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ㅤㅤㅤ ㅤㅤㅤㅤㅤ에피소드 9 : ❝미친 여자❞
ㅤㅤㅤ ㅤㅤㅤㅤㅤㅤ𝖾𝗉𝗂𝗌𝗈𝖽𝖾 9: 𝗆𝖺𝖽 𝗐𝗈𝗆𝖺𝗇 ㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤ ㅤㅤㅤㅤㅤ
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Los pasos apresurados de su padre cada vez se podían oír mucho más cercanos, hasta que estos se detuvieron en la puerta de su habitación, ingresando sin antes tocar.
— ¿Qué demonios haré contigo, Kim Haerim? ¡Dime, carajo!
Haerim se mantuvo de espaldas a él, observando la gran vista que la ciudad japonesa le ofrecía, misma que por las noches llegaba a odiar cuando la ausencia de los gemelos Kang se hacía más notoria.
— ¡Echaste a perder toda la maldita cena!
Continuó gritando su padre y tan pronto terminó de hablar, Haerim pudo escuchar un estruendo y se giró tan pronto como pudo para encontrarse inmediatamente con la imagen de algunas de sus pertenencias esparcidas por el suelo.
— ¡¿Qué mierda hiciste?!
Le gritó a todo pulmón, ganándose una bofetada de su parte. Era la primera vez que le levantaba la mano, en ese momento la ira de Haerim terminó cegándola y su madre tuvo que verse obligada a intervenir entre ambos para que la castaña se detuviera antes de seguir arrojándole cada objeto con el que se encontraba.
Sí, tenía razón, había echado a perder toda la cena con uno de sus inversionistas más adinerados, pero eso no quitaba que el tipo fuese una escoria de persona, tampoco borraba las caricias “inocentes” que repartía en sus piernas bajo el mantel, era un maldito pervertido y necesitaba que alguien lo pusiera en su lugar antes de que siguiera hostigando a mujeres de esa forma tan indecente.
— ¡Sigue rodeándote de esas basuras!, ¡Eres igual que ellos!
Gritó finalmente arrojando uno de los adornos de vidrio que tenía a su alcance, y que -para suerte del hombre- erró en su tiro, cayendo al piso marmoleado y cubriendo la superficie de mil cristales diminutos.
Esa había sido la gota que finalmente rebalsó el vaso para Haerim. No podía seguir permitiéndose vivir ahí con él cuando no podía ni siquiera escuchar su nombre, siempre había intentado mantener una relación amable con él por amor a su madre, pero este último tiempo, las cosas se habían dificultado al punto en que no podían verse el uno al otro sin tener que discutir. Haerim ya no era una niña pequeña la cual podía comprar su silencio con juguetes o deliciosos dulces, era completamente consciente de los malos actos de su padre y cada uno de sus sucios secretos que pretendía esconder de su familia. Ella lo sabía todo.
[...]
Cuando por fin llegó la noche, Haerim empacó su maleta con toda su ropa y una gran suma de dinero que había alcanzado a tomar de la caja fuerte, lo suficiente como para vivir sola por, al menos, los siguientes tres meses hasta que consiguiera un trabajo. Dejar atrás una vida de lujos sería difícil, pero no había nada como poder ser tú misma quien controla tu vida, sin tener que estar obligada a seguir un camino que nunca quisiste.
Cuando consiguió salir de la casa, pidió un uber hasta el aeropuerto y una vez allí, consiguió un pasaje para el próximo vuelo a Seúl. Eran las cuatro de la mañana, por lo que suponía que estaría allí antes de las ocho.
Tan pronto subió al avión, su mente por un breve momento se llenó de dudas “¿estaba bien huir de esa forma?” se cuestionó, sintiendo la culpa carcomer su interior al imaginar el momento en que su madre se diera cuenta de su ausencia, pero tan pronto recordó la pelea con su padre, lo supo, supo que era lo mejor que podía hacer por ella misma, después de todo, no podía continuar viviendo de esa forma sintiendo como cada día una parte de su vida se marchitaba.












