fue por ser la última persona que recordaba haber visto, curiosamente, en el baile de la secundaria. —…Y quieres saber que ha sucedido desde ese día? —Finalizo, sin superar el que no le sería de mucha utilidad, pues habían dejado de hablarse y verse durante ese baile. Rememorar días como aquellos no le hacía mucha simpatía, si no hubiera parecido realmente afectado por ello, se habría negado a cooperar diciéndole que tras haber entrado a la marina su vida había ido en una dirección completamente diferente. Lo había sido, sí, pero también se mantenía al corriente de los demás de una u otra forma y por más que quisiera negárselo así mismo, estaba curioso… —Hoy no. Tengo asuntos que atender. — —¿Se te va a enfadar el novio? Que no se preocupe, sigues sin interesarme. Vine por un interés práctico, no por ti. —Era tan molesto, eso le hacía cuestionarse muchas cosas de antaño. Empezando por su mal gusto de esos días, en la actualidad era muy diferente, sin sus frenos lastima labios ni sus enormes gafas que le hacían ver como un insecto. Horroroso y todo a él le había gustado de esta forma. Le había gustado mucho... —Te lo diré. El lunes a las diez en mí oficina. No llegues tarde. —Diciendo aquello le otorgo un movimiento de cabeza como despedida para regresar a casa antes de que todo se volviera más chiflado. —Hey, hey, espera ¿Dónde diablos es? — —Averígualo. —Así como había averiguado donde vivía, fácil podía hacerlo con donde trabajaba. Ya no era como antes, no con él. Venía siendo hora de que se enterará. III. Assim Tuvo que pedir un día de permiso administrativo. En vez de quedarse haraganeando en su departamento enorme repleto de habitaciones cuchis donde jugar, tuvo que levantarse temprano. Se hizo acompañar por Giulia, por eso que la había dejado plantada en la heladería… —¿No hay bronca? —Giulia era como el retrato de Dorian Gray, no parecía haber pasado un maldito año en su persona. Deseo hacerle tantas preguntas, que hacía, a qué se dedicaba, si salía con alguien, lo hubiera hecho de haber querido preocuparla y confundirla, en cambio, actuó dentro de los parámetros de lo que se podía decir “normal” en lo que llevaban de día, parecía funcionar. —¡Sin brocas! Ahhh ayer estaba tan triste, hoy ya se me ha pasado ¿No es un lindo día para la aventura que nos aguarda? —Le dio un fuerte abrazo, que sin decirlo en voz alta, le agrado. Una mirada gatuna y bonachona se formó en su redondo rostro. —Así que… irás a reunirte con tu caballero de brillante armadura. —Assim escupió parte de su café logrando manchar la ropa de Giulia quien saco un pañuelo para limpiarse sin parecer afectada. —¡Piensa en la estupidez que acabas de decir! Coño, no. No digas tonterías—Giulia comenzó a reír, tan fuerte que varias personas en la oficina giraron a verle, cubrió su escandalosa boca con sus manos, rojo y con el cuerpo ardiendo de la vergüenza que le estaba ocasionando ir junto a ella. —¿Tonterías? Te las has pasado llorando como un bebito. Y mira que he sido yo quien te ha consolado por años. Vamos, Assim, esto es el destino. Por fin tienes tu oportunidad. —La chica sujeto sus manos de un modo tan dramático que a poco parecían una mala telenovela. Para ese entonces no podía imaginarse así mismo haciendo tragedia griega en casa de Giulia y menos por “amor” por lo tanto, asumió que era otro de sus teatros donde exageraba todos los hechos. —¿Dime si no es romántico? ¡Como una película! I never wanted anyone like this, It's all brand new you'll feel it in my kiss, I’m crazy for you, crazy for you~ ¡Hombre, sere tu banda Sonora! — —Haz lo que quieras, sin Madonna. —La castaña continuo cantando, con una versión extraña de Total Eclipse of the heart. Cuando llego a la oficina de Yuro, su mano se congelo a medio camino y deseo con todas sus fuerzas que Giulia hubiera continuado cantado, en cambio, en