Gritos y más gritos ahogaban el hogar de los Agnes, su hermano mayor gritaba desde la punta de las escaleras y entonces, la más joven no pudo aguantarlo más. De un portazo la entrada frontal de su hogar se cerró, el motor de su automóvil se encendió y así aprendió su camino a un lugar desconocido. Estaba molesta, fúrica, pero su mirada siempre al frente. Recorrió casi la mitad de la ciudad hasta llegar al único lugar en donde se sentía con ganas de hablar, o en donde el silencio no resultaría tan incómodo. Sus nudillos dieron contra la puerta una, dos, tres veces hasta que alguien contestó al otro lado, sus zafiros se posaron en la losa de madera antes de pronunciar algún sonido. “Kenneth y yo hemos peleado” susurró, la briza llevándose sus palabras pero aún así, el peso de éstas permanecía en sus hombros. ( @ilmostroo !!! )















