𝙇𝘼 𝙀𝙉𝙏𝙄𝘿𝘼𝘿 𝘼𝙐𝙏𝙊́𝙉𝙊𝙈𝘼 𝘿𝙀𝙇 𝙈𝙀𝘿𝙄𝙊𝘿𝙄́𝘼
𝘿𝙀 𝙇𝘼 𝙀𝙎𝘾𝙄𝙎𝙄𝙊́𝙉 𝘿𝙀 𝙇𝘼𝙎 𝙑𝙄́𝙎𝙋𝙀𝙍𝘼𝙎 𝘼 𝙇𝘼 𝙂𝙀́𝙉𝙀𝙎𝙄𝙎 𝘿𝙀𝙇 𝙍𝙀𝙄𝙉𝙊 𝘿𝙀 𝙉𝘼́𝙋𝙊𝙇𝙀𝙎
#𝘾𝙤𝙡𝙚𝙘𝙩𝙞𝙫𝙤𝘿𝙚𝙀𝙨𝙘𝙧𝙞𝙩𝙪𝙧𝙖𝘼𝙡𝙪𝙣𝙣𝙞𝙙𝙚𝙡 𝙏𝙚𝙢𝙥𝙤
Premisa metodológica: el concepto de autonomía meridional
La historia del Mediodía después de las Vísperas Sicilianas (1282) no es solamente la crónica de una escisión dinástica, sino la formación de una identidad política autónoma, en la que la dimensión territorial y civil del Reino de Nápoles adquirió características propias, diferenciándose de la unidad mediterránea originaria normando-suaba. El análisis que sigue adopta la perspectiva historiográfica inaugurada por Giuseppe Galasso y desarrollada por estudiosos como Rosario Romeo, Aurelio Musi y Rosario Villari, los cuales han leído la autonomía meridional no como mera supervivencia administrativa, sino como un proceso de construcción identitaria arraigado en las instituciones, en el derecho, en la cultura y en la proyección internacional del reino [4, 8, 10].
Esta autonomía, ejercida bajo dominaciones extranjeras (angioina, aragonesa, española, austriaca y finalmente borbónica), se manifestó a través de una dialéctica constante entre fidelidad dinástica y reivindicación de un "status" separado, del que la capital Nápoles se convirtió en el símbolo y el laboratorio.
1. La fractura de 1282: génesis de una separación institucional
En el articulado panorama geopolítico del Mediterráneo tardomedieval, el evento conocido como "Vísperas Sicilianas" – sublevación desencadenada en Palermo el 30 de marzo de 1282 – representa un punto de inflexión crucial para los equilibrios de la Italia meridional [5]. La rebelión, estallada contra el gobierno de Carlos I de Anjou (1226-1285), soberano de origen francés asentado desde 1266 con el apoyo de la Santa Sede, determinó una fractura destinada a rediseñar de manera permanente el ordenamiento territorial de la región.
Al término del conflicto que de ella se derivó – prolongado hasta la paz de Caltabellotta de 1302 – los Anjou, aunque expulsados de la isla a favor de los Aragoneses, conservaron el dominio sobre la porción peninsular del reino. A partir de esta mutilación territorial tomó forma el Reino de Nápoles, entidad estatal que habría mantenido una fisonomía institucional autónoma durante más de cinco siglos, hasta su incorporación al Reino de Italia (1861) [6].
2. La reunificación aragonesa de 1442 y la persistencia de la dualidad formal
La trayectoria política del nuevo reino conoció un primer y significativo giro en 1442, cuando Alfonso V de Aragón (1396-1458), llamado el Magnánimo, derrotó a los últimos resistentes Anjou e hizo su entrada triunfal en Nápoles. El soberano ibérico realizó así la reunificación de las dos entidades – insular y peninsular – bajo un único cetro, un evento que la historiografía ha leído como el primer intento de recomposición del antiguo Reino de Sicilia [1].
Sin embargo, a pesar de la unión dinástica, la distinción nominal y administrativa entre los dos reinos fue preservada. Como ha observado eficazmente Giuseppe Galasso, esta dualidad formal sería definitivamente removida solamente en 1816, cuando Fernando I de Borbón (1751-1825) proclamó el nacimiento del Reino de las Dos Sicilias, absorbiendo la herencia de la antigua bipartición [4]. Es en este marco donde se sitúa el papel de Palermo y Nápoles como polos paralelos de poder mediterráneo: Palermo, ciudad regia “antigua”, conservaba un fuerte simbolismo identitario siciliano; Nápoles, en cambio, se afirmaba progresivamente como centro administrativo, financiero y cultural del reino peninsular [8].
