me ilusiono estúpidamente cuando tu inconsciente te traiciona y me dices "amor".

#dc comics#dc#batman#tim drake#dick grayson#dc fanart#bruce wayne#batfamily#batfam



seen from Malaysia

seen from Canada
seen from Malaysia
seen from Türkiye
seen from China
seen from China
seen from China
seen from India
seen from South Korea
seen from China

seen from Brazil
seen from Israel
seen from United States
seen from United States

seen from Malaysia
seen from Germany

seen from Brazil
seen from China
seen from Malaysia

seen from India
me ilusiono estúpidamente cuando tu inconsciente te traiciona y me dices "amor".
♠️_Ho bussato cautamente alla porta della tua Anima, e Tu, inconsciamente, me l'hai aperta, senza nemmeno immaginarlo... E ti sei svegliato amato, prima ancora di capire... e io mi sono svegliata amata, anche senza mai toccarti.🖤🌹
©️Licaonia Lupe
“La victimización es una artimaña de autoengaño del ego, aparentemente se muestra como debilidad o vulnerabilidad, pero en realidad es una forma de dominio o control. Nietzsche llamaría a esto resentimiento: transformar la impotencia en superioridad moral. Al adoptar la posición de la víctima logras una ventaja inmediata: se evita toda responsabilidad. Sartre lo describió como mala fe: una conciencia que se niega a sí misma para eludir la libertad. Si no eres el responsable, no hay necesidad de cambiar. El vínculo entre libertad y carga se vuelve explícito en Kierkegaard: la huida de sí mismo adopta formas sutiles, y la seguridad se compra al precio de la autenticidad. El pasado se vuelve un refugio como una narrativa de “me hicieron”, “fui abusado”, “me dañaron”, “me engañaron”, “no tuve suerte” … la repetición de esa historia se transforma en identidad. La identidad narrativa como fijación encuentra un correlato en la psicología profunda de Jung: el yo se protege cuando convierte la herida en máscara, y así evita mirar la sombra.
Por otra parte, la víctima recibe premios y galardones sociales. La dimensión social sitúa el fenómeno en el campo de la relación de poder en Foucault: toda posición produce efectos, incluso cuando se presenta como pura impotencia. Generalmente la queja atrae atención, el sufrimiento compra compañía, así como la herida consigue cuidados. Aristóteles ya describe en la retórica una verdad simple: las pasiones ordenan la escucha pública, y la compasión se activa mediante relatos de daño. Quienes nunca aprendieron a pedir amor de frente lo solicitan por la puerta trasera por medio del llanto, las quejas, el dolor y el sufrimiento victimizándose. Esta economía afectiva evoca la teoría del reconocimiento en Hegel: la necesidad de ser visto busca vías indirectas cuando el pedido directo parece imposible. En lugar de decir “mírame a los ojos”, dicen “pobrecito de mi”.
Lo que la hace adictiva a esta postura es que a la mente le encanta tener la razón. La mente prefiere estar en lo cierto antes que ser libre. En términos budistas, ese apego a la “razón propia” funciona como tanhā (ansia) que prolonga dukkha (insatisfacción). Sin embargo, querido amigo, el hecho que nos haya ocurrido algo no nos convierte automáticamente en víctimas. Solo significa eso… que nos pasó algo y nada más. La distinción separa hecho y significado: Epicteto sostiene que no perturban las cosas, sino los juicios acerca de las cosas. La victimización surge cuando nos aferramos a dicha experiencia para evadir el presente, para no habitar el ahora.
Mira, habitar el presente exige valentía, por la sencilla razón que en el presente no hay excusas ni justificaciones… la recuperación del poder asusta… si tu vida esta solo y únicamente en tus manos ya no hay a quien culpar. No estoy recomendándote negar el dolor sino dejar de convertirlo en tu nombre, es posible reconocer nuestra herida, pero sin construir un trono o un altar con ella. Esta imagen converge con la crítica de las “pasiones tristes” en Spinoza: la tristeza puede volverse régimen si se la usa como fundamento de identidad. La victimización constituye una forma de inmadurez, porque instala la culpa en el pasado como refugio y desplaza la responsabilidad fuera de la propia vida. La madurez disuelve esa postura al recuperar la libertad de responder en el presente, sin negar lo ocurrido y sin convertirlo en identidad. En cuanto lo observas conscientemente tu drama pierde fuerza o poder y permanece la experiencia, el aprendizaje… una fuerza pacífica que ya no necesita acusar a nadie para existir.”
Prabhuji
Pakard - Inconsciente
