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— ¡Oh~! ¿Estás aburrido, gemelo? ¿O son esas incómodas necesidades biológicas?
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♥ Izaya bcuz Izayacest.
— ¡Oh~! ¿Estás aburrido, gemelo? ¿O son esas incómodas necesidades biológicas?
So.. (Muse a tu gusto c:)
Si me permites, haré algo random selfcestuoso (?)
Orihara Izaya amaba a los humanos. Todos y cada uno de ellos. Los amaba tal y como eran sin condiciones, en sus malos momentos y, sobre todo, en sus peores. No podía simplemente no sentirse como un dios, porque, ah, ¿acaso no era de esa manera?
Si acaso un ente tal existiera, sería, sin duda, un creador. Alguien que conoce mejor que nadie a los propios frutos de su labor artesana, hechos a su imagen y semejanza. Faltando una figura tal, un creador primero, lo más similar que se podía encontrar sería aquel ser que comprendiera la naturaleza humana como si fueran sus propios vástagos.
Y ese, era él. No era por darse aires de importancia.
Sin embargo, qué solitario podía ser no tener alguien a su mismo nivel, con quien descargar instintos biológicos sin recurrir a inmiscuirse con los humanos, o al homo primitivo que la gente gustaba de llamar "el hombre más fuerte de Ikebukuro".
— Ah, realmente sigo sin entender nada, pero lo cierto es que me da igual.
Se desperezó y se levantó de un salto de la cama, dirigiéndose a la ducha primero. Al entrar en el baño, se dio la vuelta para mirarse las marcas de arañazos que habían quedado en su espalda. Incluso en eso tenían reacciones idénticas, como era de esperar.
¿Por qué estaba ahí?
Si había un lugar lleno de humanos que pudieran llamar su atención, seguro ese era ni más ni menos que el instituto. La adolescencia, esa edad tan tormentosa, tan jugosa e interesante.
Lo que no sabía es qué estaba haciendo soportando la charla soporífera e incesante de un profesor trajeado y entrado ya en años.
Sin mediar palabra, se levantó del pupitre y sin más que un "al baño" como respuesta al interrogante del hombre, salió del aula, metiéndose las manos en los bolsillos. Sus años de estudiante modelo ya habían llegado a su final hacía tiempo.
Caminó por los pasillos, todas las puertas cerradas, y sin darse cuenta sus pasos lo llevaron frente a un aula en particular. Estaba aburrido, y aunque saliera a la calle eso no iba a cambiar nada. Tanto como para buscar entretenimiento de la más infantil de las maneras...
Abrió de par en par la puerta y asomó la cabeza por ella, divisando al instante una cabellera rubia dentro de la sala.
— Ah, lo siento, lo siento, creo que me he equivocado de clase —habló en voz alta, como si su entrada no hubiera sido suficiente como para interrumpir.
...llamar la atención.