So I got this white tulip hanging on my desk for four years now and every time it just gives me hope and a good feeling, because of the meaning behind it. But it also gets me to miss Walter, which I will do forever. I guess the Fringe fans here will know what I'm talkin about.
La fiesta recién comenzaba y la morena planeaba intentar probar su resistencia con el alcohol, la noche anterior eran puros retazos de recuerdos borrosos que prefería no recordar. Se había extra-limitado y se avergonzaba de aquello, por lo menos el voto de silencio del Rubio y de Theon eran una gran forma de asegurar su reputación; igual sabía que las paredes hablaban en Dartmouth pero ignoraba aquello ya que la negación era un arma fuerte contra cualquier acusación, la inocencia es certera sin pruebas que la transformen en culpabilidad. Estaba conversando con el gitano y Auden sobre como ganar millones sin cometer ilegalidades, aunque era un acto delictivo de todas formas, los secuestros express eran algo "normal" en la actualidad, cualquiera podía ser secuestrado sin necesidad de un secuestro real. La magia de la palabra mentirosa y la amenaza de muerte eran un interruptor en las personas que disparaba lo peor de si, y más real, si esa persona mencionada no se encontraba cerca. Sabía que su padre no se preocuparía por ella pero si por el contrato y su empresa. Por lo que una leve tortura le hacía falta con urgencia, por lo menos como venganza.
El aparato celular comenzó a vibrar y sonar con ese tono tan japonés y electrónico de canciones estúpidas y típicas de teléfonos celulares. No era fanática de los ringtones pero odiaba los tonos de celular, todos eran iguales, les alteraban la agudeza o los hacían más graves les cambiaban el nombre y ya, un tono más a la lista, como si nadie notase la puta diferencia o siquiera se percatasen de que eran jodidamente iguales. Frunció el ceño observando la pantalla. La palabra "PADRE" del identificador de llamada si que era una sorpresa más grande que el descubrimiento de América en la época en la que ocurrió. Levantó la vista hacia sus acompañantes y se disculpó antes de correr con rapidez fuera del barullo musical que la rodeaba y no le permitía escuchar con claridad.
Sus pies se movían con gran velocidad, el no llevar tacos ayudaba a la causa. Presionó la pantalla para responder y rápidamente apoyó la fría lámina táctil sobre su oreja y mejilla.
—¿Padre? —Inquirió extrañada por aquella llamada, su padre nunca la llamaba, ella debía hacerlo para confirmar su salud y vida. Sus rodillas temblaron un segundo ¿Qué podría llegar a querer de ella? Nunca había significado en absoluto nada para él ¿Por qué habría de necesitarla y reclamar su atención en esos momentos?
— Bryanna, tengo noticias para ti —Respondió su sombría voz, tan ecuánime y monótona como solía ser. Ella nunca había sido capaz de descifrar lo que su mente guardaba porque su dura expresión se podía comparar con el de una estatua. Fría, lisa y superficial. Nunca mostraba preocupación, concentración o siquiera frustración. Era como si hubiese nacido sin expresiones, sabía que su padre era un descorazonado pero aún le costaba asimilarlo.
— Si me benefician, habla, si no, ni te gastes
— Calla — Ordenó con dureza en su imperativa palabra. Bryanna se estremeció desde la nuca hasta las pantorrillas, sintiendo como su sangre se transformaba en agua helada.
— Habla — Le dijo ella en respuesta a lo anterior, no se dejaba pasar demasiado por encima. Su voz intentó imitarle el tono a su padre, pero sonó débil y se odió por ello.
— Tu abuelo Alfred está muerto y ya te encontramos un prometido. — El pecho de Bryanna se hundió y reprimió esa falta de oxígeno para demostrarle que era fuerte. Lo que la sorprendía era la rapidez con la que podía restarle valor a una noticia de ese grado e igualarla con su futuro matrimonio.
—Viajaré mañana, padre no quiero casarme aún — Dijo como respuesta, sonaba estúpido tratar de evitar lo inevitable pero de nada servía pelear.
— Ya te reserve el viaje. Tú no decides en esto. Adáptate o muere, esas son las reglas de la jungla, Bryanna, no me hagas arrepentirme de haberte criado.