Hasta que no llevemos a la consciencia el inconsciente, este seguirá dirigiendo nuestras vidas, y nosotros lo llamaremos destino.
— Carl Gustav Jung.
Peter Paul Rubens - Cabeza de Medusa (1617)
"Un sentido de repulsión y fascinación suscita esta obra. La cabeza, desgreñada de sierpes, de cuya sangre surgen fétidas alimañas amenazantes y lagartos entrecruzados, hacen que el brote sea constitutivo en lo fértil de una génesis sobre lo exuberante y lo grotesco, pero no en un brote de vida barroca y alegórica, sino de palidez y helado contacto con la muerte, el sueño y la crueldad del acto. La mirada, inquisitiva y fija en un punto de fuga más allá del cuadro, persiste como si estuviera juzgando ese amargo designio tutelar que los dioses determinaron con Medusa, por el uso de la belleza y la seducción, y que nos sigue petrificando desde el limbo incierto de lo atemporal (al parecer está cimentada en el espacio del promontorio de una roca, recién decapitada y aparentando un sacrificio ritual), haciendo que esa mirada sanguínea, perversa y aniquiladora con los demás, convierta a este cuadro, en un juicio sin corpus delicti sobre la hegemonía patriarcal y el abuso hacia la feminidad, encarnada en esa metáfora desrealizada sobre la belleza perdida de Medusa, cuyo indicio de belleza y alegoría, no deja de ser un estereotipo de cómo se construía la esencialidad femenina si está no cumplía los estándares y los valores para dicha época, quien se convierte en ese sentido, algo amorfo y carnal, prohibitivo y censurable, incongruente de sí misma, imprevisto de una lujuria desmedida, pero que es ad aeternum en el soporte de la mirada que lo registra, también como elemento de lo inmortal de la obra, porque ella es hija de lo teriomórfico y le corresponde un ambiguo y siniestro pacto de castigo en la expansión mortuoria y execrable de naturaleza y sus expansivas leyes de conservación de la materia. Pero la inmortalidad persiste, en esa cabeza como germen de ideas alocadas y revoltosas, caóticas y putrefactas, en un gesto forense, pero sobre todo en esa salamandra arrinconada en una esquina y lejos de la cabeza (mirándonos hacia nosotros como un signo de autopercepción), símbolo de la ignis alquímica y la visión perennizada de los elementos, propuesta de renovación y transmutación del fuego (contacto de la psique con la conciencia), o en ese escarabajo negro, símbolo de un sol naciente para los egipcios, eje de resurrección y protección en el inframundo, o el de la anfisbena —serpiente de dos cabezas— que se devora a sí misma, asociadas a la magia y el significado del ouruboros y los ciclos perpetuos del tiempo, desafiando lo que parece ser real por ese sustrato de lo sobrenatural, en un lado más más onírico y de pesadilla, revelación o alucinación, y que puede operar como un emblema sobre el miedo y su articulación en el discurso y la tipología del ser, que también es parte de un proceso corpóreo sobre la putrefacción, lo irracional, la conciencia y sus límites, y la radical sublimación estilizada del arquetipo del inconsciente que nunca cesa de emanar, esa persistente huella de imágenes y patrones que han de nutrir la vida pensante de cualquier sujeto.
Título: Gladiadores do Inconsciente Nankin sobre Papel Nankin on Paper 21↔ x 29,7↕ cm
“Hasta que lo inconsciente no se haga consciente, el subconsciente seguirá dirigiendo tu vida y tú le llamarás destino”
Carl Jung
Carl Gustav Jung fue un médico psiquiatra, psicólogo y ensayista suizo, figura clave en la etapa inicial del psicoanálisis. Fue fundador de la psicología analítica. Fue colaborador de Sigmund Freud en sus inicios y pionero de la psicología profunda, terapia e investigación que tenían como enfoque al inconsciente.
Jung incorporó a su metodología, nociones procedentes de la antropología, la alquimia, la interpretación de los sueños, el arte la mitología, la religión y la filosofía.
Nació en Suiza en julio de 1875 en el seno de una familia de ascendencia alemana y su padre era un pastor luterano. Ambos padres pertenecieron a dos importantes familias de la Basilea del siglo XIX.
De niño fue introvertido y muy solitario, aunque cercano a sus padres, y durante su juventud fue un lector entusiasta especialmente cautivado por la obra literaria de Goethe e interesado en filósofos como Von Hartmann y Nietzsche. En su autobiografía describe el acercamiento a la obra de Nietzche “Así habló Zaratustra” que describiría como una experiencia conmocionante, solo comparable a la inspirada por el Fausto de Goethe.