Carta anónima. Parte 2
Justo al terminar de leer, el teléfono móvil sobre mi mesita de noche sonó, atendí. Mi padre había tenido un paro al corazón. No sé qué ocurrió después, tal vez mi mente me engañaba o era la realidad la que me golpeaba, todas esas veces en que sentía que me seguían en la calle pero no había nadie. Esas veces en las que solo me sentía como una tonta porque todo se perdía o se arruinaba no eran cosas de mi imaginación. Al levantarme de mi cama de manera torpe las luces parpadearon, dándome a entender que estaban tratando de apagarlas por el panel de acceso, di varios pasos corriendo hacia la habitación de mi hermano pero él no estaba allí, unas huellas marcadas en el piso por el agua se dirigían hacia las escaleras, camine lentamente por lo que parecieron horas, hasta llegar a la parte más alta de las escaleras, moví una mano en dirección a la barandilla para bajar, cuando escuche un crujido de la madera en la parte trasera a la que me encontraba, el pasillo oscuro -que solo se iluminaba por el tenue titilar de las luces de mi habitación- volvió a crujir y supe que no estaba sola, avance un poco más hacia el sonido y en un momento mi hermano salió como si nada hubiera sucedido de la habitación de papá y como si las luces que parpadeaban en mi cuarto no fueran nada. Abrí la boca para decirle algo cuando la puerta se abrió y mi abuelo entro por esta. Ahora solo necesitábamos concentrarnos en lo que ocurría, mi hermano evidentemente no sabía lo que pasaba con papá así que al diríjase con el abuelo pregunto el por qué de su visita y comenzó a llorar cuando le contaron la noticia, un suave pip comenzó a sonar a mi alrededor y la sensación de estar mareada me inundo. Mi abuelo solo pedía que saliéramos de la casa y nos dirigiéramos al lugar en el que el cadáver de papá se encontraba.














