Quisiera escribir, no como escritora, sino como mártir, desgarrar mi carne y desangrar en papel Pero ni yo alcanzo a descifrar el pandemónium que habita en mi mente.
Todo lo que origino, todo lo que invoco todo lo que dejo caer en mis páginas parece ruina y desgracia, y aun así logra ser la única aguja que cose mis tajos.
¿Existirá algún alma lo bastante insensata para abrazar mis cenizas y amarme incluso por esta forma rota de amarme?
Él me llamó enferma de la cabeza por atreverme a pensar así. Yo lo nombro visión profana la herejía que me sostiene.
Quizás delire. Quizás lo que precise no sea un doctor, sino agua bendita. Pero no voy a prostituir mi esencia para ser devorada por la sociedad sin rostro.
Ansío la dicha, pero si alcanzarla significa degollar mi mirada, extirpar los ojos con los que veo la putrefacción del mundo, entonces prefiero cometer suicidio emocional.
© Nahir Solaeche. Todos los derechos reservados.












