Cap 1. Antes: invierno 2014.
Confundiendo nervios por adrenalina, Samantha se había adentrado a la noche, por primera vez después de mucho tiempo con sus mejores amigos. La primera de las que, cruzando los dedos, esperó fuesen muchas. Volvía a ser ciudadana permanente de Manhattan, y volvía a ver a sus amigos Lucy y David después de casi dos años. Aunque se hubo encontrado exiliada en Francia toda su adolescencia y los primeros años de su vida adulta, solía visitar a sus amigos algunos veranos...aquellos en los cuales su padre no tenía planes aparte para su familia. Samantha, sin embargo, no había experimentado las noches en bares y clubes con aquellos mejores amigos de primera mano. Por eso, mientras vaciaba en su garganta su segunda botella de cerveza, deseó que esta le diese ánimos y soltura.
David se encontraba unos pasos más adelante, pidiendo algo en la barra y Lucy había ido a retocarse su maquillaje por segunda vez, al baño.
"Disculpa, eres la nueva, ¿cierto?"
La voz que se pronunció a sus espaldas le era desconocida, así que giró para designarle un rostro a aquel timbre que había sonado tan cerca de su oído, ya que la música del club sonaba tan alta como se esperaría en un lugar como aquel. El joven que se encontraba frente a ella, con una melena castaña y rasgos destacables, le era un completo desconocido...hasta que recordó aquel amigo del que Lucy y Dave solían contarle hacía años pero nunca había tenido la oportunidad de conocer en persona. Según la descripción vaga pero totalmente acertada de Lucy, adivinó.
"Andre" pronunció Samantha y las comisuras de aquel se levantaron ligeramente.
"Qué pequeño es el mundo, mi nombre también es Andre." Contestó él de manera desenvuelta.
Samantha tocó sus mejillas, involuntariamente. Un escalofrío se hizo sentir en su cuello. Odiaba eso, se sentía una estúpida. Y ya no sabía a qué atribuirlo, tal vez a los nervios de la noche, tal vez a la segunda botella de cerveza...tal vez a la combinación de ambas. Desconocía si aquel comentario había sido en tono jocoso, pues aunque hubo percibido una leve sonrisa en los labios de Andre, el rostro de él permanecía solemne. Y expectante. Quitó sus manos de su cara y extendió en el aire su zurda, esperando a que él la tomara para saludarse con un apretón.
"Perdón. Mi nombre es Samantha, mucho gusto."
"Qué alivio, pensé que sería complicado...todo el tema de llamarnos por igual."
Samantha rio tímidamente y observándolo por el rabillo de sus ojos, caminó hasta el baño, en busca de Lucy.
"Acabo de conocer a Andre" informó Samantha.
Lucy miró a su amiga a través del espejo y reprimiendo una sonrisa, la escaneó. Samantha se veía como si un huracán acabase de tocarla. Actuando lo más natural y desinteresada que pudo, habló.
"Genial. ¿Ya estás encantada con él? Con su rostro, su voz, bla bla"
Samantha se rio mientras, con nerviosismo, golpeaba corta y repetidamente el concreto con la suela de su zapato. Los ojos de la muchacha fueron allí, al piso. Consideró que era una buena idea que el baño de un club tuviese los pisos de ese material. Ebriedad, tacones y pisos resbalosos no eran una buena combinación. Concedió también que, si de todas maneras las féminas conseguían caerse desde la altura de los tacos...entonces sería algo extremadamente doloroso.
"Oh, no. No lo estoy, no es mi tipo." Respondió Sam a su amiga, ésta rompió una sonora carcajada.
"Deberías haber mencionado a tu novio en el medio de esa falacia atroz." Le dijo apretando sus labios recién pintados. Lucy giró dándole la espalda al espejo y sonriéndole a su mejor amiga.
Samantha dejó escapar un bufido ante aquella estupidez. Masticó un par de palabras y luego respondió. "¿Acaso me vuelvo instantáneamente ciega en el momento en que consigo una pareja?" Tomó el brazo de aquella pelicorta que era su mejor amiga y ambas caminaron de vuelta a la pista de baile.
"Ah ah" mencionó Lucy, tocándose la punta de la nariz "entonces sí quedaste encantada."
"Que no, Dios Santo, ¡no lo hice!" Sam replicó dispuesta a darle un empujón para que zanjasen el tema. Aunque, debía reconocer, que sí...sí aquel rostro había quedado impreso en su mente. Su amiga le guiñó el ojo y se soltó de ella.
"¡Amo esta canción!" Lucy gritó mientras la música daba paso a un ritmo techno. Samantha la observó ir corriendo hasta donde estaba Dave, moviendo su cabeza al son de la canción y fijando la vista en ella, sonriendo ante la imagen de su novia corriendo hacia él. Sam sonrió también, aquellos dos le causaban ternura a la par que vergüenza. Si, era capaz de sentir esa combinación de sensaciones cada vez que estaba con ese par. Sacudiendo la cabeza, la castaña se acercó a la barra. Sacó de su cartera un billete y pidió una cerveza...la tercera.
"Uf, esta bazofia de canción si que es vieja."
Samantha miró por sobre su hombro a Andre, había reconocido su voz. Se encontraba en la barra, a su lado, inclinado sobre un codo. Éste la miró de pies a cabeza rápidamente, y luego devolvió la vista a la pista de baile.
"Si" apremió Sam viendo al barman acercarse con su cerveza. Pagó y le dio un trago largo. Se sentía sedienta, y había comenzado a perder la sensibilidad de las encías. ¿Acaso alguna vez se sienten las encías? Reparó, pero su hilo de pensamiento fue interrumpido.
"Siendo honesto...me gusta mucho esta canción." Apremió Andre, aún con la vista fija en sus amigos. Samantha giró sobre sus talones, apoyando la espalda contra la barra.
"Si, pero ¿a quién no le gusta? Es decir...aún si no te gustase...te gusta, punto." Contestó y luego tarareó la pegadiza canción, antes de darle un nuevo trago a la botella, lo oyó reir.
"Eso es completamente estúpido. ¿Cómo puede gustarme algo que no me gusta?" Preguntó Andy, ajeno a la precisión de esa pregunta. Ella se estaba preguntando lo mismo.
"No es estúpido, y es una regla que solo aplica a canciones...o películas..." Se defendió cortamente. Podría haber elaborado mucho más, pero se recordó a sí misma que no todo el mundo estaba dispuesto a tener largos debates, y que aunque le apasionaran, no todos los lugares eran aptos.
"En serio, ¿se te ocurrió a ti?" Acotó Andy reimprimiendo una sonrisa, no quería correr el riesgo de que aquella castaña girara la cara y lo encontrase sonriéndole.
"Si, patente pendiente." Contestó Sam, ajena a la mirada masculina. Obtuvo un resoplido de parte de él, que escondía una pequeña risa. Eso la hizo curvar sus labios.
"Entonces, Samantha, ¿Dónde conociste a los chicos?" Inquirió curiosamente Andy, frunciendo ligeramente el ceño.
"Jardín de infantes. Conocí a Lucy y a David cuando teníamos cuatro años, y desde ese momento fuimos mejores amigos." Contestó y luego, terminó el contenido de su botella.
"¿Qué? No, yo soy amigo de ambos desde hace ocho años, y nunca antes te había conocido. Ni siquiera recuerdo haber escuchado hablar de ti." Replicó aquel, un poco confundido. Sam giró su cara para enfrentar la de Andy, le regaló una sonrisa antes de contestarle de forma resumida los últimos nueve –casi diez- años de su vida.
"Me mudé a otro país cuando cumplí quince. El trabajo de mi padre nos obligó a ubicarnos en Francia por un tiempo...por bastante tiempo."
"Interesante." Andy dijo, asintiendo con su cabeza en el momento en que su bolsillo comenzó a vibrar con su celular. Samantha dirigió su mirada allí y lo señaló, mordiéndose el labio que ocultaba una sonrisa. "No te entusiasmes, es solo mi teléfono." Agregó Andy antes de guiñarle un ojo y atender el aparato.
Con una pequeña risa ante la ocurrente respuesta, Sam se alejó de aquel desconocido y dirigió sus pies hasta donde sus mejores amigos estaban bailando. En un abrazo corto, los tres amigos comenzaron a mover las caderas de forma exagerada. Samantha trató de no girar la cabeza para observar a quien había dejado detrás. No estaba encantada –se repitió. Tenía un novio –se recordó.
El hedor a mezcla de cigarros y alcohol fue lo primero que Andre percibió al despertar. Sintió la necesidad de arrugar todo el rostro con tal de evitar devolver lo que había comido (y tomado) la noche anterior.
“Te dije que por favor no fumaras aquí”, soltó con una voz ronca que le costó reconocer como propia, al paso que levantaba la cabeza para que su mirada fuera en busca de la muchacha que pronto encontró en la ventana de su cuarto. Estaba semidesnuda, y no sabía si era por la resaca, por el mal humor, o por simple matemáticas de una noche de gran ebriedad… pero la encontraba menos guapa de lo que creía la noche anterior.
“Estoy fumando con la ventana abierta…”, respondió desilusionada, como si le acabaran de romper el corazón. Ella tenía esperanzas de poder cambiar al hombre que tenía en frente. Lo conocía hacía tiempo; no eran cercanos, pero los años lo habían mostrado renuente a estar en una relación estable. Para la mala suerte de Erica, Andre seguía siendo el mismo hombre de siempre por más táctica encantadora que hubiese empleado hacía tan sólo seis horas atrás. Lo cierto era que él lo admitía desde un principio y las reglas del juego estaban claras… Lo lamentable era que ella vio el hecho de pasar la noche como una posibilidad abierta a algo más.