3. La dimensión jurídico-institucional entre los siglos XV y XVI
Para comprender el verdadero alcance de la autonomía del Reino de Nápoles, es necesario examinar las estructuras de gobierno que garantizaron su continuidad administrativa más allá de los cambios dinásticos. Entre ellas destacan:
- La Regia Camera della Sommaria (instituida en 1444 por Alfonso de Aragón), tribunal supremo para las cuestiones fiscales y patrimoniales, convertido en el corazón pulsante de la administración financiera del reino [7].
- Los asientos ciudadanos, expresión de la nobleza y de la burguesía napolitana, que garantizaban una representación local en el gobierno de la capital.
- El Consejo Colateral, órgano consultivo del virrey, compuesto por juristas y altos funcionarios, que aseguraba una continuidad decisoria en las fases de transición dinástica.
- El Sacro Regio Consejo, máximo tribunal del reino, competente en materia de justicia civil y penal [11].
A estas instituciones se sumó una tradición legislativa autónoma, expresada en las Pragmáticas – edictos regios con fuerza de ley – y en el Estilo de la Sommaria, una colección de normas y procedimientos que regulaban la actividad de la Cámara. Este corpus jurídico permitió al reino operar con un derecho público propio, incluso bajo soberanos extranjeros, configurando una verdadera “autonomía constitucional” "ante litteram" [11].
4. La dominación española y el gobierno virreinal (1503-1707)
El equilibrio alcanzado con la unificación aragonesa fue puesto a dura prueba por las campañas militares francesas iniciadas en 1494 con la bajada de Carlos VIII. Tras una década de agudos conflictos, en 1503 España, bajo el reinado de Fernando el Católico, consolidó definitivamente su control sobre el Mediodía italiano. El Tratado secreto de Granada (11 de noviembre de 1500), aunque preveía un reparto con Francia, resultó efímero y la subsiguiente guerra franco-española concluyó con las decisivas victorias del Gran Capitán, Gonzalo Fernández de Córdoba, en Seminara y Cerignola (abril de 1503) [1].
Desde 1503 el Reino de Nápoles se convirtió a todos los efectos en una posesión de la corona española, gobernado a través de la figura del virrey – una institución que habría caracterizado la vida política y administrativa del Mediodía durante más de dos siglos. Este sistema, basado en una relación de súbdito respecto de una monarquía no residente, ha inducido a la historiografía reciente a interrogarse sobre su impacto en términos de justicia, pacificación social y explotación fiscal [8].
En el plano socioeconómico, el período virreinal vio la afirmación de un latifundismo agrario que perpetuaba las desigualdades, el endurecimiento de la presión fiscal (con la introducción de nuevos tributos como la "sisa" de la harina en 1647, causa desencadenante de la revuelta de Masaniello) y el consolidamiento de una nobleza napolitana que, aunque fiel a la corona española, mantenía un papel central en la burocracia local [10].
5. El trienio revolucionario 1647-1648
Un momento de profunda crisis de este sistema se verificó en el curso de 1647, cuando la opresión fiscal y el descontento popular desembocaron en una revuelta que involucró no solo la capital sino todo el reino. La insurrección, conocida en la tradición historiográfica como revuelta de Masaniello, estalló en Nápoles el 7 de julio de 1647 y, aunque su fase más aguda se concluyó en pocos días, el movimiento revolucionario se extendió a las provincias – en particular a las Puglias – prolongándose hasta la primavera de 1648 [2].
La historiografía contemporánea, en particular los estudios de Rosario Villari, ha redimensionado la lectura tradicional del evento como una simple asonada circunscrita, subrayando en cambio su naturaleza de amplio movimiento revolucionario que puso en discusión, durante varios meses, la misma dominación española [10]. La revuelta fue finalmente reprimida con la fuerza de las armas en abril de 1648, tras una duración total de aproximadamente nueve meses [2].
6. La dimensión internacional del Reino de Nápoles (siglos XVI-XVIII)
La autonomía del Reino de Nápoles no se agotaba en la esfera interna, sino que se proyectaba también en el plano internacional. La capital mantenía relaciones diplomáticas directas con la Santa Sede (a pesar del régimen de "capellanía" que ligaba el reino al papado), con la República de Venecia (por el control del Adriático y de las rutas comerciales) y con el Imperio Otomano (a través de intercambios comerciales y acuerdos de paz, como los firmados en 1575 y 1605) [8].
La presencia ibérica, y posteriormente borbónica, implicaba una proyección externa autónoma: Nápoles no era una simple provincia española, sino un virreinato con propios tratados, propios funcionarios y una propia política exterior, aunque siempre coordinada con las directrices de la corona [4].