vez de cooperar debidamente toco la puerta por él riendo maliciosamente para salir huyendo y esconderse detrás de un arbusto que no cubría más allá de la mitad de su humanidad. —¡Serás…! — —Adelante. Llegas ocho minutos tarde. —Assim iba a protestar, más cuando cruzo por el marco hasta olvido respirar. Tocio varias veces, aludiendo a la alergia, trato de caminar de forma relajada hasta la silla que estaba enfrente de ese enorme escritorio no haciendo algo mejor que tropezar con sus propios pies y caer de narices contra el suelo llevándose varios objetos de la oficina con él. —¡Estoy bien! —Ruborizado, se levantó ignorando el dolor y la posible hematoma que se formaría en la punta de su nariz, resistió sobarse. Fue más allá de lo que pudo controlar, sumado a los nervios, no que aquel uniforme de color negro fuese tan cool y le hubiera robado toda la maldita concentración. —Puedes sentarte. De preferencia en la silla. —Un color más rojizo que el anterior se acumuló en sus mejillas. —¿No sabes cuándo cerrar la boca? —Si creyó que nada podía ir peor, pues estaba sumamente equivocado, puesto que Giulia se encontraba fuera tomándose muy enserio su papel de banda sonora cantando algunas canciones viejas en español ¿Por qué Alá, por qué? —Eso… — —No me lo expliques. — IV. Yuro Definitivamente no quería saber qué hacía la amiga de Assim afuera. Quería hacer de esa vista algo breve y concisa. Lo cual era una odisea en el espacio por los constantes retrasos que le estaban ocasionando. Tomo aire y en pose recta le estiro unos documentos al del frente, evitando de por sí mantener mucho contacto visual. —Es un informe. Detalles básicos sobre qué ha pasado con tu familia y tus hermanos. —Assim tomo las hojas de oficio y las ojeo. Se refregó los ojos con cansancio y noto como saco unas gafas de lectura de sus bolsillos. Un ligero tic se formó en su ceja izquierda y rápidamente se distrajo con algún otro elemento del espacio para no tener que sentir que de la nada el ambiente se había vuelto retorcidamente acogedor. —Fui el más afortunado de la familia. No me sorprende. —Deposito las hojas sobre el escritorio jugueteando con las ruedas de la silla moviéndose de un lado a otro como un niño ¿Qué más quería? Reunir toda esa información le llevo varias horas. —Muy bonito todo. Lástima que no explique porque eres lo último que recuerdo. Ya escúpelo ¿Qué paso en el baile? —Parpadeo retomando ese entonces... Spoiler: —No lo recuerdo. Por favor, tengo trabajo que hacer. —Se resignó sin marcha atrás. Abrió la puerta haciendo que la muchacha cayera al suelo con un vaso entre las manos y una risa avergonzada. Cuando ambos se marcharon con una parca despedida noto como la cabeza le dolía y aún como ese no sé qué todavía se formaba en medio de su estómago cuando Assim se enfurruñaba. Trabajo, trabajo, trabajo. La mejor forma de hacer que todo volviera a cobrar sentido. V. Assim Se metió debajo de las cobijas aun si era no era su cama, no era su cuarto ni su casa. Yahan se metió a su lado apoyando su cabeza en la misma almohada viéndole a la cara a su hermano metiéndole gomitas de osos en la boca. El sabor artificial de las frutas le hizo estar mejor, eso y que su hermano menor no hiciera ninguna pregunta. —Giulia debe estar divirtiendo a Al. —Los dos compartieron una sonrisa cómplice imaginando la cara de ese titán colosal soportando las preguntas y comentarios de Giulia, tenían cierta preferencia por verlo en vivo y el directo para destornillarse cada tanto al miserable de Al se le formaba una palpitación en la cien y como se resistía a ser grosero con la chica callándola con vasos de agua y galletas. —Assim, sabes que puedes contarme lo que sea ¿Seguimos siendo los súper mellizos-no mellizos? —Cuando Yahan expresaba un poco de seriedad, era cuando de verdad estaba preocupado por él. Como si