Tras la máscara, la voz surgió, clara y serena, como un presagio: —El tiempo… está por acabarse.
Wolfram retrocedió de nuevo, sus dedos temblando, la respiración corta. El pasillo se alargaba aún más, las sombras parecían deslizarse a su alrededor, y cada paso que daba parecía acercarlo a algo que no podía escapar… ni comprender del todo.
Un frío letal llenó el aire. La risa que momentos antes compartió con Yuuri parecía un eco lejano, atrapado entre el horror y la desesperación que ahora lo envolvía por completo.
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