7. La transición austriaca (1707-1734)
La Guerra de Sucesión Española (1701-1713), conflicto europeo que rediseñó los equilibrios del continente, sancionó el fin de la presencia española en Nápoles. Tras la ocupación militar austriaca de 1707, el Tratado de Utrecht (1713) y los sucesivos acuerdos asignaron formalmente el Reino de Nápoles a Carlos VI de Habsburgo, que gobernó el Mediodía durante un breve pero significativo interregno austriaco.
Durante este período, los Habsburgo intentaron una racionalización administrativa y fiscal del reino, introduciendo reformas burocráticas (como la reorganización de las aduanas y la institución de una "Junta de Reforma") y tratando de limitar los privilegios feudales. Sin embargo, su acción fue obstaculizada por la resistencia de la nobleza local y por la falta de un consenso difuso, elementos que habrían favorecido la subsiguiente reconquista borbónica [8].
8. La independencia borbónica (1734-1816)
La soberanía austriaca terminó en 1734, cuando Carlos de Borbón (1716-1788), hijo de Felipe V de España, reconquistó militarmente Nápoles y Sicilia. La independencia del reino fue reconocida a nivel internacional por el Tratado de Viena de 1738, que sancionó la coronación de Carlos como monarca de un reino autónomo, separado de la corona española.
Este evento marcó la fundación de una nueva dinastía nacional – los Borbones de Nápoles – que habría regido los destinos del Mediodía hasta la Unidad de Italia. El siglo XVIII borbónico fue también un siglo de reformas inspiradas en la Ilustración: Bernardo Tanucci (1698-1783) llevó a cabo una política jurisdiccionalista que limitó los privilegios eclesiásticos; Antonio Genovesi (1713-1769) reformó los estudios económicos; Gaetano Filangieri (1752-1788) elaboró una "Ciencia de la legislación" que influyó en las constituciones europeas. Esta estación de renovación cultural e institucional sentó las bases para esa “autonomía moral” del Mediodía que, según Galasso, representa el legado más precioso del reino preunitario [4].
9. La cultura como expresión de la autonomía: Vico, Giannone y Filangieri
La autonomía política del Reino de Nápoles encontró una de sus expresiones más altas en la cultura jurídica y filosófica. Giambattista Vico (1668-1744), con su "Ciencia Nueva", elaboró una teoría de la historia que revalorizaba el papel de las naciones y de las tradiciones locales, oponiéndose al racionalismo cartesiano y afirmando una especificidad cultural italiana [12]. Pietro Giannone (1676-1748), con su "Historia civil del Reino de Nápoles", denunció las injerencias de la Iglesia en las cuestiones civiles y reivindicó la autonomía del poder laico, anticipando las posturas del jurisdiccionalismo borbónico [13]. Gaetano Filangieri, finalmente, con su "Ciencia de la legislación", propuso un programa de reformas que habría influido no solo en el Mediodía, sino en toda la Europa ilustrada. Estos intelectuales, aunque operando en contextos diversos, contribuyeron a construir una identidad política y cultural del Reino de Nápoles como entidad autónoma y consciente de sus propias tradiciones [4].
10. Del Reino de las Dos Sicilias a la Unidad nacional (1816-1861)
El Congreso de Viena (1814-1815) sancionó la restauración de los soberanos legítimos y, en el Mediodía, llevó al nacimiento del Reino de las Dos Sicilias (8 de diciembre de 1816), con el que Fernando I de Borbón unificó formalmente Nápoles y Sicilia en un único estado, eliminando la secular distinción nominal [4].
Sin embargo, esta unificación administrativa no fue acompañada de una efectiva modernización del estado. El reino borbónico de la Restauración se caracterizó por:
- una creciente centralización del poder, que penalizaba la autonomía siciliana (ya en 1820 estalló una revuelta en Palermo, reprimida con sangre);
- una política fiscal gravosa, que alimentó el descontento popular;
- una resistencia a las reformas constitucionales, a pesar de los movimientos de 1820 y 1848 (en este último año Fernando II fue obligado a conceder una constitución, luego revocada tras la represión del 15 de mayo de 1849, pasada a la historia como la “jornada de la reina”).
