I miss you
El día había comenzado con un espléndido sol. Los tibios rayos del sol parecía que habían templado el ánimo de la gente y una pequeña alegría adornaba las palabras y los gestos de todos, incluso de aquellos que por naturaleza eran serios y distantes, también se podía ver cierta alegría en su mirada.
Jean quizás era la excepción. Se negaba en parte a que esa felicidad efímera invadiese su corazón, porque para él, el único “sol” había desaparecido hacía ya unos cuantos meses. Y era justo en aquellos días cuando más le echaba de menos.
Después de haber realizado unas misiones y cuando le dieron el permiso para retirarse y tener unas horas de descanso, Jean salió del edificio que formaba las residencias del pelotón de exploración y caminó hacia una extensa pradera que se extendía unos pasos más allá. Después, se acomodó en la mullida hierba y sus ojos se cerraron para caer con rapidez en los brazos de morfeo. Sólo en los sueños podía reunirse con su amigo.
El sueño consistía en un recuerdo, en un día muy parecido aquel, en el que hacía un sol tan brillante que los dos llegaron fatigados del entrenamiento. Marco siempre con la sonrisa en los labios, Jean refunfuñando pero con el sentimiento de satisfacción en el cuerpo al haber hecho bien las cosas. Se detuvieron en un lugar como aquel, a tumbarse sobre la hierba a descansar. También, él cerró los ojos, pero esa vez no se quedó dormido, sino que escuchaba las palabras de su amigo con cierto interés, pues adoraba escucharle.
Abrió los ojos y le vio. Esbozó una sonrisa burlona y rodó sobre un costado para encararle y fijar la mirada en el rostro ajeno. Mentalmente, trató de contar las pecas del otro.
--¿Cuántas pecas tienes Marco? –le interrumpió y alzó una ceja. –Juraría que hoy tienes más que otros días.










