Prefería permitir a Lucy dormir cuanto deseara, incluso si él estaba despierto desde hace dos horas por la emoción de su aniversario. Había preparado una pequeña celebración con sus familiares y amigos cercanos para la noche, pero tenían el resto del día para ellos. Su madre se había ofrecido a cuidar a Oliver, y Danny terminó por aceptar. No deseaba agobiar a su progenitora pero ella tendía a ofrecerse cuanto podía para cuidar de su nieto con el fin de que Danny y Lucy tuvieran tiempo para sí mismos. Estaba encantada con el niño, sin duda. Así que sin nadie en casa, eran libres de hacer lo que les placiera. Notando movimiento a su lado, Danny cerró el libro que ocupaba su atención y lo abandonó en la mesita de noche. Se acurrucó hasta estar frente a Lucy, tomando sus manos con delicadeza entre las suyas. — Buenos días... —le susurró, dejando un beso en la punta de la nariz de la rubia—. ¿Recuerdas que día es? —Preguntó con una sonrisa en labios. Aún se sentía el hombre más afortunado del mundo al verla y saber que era su esposa. Él con ella. Lucy. Simplemente no podía creer su suerte, porque la rubia era la persona más maravillosa en el universo. Le costaba creerlo en ocasiones, incluso si ya llevaban tres años casados.
☆ 𝒑𝒂𝒓𝒂 @lxkaroondaw