La expedición de los Mil, guiada por Giuseppe Garibaldi (1807-1882) y partida de Quarto (cerca de Génova) el 11 de mayo de 1860, puso fin al reino borbónico. Tras la conquista de Sicilia y la victoriosa avance hacia el norte, Garibaldi entró en Nápoles el 7 de septiembre de 1860. El subsiguiente plebiscito (21 de octubre de 1860) sancionó la anexión del Mediodía al Reino de Cerdeña, que el 17 de marzo de 1861 se convirtió en el Reino de Italia. Con la Unidad nacional, el Mediodía perdió su propia autonomía estatal, y nació la llamada “cuestión meridional” – un debate historiográfico y político sobre la naturaleza del desarrollo económico y social del Sur después de la Unidad, inaugurado por estudiosos como Pasquale Villari y Gaetano Salvemini [4, 9].
11. Conclusión interpretativa: continuidad y discontinuidad de la autonomía meridional
El recorrido histórico que ha conducido desde la escisión de las Vísperas a la génesis del Reino de Nápoles, y desde este a su incorporación en el Reino de Italia, revela una compleja dialéctica entre continuidad y discontinuidad.
Elementos de continuidad:
- Una institucionalidad distinta y reconocida (el reino como entidad autónoma).
- Una clase dirigente local (nobleza, juristas, burócratas) que aseguró la gestión administrativa más allá de los cambios dinásticos.
- Una tradición jurídica autónoma (Pragmáticas, Estilo de la Sommaria, Sacro Regio Consejo) que garantizó una cierta uniformidad legislativa.
- Una capital – Nápoles – que asumió un papel de centro político, económico y cultural de relevancia europea.
Elementos de discontinuidad:
- La sucesión de dominaciones extranjeras (angioina, aragonesa, española, austriaca), que limitó la soberanía plena del reino.
- La dependencia fiscal y administrativa de la corona española primero y de la austriaca después, que impidió una modernización autónoma.
- La falta de superación del latifundismo y de los privilegios feudales, que perpetuó las desigualdades sociales.
- La pérdida definitiva de la autonomía estatal con la Unidad de Italia (1861), que abrió la cuestión meridional.
En esta perspectiva, la autonomía del Mediodía no debe entenderse como una soberanía absoluta, sino como una construcción histórica e identitaria – un proceso en el que instituciones, derecho, cultura y proyección internacional han definido progresivamente los rasgos de una entidad distinta, capaz de conservar una propia fisonomía incluso bajo dominaciones extranjeras. Como ha escrito Giuseppe Galasso, la historia del Reino de Nápoles es “la historia de una civilización” que ha sabido resistir a las presiones externas, manteniendo viva una tradición de gobierno y de pensamiento que la Unidad nacional no ha cancelado del todo [4].
_____________________
Para profundizar
Fuentes primarias y secundarias
- Alfani, G. (2012). "Le finanze del Regno di Napoli in età moderna". Milán: FrancoAngeli.
- Cernigliaro, M. (2008). "La monarchia borbonica. Riforme e amministrazione". Nápoles: Liguori.
- Croce, B. (1944). "Storia del Regno di Napoli". Bari: Laterza.
- D’Addio, M. (1989). "La tradizione giuridica napoletana". Roma: Edizioni di Storia e Letteratura.
- D’Alessandro, V. (1975). "La Camera della Sommaria e l’amministrazione del Regno di Napoli". Nápoles: Jovene.
- Galasso, G. (2006). "Storia del Regno di Napoli" (6 vols.). Turín: UTET.
- Galasso, G. (2006). "Carlo V e il Regno di Napoli". En "Carlo V e Spagna imperiale: studi e ricerche" (pp. 1-18). Roma: Edizioni di Storia e Letteratura.
- Hugon, A. (2009). Les révolutions provinciales dans les villes du royaume de Naples: le cas des Pouilles (1647-1648). "Annales de Normandie", 35, 135-146.
- Musi, A. (2016). "Storia del Regno di Napoli". En "Croce e Gentile". Roma: Istituto dell’Enciclopedia Italiana Treccani.
- Muto, G. (1998). "Il Regno di Napoli. Dinamiche politiche e sociali 1503–1734". Nápoles: Guida.
- Romeo, R. (1951). "Il Mezzogiorno e l’unità d’Italia". Turín: Einaudi.
- Ruggiero, R. (2014). "Napoli". En "Enciclopedia Machiavelliana". Roma: Istituto dell’Enciclopedia Italiana Treccani.
- Villari, R. (1967). "La rivoluzione di Masaniello". Nápoles: Einaudi.
Estudios sobre la cultura política y jurídica
- Giannone, P. (1723). "Istoria civile del Regno di Napoli". Nápoles.
- Vico, G. (1744). "Principi di scienza nuova d’intorno alla comune natura delle nazioni" (3ª ed.). Nápoles.
- Filangieri, G. (1780-1785). "La scienza della legislazione". Nápoles.













