Llega tu recuerdo en torbellino, y mientras miro, giro la cuchara del café.
Recuerdo tu desdén, te evoco sin razón, te escucho sin que estés.
Allí, con tu impiedad, me vi morir de pié, medí tu vanidad y entonces comprendí que de amor yo no se nada, y que si es así, no quiero saber.