Andy entornó los ojos al despegar la espalda del colchón. Así Erica vio el desastre que era su cabello al despertar, y se le escapó una silenciosa carcajada que él sólo observó de refilón.
“¿Qué usas para peinar ese gato muerto? Es admirable cómo lo tenías anoche y lo mal que se ve ahora”
Fue sencillo para Andre falsear una apretada sonrisa.
“¿Quieres café?”
La positiva de ella lo invitó a zambullirse de la cama al suelo. Agradeció la buena idea que había tenido la noche anterior de dejar la cafetera andando, así que simplemente se acercó a la pequeña cocina, sirvió café negro en dos tazas y las metió al microondas mientras revisaba los mensajes en su teléfono celular. Andre podía estar de mal humor e incluso no contestar mensajes, pero era incapaz de despegarse de la conexión por algunas horas, tanto que le daba algo de pudor. Lucy le había escrito.
«Andy, ¿Erica? ¿En serio? Te secuestrará para luego obligarte a contraer matrimonio con ella. Sin excusas hoy cenaremos en Joe’s Bar. A menos que esa loca te corte en pedacitos para comerte»
Fue sencillo deshacerse de La Loca Erica. Muy lejos de lo que pensarían sus amigos, compartió el desayuno y se despidió de ella amablemente; por más que fuera frío en su trato, fue correcto y cuidadoso al dejar (de nuevo) claras sus intenciones.
Las 8 de la noche llegaron más rápido de lo que hubiera esperado. El oriundo de Pensilvania dedicó su domingo a extrañar a los bosques, al silencio, a su madre, y a procurar una lluvia de ideas en su libreta que acabó sin anotaciones nuevas. Se bañó, durmió una siesta, y de la nada se hizo la hora de tomar el metro para ir al encuentro con David y Lucy.
Joe’s Bar era un sitio que frecuentaban tanto como podían. “Tanto como podían”, dependía la semana: podía significar una, dos, tres, incluso cuatro veces. Los bartenders los conocían hacia años, asimismo las meseras, que siempre les daban un trato especial y le bridaban descuentos. Era un sitio acogedor dentro de la ansiedad y rapidez newyorkinas. Era relativamente pequeño, se podían comer snacks y pasar un buen rato sin necesidad de gritarse con una mesa mediante para que el otro te escuchase.
Ni bien atravesó la puerta, el calor humano le golpeó y se quitó la bufanda sin dejar de caminar, girando la cabeza a un lado y al otro en busca de la pareja. En lugar de ellos, encontró a Samantha. La sorpresa no le disgustó ni tampoco le encantó. La verdad era que no estaba con el mejor de los humores, pero algo le decía que la muchacha era de esas que entendían y no se lo tomaba personal. No era La Loca Erica.
“Hey” se hizo oír Andy, señalándola con el dedo antes de tomar asiento frente a ella en un box apartado de la puerta. “No sabía que vendrías, ¿cómo amaneciste hoy?”
Samantha parpadeó. No estaba en sus planes encontrar al amigo de sus amigos en el bar, aunque, pensándolo dos veces, era lógico. Lucy y David tan solo tendrían un par de minutos de retraso, así que con eso en mente, se dirigió a Andre.
"Andre, tampoco sabía" dijo encogiéndose de hombros y luego regalándole una franca sonrisa. "¿honestamente? Con un poco de resaca. Estaba al tanto de las juergas de Luce y Dave, pero nunca imaginé que trataría de seguirles el ritmo." Terminó de hablar, mostrando a aquél su blanca dentadura.
Titubeó segundos el hecho de hacerle la misma pregunta, por cortesía, solamente. O por rellenar un poco el silencio, pero como no conocía a Andre, optó por hacer lo que siempre la dejaba más cómoda a ella, quedarse en silencio. Mentalmente reprodujo la secuencia de la noche anterior, creía haber estado abrazada o al menos entre los brazos de aquél nuevo conocido, bailando. La imagen era taciturna, debido al estado de ebriedad del grupo, y le molestaba el hecho de querer saber cuan real era esa fina y borrosa imagen. Recordó más sólidamente la discusión con su novio en cuanto hubo puesto un pie en la habitación. Se había lanzado a besarlo, entre risas propias que éste no correspondió. Y por eso había aceptado la invitación de su amiga, para salir de su casa, para dejar de pelear y discutir con Jules. Para cambiar el aire y la sensación de encierro que de pronto la hubo atormentado todo el domingo.
Sam no percibió -pues pocos lo hacían- la manera en que la mirada masculina frente a ella dio comienzo a un festín donde la analizaba de pies a cabeza. ¿Su opción era no hablar? Pues Andre, conscientemente, haría pesada la atmósfera al posar sobre ella la vista, que si bien tenía tintes de jugarreta, en verdad por dentro la inspeccionaba tanto como su imaginación podría ajustarse con la realidad que aún no conocía. Andy apoyó ambos codos sobre la mesa y uno de sus puños fue soporte de su barbilla. ¿Qué tanto tendría por decir, que nunca había dicho, que la obligaba a quedarse callada frente a una persona como Andre Wallace, a.k.a Speedy? ¿Sus padres estarían aún juntos, serían cariñosos, fríos? ¿Estarían separados? ¿Tendría hermanos o hermanas? ¿Medios hermanos? ¿Alguno de sus padres muerto? ¿Alguno de sus hermanos muerto? ¿Tendría novio? ¿Abuelos vivos? ¿Cómo se llevaría con ellos? ¿Qué hacía para ganarse el pan? ¿Tenía pasiones? ¿Trabajaba de algo que no le gustaba? ¿Le gustaría viajar en avión, lo odiaría? ¿Tendría fobias? Tenía cara de hacerle asco a las cucarachas. Ella volteó a verlo, Andre le sostuvo la mirada por un momento. ¿Habrá sufrido bullying? ¿Sabría tocar algún instrumento? Era buena bailarina. ¿Habría ido a danza? Sus miradas se desconectaron en el momento en el que el celular de Andre comenzó a vibrar en su pantalón.
"Disculpa", soltó en castellano, en lo absoluto por haberla acosado con la mirada el último minuto y medio, sino porque se pondría al teléfono. "¿Dave? [… ]¿Qué sucedió? [...] O...¿kay?. Le mandaré. Adiós."
Apretando los labios y engrosándolos al mismo tiempo, en ese gesto que tanto lo caracterizaba y que bien podría traducirse en 'como quien no quiere la cosa', Andy se removió en su asiento y clavó la mirada en Samantha hasta que ella se la correspondió.
"Lamento informarte que esta noche seremos tú y yo, al menos que quieras irte"
Tratando de disfrazar el cortocircuito que se había producido en su sistema respiratorio al detenerse en el movimiento de labios que Andy había hecho, Sam asintió ligeramente. Comenzó por pensar en qué motivo sería el responsable de que sus amigos cancelaran sobre la hora. Descartó un motivo grave, porque la respuesta de Andy ante la llamada no había sido de preocupación. De todas maneras, ella no había recibido ningún mensaje por parte de Lucy, lo que le llevaba a pensar si verdaderamente el plan original incluía el juntarse los cuatro. Sospesó la oferta de Andre, podía quedarse y conocer a esta persona de quien no sabía nada (y no parecía entusiasta de querer compartir su vida privada), o podía volver a su casa con su novio, y tantear la atmósfera. Y aunque la conciliación era primordial con Jules, Sam no se sentía con la energía suficiente para enfrentarse nuevamente con él.
"No tengo nada más que hacer." Respondió cautamente, evadiendo fijar la vista en la boca rellena y la nariz prominente de quien tenía frente. Andre era tan diferente a Jules, no pudo evitar establecer aquella rápida comparación. Ella y su novio llevaban casi siete años juntos, lo había conocido en una reunión de la Milicia Aérea Norte Americana, cuando estuvieron ambos viviendo en Francia, ambos por ser hijos de pilotos de la Fuerza. Aunque Jules tenía diecinueve años cuando se conocieron, su padre estuvo más que encantado con el muchacho y no objetó en contra de este cuando Sam, de quince, y éste comenzaron a salir. Jules era lo único americano, aparte de su familia, que Sam tenía en aquel país desconocido. Y ahora, se encontraba en la situación contraria, el país era su hogar y el hombre que tenía frente, un desconocido.
"Somos dos", dijo Andre, siendo aquello lo que la desconectó a Samantha de sus pensamientos. Los ojos castaños del muchacho se perdieron por encima de la cabeza de Samantha, mirando a un lado, al otro, como persiguiendo algo. Entonces alzó uno de sus dedos para llamar a la mesera. "La madre de David les hizo una escena porque supuestamente habían acordado de cenar hoy, entonces..." Comentó el muchacho, encogiéndose de hombros, dando por sentado lo obvio. "Recuérdame no casarme nunca, no al menos antes de estar verdaderamente casado" se corrigió, aunque para él era todo lo mismo; lo cierto era que, antes de aguantarse a la gente decirle que era un desalmado, se ocupaba de dejar abierta la posibilidad en la oratoria. "No sé qué querrás tomar, pero tengo una teoría: la cura para la resaca, es más alcohol" soltó, hablando con la boca torcida, nuevamente con la mirada distraída que consigo trajo a Bernie, la mesera.
"Andy, qué cara resacosa tienes"
Andre volteó la cabeza con una sonrisa algo asqueada, y la observó a Sam incisivamente.
"Como verás, la gente no se cansa de hacerme cumplidos"
Bernie rio, aunque algo turbada sin saber si lo había dicho en buena onda o no. Andre, mientras, se sacudió el gato muerto de su cabeza que aún bañado no había desaparecido. Ese día la humedad no colaboraba.
