Y entonces aprendes que el tiempo es lo único que tienes. Tiempo para vivir y para querer a las personas que importan en tu vida. Tiempo para hacer y deshacer, para aprender y para andar.
Y también aprendes que cada despedida duele. Pero es un dolor bonito y necesario. Significa que durante el tiempo transcurrido en compañía, lograste estar completamente presente y nada fuera de ese momento te importó. La recompensa es el recuerdo y la certeza de que las horas no transcurrieron en vano.
El tiempo y su extraña magnitud. No hay nada más real y definitivo, nada más contundente y letal. Nos vuelve tan frágiles. Pero a la vez nos da el rarísimo privilegio de estar vivos, de ser movimiento consciente, de apreciar el universo y de reflejarnos en él. Y nos da la oportunidad de amar, de sentir esa extraña fuerza que nos impulsa y nos vuelve locos, que nos conmueve y nos hace sentir infinitos.










