Por qué he aparcado el libro electrónico y he vuelto a comprar libros tradicionales
Carlos Zahumenszky acaba de escribir una interesante reflexión en Gizmodo que empieza así:”Hace más de tres años me compré mi fiel Kindle Paperwhite. A día de hoy sigo utilizándolo, pero en el último año solo he comprado un libro digital. El resto han sido gruesos y maravillosos volúmenes en tapa dura. No soy el único que ha emprendido este extraño regreso al papel.“
En su artículo encontramos, entre otros, los siguientes comentarios:
Amazon abre librerías físicas: “Amazon abrió su primera tienda no digital el pasado mes de noviembre en Seattle. La noticia es irónica, pero no debería resultar tan sorprendente. Después de años cediendo terreno al libro electrónico, el libro tradicional ha experimentado una súbita pero continua recuperación. Según Nielson Bookscan, en 2015 se han vendido 587 millones de libros en papel más que en 2014. El segmento que más crecimiento está experimentando es el de tapa dura. Los eBooks siguen estancados en un 25% de las ventas. Solo dos puntos por encima de 2014, y eso en Estados Unidos, que es uno de los países donde están mejor posicionados.“
La importancia de lo físico y material: “Todo ese componente físico desaparece de forma trágica con el libro electrónico. En lugar de un rincón maravilloso de la casa donde descansar y disfrutar de tu colección, lo que obtienes es un rectángulo de plástico negro y cristal. Es como comparar la comida de un restaurante con el menú liofilizado de un astronauta. En ambos casos probablemente alimenta, pero...
La propia existencia física y material de los libros tiene un valor adicional. Una de las pocas cosas de valor que mi madre me dejó fue una inmensa colección de libros que me he encargado de atesorar y ampliar. Hace poco ha nacido mi hija pequeña. ¿Cuál va a ser mi legado cuando ella sea mayor? ¿Una clave de acceso a mi cuenta en Amazon? ¿Una memoria USB?
De comprar un objeto labrado con conocimientos hemos pasado a comprar una triste licencia para leer esos conocimientos siempre y cuando paguemos la electricidad y el dueño de la plataforma de almacenamiento en nube no decida restringir el acceso. Los libros digitales son eficientes, accesibles y convenientes, pero están a años luz de ser satisfactorios.”
La importancia de tener acceso a libros: “Mi afición por la lectura se gestó hace (demasiados) años con los cómics, pero gran parte de mi salto hacia los libros se fundó en la simple curiosidad y en el hecho de que los tenía a mano en casa. La librería de casa estaba llena de portadas tan atractivas como intrigantes que me llamaban a entrar y descubrir sus misterios. Las imágenes en blanco y negro de los eReader tienen un atractivo equivalente al de una gaceta económica de 1905, y no estoy seguro de que las tabletas ofrezcan el mismo nivel de accesibilidad que un libro físico en una estantería.”
Los univesitarios prefieren los libros en papel: “En el mismo sentido se expresa Naomi S. Baron, autora de Words Onscreen: The Fate of Reading in a Digital World y directora del Centro de Enseñanza, Investigación y Aprendizaje de la Universidad en Estados Unidos. Baron realizó una amplia encuesta sobre hábitos de lectura entre estudiantes universitarios y llegó a una conclusión interesante: el 92% declara concentrarse mejor cuando lee en libros tradicionales que cuando lo hace en libros electrónicos. No estamos hablando de abuelos que se aferran al libro en papel mientras gruñen sobre Internet y dan sorbitos a un brandy en copa de balón. Se trata de estudiantes de alrededor de 20 años y de sobra familiarizados con las nuevas tecnologías.
Entre las razones que alegan está la mayor facilidad e inmediatez para interactuar con el texto, y la ausencia de distracciones como las que surgen cada dos por tres en la pantalla de una tableta y, con menos frecuencia, en un eReader. El estudio de Baron concluye que el nivel de comprensión del texto en un eReader es inferior al de un libro físico.”