Grecia. Día 6. Meteora o rocas en el aire, y sus monasterios. Parte II
Encontrar aparcamiento en el Gran Meteoro se nos hace complicado, queremos subir todo lo posible con el coche. Pero hay coches aparcados en ambos lados de la calle, dejando sitio únicamente para un vehículo, así que tras 3 intentos fallidos, uno de ellos con autobús de frente, y reculando marcha atrás un buen rato, desistimos y aparcamos más abajo.
Este monasterio se fundó alrededor de 1340, es el más grande y eso se nota en la cantidad de gente que lo visita, y además es el que está situado en la roca más alta, más de 600 metros. Para acceder, primero hay que bajar un poco por unas escaleras, y luego subir hasta la entrada del monasterio. A estas alturas del día, mi tobillo está agotado, y tengo que parar varias veces en el camino porque empieza a doler.
En la visita además de entrar a la iglesia, puedes recorrer sus patios, entrar a sus cocinas, y visitar 3 museos que hay en su interior.
Como consejo, os diré que os fijéis en los carteles. El monasterio puede llegar a ser un poco laberíntico, y si no lo hacéis podéis dejaros cosas sin visitar.
Lo más llamativo, nada más entrar al monasterio es la antigua carpintería, recompuesta como pequeño museo de herramientas. En su entrada podréis ver colgado un hábito de monje.
Otra estancia que llama mucho la atención es el osario, donde se almacenan las calaveras de los antiguos habitantes del monasterio. Aquí no se puede entrar, solo dejan contemplar la estancia por una ventanita que hay en una puerta de madera.
Y una de las habitaciones que a mi más me gustó fue la antigua cocina, aún con el hollín en sus paredes y techos, y todos los cuencos, ollas, cucharones y demás utensilios colgados en sus lugares.
Las vistas desde el Gran Metero son impresionante, y te deja ver el pueblo de Kalambaka con sus casitas bajas desde las alturas.
Sus grandes patios (comparados con el resto de monasterios) tampoco te dejarán indiferente, porque además están decorados con bonitos motivos, murales, flores, etc.
Salimos del Gran Meteoro y continuamos nuestro camino, parando en un par de miradores con un acceso no especialmente sencillo, tendréis que sacar vuestras artes de escalada, en mi caso, no pude acceder a ninguno de los dos por mi esguince de tobillo. Pero, mi chico saco alguna fotito para que pudiera mirar yo también.
El siguiente monasterio es el de la Santísima Trinidad. Hemos dedicado mucho tiempo al anterior monasterio, y a las paradas en los miradores, y cuando llegamos a este son las 16:45, solo quedan 15 minutos para la hora de cierre. Valoramos la situación, y teniendo en cuenta que el acceso es el más difícil de todos, pues tiene una gran bajada hasta la base de la roca y luego una larga subida por las escaleras hasta llegar a la entrada, decidimos continuar al siguiente.
El monasterio de la Santísima Trinidad tendrá que esperar hasta nuestra próxima visita al país. Una lástima porque las vistas desde el otro lado dejan imaginar un lugar igual de impresionante que el resto.
Seguimos por tanto hasta el último monasterio con acceso al público, el Monasterio de San Esteban, construido en el año 1400. Este es el que tiene la entrada más accesible, a nivel de la carretera y con un pequeño puente que cruza a la entrada. Es también el más cercano a Kalambaka, por la ruta contraria a la que nosotros hemos seguido.
Llegamos a las 17:00, así que apenas tenemos media hora para visitarlo, pero es suficiente, ya que no es especialmente grande, o al menos, las zonas que te dejan visitar no son muchas. Además aquí guardan con celo eso de no sacar fotos en determinados lugares. Las propias monjas, con muy muy mal genio, se encargan de ello, si no que se lo digan a la pobre chinita a la que hicieron enseñar todas las fotos de la cámara y borrar las que no debía tener.
Lo que si podemos fotografiar libremente son los patios.
Que además tienen vistas panorámicas del pueblo.
Terminamos nuestra ruta y seguimos bajando hacia el pueblo, completando el recorrido circular que nos habíamos propuesto esa mañana, y volviendo a la puerta del hotel. Como no nos fiamos mucho del GPS, racaneamos un poco de wifi y programamos google maps para después usarlo sin conexión.
Como podéis ver, teniéndolo bien planificado, madrugando y en buenas condiciones físicas, se pueden ver los 6 monasterios en un día, y sin terminar muy agotados.
Ponemos rumbo a Arta, lugar donde nos alojaremos esa noche. No queremos llegar muy tarde porque el hotel está perdido en medio de la nada, y preferimos que sea de día en caso de acabar perdidos. Nos esperan 3 horas de coche.
Hacemos el recorrido perfectamente, las carreteras son buenísimas, pagamos 2,4€ por un peaje más que merecido, que nos introduce al túnel más largo y recto que nunca hemos cruzado (sin exagerar). Llegamos a eso de las nueve de la noche al Hotel Maratia (50€/noche la habitación doble). Un hotel-balneario regentado por una familia griega.
El hotel está en medio de la nada, a las afueras de una aldea que justo estaban en fiestas. Pero el aislamiento del lugar se ve recompensado por la amabilidad de sus dueños, que al llegar nos invitan a un refresco mientras esperamos, y nos preparan después una cena casera compuesta por pasta, una ensalada griega y unas cervezas.
El día siguiente cruzaremos al Peloponeso. ¿Qué os está pareciendo la ruta por Grecia?