"Dame una cerveza, y snacks de pollo y papas fritas con cheddar", dijo entonces, cediéndole la palabra a Samantha tras verla y apuntarla con el mentón, dejando el cuello estirado. ¿Sería de esas que se cuidaban o disfrutaban del buen comer? ¿Con resaca se había referido a dolor de cabeza o de panza? Entornó los ojos al escucharla hablar, notando que estando tan básicamente vestida, resaltaba entre las demás muchachas del lugar.
En cuanto el imaginario de Samantha visualizó la orden de Andre, sus papilas salivaron y su estómago rugió, había perdido la cuenta de las horas que llevaba sin comer...pero probablemente se acercarían a las diez.
"Que sea doble, por favor." Respondió y se acomodó mejor en la silla. La mesera asintió y le echó una última mirada a Andre antes de irse, mirada que no pasó desapercibida por Sam. Se preguntó entonces si aquel joven sería consiente de las miradas que las féminas le regalaban, algunas disimuladas –como la de la camarera-, algunas descaradas como las de la noche anterior en el boliche. A veces, lo veía acodar un lado de su boca, tal vez como respuesta a aquellas miradas.
Samantha suspiró, y mentalmente comenzó a tararear La Marseillaise para evitar ser una más de aquellas mujeres. De las que lo mirasen profunda y viciosamente, porque sabía que de quedarse mirándolo, lo haría. Todos sus rasgos llamaban la atención por más corrientes que fuesen. Atajó Samantha su lengua para evitar comenzar a hacerle preguntas, imaginaba que él sería una persona con una vida muy diferente a la suya, y eso la ponía atenta y alerta...con ganas.
Andre entonces se quedó observándola unos pocos segundos, parpadeando algo perplejo. Quiso recordar pero no logró hacerlo: ¿hacía cuánto tiempo se había topado con un ser tan tímido o reprimido como aquel que tenía en frente? O que así había juzgado...
"¿Después de anoche te comieron la lengua los gatos o simplemente no te caigo bien?" Preguntó Andre, con genuina curiosidad, al paso en el que sus piernas se separaban para dibujar un ángulo de 45°. Una de sus cejas se alzó por sobre la otra, y procuró encontrarse con el cuerpo relajado para cuando ella volvió a posar su mirada sobre él. El músculo que unía su cuello y sus hombros, de repente, parecía eterno. Él la recibió ladeando la cabeza. "Ayer bailábamos con las frentes pegadas y hoy..." Sus mejillas tomaron algo de color ante la idea de incomodarla. Se le escapó una sonrisa con dientes que apagó al lamerse los labios superiores. "Tendré que emborracharte para arrancarte alguna palabra" dijo, y la mejor parte era que el tono de su mensaje resultaba ambivalente: no podría acusarlo de intentar coquetearle, tampoco de cretino, ni de simpático. Era una mezcla de todo eso junto, en el mismo momento.
Las palabras que había pronunciado Andre le parecieron eternas a Samantha, el estupor y la vergüenza no dejaron de azotarla. El nerviosismo se sumó cuando vio aquella gigante sonrisa por apenas segundos, para ser barrida por su misma lengua. No encontró otra reacción que no fuese dejar escapar una genuina pero tímida carcajada. Entonces, entendiendo que no le iba a quedar otra que interactuar con él, le clavó sus claros ojos. La idea de averiguar y establecer una conversación con Andy la embelesaba. Se sentía curiosa por él, tanto como por todas aquellas cosas que solía estudiar de puro goce, porque le acariciaban el alma. Y aunque Samantha era autodidacta por naturaleza, aquella persona estaba lejos de ser un libro al que devorar o habilidad por practicar.
Un poco más suelta y sin reparar mucho en el tono de las palabras que él había dicho, la castaña sonrió y sacó apenas su lengua entre sus dientes para pellizcarla, era su señal de que estaba dispuesta a dejarse ser.
"No va a hacer falta, aunque ya nos estamos encargando de eso, ¿no?" Alzando sus cejas, torció su boca hacia un costado, en forma juguetona. "Apenas salimos de la resaca de domingo y ya estamos pidiendo cerveza." Terminó de responder, decidiendo hacer caso omiso al recuerdo que ahora le era clarísimo. Los torsos y frentes de ambos pegados, bailando la noche anterior. Las manos femeninas aferrándose del cuello y el inicio del pelo de Andy, las manos de éste paseando desde su cintura, hasta subir por su espalda y cuello, ida y vuelta. "Y, discúlpame, pero no puedo asumir una postura frente a cuanto me agradas, apenas te conozco."
Andre entonces arrugó la punta de su nariz. "Qué aburrida", soltó por lo bajito, para luego no ser capaz de retener una risita que se le escapó por la nariz. "Prometo caerte bien", Andre giró la cabeza hacia un costado y le hizo dos veces 'ojitos', sin actuar femeninamente porque odiaba el hecho de que se ligara ciertos gestos a un género. Sencillamente lo hizo, sin sobreactuar el estúpido gesto suave, tonto, risueño, con el que se lo ligaba.
Tenía muchas mujeres en su vida, muchas de ellas más fuertes de lo que él sería en mil años. No veía por qué burlarlas así, o hacerlas parecer menos por el simple hecho de (algunas) ser tiernas (¿y qué tenía de malo serlo?). No tenía sentido; él podía ignorar muchas cosas, pero precisamente no cuestiones de género.
"Bien, Samantha..." Comenzó a decir, rascando una de sus patillas, mirándola a los ojos fijamente. "¿Qué otras opciones tenías en tu día que salir con quien no conoces es mejor?" Inquirió, y antes de dejarla hablar, dio una bocanada de aire, ansioso de él darle su respuesta... pero se calló la boca, conteniéndose. Le apostó mentalmente a que la respuesta que se tenía ensayada, le sorprendería.
Sam carcajeó ante el gesto de Andy, lo encontraba sumamente lúdico, y eso le estaba gustando. Eso la tranquilizaba a la par que la emocionaba.
"Diría que nada, pero es incorrecto", contestó apoyando su codo en la mesa, doblándolo para hacer de soporte de su mentón. "tal vez... ¿leer? ¿mirar algún documental? Soy aburrida" sonrió ampliamente, y luego juntó sus labios, no era cierto aquello. No ese domingo, al menos. Sabía que había un documental sobre la caída del muro de Berlín que quería ver, pero por cómo habían quedado las cosas antes de irse, sabía que algo tedioso la iba a estar esperando. Suspiró y volvió a mover sus labios. "Seguir, o terminar de discutir con mi novio. ¿Bebimos tanto anoche? No logro recordar."
Sin pensarlo ni evitarlo, Andre sacó la lengua y puso los ojos en blanco en cuanto hizo las sumas y comprendió que Sam se había peleado con su novio por la borrachera del día anterior.
"La cosa es simple: sales con tus amigos y tienes derecho a hacer lo que quieras. Te has divertido, ¿qué le molesta?" Soltó, lo último en voz más baja, como si lo hubiera dicho sin quererlo. Se lo vio pensativo, mientras observaba las vetas de madera de la mesa, al mismo tiempo en el que negaba sutilmente con la cabeza. "Tu novio suena como a mi antítesis" comentó. "Me resulta incomprensible, pero... cada cual es como es" simplificó, encogiéndose los hombros. Y entonces sorbió aire para luego largarlo en un sonoro mientras dejaba ir un "aaahhh..." Letargado. "Síp, bebimos bastante" afirmó al asentir con la cabeza, tamborileando los dedos contra la mesa. "Hay un problema: si hoy te vuelves a emborrachar, entonces me verá a mí como el culpable..." Se estiró sobre la mesa, para ganar más cercanía con ella; antes de que le dijera algo, él le ganó de mano. "Sé que es decisión tuya, pero si es de esos, es probable" y, nuevamente, no le dejó responder. "¿Sabes lo que yo haría? Llegaría al departamento bien borracho y le diría (espera, dí por sentado que vives con él... como sea...): '¿sabes? Tú no eres una extensión mía ni mi dueño, vete al diablo. Cuanto más te quejes, más borracha llegaré'", habiendo actuado tanto el tono de voz como la cara de borracho, estirando las vocales, comiéndose consonantes, desarmó el personaje rápidamente. "Asunto resuelto. Conductismo puro"
Una sonora e involuntaria carcajada fue la respuesta de Samantha.
"Nunca dije que hayamos discutido por eso, pero acertaste." Dijo encogiéndose de hombros ligeramente, se sentía un poco mareada ante aquella presencia. No solo articulaba las palabras muy claramente, sino que las actuaba, las interpretaba y las decía con una cadencia rápida pero concreta. "¿Puedes creer que la discusión comenzó simplemente porque yo quise besarlo, en ese estado? Es decir, ¡vamos! Estaba dispuesta a todo, tenía la sangre acelerada y quería con él. La próxima tendría que apaciguar las ansias con cualquier fulano, y luego volver a dormir tiesa y quietita a su lado, para no despertarlo. Por descontado que si hoy vuelvo ebria a casa, que sí comparto con él, no voy a decir que fue tu culpa." Terminó Samantha, arrugando el puente de su nariz y mordiendo nuevamente la punta de su lengua que se asomaba entre sus dientes. "Creo que Jules nunca me había visto en ese estado...es más, creo nunca haber estado así de borracha."
