La ausencia de asistentes aquella noche en el cine debía ser consecuencia de la desaparición reciente de Ludmilla. Lógicamente las madres preferían mantener a sus hijos a salvo dentro de sus casas a arriesgarse a que no completaran el camino de regreso al salir de las funciones. Julietta igual había ido a cubrir su turno, en su casa no había nadie que la detuviera, y de haberlo, prefería rodearse del olor a dulces y a cotufas.
Mientras rasgaba en dos la envoltura de aquel chocolate, se aseguraba de que la función recién comenzada anduviera bien, aunque los asistentes no pasaran la decena. Su atención se desvió a la figura recién llegada al inospito recibidor— Hola —saludó caminando hasta la taquilla— Ya comenzó la función de esta hora, ¿Aún así quieres entrar?
