no fuera suficiente culpa que cargar, tenía que montarla con estar torturando a su hermano con sus propios dramas. Quiso decirle lo que estaba ocurriendo, de no ser porque traía otro asunto que le urgía con el mismo dolor. —Te extrañaba. Y jamás dejaremos de ser los súper mellizos-no mellizos, bobo. Estaba un poco solo en casa. — —Me quedaría contigo, pero pareces estar ocupado todo el tiempo… — —¡No! Te lo prometo, Yahan, no volveré a estar ocupado nunca más. No para ti. Es que…he cometido tantos errores, muchos que no recuerdo y me gustaría solucionar. —Yahan se metió de golpe varias gomitas a la boca enarcando una ceja, lo que Assim adivino era lo menos ofensivo que tenía para decir: ¿Tú estás loco o qué? comprendiendo quu era su mejor forma de decirle que le estaba entendiendo el punto todavía hablando como retrasado—Lo que quiero decir es. Lo siento, lo siento tanto, hermano. No sé cuándo mis intereses de volvieron más importantes que tú. Soy un enorme saco de porquería, urg— —Hey no digas eso. No es verdad. Mira, estas oficialmente perdonado ¿Mejor? Ven aquí. —Un abrazo caluroso le reconforto, estar de nuevo entre los brazos de Yahan y tener su boca babosa besuqueándole por toda la cara. Poder enterrar su rostro en su hombro como si no lo hubiese sentido de hacía años aún si solo era un par de días desde que estaba en esa cruenta realidad. Si pudiera hacer lo mismo con varios de sus hermanos estaría casi completo. Yuhanna tan lejos y Dae también. Tendría que ir al extremo de cada continente del mundo para disculparse, en especial con el cursi de Hanna Montana. De alguna forma echaba en falta sus coscorrones mortales, sus gritos de histeria y su deliciosa comida. —Diría que te quedes a cenar si no fuera porque Al cocino y nos espera el temible: pastel de sobras de la semana. Dolor de estómago asegurado, billetera intacta. —Su amor a su familia tampoco ameritaba acabar con una colitis aguda a causa de ese tacaño. —Ehhhh, a acorde quedar con Giulia a cenar en otro lado. —Se levantó rápidamente de la cama y corrió hacía la cocina para jalar a la morena quien ya se estaba haciendo ilusiones con lo deliciosa que se veía esa fuente misteriosa. —¿Vamos por helado, Assim? — —¡Todo el que puedas comer! — VI. Yuro Era un mal chiste ir escuchando esa canción en la radio del auto cuando se dirigía a casa. Con pudiendo cambiar la estación, no lo hizo. La escucho de principio a final, a modo de recordatorio. Una visita de Assim no cambiaría todo lo que había construido, no le daría ese gusto de creerse con tal poder sobre él. Esa noche lo decidió, nunca se lo perdonaría, todavía no lo hacía y no olvidar era su mejor aliado. Los siguientes días sin noticias de él fueron lo que necesitaba para cerciorarse de que todo seguía bien. No fue a él porque deseara verlo, fue por conveniencia e interés. Todavía estaba la cena con sus padres, asuntos del trabajo y asegurar a su pareja que lo sucedido no era para despertar en él celos e inseguridades. Su padre le facilitaría la tarea si en cada cena no le recordara en su cara que era la copia de Assim. —¿En serio? ¿Todavía no lo superas? —Una risa de su padre y un ambiente de suma incomodidad que su madre no parecía captar inundaba toda la sala. —Ah, pero si no es el otro. Lo siento, es el parecido en…todo. —Regresar a casa después de eso era hacerlo en silencio. —Sabes que lo hace por fastidiar. —Yuro hizo un esfuerzo por ignorar la melodía de su teléfono celular. Viendo que no se detenía se estaciono para poder contestar atento a las reacciones irritadas de su acompañante. —Aja… — —¿Diga…? —Trago saliva, el no perdía la compostura, pero pudiera ser que era muestra irracional de su cuerpo fuera lo más cercano a perder el control. Su pareja, de brazos cruzados, enarco una ceja atentó a cada palabra que salía de su boca y todos los gestos