"¿Encima querías sexo?" Preguntó un anonadado Andy que había abierto sus ojos pequeños mucho más de lo habitual. "No se pu... Bueno. No, alto ahí, Andy" se dijo, y volvió a mirar hacia abajo al paso que abría sus manos para teatralmente llevarse a la calma. "Hay gente que tiene humores, sé tolerante con lo que no entiendes, pero no significa que esté mal", se dijo frente a ella; sin embargo, cuando volvió a mirarla, la vio nuevamente con ojos juguetones y penetrantes. "Si piensas en la posibilidad de engañarlo, hay algo más que enojo ahí" opinó, arrugando su frente al alzar las cejas. Se había tomado el descaro de decirle algo como aquello a quien recién conocía. Pensó que quizá era esa la razón por la cual tenía pocos amigos íntimos: seguramente a la gente le gustaba escuchar lo común, lo consensuado para un primer encuentro. Andre solía saltarse unos cuantos pasos.
Entonces, antes de que Samantha dijera algo, llegó Bernie y acomodó entre ellos lo que le habían pedido. Destapó las cervezas y apoyó el ketchup al lado de Andy, sabiendo que lo comía con los bastones de pollo frito y empanado. Tras que se fuera, Andre guardó silencio al beber de la cerveza, esperando que Samantha no ignorase lo que él acababa de decirle. Quizá ahí tenían toda una noche de charla... Pero si lo dejaba ir, simplemente porque no quería compartirle algo tan profundo y privado a un desconocido, Andy pensaría en qué tema podía sacar.
Samantha pensó en lo que Andy le había dicho. El comentario de la joven solo había sido en tono de broma, no lo había dicho con ningún otro significado. Pero, la respuesta que él le había dado, quedó allí rondando. No, claro, ella nunca engañaría a su pareja. La infidelidad no era moneda suya, prefería usar sus palabras y poner en la mesa las cartas, claras, antes de recurrir a la infidelidad.
Se corrió apenas hacia atrás mientras Bernie acomodaba las cosas, y luego vislumbró la gigante botella de ketchup que ésta había colocado junto al plato de Andy. Antes que él pudiese moverse, Sam lo arrebató y comenzó a tirar ketchup sobre sus papas con cheddar. Le urgía comer, tanto que temía comenzar a babear frente a él. Dejó la botella del condimento en su posición original y luego, mordisqueó un par de papas.
"No soy devota de la infidelidad...no va conmigo, si un tipo que no es mi novio me atrajese al punto de querer tirar mi relación por la borda por un simple revolcón, entonces nuestra relación es claramente un mierda..." Contestó encogiéndose de hombros. "En el punto, creo yo, en que otra persona me enloquezca mental, espiritual y físicamente...sería hora de terminar mi relación sinceramente, ¿no crees? La verdad puede doler, puede ofender...pero nunca deja de ser verdad."
El gesto masculino despertado por aquellas personas fue sencillo, aunque con un componente que lo destacó entre todos los demás: había asentido con la cabeza, ésta vez, con una expresión que dejaba a todos los demás como juguetones, divertidos, hasta quizá en broma o actorales. Esta vez realmente coincidía.
"Por supuesto, puedo ser un desastre pero no un cretino. De hecho, no entiendo a la gente infiel, tanto si ha engañado con alguien de una noche, como esas relaciones paralelas" opinó, restregándose un ojo sin soltar en ningún momento el porrón de cerveza que sostenía su mano derecha. Bendito sería el día en que durmiese más de seis horas por noche. "Sé que depende de cada uno, del código de la relación, pero es bueno conocer a quien tenga esos valores. Estos días no es común", cualquiera que lo conociera solía reírse cuando se ponía así de intenso y serio. Probablemente no le sorprendería si a Samantha se le escapase una sonrisa al pensar 'vaya, creí que tenía sólo la mitad del cerebro funcionando'; normalmente, la gente no le apostaba muchas fichas en ese sentido, porque era un tipo libre, tildado de egocéntrico (probablemente lo era), y sobre todo, un payaso. Y los payasos siempre cargaban con eso: no ser tomados en serio.
"¿Y qué te gusta de él?", preguntó con el fin de desenojarla, o que retomase el camino... Pues si él había hecho mal en enojarse por verla borracha, según Andy, ella hacía mal en seguirle el ritmo. Pero eso era algo que no diría. Simplemente intentaría ayudarle de otro modo más subterráneo.
"No es común, es cierto...pero todavía existe gente como nosotros, estamos por ahí, un poco escondidos, pero existimos" concedió ella, reprimiendo un suspiro. Un poco de alivio y un poco de alegría de encontrarse con la respuesta que él le había dado. Samantha estaba construyendo un rompecabezas, el paisaje era Andy, y cada ficha que ubicaba y unía le mostraba algo realmente alentador y encantador. Le sonrió antes de contestarle aquella desafiante pregunta. Comió un poco más de sus papas, y bebió cerveza. Picó un snack de pollo, para ganarse unos segundos extra. "Umm...es...difícil, supongo. Hace tanto que estoy con Jules que ya ni recuerdo. Pero siete años después, seguimos juntos...así que tiene que ser todo ¿cierto?" Se encogió de hombros. "Jules es un hombre tranquilo, y seguro." Agregó antes de mover su mano libre en el aire. "¿Y tú?"
Samantha sacudió sus manos, las limpió en una servilleta de papel y volvió a agarrar su porrón de cerveza. Ansiosa por escuchar más y más pensamientos de aquel enigma que pronto él se había convertido y que le llamaba altamente la atención. Se concentró, de todas maneras, en su sentido de la audición, pues había estado muy permisiva con su sentido de la vista. Tanto que había comenzado a pensar en si la boca rellena de Andy se sentiría tan suave como aparentaba. Suponía, por la manera en que sus labios se desparramaban en gestos y palabras, que sí.
"¿Yo qué?", preguntó Andre en respuesta, y como ella estaba comiendo no pudo responderle tan rápido como sus neuronas se unieron para comprender a qué se refería. "Ah, yo nada. Soltero por siempre" dijo, y no era algo que tampoco le enorgulleciera, sino algo que simplemente era real. Metió un manojo de papas en su boca, de esas cantidades que parecía imposible de poder masticar, pero lo hizo. E increíblemente rápido. Se limpió un trozo de cheddar de la comisura sólo después de tragar, por lo que se imaginó lo ridículo que se habría visto con eso durante algunos cuantos segundos y le fue imposible no fruncir el entrecejo mientras dibujaba una mueca en sus labios, símil a una sonrisa. "No lo sé, no he estado formalmente con nadie. Soy difícil de cautivar, calculo" prosiguió. Cualquiera pudo haber sonado engreído, pero él sonaba como alguien que tenía claras muchas cosas, y lo planteaba con naturalidad. "O quizá no conocí a la indicada" añadió, tajando el aire con su mirada hasta acabar sobre la de Samantha. "Cuál de las dos opciones es, lo sabré el día en que suceda. Si es que sucede" como siempre ambivalente, sin siquiera tener consciente ese juego de las dos caras de la moneda que siempre hacía, Andy bebió dos tragos de la cerveza antes de atacar las tiritas de pollo y hundirlas en el montón de ketchup que dispuso en el plato. "Que te guste todo de alguien suena a algo difícil. Creo que ese es mi problema. Lo veo imposible, y las chicas se frustran y no se llega a muy lejos" metió una de las tiras en su boca y en un santiamén comió: una de las tantas razones por las cuales le decían Speedy. Y Barril Sin Fondo. "Sé que probablemente diga que para mí sólo es ser realista porque aún no sucedió pero..." Se encogió de hombros, "no tengo con qué comparar".
Sam asintió, absorbiendo, tratando de ponerse en el lugar de él. Las cosas que él le estaba haciendo cuestionarse de ella misma se sucedían tan rápido que no sabía con qué quedarse primero. Agradeció que hubiese comprendido a qué se refería con su pregunta, porque de haber mal entendido, Andy hubiese arruinado la diversión describiendo qué clase de hombre creía ser. En cambio, Samantha lo estaba analizando con las palabras honestas que hablaba tal vez sin darse cuenta. Le sonrió, y le pareció injusto como en tan poco tiempo la había hecho sonreír más de lo que había sonreído en su vida a un desconocido.
"La indicada" repitió ella con un nuevo asentimiento de cabeza. "Lo bueno es que nadie puede obligarte a tener una pareja...supongo que hay gente que funciona así, y hay gente que no. Y me parece admirable que tengas tan claros tus ideales de respeto. Propios, y ajenos, claro." Se mordió la lengua para no agregar que por todos los medios, le parecía una persona difícil de cautivar –tal y como él se había descripto-, y también guardó en secreto las ansias que eso le produjo de comenzar una misión para hacerlo.
Bebió un poco de cerveza para evitar pensar en todas las cosas que florecían en su inconsciente, todas aquellas que le disgustaban de Jules, y las que le gustaba. Tomo el último puñado de papas con queso y ketchup que le quedaba y aprovechó que él se encontraba masticando, para reír ligeramente.
"Sabes, se me vienen un par de canciones que pegarían como martillo al clavo sobre todo esto que estuvimos hablando. Y que, secretamente, las encuentro liberadoras. Tengo que frenarme para no pararme y bailarlas cada vez que las escucho. ¡Qué pánico!" Dijo volviendo a reír ligeramente, sabía que el bailar no era una habilidad que se le diese muy bien, aunque le gustaba fijarse atentamente en los movimientos. "Dame algo para anotartelas, tienes que escucharlas."
Nuevamente, el gesto de engrosar los labios al paso que los apretaba y retraía el mentón tanto como para llevar su pequeña papada a su máximo potencial, cruzó el rostro de Andy al paso que fruncía el entrecejo.
"¿Pánico de qué? ¿De dejarte ser? Ojalá suene ahora", le deseó malvadamente, señalando el techo. En ese preciso sonaba Get up I feel like being a Sex Machine. El volumen de la música subió consideradamente porque tocaban las diez de la noche, donde la gente si quería se levantaba de las sillas y bailaba. De hecho, también las luces bajaron considerablemente. Lo que le encantaba de ese bar era la buena música que pasaban, de otro modo, no era de recurrir lugares, era más bien de aquellos que exploraban continuamente por nuevos sitios.
