Escándalos, pastores y ministros
La prensa puertorriqueña ha reseñado recientemente una racha de escándalos que involucran a líderes religiosos de corte protestante. Y esos escándalos sacuden la confianza del pueblo, llevándole a dudar de todas las instituciones religiosas del país.
Debo reconocer que hay ministros corruptos en todos los movimientos religiosos. Hemos visto escándalos en la Iglesia Católica Romana, en denominaciones protestantes y pentecostales, y en congregaciones independientes.
No obstante, las notas de prensa recientes tienen una constante. La mayoría de los protagonistas de los escándalos que se están reseñando en los periódicos y en la televisión son ministros de Iglesias independientes. ¿Y por qué es esto problemático? Permítanme explicarlo por medio de un contraste.
Yo soy ministro de la Iglesia Cristiana (Discípulos de Cristo) en Puerto Rico, una denominación que tiene más de 110 años sirviendo en nuestro país. Para llegar a ser ministro ordenado, tuve que pasar un proceso riguroso que involucró entrevistas, exámenes, evaluaciones psicológicas, prácticas supervisadas y completar una Maestría en Divinidad de una escuela teológica acreditada. Una vez en la práctica del ministerio, la denominación tiene formas de supervisar mi trabajo, velando por la ética profesional. Mi denominación es una entidad sin fines de lucro en la que las iglesias locales funcionan como cooperativas. Las propiedades le pertenecen a toda la congregación y las finanzas están bajo la supervisión de comités de trabajo. Estas son prácticas normales en las iglesias protestantes, al igual que en las iglesias pentecostales afiliadas a concilios.
Cuando un ministro actúa de manera indigna, desordenada o corrupta en una iglesia protestante o pentecostal, la denominación o el concilio puede tomar medidas en su contra. El obispo, supervisor, superintendente, ministro ejecutivo o pastor general puede remover al ofensor inmediatamente y hasta puede expulsarlo del movimiento. Las denominaciones y los concilios también tienen comisiones de trabajo que evalúan a sus ministros y cánones de ética ministerial. Por lo tanto, los feligreses tienen a quién recurrir en caso de que sus pastores y ministros falten a la ética y a la moral.
Ahora bien, las leyes de Puerto Rico permiten que cualquier persona establezca un movimiento o congregación religiosa. Por la separación entre Iglesia y Estado, el Gobierno no puede regular la ordenación de líderes religiosos. Quien establece una congregación independiente puede “ordenarse” a sí mismo como ministro y otorgar credenciales ministeriales a otras personas.
Muchas iglesias independientes funcionan como entidades sin fines de lucro en las que las propiedades son mancomunadas y las finanzas se administran de manera responsable. Empero, algunas de estas congregaciones independientes funcionan como negocios propios, donde el ministro es el dueño de las propiedades y el encargado de las finanzas.
Como pueden imaginar, esta es la situación ideal para una persona sin escrúpulos. Puede crear un grupo, nombrarse líder y abusar de la gente, sin supervisión alguna. Para colmo, un líder corrupto puede abusar de su “autoridad espiritual” para pedir dinero, exigir regalos y hasta para obtener favores sexuales de sus feligreses. Y como ellos son la autoridad máxima en su congregación o movimiento religioso, las víctimas no tienen a quién recurrir.
En el fondo, yo creo que los ministros corruptos son ateos, ya que piensan que Dios no los juzgará por sus desmanes. Aunque lo mencionen en su discurso, su conducta manifiesta que no tienen “temor de Dios”. Por lo tanto, aunque digan tener fe, en la práctica niegan la existencia de Dios.
Las personas de fe deben desconfiar de todo líder religioso que demande obediencia absoluta. Hebreos 5:14 describe a las personas que alcanzan la madurez en la fe como aquellos “que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal”. Por lo tanto, la misma Biblia nos llama a usar la razón para examinar lo que escuchamos y discernir si es correcto.
Rechace, pues, los avances a todo líder religioso que intente abusar de su confianza y de la buena voluntad de los demás. Recuerde que Dios desea “una Iglesia gloriosa, que no tuviera mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuera santa y sin mancha” (Efesios 5:27).
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El Rev. Dr. Pablo A. Jiménez es el pastor de la Iglesia Cristiana (Discípulos de Cristo) en el Barrio Espinosa de Dorado, PR.http://www.drpablojimenez.com