Creo que maté un/a extraterrestre. Fue sin querer. Vi algo en el piso, ya era cadáver, en algún momento mi pie había aplastado toda su estructura, así que la clasificación biológica de esta especie era completamente imposible. Toda mi vida me dio un profundo asco la idea de aplastar bichos, mucho antes incluso de tomar conciencia de que eran seres vivos, que tenían familia, que vivían en alguna parte, que comían. Ver los restos mortales de lo que presumo era algún tipo de insecto me puso bastante mal. Al otro día fue peor: luego de almorzar entré a mi caótica habitación y el resplandor de la luz que entraba por la ventana golpeó el piso y me mostró algo, un rastro enorme de algún tipo de fluido, ya seco, incoloro, solo visible desde esta perspectiva específica, un ángulo casi imposible. Ahí recordé el bicho del día anterior, y supe que era de otro planeta, porque la cantidad de rastro que había dejado su muerte no correspondía de ninguna manera con el tamaño del sujeto. Había más fluido que criatura en sí misma. Cargando mi conciencia fui a buscar un trapo, y mientras limpiaba esperé la invasión inminente, dando por perdido al planeta y las diversas incivilizaciones que le parasitan. Mi único consuelo fue que, con (buena) suerte, mi crimen sería útil a la aniquilación de la especie humana. Una justa venganza contra la humanidad, ya no se si de los aliens, o de mi.
(gracias a Por el amor de yo por la imagen, no es su autora pero fue quien me la regaló)
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