Pronto buscó en su morral por la libreta que siempre lo acompañaba. Solía escribir, fueran ideas para hacer fotos o incluso pensamientos caóticos, sin sentido, que al momento de escribirlos a él le parecía que lo tenía. Le hizo entrega de la libreta, no sin antes habiéndole alcanzado una lapicera y dejado pasar las hojas para encontrarle una libre. Mientras ella escribía, él se acabó los snacks de pollo y su cerveza.
"Eres buena bailarina" comentó por lo bajo, observando a la gente que se contentaba con el ritmo de la canción.
Las manos le sudaron ligeramente, y el corazón latió dispar unos segundos, hasta que suspiró tranquila. Estaba segura que el tema que ella tenía en mente, no se encontraría fácilmente, ni en una Rockola –si es que el bar tenía uno- ni en ningún otro lugar que no fuese un disco o en YouTube.
"No va a sonar." Le sonrió mientras movía la cabeza a la par de James Brown. Con confianza, garabateó Sweet Surrender y Pleasant Street – Tim Buckley. "No es miedo a dejarme ser...es, pudor supongo. Tienes que prometerme que vas a escucharlas."
Entonces fue cuando comenzó a sonar Man I feel like a woman y Andy abrió la boca formando una gran "O" antes de sonreír mostrando los dientes tanto como podía.
"Prometo escucharlas si bailas esto conmigo" y pronto, se atajó, alzando las manos a modo de mostrarse inocente. "Es un buen rock, no quiero que me uses de caño. Un simple y lento rock, y escucharé todo lo que me digas aún así sea Justin Bieber".
Samantha parpadeo una y otra vez, se preguntó cómo no se había percatado del hecho de que ella sola se había adentrado a la boca del lobo. Apretó los dientes tratando de que la aglomeración de sangre se produjese en sus encías y no en sus mejillas. Giró ligeramente su cabeza, para comprobar la concurrencia del bar y notó que algunas personas se habían levantado de sus lugares y se movían al son de la música. Respiró profundamente, para ver si aquello le infundía valor. La cara expectante de Andy le causaba un millón de cosas, abofetearlo principalmente. Pero su gesto de desafío terminó por convencerla, si había algo a lo que Samantha le hacía frente era a un desafío. Empujó en su garganta lo último que le quedaba de cerveza y se paró, lista para redoblar la apuesta. "Yo bailo esto, aquí y ahora solo si haces lo mismo con la canción que te escribí...hoy, antes de que el reloj marque las doce de la noche. Y seré generosa, te ahorraré el exhibicionismo público."
La primer carcajada que Samantha escucharía de Andre incluyó un final de cerdito, y fue justo después de escuchar ese reproche disfrazado que le acababa de lanzar ella. El muchacho asintió con la cabeza dos veces, y antes de ponerse de pie, se quitó el sweater y lo lanzó a un costado del box.
"Tenemos un trato, Samantha..." Supo que no sabía su apellido, y la observó con la cabeza ladeada expectante por escucharlo. Mientras se puso de pie lentamente, tal y como ella estaba haciendo del otro lado.
"Morris", replicó la morena y él entonces le acercó la zurda para estrecharla con la de ella y así sellar el pacto. Cuando quiso dejarlo ir, Andy se aferró a su mano y juntas formaron una posición cómoda, dispuesta a la unión que prometía el baile.
"Tenemos un trato, Samantha Morris" completó como recordándole, con la mirada desafiante, y entonces comenzó a mover sus pies y caderas al ritmo del lento rock, pero con una habilidad que probablemente Samantha no esperaría. Su madre le había enseñado a bailar rock desde muy pequeño, y a él le había encantado desde el primer momento. Sus cuerpos, entonces, comenzaron a acercarse y a alejarse en distancias prudentes; lo que menos quería él era que ella pensara que se quería pasar de la raya. Era una personalidad prometedora, que le causaba esa curiosidad que pocas veces le picaba, era verdaderamente bella. Pero también era la mejor amiga de Dave y Lucy. Y bueno, tenía un novio.
Repentinamente la trajo hasta sí, la hizo girar sobre su eje, y movió sus hombros mientras tarareaba silenciosamente.
Las cejas altas de Samantha indicaban sorpresa. Gran sorpresa, y sobre todo, grata. Las bajó para no pasarse de fanática embelesada ante esta cualidad que no había esperado encontrar en él. ¿Había sido obvio y de esta manera la noche anterior?
Se dejó guiar por la destreza de los pies de Andy, de a poco y con un poco de cautela. Vio los labios pronunciados seguir la letra del clásico y ella hizo lo mismo. Comenzó a darle un poco más de profundidad a los movimientos de caderas, tomada de los hombros de él. Le sonrió con el deje de timidez que parecía estar escurriéndose en el piso, abandonándola cada vez que sus caderas se agitaban.
Alzando su ceja izquierda, Sam condujo las manos de Andy a hasta apoyarlas a cada lado de los huesos de su cadera y, aun tomándolas, se movió serpentinamente al son de los últimos acordes de la canción. Había hecho un pacto y Samantha Morris era conocida por cumplir su palabra. Estirando sus brazos hasta cruzarlos por detrás del cuello masculino y flexionando apenas sus rodillas para permitirse subir y bajar mientras sacudía por última vez la cadera, lo miró fijo y antes de sonreír terminó por cantar. "Man, I feel like a woman."
Las manos de él tomaron sus caderas con firmeza. No era de esos que tuvieran problemas de timidez si la chica se lo incitaba; por el contrario, les demostraba seguridad. Nada de tibiedades. Realmente ignoró cómo en algún momento las distancias se hicieron tan cercanas y cómo sus frentes amagaban con tocarse como la noche anterior en un juego donde ninguna se declaró ganadora. Lo último lo dejó sin aliento, y la sonrisa que tenía en el rostro poco, muy poco a poco, se fue apagando. Se consideró afortunado de haberlo hecho tan lento de no obtener sospechas. Un pensamiento atravesó su cabeza al mismo tiempo en el que sus pulmones dejaron de respirar y la sangre le viajó cerca del abdomen: 'Oh-oh...'.
No obstante, ser el rey de la pretensión tenía sus ventajas. Tras el final de la canción se despegó de ella rápidamente, y le brindó una reverencia, procurando que el color de sus mejillas se confundiera con la poca luminación.
"Gracias por esta pieza", dijo solemnemente, y luego de la nada, metió las manos en los bolsillos delanteros de su jean, alzando ambas de sus cejas. "Te leo la mente y no entiendo cómo consideras que no eres buena bailarina". Y sin permiso, tomó la libreta, el morral, la bufanda y el sweater en una mano. "Vámonos de aquí, quiero caminar", bufó. 'O querrás decir que necesitas aire, ¿no, An?', le respondió una voz en su cabeza. 'Claro, qué crees', le contestó otra.
Sin poder pensar mucho en la gran hazaña que había hecho –lo era para ella-, tomó su bandolera de colores, su saco amarillo y lo siguió.
"No lo soy, desde mi punto de vista. Claro que, puntos de vista hay millones, así que, gracias." Dijo Samantha, siguiéndole el paso. "Dato curioso, mis padres me obligaron a hacer ballet y danzas rítmicas cuando era chica pero, después de cinco años y presentaciones bochornosas, decidieron dejar de mandarme y acabar con mi sufrimiento."
Consideraba Samantha que el clima debería ser frío, es decir, era una noche otoñal de esas en las que el invierno empieza a asomarse para recordar la inminencia helada que está a la vuelta de la esquina, más la sangre alborotada que le corría por las venas, la dejaba muy a gusto y hasta ligeramente acalorada.
"Por cierto, buenos movimientos. Quiero decir que me sorprendiste." Y ahora, el calor gustoso, se intensificaba al evocar la imagen.
Con la misma imagen mental pegada a los párpados, Andre se esforzó por despegarla de allí. Lo primero que hizo al salir del bar fue anclarse al suelo, sólo para guardar las cosas en su morral y colocarse el abrigo nuevamente, en silencio y mientras alzaba la vista para ver las pocas estrellas que el cielo newyorkino le brindaba por tantas luces.
"¿Qué quieres hacer, adónde quieres ir?", preguntó él, y tras colgarse el morral de un hombro, enarcó las cejas de un momento a otro. "Oye, espera. Ya vengo. Mientras piensa. No acepto un 'no sé' de respuesta", advirtió, señalándola a la cara antes de darse media vuelta y reingresar al bar. Acababa de notar de que no había pagado la cuenta, y si bien no habría problema porque lo conocían, siempre prefería saldar lo que debía en tiempo y forma. Pagó con mucho gusto todo, y salió tan rápido como pudo para volver al encuentro con Samantha. La verdad era que si bien la ciudad a esa hora estaba algo transitada, no le gustaba la idea de dejarla sola allí. Al volver, la vio con la mirada clavada en su teléfono, en la mitad de la vereda. Él se acercó con cautela resguardando sus manos del frío, dentro de los bolsillos de su pantalón.
"¿Todo bien?"
Tres llamadas perdidas de Jules, y las palabras en los mensajes de texto no sonaban muy amables. De hecho, el último, de hacía quince minutos, le decía que no volviese a pisar su casa hasta que madurara.
Sam levantó la vista de la pantalla, arrugando ligeramente la boca. Casi que se le había olvidado todo el buen rato que había pasado con Andy cuando leyó los mensajes de su novio, pero, volver a ver el rostro de aquél, la hizo afirmar.