que pronunciaba. Los controlo al máximo para evitar sospechas. —¿No puede ser en otro momento? —¿Qué hacer si se lo solicitaban de ese modo? ¿Cómo decir que no? Estando tan cerca de esa dirección… —¿Quién es, Yuro? —No podía decirle “es Assim, desde el otro lado. Tiene una urgencia y me necesita” tenía que mentir y rápido. —Estaré allí en veinte minutos. —Y colgó. —Un compañero de la oficina. Necesita unas firmas para una autorización. No tardaremos. —Ese infeliz… Le tomo menos de veinte minutos llegar a su departamento, se estaciono viendo el enorme edificio desde abajo. Vivía justo en el último piso. Dejo las llaves y el motor encendido. —Estaré aquí en diez minutos. — —¿Quieres que te acompañe? —Yuro se apresuró en decir “No, no es necesario” y antes de escuchar una réplica salió del auto cerrando la puerta fingiendo no haber estado atento a lo último que le decían. Tomo el ascensor. El recorrido al último piso se hizo bastante largo. VII. Assim Había mentido, no había ninguna urgencia. Era vergonzoso haber caído tan bajo y sin embargo, le hacía tan feliz que no pusiera resistencia alguna. Cuando Yuro golpeo la puerta y entro casi a tropezones supo que en parte, se le había ido la mano con la mentira piadosa. —¿Te hicieron daño? ¿Se llevaron algo importante? —Decir que no habían ladrones y que no estaba herido fue mucho más difícil de lo que imagino sería. Negó lentamente con la cabeza viendo como Yuro se sujetaba la cabeza y tomaba aire para sentarse en el sofá recuperando el aliento, había comprendido sin problemas que todo había sido una mentira. Si se enfurecía, lo entendería. —No vuelvas a hacer eso. Nunca. — —No sabía cómo hacer que vinieras. Fue un truco bastante efectivo. —No fue buena idea soltar una carcajada por eso, la mirada frívola de Yuro le congelo por completo. Arrastro los pies hasta sentarse a su lado, tomando precaución de tomar distancia. —Giulia me lo conto. Lo que sucedió en el baile… — —Felicidades. Espero hayas saciado tu curiosidad. Deje esperando a alguien abajo. Si eso es todo… —Sabía quién era ese alguien ¿Por qué no lo llamaba por su nombre? Si le dolía que dijera que era su novio, pues mejor. Consideraba que ese daño era una buena forma de amenizar la culpa y que estuviera siendo tan considerado, no ayudaba. —Yuro, lo siento. —El otro tocio, podía haber sido por el frío que estaba empezando a caer o porque de su boca jamás le había oído decir aquello. —Sé que es tarde. Yo no lo perdonaría. Quería decirlo porque…ya no importa porque. Lo siento. Y eso es todo, puedes regresar con tu novio que te espera abajo...y eso.—Asintió con la cabeza. Se puso de pie y le reverencio antes de cruzar por el marco de la puerta. Assim sabía que le había dado fin a esa historia, era como darse la libertad de decir: ya está, puedo continuar con mi vida donde la deje. Sonrío con ambas manos en los bolsillos y fue a buscar un abrigo al armario. Podría ir por Giulia a comer algo, salir solo, lo que sea… Si estaba llorando era por felicidad. Si se estaba empezando a ahogar en su propio llanto era por dolor a esa felicidad. Y se encerró en el armario, escondiéndose entre las ropas con las lágrimas que no dejaban de correr por sus mejillas. De haber tomado las decisiones correctas Yuro se habría quedado o habría bajado para ir por él y no por otro. Se estarían yendo juntos a casa. Si tuviera la oportunidad de retroceder el tiempo haría que todo fuera perfecto. Pero eso ya no era posible. VIII. Yuro Al final le tomo cinco minutos. Hurgueteo en sus bolsillos buscando su celular ¿Se le habría caído en el camino? Retrocedió sus pasos hasta quedar a pocos metros del departamento de Assim. Bah, que tonto, lo había dejado en el auto. Presiono el botón del elevador esperando pacientemente que abriera sus puertas y cuando lo hizo no camino hacía adentro. Cerró sus puertas