Un cielo de la casa donde ya no vivo, de la terraza que ya no respiro. Pasó mas de un año desde que dejé ese espacio que me construyo. Tan difícil fue irme, porque fue ahí donde comencé a escucharme, a quererme y abrazarme en el silencio de los atardeceres mágicos que reflejaban como me empezaba a sentir. Escaparme con las nubes para reencontrarme luego pisando firme mi propio suelo. Encontrar este video perdido en una tarjeta de memoria, hoy en una nueva casa, sin terraza, pero que abraza con sus ventanas las nebulosas compañías que me observan desde la inmensa infinitud. El cielo no tiene tiempo ni lugar, me acompaña desde siempre y para siempre, contando mi historia, espejando mis sensaciones de nube viajera, que muta solitaria con el viento, que adopta formas blandas disolviéndose en el horizonte, que llora a veces para desaparecer en una masa gris de confusión, que se olvida de mantener la forma, en el diáfano azul sin manchas, que vaga solitaria descubriéndose, que se funde en otra nube enamorada, que cambia de color para recordarse diversa y con todas las posibilidades ahí, en la luz, en el sol, en el paisaje. ♥