"Más de aquello que no quiero estar haciendo un domingo." Le contestó Sam a Andy, encogiéndose de hombros. Tomó una bocanada de aire y sacudió un poco la cabeza, alejando a Jules de su mente. En Francia, no era común en ella tener amigos...no era común tener a nadie más que a Jules. Tarde o temprano, a su novio terminaban por disgustarles. Que una era demasiado infantil, que otra era de pocas luces. Que unos querían todo el tiempo ir de fiesta, que otros querían más que una amistad. La voz de la experiencia de Jules siempre terminaba por convencerla. Pero ahora, junto con Andy, y de vuelta en su ciudad natal, el aire parecía soplar diferente. Por fin pasaría el tiempo con Lucy y David en vez de solo textearlos o hacer videollamadas. Y al parecer, cabía la chance de hacer otro amigo...Andy. O por lo menos, conocer gente nueva.
"Creo que ya sé que quiero hacer...quiero verte cumplir una promesa."
"Pues claro. Lo prometido es deuda" respondió el joven Wallace, señalando hacia más allá en la cuadra. "Vamos para allá así mi baile no es perturbado con la mezcla de otra música" y cuando se dio cuenta de que quizá parecía rara su actitud, se alejó como un metro de Samantha en su caminata. Notó en el mientras la posibilidad de que ella se asustara si un desconocido le ofrecía de alejarse de la puerta del bar. Pero procuró verse relajado, y hubiera querido leerle verdaderamente la mente para ver qué pensaba de esa sugerencia. Detestaba ponerse así de paranoico, pero lo cierto era que en la realidad era ruda eso era probable, y él siempre se esforzaba por no hacer las cosas más tensas. Fue por eso que, tan pronto como la música del bar se acalló lo suficiente, frenó en seco y giró para verla de frente, esperando que pusiera la música.
Ella carcajeó al verlo tan dispuesto a cumplir su promesa. Con su celular en mano, comenzó a buscar la canción, la que solía tener marcada como favorita. Otro mensaje de Jules saltó en la pantalla. Le advertía que cuando volviese él de trabajar, al día siguiente, arreglarían todo. Estaba enojado, además porque ella aún no estuviese en su casa y que tampoco le hubiese avisado donde iba. Le recomendó irónicamente, que esa noche durmiese en la casa de Lucy, ya que, al parecer, su amistad era más que su relación. Con un nudo en la garganta, apartó la vista del celular y miró a Andy. Su cara tranquila la reconfortó un poco. Odiaba toda la situación, con Andy la estaba pasando de maravilla mientras que en casa tenía a su novio enfadado y haciendo un escándalo por literalmente nada. Quiso tomarse un taxi e irse, pedirle disculpas a Andre, agradecerle todo y volver a resolver todo. Como siempre hacía, lo que tenía que hacer, lo que era esperable de ella. Pero, su novio le había dejado en claro que no quería verla esa noche...por lo tanto, se encontraba desahuciada por una noche.
Las cejas de Wallace subieron, junto a una mueca en su boca. La estaba esperando. Alguien que no la conocía, alguien que no sabía qué hacía Samantha o que debía hacer Samantha. Aclarándose la garganta y parpadeando para evitar que sus ojos se llenaran de lágrimas, habló a riesgo de quedar desubicada....pero si él realmente la había escuchado y tomado en serio, sabría que no tenía segundas intenciones.
"¿Podemos ir a tu casa? Y sé que esto es un abuso de confianza, pero ¿tu sofá se encuentra libre?"
Sin lugar a dudas, Andre no se esperaba algo así. Por un momento pensó, prejuzgó, imaginó que el novio de quien tenía al frente tenía muchas cosas atragantadas y como no era bueno hablando, le había hecho una escena por salir el fin de semana con sus amigos después de años de no verlos. ¿Qué tan egoísta era ese señor? Muchos segundos después de lo permitido, Andre notó que tenía el ceño ligeramente fruncido en una morisqueta de molestia. Detestaba a la gente que no sabía hablar en el momento apropiado. Entonces, otra voz en su cabeza se acusó de exagerado y apresurado. No tenía por qué juzgar, ni siquiera en su mente, a alguien que no conocía, y mucho menos, una relación que no conocía.
"Mi cama está libre, el sofá lo usaré yo" le respondió, sin desarmar su mueca de molestia aunque sí haciendo un esfuerzo por hacerlo. "Espero que no te moleste volvernos en metro. Son sólo cuatro estaciones, de todos modos" dijo, y no hizo falta obtener respuesta para comenzar a caminar uno al lado del otro, en silencio. "Y espero que no seas alérgica a los gatos" también añadió, mientras en su cabeza pensaba dónde diablos estaría la llave extra en caso de que él tuviera que salir más temprano y ella durmiese. Porque no tenía problema en dejarla a solas en su cuarto, con sus cosas, por más hermético que fuera con algunos de sus asuntos. Confiaba en quien David y Lucy confiaran.
El silencio, a Samantha, no le incomodaba. Es más, era su fuerte. Y agradeció que él no hiciera ninguna pregunta, aunque de hacerlas, Samantha estaba segura que iba a responder sin dudarlo. Él le inspiraba confianza...y además, ocho años de amistad con sus mejores amigos lo respaldaban.
"Gracias, no te agradecí antes, disculpa." Dijo dirigiéndole una amable mirada. Mientras tanto, pensó como iba a librarse y dormir ella en el sofá, y no en su cama. Era demasiado generoso, y eso la hacía sentir culpable. Entonces recordó que ella no había pagado nada de lo consumido en el bar, y como él no lo hubo mencionado, probablemente no aceptaría que le diese su parte. Iba a insistir, claro. "Tienes que decirme cuanto te debo por lo del bar...y no creas que te estás librando, bajo ninguna forma, de cumplir nuestro pacto." Le dijo con una sonrisa, para hacerle entender que estaba bien, que ella estaba bien, y que el ambiente jocoso que había reinado minutos antes, no debía porqué terminar.
"En cuanto lleguemos, eso será lo primero que haré después de saludar a Poe", dijo refiriéndose a su gato. La explicación del nombre se debía a su pelaje: era un hermoso gato negro, más gordo que flaco, con ojos amarillos. Espeluznantemente encantador, a él sí que no le costó nada cautivar el corazón de Wallace.
Cuando arribaron a la esquina, les bastó doblar a la derecha y caminar unos pocos metros para toparse con la boca del metro. Bajaron, Andre con dos, cuatro, seis, ocho ojos en cada uno de sus rincones (por tener a una mujer al lado a esas horas del domingo). Aún así, siempre se las apañaba para expresar tranquilidad, sin en ningún momento quitarse las manos de los bolsillos excepto cuando tuvo que pagar el viaje.
"Descuida, ésta vez invito yo" y antes de que Sam pudiese retrucarle, Andy giró el rostro para verla de costado, agachando un poco la cabeza para acercarse a su estatura. "La próxima invitas tú", se le adelantó y el viento proveniente del metro acercándose le desordenó el cabello aún más. Se adentraron, Andre agradeció a sus adentros que en el vagón no hubiese nadie más que ellos dos, y sin embargo se quedó de pie, sosteniéndose de un barandal cerca de ella, que tomó asiento. No intercambiaron palabras; él no quería interrumpir el vendaval de pensamientos que probablemente tendría Samantha en la cabeza. La sentía, y prefería darle su espacio, al menos hasta llegar a casa.
Él se mantuvo observando pasar con velocidad los cuadros frente suyo; veía pasar las estaciones y que nadie más se subiera. Las luces blancas comenzaron a molestarle y por eso dejó caer los párpados por unos momentos. Al día siguiente tenía que trabajar, y como pocas veces, no tenía ganas. Desearía poder tener el dinero necesario para dedicarse a lo que verdaderamente le gustaba en el rubro fotográfico. Cuando se preguntó cuándo iría a suceder aquello y se dio cuenta que sería cuando él estaría verdaderamente listo para tomar el riesgo, abrió los ojos. El metro se había detenido en la estación que tenían que bajarse. Sam, que estaba en otra sintonía, pronto sintió la mano de él posarse cautelosamente en uno de sus hombros, indicándole que bajarían en cuanto las compuertas se separasen.
"¿Trabajas mañana o haces algo?", preguntó Andre para romper el silencio en cuanto subieron a la superficie de nuevo.
Samantha había estado todo el corto viaje observándolo. En cada ocasión que él parecía estar distraído, los ojos de ella se imantaban a él. La curiosidad que se le manifestaba por él la sentía en la boca del estómago, pero no de mala manera. De la manera en que sientes tu estómago, tus latidos y tu respiración justo cuando estás a punto de subirte a una montaña rusa. El pequeño gesto que había hecho Andre antes de cerrar sus ojos, que Samantha alcanzó a ver casi de reojo, la hizo pensar que aquél tal vez, estaría cansado o con jaqueca pues mantuvo por largos minutos sus ojos de esa manera. Samantha entonces se preguntó si no sería una incordia al insistir en el tema de la promesa. Era algo sin importancia, realmente...algo que se había originado en otro momento, en uno un poco más ligero. En cuanto llegasen a la casa de Andre, lo dejaría pasar. También se preguntó si tanto para él como para ella, la mañana del lunes era laborable. Si así era, ella despertaría más temprano de lo habitual para hacer el desayuno, era lo mínimo que podía hacer por él.
El gesto de Andy le indicaba a Samantha que aunque sus ojos estuviesen cerrados y calmos, un remolino de pensamientos lo estaban atacando, por su ceño ligeramente fruncido. O tal vez, simplemente fuese su expresión de descanso ¿qué sabía ella? Atisbó los párpados ajenos listos para abrirse y entonces Sam corrió la mirada. Segundos después, la mano masculina se posó sobre su hombro y comprendió que habían llegado a destino.
