Siempre fue caminar a ciegas,
mientras tú mirabas y dudabas.
Hablabas de darlo todo,
pero nunca supiste dar un paso.
Te quedaste suspendido
entre seguir
y dejarme a medias.
El tiempo aclaró lo que tú no:
no perdí nada,
porque nunca hubo algo
que alcanzara a tocar.
No regreses.
Y si lo haces,
al menos recuerda
dónde dejaste
lo que nunca supiste sostener.















