{ based on ❜ ⋮ the mistakes of my parents are not our fault }
Extrañaba su hogar, a pesar de ir de un lado para otro entre las presentaciones de distintas galerías de arte y exposiciones de sus amigos pintores, extrañaba la calidez que le ofrecía su casa en Roma, el sol entrando por su ventana al atardecer y el aroma de comida recién preparada del restaurante que se ubicaba en el local de junto. Y aunque los últimos años había estado completamente despegada de su familia, los extrañaba a ellos, la sonrisa a medias de su madre y el entrecejo fruncido de su padre, a su hermano mellizo que siempre iba con una sonrisa en el rostro conquistando al mundo. ¿Ya se habría enterado él de lo que estaba pasando? No podía transcurrir ni un día sin que pensara en ellos; especialmente, no podía dejar de pensar en sus padres y lo que hicieron.
Había logrado escuchar a viva voz de su padre la confesión de una negligencia en los aviones, la muerte de unos empleados y pasajeros desafortunados. En Italia hubo un verdadero revuelo pero todo se calmó, como siempre se calmaba cuando existía un problema, ella no había decidido pensar en el tema ni inmiscuirse en asuntos de los que desconocía por completo. Ahora pagaba la consecuencia de malos manejos por parte de su familia, así como la poca importancia que le dio ella en su momento. Podía entender los motivos del varón, aunque no apoyaba en nada el comportamiento que estaba llevando en esos momentos al tenerla contra su voluntad en aquél lugar del que nada sabía. Suelta un suspiro y se levanta de la cama, lugar donde había permanecido por voluntad propia los últimos días.
La buena voluntad de su captor le había llamado su atención, pues de tan buen corazón se veía para estar cometiendo un acto como aquél. Tratándola bien en todo momento, dejándola estar sin ataduras ni mordazas todo por su comodidad. Sí, ella había intentado escapar más de una vez pero bien prevenido estaba y no había manera sencilla de hacerlo. Con el pasar de los días iba acostumbrándose a estar ahí, a la soledad y a la compañía. Recorre la pequeña habitación en un par de pasos y se queda de pié en el marco de la puerta. Él esta ahí, en la habitación contigua, y lo observa en silencio. Había estado completamente negada a hablar con él, por más intentos que el chico hubiese hecho siempre se encontraba con el silencio de la italiana, pero ese día en particular tenía ganas de hacerlo. Si no hablaba, si no se distraía, iba a terminar enloqueciendo.
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