y volvió a dirigirse a otro piso. Aún no cerraba la puerta. Podría hacerlo él mismo. Le sorprendió ver lo despreocupado que estaba respecto a su seguridad. Vio hacía adentro y enarco una ceja al escuchar unos quejidos de cabra que resultaron ser perturbadores. Suspiro pesadamente y entro. Miro a su alrededor, no tenía que ser un genio para saber dónde se escondía. Se paró frente al armario escuchando los sollozos que estaban detrás. Se sujetó el puente de la nariz, podría haberlo ignorado y regresar. Todo habría acabado allí, continuar con su vida, sus planes… Una cuestión era querer hacerlo y otra desear de verdad hacerlo. Apoyo su frente en la madera y susurro su nombre, como varias veces había hecho después del baile, hasta que su pronunciación se perdió con el tiempo. Volver a decirlo continuaba siendo ajeno, tanto como en secundaria. Puso la mano sobre el pomo de la puerta y la abrió, encontrándose con la última escena que esperaba ver y su corazón volvió a encogerse. Ya no eran niños que jugaban a esconderse en el armario. Y entrar le hizo retroceder tan abruptamente en el tiempo que acabo por sentarse a su lado, cerró la puerta sumergiéndose en la oscuridad. Assim dejo de sollozar, sorbeteo por la nariz y trato de alejarse de su lado. Eso…le enfado. —¿Por qué volviste? —No supo que contestar. Tampoco estaba seguro de porque había regresado. Estaba ahí, sentado sobre los zapatos, con las chaquetas y abrigos en la cabeza. El codo de Assim rozo con el suyo y un escalofrió recorrió su espalda. No ahora, por favor… —Ni idea. —Apoyo la cabeza en la pared con la manga de una chaqueta en su frente. Tuvo un impulso de cabecear hasta su hombro, lo retuvo. Quizás porque habían pasado diez minutos desde que estaba ahí. —No te mentiré más, estaré así varios días, puede que más. Pero tengo a Yahan y a Giulia, no necesito tu compasión. Puedes regresar. —Sí, podía regresar. Se pondría de pie en cuanto pudiera, si no fuera porque estaba deseando escuchar un poco más ya que se encontraban tan sincero. —Me involucra, por lo tanto, tengo derecho a saber porque. —Quería escucharlo de su propia boca, sus propias conclusiones no eran suficientes. Era ilógico que lo estuviera pidiendo a sabiendas de que... ——¿Qué es lo que quieres escuchar exactamente, Yuro? ¿Qué harías si lo que presientes es verdad? —Era un buen cuestionamiento, no le sorprendía qué pensarán lo mismo. Estaba buscando atraparle y sujetarle otra vez por ese escaso rato que compartían en aquel estrecho compartimiento. Se decidió y lo haría, sin importarle las consecuencias. Y lo hizo, sin tapujos ni indirectas: —¿Me amas? —Los latidos de Assim eran tan fuertes que los suyos propios empezaron a acelerarse. Giro a verle y pudo ver aquel brillo que se encendía por la luz que se colaba por la rendija de la puerta. Casi imagino su tono verdoso. Assim soltó una carcajada. —Antes, ahora y por lo que veo en el futuro. Sí, podría decirse que sí. Te amo. —Cuanto habría dado por haberlo oído antes, sonrió y sus manos temblaron ligeramente. Era tan estúpido, estando tan feliz por escucharle decir aquello. —¿Y tú, todavía me amas? — Su lengua se enredó en su boca y no pudo responder. Assim balbuceo un “Ya lo sabía, no te preocupes” tan sutil que tuvo suerte de haberlo oído. Yuro tenía claro que estar ahí estaba mal, continuar aquella charla sobrepasaba las barreras de la lealtad y jugaba a cruzar un terreno tan peligroso hasta donde caería en lo irreparable. —Assim. —Su mano toco su nuca y revolvió sus cabellos negros. La suavidad de ellos le produjo nostalgia. —¿Qué? —Y eso fue todo lo que necesito para acortar el espacio que los separaba. Beso sus labios sin errar, superficialmente, siendo correspondido tan deprisa que no quedaba lugar para arrepentimientos. Las manos de Assim se aferraron rápido y nerviosas a sus hombros y