"Trabajo" dijo ella, abrazándose un poco en cuanto el viento de la calle golpeó contra ella. "En un estudio contable que, de hecho..." Dijo mirando un poco a su alrededor, identificando donde se encontraban. "...queda muy cerca de aquí." Le sonrió a quien la miraba atento mientras caminaban. Andy ligeramente asintió y su vista volvió delante. Ella lo siguió y dos cuadras más tarde, se encontraron en el departamento de él. Subieron tres escaleras y en la puerta indicada con el número 2, Andy introdujo las llaves. "Permiso" dijo ella cuando éste abrió la puerta y la invitó a pasar. A su espalda, Andy encendió la luz.
Aquel departamento, era chico...mucho más chico que el que ella compartía con Jules. Imaginó que las únicas dos puertas –aparte de la de entrada- que vislumbró curiosamente, eran del baño y una habitación. La armonía de aquel lugar coincidía con Andy, era un hogar pero sin ser hogareño. Le gustó el sofá que se encontraba cerca de ella, y vio varios libros desparramados, que parecían haber sido empezados a inspeccionar y luego abandonados...o estudiados en simultaneo –como ella solía hacer.
"¿Poe?", llamó el dueño de casa, dejando apoyadas las llaves en un pequeño boul que era específico para ello. Se quitó la bufanda, el sweater, el morral, al paso en el que caminaba y se perdió de la vista de Samantha. "¡Ponte cómoda! Ahora te daré algo de vestir", le dijo en voz alta desde su habitación. Su gato no estaba por allí, pero aprovechó a dejar las cosas dentro del armario y chequear que todo más o menos esté en orden. Por suerte y producto del aburrimiento de la tarde de domingo, había ordenado, limpiado y cambiado las sábanas."Ve googleando la canción. En el living hay unos parlantes donde puedes enchufar el celular", volvió a hablar a volumen considerable, pensando que si la canción daba para hacer el ridículo, él lo haría con gusto de hacerla reír. Por más que acabara de conocerla, sentía en Samantha una vibración que le decía que era una chica que había pasado por mucho. Y él, como siempre, tenía imán con quienes creía debían ser salvados (pensamiento que detestaba...)
Se quitó el cinturón mientras vislumbraba en los estantes del armario qué podía prestarle a Sam. Por la parte de arriba no había problema. ¿Quedaría muy mal si le daba un bóxer de esos flojos? Arrugó el entrecejo y buscó entre los cajones uno de Kevingston que le iría como short. El motivo era fondo blanco con tréboles verdes. Se encogió de hombros ante el pensamiento de 'Te creerá un ridículo'. 'Tiene novio', susurró otra voz.
"Meh" susurró entonces listo para volver al living, con aquel bóxer, una camiseta y un buzo que le quedaría gigante por si pasaba frío. La observó a la distancia con la ropa en la mano.
"Te puedo ofrecer un bóxer de adolescente a modo de short. No te entraría otra cosa, y uso... bueno. Los otros" comentó al pasar, esperando no sonar extraño o incomodarla al contarle que... ¿le estaba diciendo que usaba los bóxers apretados a una desconocida? Se relamió los labios antes de mirar hacia otro lado. "No sé si quieres té o algo así".
Habiendo escuchado la sugerencia de Andy, que pensó Samantha, había venido desde su habitación, conectó su celular a los parlantes. No necesitaba googlear la canción, la tenía descargada en su celular, con tantas otras que amaba demasiado como para depender del servicio de su celular si en un arranque deseaba escuchar.
Volteó a verlo, parado allí con una pila prolija de ropa, esperando a que ella la agarrase.
"Lo que sea que tú tomes." Le respondió con una sonrisa, pensando aquello que había dicho el castaño. Así que era de los que usaba los boxers ajustados, Samantha torció un poco más la sonrisa, dejando fuera la cordialidad en ésta, haciéndola pícara. Se acercó hasta él, quitándose su saco amarillo y descansándolo en su antebrazo. Y luego tomó lo que Andy le ofrecía. Samantha se felicitó mentalmente por haber escogido un outfit ese domingo que fuese aceptable para ir a trabajar en este al día siguiente. Un vestido negro floreado de margaritas, unas medias opacas negras y zapatos de plataforma cómodos no caerían mal en el despacho. Y, como en su bolso tenía siempre gomitas para el pelo, se encargaría de dejar su pelo prolijo. "¿El baño?" le preguntó, levantando un poco la ropa que él le había entregado, en señal de necesidad de cambiarse.
"Primera puerta a la derecha" y como buen geminiano, por más que le hubo indicado con palabras, Andre hizo el gesto con los dedos de su mano. "Aprovecharé y me cambiaré yo también", dijo ganándole de mano e inmiscuyéndose en el pasillo antes que ella. Cerró la puerta tras él y también fue más rápido en cambiarse. Se vistió con una camiseta blanca mangas cortas y una joggineta gris. Los pies, descalzos; por más que hicieran pocos grados, la calefacción estaba encendida sin contar que era un ser caluroso.
Sentía la percepción de las cosas extraña. Caminaba en una nube de resaca, de pensamientos confusos, de cansancio. Notó que gracias a ella, a pesar de todo, el rato que habían pasado juntos eso y el mal humor habían desaparecido. No eran pocos los créditos que le brindó en secreto por ello. Se preguntó si el novio le habría dicho alguna maldad... si había sido decisión de ella pasar la noche fuera o si él le habría dicho que no la recibía. Cualquiera de las dos cosas sonaba mal en una relación que hacía siete años estaba funcionando. Deseó que pronto las cosas se resolvieran, porque el rostro de la Samantha del sábado expresaba mucha más felicidad que la del domingo. Y la diferencia se notaba. Mucho. Y eso que apenas la estaba conociendo.
No mucho tiempo después de que Samantha saliera del baño, Andre estaba en la cocina dejando reposar dos tés. Pecado de hijo de madre inglés. Esperaba que le gustase. Igualmente pensó que, de no ser así, le hubiese dicho alguna preferencia. Desde la cocina, Andy escuchó la música sonar y agradeció el estímulo para dejar de pensarlo todo minuciosamente. Sonrió con extrañeza y entonces salió de la cocina para preguntarle con un gesto de su cara si esa era la canción. Ella asintió. 'Sweet Surrender' sonaba.
"¿Cómo se supone que baile esto?", le preguntó, con un deje de risa que interrumpió la pregunta con cortos jadeos, a medida que ensanchaba la sonrisa. Tuvo que dejar avanzar la canción hasta que Buckley comenzó a cantar, porque el ritmo no le indicaba una cadencia específica. Le agradó lo que escuchaba, y lo indicó al mirarla de reojo con una mirada de aprobación. "¿Tengo que bailarla solo?", preguntó entonces, alzando las cejas.
Samantha se había sentado en el sofá, esperando con su improvisado pijama. El boxer y la remera, efectivamente le quedaban sueltos, y el buzo lo había dejado a un lado por si en la noche tenía frio, mas ahora no lo necesitaba. Largó una carcajada al ver el gesto de Andy, realmente estaba tratando de imaginar como bailar aquel tema, ella esperó a que la voz del cantante comenzara a marcar un ritmo diferente al inicial, y entonces el muchacho le lanzó una mirada satisfactoria. Samantha se sintió bien al ver que Andy aprobaba aquel tema, y aunque ella no era una bailarina profesional, decidió ayudarlo.
"Bueno, es un soul..." Dijo poniéndose de pie "noté que eres buen bailarín, no te será difícil. Es algo como el rock que bailamos en el bar, pero más...corporal. O al menos, como yo lo bailo cuando estoy cocinando." Agregó riendo, despojándose de lo último de vergüenza que le quedaba. Sentía que, con Andy, podría hacer cualquier payasada, o "hacer el ridículo" y éste no iba a juzgarla. Samantha tomó las manos de Andy, mientras movía las caderas lentamente, levantando un pie primero, luego el otro. Marcando el ritmo con la cabeza, levantó las cejas para indicarle a éste que copiara sus movimientos. Cuando este comenzó a mover sus pies tal y como ella hacía, Sam incorporó movimiento a sus hombros, sin dejar de mover su cabeza y cuando él la copió, ella soltó lentamente las manos de Andy para ampliar la libertad de movimiento. Cerró ligeramente los ojos y frunció el ceño cuando la canción alcanzó el estribillo y terminó por soltarse. Todo su cuerpo estaba en movimiento, dio un giro de 180 grados y quedando de espaldas a él levantó sus brazos por sobre su propia cabeza y dejándolos caer paseó sus manos por su larga y oscura melena, y volvió a girar para quedar frente a él nuevamente. "Imagina...esa guitarra, esa liberación a lo Woodstock del '69." Agregó Sam, paseando ligeramente sus propias manos por su cuerpo. Los movimientos de Samantha eran pausados y precisos, tal y como el ritmo de la canción.
