Ya lo había llevado a restaurantes costosos, al acuario, a comer una simple hamburguesa o por un café a media tarde. Había hecho de todo por él, eso era algo que su hermana solía hacer el sonido de arcada y decirle que era un poco, mucho muy, ridículo y estaba profundamente enamorado cuando a duras penas conocía al sujeto. No necesitaba saber todos los secretos de Jaewon para asegurar que, efectivamente, sus sentimientos estaban yéndose a terrenos mucho más serios y que era el indicado. Por eso ahora, bajo las estrellas, en la parte mas alta del edificio donde vivían y acurrucando un chocolate caliente entre las manos, sus ojos solo se pasean por una faz hermosa y delicada, ni siquiera las estrellas podrían ser tan hermosas como él. - —¿Te ha gustado la cena? Yo mismo la hice — -su cuerpo automáticamente de acomoda más cerca, sintiendo el calor foráneo en su costado. - —Y el chocolate también.