— Bien. Lo digo porque aún me falta terminar la carrera, aquella por la que pagaste para que pueda ingresar ¿Lo olvidas o tengo que dejar una marca publicitaria para mostrar que tan bien me educaste? — Su pregunta sonó con el tono exacto de ironía que esperaba.
— Hazlo y termina como tu madre y abuelo. O peor, en la calle rogando por sobrevivir.
Sabía que él era capaz de quitarle el apellido y dejarla tirada a su merced sin siquiera pestañar
—Quiebra el trato y olvídate de mi dinero.
— Ensucia el apellido y olvídate de él.
Touché. No podía contra su padre. Era como jugar un juego de ajedrez donde cada movimiento de Bryanna, lo dejase en Jacke de cualquier forma. Un sistema tan profundamente calculado y perfecto, donde él era intocable y ella terminaba por ser una tuerca sin relevancia.
—Estaré a primera hora — Dijo finalmente luego de unos segundos. Aunque no pudiese verlo, sabía que del otro lado del auricular él sonreía de forma deforme y vencedora, esa sonrisa de monarca intocable que tanto le aterraba al tener esa especie lúgubre de triunfo ardiendo en sus dientes filosos. Lo odiaba tanto.
— Más te vale — Finalizó el hombre y dio por terminada la comunicación.
Se dejó caer en la pared más cercana y se deslizó suavemente hasta llegar al suelo helado, pero no tanto como se sentía ella. La muerte era algo que su cuerpo tomaba como una enfermedad y comenzaba a actuar su sistema inmunológico. Sudor frío, fiebre, baja presión, palidez y vista borrosa. Cerró los ojos abrazando sus rodillas y escondiendo su rostro en ellas. Debía ser fuerte, debía demostrarle a su padre que podía ser tan insensible como él era. Esa era su meta, superar su poder, tenerlo lamiendo de su mano, demostrarle que podía extender sus horizontes hasta Luxemburgo, Gales, Escocia y todo Europa si se lo proponía. El matrimonio era un paso más en su vida pero al pensar en ello la imagen de Reiko apareció en su mente.
¿Debía decirle acaso? No es que estuvieran de novios, pero se preocupaba por él lo suficiente como para contarle absolutamente todo. Respiró hondo tratando de reconstruirse tal y como había hecho cientos de veces cuando debía ser fuerte. Ella era una mujer fuerte, no se dejaría vencer por los recuerdos " No sientas, Bryanna, si sientes él gana, no lo dejes ganar" Se dijo a si misma para recomponerse.
Unió fuerzas y se levantó sin las suficientes como para que pareciera esta bien. Se tambaleó un poco, pero sin mirar atrás se dirigió hacia su habitación para empacar lo necesario y dormir las horas restantes. Escribió una nota que dejaría en dirección antes de retirarse. No podía irse a gusto, menos si deseaba mantener su promedio perfecto y a su padre contento con ello.
La pequeña maleta de viaje parecía enorme para unos dos días en su hogar. Debía asistir al funeral y a la reunión luego de ésta. Al otro día, la reunión del comité directivo de la empresa brindaba sus condolencias y tomaban cartas en el asunto para pensar en su futuro. Era importante su asistencia a ella ya que si algo cambiaba debía ser notificada al instante, como sucesora directa al asiento no podía perderse ni un mínimo detalle de la empresa. Guardó unos vestidos negros, decidiría el indicado al llegar, ropa de oficina y ropa para el viaje. Catorce horas era demasiado, por lo que guardó un par de libros de álgebra 2 y adelantar sus clases.
Su cabeza parecía estallar, era demasiado para asimilar en una noche por lo que se recostó sobre su cama. Como una tonta observaba la foto que guardaba en su teléfono donde estaba junto al hombre senil no hacía mucho tiempo atrás. Su abuelo Alfred, era el padre de su padre, le había enseñado a manejar y la había entrenado para que su cerebro fuese rápido con las cuentas. No confiaba en los contadores, por más que tenía de más, siempre revisaba él las cuentas cinco veces, dos antes de reunirse con los contadores y tres luego de discutir con ellos. Era una persona importante en su vida, le tenía mucho afecto, incluso más que a su padre. Antes de conciliar el sueño le envió un mensaje a Reiko "Tendré que irme ¿Me harías el favor de avisar a la dirección? Mi abuelo está muerto y debo ir a verlo bajo la tierra." Sin esperar respuesta, apagó el teléfono y comenzó el proceso de dormirse.