CORTA REFLEXIÓN SOBRE DISCRIMINACIÓN POSITIVA.
Por Valeria Jiménez Hernández.
Twitter: cerezina212
Hay cierto tema que me genera ciertas cuestiones y es por eso que hoy quiero traerlo al pensamiento de mis lectores, corriendo el riesgo, como siempre, de causar cierto tipo de incomodidad. El asunto que traigo es pues, el que tiene que ver con aquello de la cultura ciudadana que no todos ciudadanos tienen y más que eso, con aquellos privilegios que tenemos las personas usuarias de silla de ruedas y otros tipos de diversidad funcional, esto es lo que yo denominé "Discriminación positiva" y lo que procederé a ampliar.
Ese invento conceptual, surgió cuando pensé que el hecho de poder saltarme filas, subirme de primera a los aviones, entrar gratis a algunos sitios y cosas así, también es un tipo de discriminación, positiva sí porque tenemos privilegios, pero no nos están tratando como iguales, puesto que a pesar de que muchos tenemos algunas dificultades de caracter físico, como aquel que anda en muletas y requiere tomar asiento de manera privilegiada o yo, que me dan pánico las filas porque la gente me cae encima, y que sí requerimos de algunos de esos privilegios, pienso que debe ser una cuestión más de cultura ciudadana que una obligación o servicio social, porque estamos en condiciones muy "desfavorecidas".
El hecho de ceder el puesto, permitir el paso prioritario a las personas en silla de ruedas, dejar "meterse por un ladito", son actitudes propias de la cultura ciudadana, al igual que permitir este tipo de privilegios a los ancianos y mujeres embarazadas, y no solo a las personas con diversidad funcional, esto al igual que respetar los parqueaderos para silla de ruedas, aprovecho para decirles que hay unos pésimamente mal diseñados, y respetar las filas prioritarias, también aprovecho para decirles que ni en las curvas una persona en silla de ruedas alcanza a ver a la recepcionista de la ventanilla en cuestión.
Es paradójico los privilegios a los que accedemos en situaciones fácilmente sorteables para nosotros, los que estamos sobre ruedas, pues técnicamente también podemos hacer filas, pero a las dificultades de accesibilidad y poca inclusión en espacios físicos y sociales, como hablé en mi columna anterior, a los que nos enfrentamos y en los que ni en las curvas tenemos privilegios ni mucho menos.
Obviamente, la situación no va a cambiar, no vale la pena preocuparse, seguiremos entrando de primeros, pues es una especie de norma que se ha arraigado en las logísticas de muchos espacios, pero volvemos a lo mismo, dichos privilegios obedecen a una lógica de lástima y no de capacidades reales, al hecho de que supuestamente necesitamos que nos traten diferente, como unos de los sujetos menos favorecidos de la sociedad, urgidos de ayuda. Y reitero lo mismo de mis anteriores entradas: no necesitamos ayuda social, necesitamos inclusión y para ello, lo primero es cambiar la configuración mental que tenemos, la propia y la de los caminantes hacia nosotros.