Todo fue risas para Andre hasta el momento en el que ella le dio la espalda. Dejó de sonreír de un segundo a otro y sintió pavor por sentir las mejillas ardiendo tan estrepitosamente que no lo vio venir. 'Oh, oh...', volvió a decir su voz más sensata dentro de su cabeza en cuanto su cuerpo, sin pedirle permiso, atinó con acercarse y abrazarla desde atrás para bailar pegado a ella. Tuvo que morderse la lengua con fuerza para volver a dar un paso hacia atrás, pero sí le permitió a su mirada recorrerla con tanto detenimiento que saboreó cada curva, cada movimiento, y le fue imposible desechar el pensamiento de qué bien se veía con su ropa puesta. No le dio ternura, como le había pasado con otras mujeres... más bien lo encendió. Y cuando Samantha volvió a darse la vuelta lo encontró con los párpados apretados y los labios escondidos hacia dentro porque los estaba manteniendo entre los dientes. '¿Qué tan animal eres? Por Andre Wallace', dijo la voz de la prudencia en su mente, y al tiempo en el que sus pasos se entorpecían con tal de controlar sus pensamientos, se consoló con que cualquiera, sea hombre, mujer, heterosexual, homo o bisexual, probablemente cualquiera, se hubiese sentido igual que él cuando la vio moverse así. Debía ser eso. 'Está triste, consuélala en lugar de imaginarla sin ropa. Sí, esa es la mejor opción. Hazlo'. Entonces fue cuando Andre volvió a sonreir, y por más básico que eso fuera, le dio comienzo a un acting de baile suave, fingiendo estar drogado conforme llevaba los ojos estrechados hacia el techo y apretaba entre sus dedos un porro imaginario.
"Woodstock... Claro, hermana", soltó teatralmente hippie, y lo cierto era que había sido una actuación eficiente. De repente, salió del personaje y asintió dos veces con la cabeza. "Me vendría bien uno de esos", añadió con confianza, esperando que no sea esas anti-marihuana o que, al menos, no sea de esas anti-marihuana moralistas.
La canción terminó, y Andre dio tres aplausos.
"Eres la primer persona que conozco que escucha a Tim Buckley", dijo, mintiéndose a sus adentros que eso no la hacía más especial. De la nada, así como era en la vida, se dio la media vuelta y se perdió en la cocina.
Samantha se estaba apretando el estómago porque el acto de Andy le había parecido extremadamente gracioso. Se sentía en otro planeta. Ni en un millón de años hubiese imaginado haber bailado una canción -o dos, en este punto- frente a un desconocido, haberse sentido tan despojada de todo y a la vez, reírse tan genuinamente.
Lo vio irse hacia la cocina y mientras, puso la otra canción que le había recomendado. Andy volvió con dos tazas de té, al tanto que Pleasant Street comenzaba a sonar.
"Nunca probé" dijo ella en cuando Andy se acercó "marihuana, me refiero." Agregó encogiéndose de hombros. "¿Tu?"
Andre, que viajó de la cocina al living con ambas tazas apoyadas en una bandeja junto a la opción azúcar/edulcorante, asintió con la cabeza dos veces.
"He fumado bastante de más chico, ahora hace unos meses que no lo hago", se encogió de hombros para restarle importancia. Pronto, tomó asiento en el sillón y apoyó la bandeja en un hueco de la mesa ratona que estaba repleta de fotos, dibujos, papeles sueltos con ideas e inclusos libros. "Siento el desorden", murmuró antes de agarrar su té y llevárselo a la boca. Era un té común y corriente; no quería pecar de exquisito y equivocarse en gustos con ella. Luego le preguntaría. "Es divertido, la verdad no es tan invasivo como muchos creen. Me refiero a cómo se siente. Probablemente sí queme algunas neuronas, aunque al mismo tiempo te pone creativo" le contó. Se lo veía tranquilo, pues de a poco el sueño lo iba haciendo suyo. "Depende mucho del estado de ánimo que traigas, por eso siempre dicen que hay que fumar estando contento. Me ha pasado de tener un mal rato y no se lo deseo a nadie" dijo a medio reír, y volvió a besar la orilla de la taza para darle unos cuantos tragos más. Luego, se calentó las manos con la taza al no soltarla. "Pero la mayor parte de las veces son risas, mucho hambre y olvidar de lo que estabas hablando", por primera vez en ese ratito, pudo girar la cabeza para verle el perfil. "No sé si te llama o no la atención, pero es bueno experimentarlo", comentó con sencillez, aunque bien sabía que era su opinión, de modo que volvió a encoger los hombros. "No sé si prefieres el café o el té, y en ese caso, qué tés te gustan", dijo de la nada, movido por la curiosidad.
Samantha lo escuchó, asintiendo conforme asimilaba lo que aquél contaba. Sorbió su té sin agregarle nada para endulzarlo, estaba acostumbrada a tomarlos así. Si, definitivamente sería un gran experimento para Samantha.
"Comprendo" dijo una vez que el líquido ingerido alcanzó su esófago. "Estoy más que dispuesta a experimentar...de hecho, hay pocas, muy pocas cosas a las que le diría que no." Razonó porque era cierto, creía que no podía aplicarle un juicio a nada a menos que no lo hubiese experimentado primero. Quitando algunas cosas que fuesen en contra de su moral, claro estaba. "En cuanto a té o café...depende de mí humor" se encogió de hombros "y en mi caja de té, tengo siempre un poco de todo. Lo adoro, mi preferido siempre será el de menta...pero realmente no tengo problema con ninguno." Terminó su taza en un santiamén y volvió a colocarla en la bandeja. Luego la canción que sonaba volvió a captar su atención "esta canción...la adoro, es una excelente representación de los caminos destructivos que repetimos solo porque al final, encontramos un poco de placer...aunque terminemos destruidos. Ya sabes, el placer y el dolor son solo dos puntas diferentes de la misma cosa."
Si alguien sabía de eso, era Andre, que tan pronto como escuchó aquello torció la boca en algo parecido a una sonrisa. Se quedó pensando en silencio unos pocos segundos, observando el té humear entre sus manos. Sin esperarlo ni sospecharlo, se sintió ligeramente invadido por más que sabía que eso sólo eran sus fantasmas, y no era real culpa de ella.
"¿Tu novio es eso para tí?", retrucó de igual manera, sólo porque se le ocurrió. Tragó saliva con aspereza al considerar que quizá lo encontraría agresivo. Giró la mirada para verla penetrantemente. "Al menos en este momento", agregó como si ello le quitara el peso a sus palabras, con apenas un hilo de voz.
Samantha dejó escapar un una sonrisa, junto a una risa que vibró en su nariz.
"¿Jules? Jules no es eso para mí, ni para nadie...supongo." Sacudiendo su melena, Sam miró a Andy. "Odiaría definir a Jules como una persona aburrida, sería...¿sobrio, tal vez? Nuestra relación es muy sana, es común. No hay sobre saltos. ¿Sabes qué es lo mejor de la música? Que para mí, me permite explorar mundos que nunca viví o no viviría. Por ejemplo, acabamos de bailar una canción que habla sobre la infidelidad, la justifica...como necesidad humana, casi. Como un rasgo de personalidad que no se pudiese cambiar o lo que fuese. Y sabes que no estoy de acuerdo con la infidelidad, que no va conmigo..." Mordió su labio inferior, tratando de frenar la catarata de pensamientos que se sucedían como erupciones de volcán. "…pero escuchando esas palabras, puedo vislumbrar lo que sería ese mundo, vivenciarlo. Vivenciar la lujuria con simples palabras que evocan la imagen, y no al revés. Eso es muy poderoso, creo. Y aunque yo no esté de acuerdo con engañar a mi pareja, esa canción me revoluciona la sangre al punto de comprender como se aplica la ley de atracción innegable de los cuerpos. La liberación que produce el encuentro sexual, el viaje de sensaciones mezclado en pensamientos, tanto que es difícil reconocer qué es qué."
Samantha enroscó sus manos en su pelo y lo dejó ir. Se había emocionado hablando, discutiendo, exponiendo ideas y compartiéndolas. Mordió su lengua para evitar pecar de pesada.
"Creo que es imposible 'vivenciarlo'. Puedes aproximarte, pero con la canción sólo imaginas... No creo que sientas tanto así la adrenalina, la culpa, lo correcto que aún así se siente, el placer de lo incorrecto", disintió Andre con gesto pensativo, y acalló con tal de no ser (más) juzgado. O al menos, con eso paranoiqueó aunque procuró que no se notase. En verdad (y eso sí que quedó explicito), no se sentía de humores como para explayarse en ese sentido ni exponerse mucho más. La experiencia le había enseñado que era una persona fácilmente juzgable e incluso, víctima de diversos ataques. De hecho, hasta a veces se preguntaba cómo después de tanto maltrato podía seguir abriendo la boca así con cosas tan éticas. Fue en ese momento en que se tomó el té de un trago, y tan impredecible como el rayo, se puso de pie. "Lamento cortar la charla, pero creo que deberíamos dormir", dictaminó, echándole un vistazo al reloj del living que marcaba las doce de la noche. ¿En qué momento habían pasado las horas?
Samantha se quedó inmóvil. No entendió si había dicho algo que lo había molestado, o si realmente estaba tan cansado como para cortar la charla de una manera tan abrupta. Aunque su tono de voz no lo hubiese trasmitido en forma de enojo, más bien, como de incomodidad. Asintió parándose junto a él, dispuesta a ayudarle con lo que fuese necesario.
"¿Puedo ayudarte en algo? Por el sofá no te hagas demasiado problema, no suelo dormir con almohada, solo una manta."
Andy, que ya había levantado la bandeja con todo allí y comenzado a caminar, se dio la media vuelta para verlo con un gesto igual de severo que simpático.
"No pregunté dónde quieres dormir. Lo harás en la cama", mientras él lavó las tazas, le dio una sarta de argumentos de por qué debía dormir allí y no en el sofá. Era una forma de mimarla después de pelear con Jules, aunque no lo dijera. Tuvo que prácticamente empujarla para que se metiese al cuarto. No tenía idea que las noches siguientes, cada vez que apoyara su mejilla contra la almohada, iría a oler el perfume de su cabello de forma casi torturante y recordarla bailar en su living, en el bar, en el boliche para sólo después sonreír.