luego le envolvió el cuello impidiéndole emprender una retirada. Ese era el cuerpo que quería estrechar contra sí, abrazar cada día, eran esos los besos tímidos que continuaba esperando y quejidos avergonzados de fondo. Sus mejillas calientes y respiración agitada. En tantos años de reserva desato todo en un solo y profundo beso que acabo cuando recordaron que existía un tercero, el verdadero y el legal. Assim carraspeo tomando sus manos entre las suyas y jugueteando con sus dedos tibios. —Yo…— —Mejor no lo digas. Ya es hora, digámonos adiós y cortemos este rollo de una maldita vez por todas. Ya escuchaste lo que querías oír. —Y él, no quería escuchar lo que sabían, por un bien común. IX. Assim La segunda vez que Yuro partió, fue menos trágica e igual de dolorosa que la primera. Espió por la ventana como el auto partía. Había terminado. Se arrojó sobre su cama y abrazo la almohada. Para no tolerar su existencia el que ya no estuviera era muy tortuoso. Yuro le molesto desde que lo conoció y con el pasar se volvió más insoportable, no le gustaba pasar mucho a su lado sin sentirse presionado, invadido y ahogado, pero cuando se iba rogaba todo cuanto podía para que regresara. Ni el mismo se entendía… Estaba bien, no es como si alguna vez hubiera pensado que duraría para toda la vida el tira y afloja. Yuro tenía más derechos que cualquier otro de pasar el resto de sus días con la tranquilidad de una persona que fuese incondicional. Él no podría haberlo sido y en lo que durase su miseria continuaría como antes: soñando. Donde podía hacer lo que quisiera sin miedo a lo que ocurriera luego por sus elecciones equivocadas. Podía cerrar sus ojos y regresar a esa noche. Con la música tocando a fondo, tan cercana que era como si fuese real y abría sus parpados…estaba allí. Estaba allí ¿Estaba allí? ¡Estaba allí! Alá... Se palmeo el rostro, con sus gafas puestas y los frenos todavía en su boca. La gente a su alrededor, le observaban, era el centro de la atención. La canción ya iba más allá de la mitad, justo cuando cometía el mayor error de todos… —Que el cuatro ojos prefiere la salchicha ante que las almejas. —Miro hacia el lado, todavía confundido y reacio a reaccionar a lo que acababa de suceder. —Salgan a la pista, dúo de maricas. —Negó con la cabeza y cerro sus ojos, que si era una pesadilla, deseaba despertar antes de caer en la ilusión. No sucedió, seguía allí con varios ojos expectantes sobre su persona. Empezó a enrojecer, trago saliva y se relamió los labios. —Yuro, bastardo ¿Me vas a sacar o no? —Trago saliva otra vez, lastimándose la garganta por obligarse a ello. Tuvo que agacharse para abrazarse al cuello del rubio, podía pasarle por una cabeza y continuaba creyendo que era la señorita de la pareja. Yuro, quien estaba más confundido que el mismo Assim, sujetaba su cintura por reflejo e instinto de protección. Los comentarios se apagaron en el mismo instante en que los ignoro. No se escucharon más voces de burla ni de risas crueles. —…— —¿Qué? — —Es raro. —Y sí que lo era. Vergonzoso, humillante y tan gratificante. No sabía si con ello podría cambiar lo que sucedería dentro de 17 años más, tenía un sinfín de oportunidades para meter la pata y alejar a Yuro de su lado. Por el momento, lo había evitado, por arte de magia, como una mala premonición, un deja-vu, lo que fuera. El tema de la canción cambio, una más que no conocía, con la diferencia de que esta vez cuando tocara en alguna radio la recordaría con añoranza y felicidad, estando o no estando con él. Si podía prometerse algo era a no cambiar del todo, pero si a demostrarle de vez en cuando que…no era tan desagradable como quería aparentar. Yuro era todo un mal necesario. Tanto así que sería egoísta, no permitiría que se obsesionara con más individuos y menos si estos se parecían a él. Esa alimaña le pertenecía.





