No es ninguna novedad que Las Ruinas tienen la fórmula para crear himnos desesperados que van de la acidez de la realidad al humor reivindicativo y gamberro, lo cual me permite aplicar frases lapidarias a la mayoría de las situaciones de mi vida real. Supongo que quien se pueda sentir levemente identificado habrá cantado en su cabeza te odio cuando tienes éxito, tu deberías fracasar como yo o que no usen tu vida que no la usen más alguna vez. Y es que hoy en día ser un "loser" ha pasado de definir al chico raro de instituto americano a abarcar varias generaciones que aunque ya hace años pasaron por el trauma de la secundaria, todavía se sienten un poco perdidas en una sociedad que no nos comprende del todo y cuyos valores culturales podrían ponerse en dudosa cuestión. Supongo que por eso Las Ruinas se convierten en un bálsamo picante lleno de comprensión con letras cargadas de crítica, desesperación y sabor a limón.
He de confesar que llevo varios días intentando escribir algo que aportar a lo que ya se habrá dicho sobre Groarrr! (El Genio Equivocado, 2012), su nuevo disco estrenado hace unos días, pero me he dado cuenta de que siempre acabo enfrascada de nuevo entre las canciones que menos escuchaba y que ahora me tienen súper enganchada, y las que me sé ya de memoria de repente me causan una sensación diferente a la última vez, cosa que tampoco me ha pillado de sorpresa puesto que también me ocurre con los anteriores discos, Butano (2010) y Disco de autoayuda para mutantes (2011).
Con un sonido crudo y muy cercano al envolvente directo, Las Ruinas repiten la fórmula del temazo “antihimno” de fondo pop y forma punk, incluyendo electrizantes descargas de un minuto, como la genial y terrorífica Mi vecina es una asesina, o la divertida e hiriente Club de Fans. También han dejado espacio para el amor desesperado: el gamberreo está garantizado con Rosita y pop feliciano inunda Ahí Viene, aunque también hay desgarro y sobrecogimiento, como en Se remata un corazón y en Estatua humana. Además, hay hueco para las crisis existenciales y la reivindicación, como en Vivir y Morir en BCN y El problema o Lo-Fi. El bizarrismo parece ser otra de las inspiraciones estrella del álbum: Insecto, por ejemplo, describe una historia de lo más kafkiana, Ayahuasca es psicodélicamente instrumental y sugerente, El Bosque es todo oscurdidad, El monstruo del pantano es una historia de terror punk y el cierre del disco con Ovni abre una puerta cósmica con una dedicación más instrumental que vocal de más de 5 minutos.
Groarrr! es en definitiva un disco agitado y directo, de enérgicas melodías y letras chisporroteantes que también permite una exploración de diferentes sensaciones, lo cual incita a un on repeat obsesivo que en mi caso durará mucho tiempo.