*si alguien te tira una indirecta (o directa) de que le gustas, contestale sinceramente. si te gusta, devolvesela! o mejor, anda al frente directo
*si alguien te tira un ‘chiste’ (indirectas más cute) de que le gustas, le gustas.
*si alguien te tira una frase a lo ‘ay parece que me gustaras jaja’ ‘ay no a ver si piensan que somos novixs’, es unx cagonx idiotx YYY te quiere coger.
¡¡¡AHORA!!!
si te pasa alguna de estas cosas y NO te gusta/calienta/bla esa persona, parale el carro. sé sincerx porque nunca sabes qué hay detrás.
¡¡¡AHORA!!! pt II
si te pasa alguna de estas cosas (y ((si)) aunque te la das de ‘yo voy re de frente, a mí no me gusta sentirme incómodx’) y no le decís que no es mútuo...bueno, pueden ser tres cosas:
1) sos unx forrx egocéntricx del orto
2) sos unx mambeadx jevi que necesita corresponder a la gente
3) sos unx hipócrita. acepta que te calienta y es más fácil para todxs
you're staring while I'm blinking but just don't tell me what you see — blue & nicolas
Baños durante la fiesta de disfraces, hora desconocida por ambos participantes.
Nota: Se encuentran bajo los seudónimos de sus disfraces, blue se vuelve loca.
Spiderman: "Soy de los que actúan." se atrevió a responder, la sorna se apoderó de la sonrisa que figuró entre sus facciones. El alcohol impulsaba cada vocablo proclamado, cada expresión que se atrevía a deformar su semblante y el movimiento de sus extremidades; perdido se encontraba en el torrente de la irracionalidad. Olvidando el mar de consecuencias en el cual el caudal desembocaría a la mañana siguiente, sin siquiera importarle la existencia del mañana o los daños colaterales. Un egoísta más, un alma pecadora dispuesto a sucumbir ante sus impulsos. “No soy de los que juzgan.” continúa la provocación, caracterizándose a sí mismo entre verdades y mentiras, un cobarde escondido tras una máscara; una actuación constante que intentaba reclamar bajo una seguridad que se derrumbaba cada vez que las fechas comenzaban a acercarse en el calendario. “No te preocupes, me acostumbré al otro.” sus falanges rozan los contrarios, sus pies se mueven tras el cuerpo femenino y su mirada desciende, busca alguna pista que lo lleve a un reconocimiento inexistente; a uno que, en cierta medida, agradecía no haber obtenido aún. Prefería mantener el incógnito, máscaras alzadas que lo ayudarían a justificarse más tarde cuando el alcohol se ausentara y la culpa apareciera entre sus emociones. El movimiento logra que nuevamente la sonrisa figurase entre sus facciones, las puertas prohibidas ya no figuran en el mapa dibujado, las blancas baldosas que contrarrestaban con el traje masculino, y con el torrente mental que asegura quebrajar las paredes de su cráneo. “Vaya, qué directa.” burlesco sonó su comentario, tirando de los costados de sus brazos, quitando la parte superior del traje, dejando a la vista la zona humedecida por el elixir profano. “¿Le basta con esto, señorita?” murmura, dando un paso hacia la menuda figura femenina, aminorando la distancia; descendiendo su propio rostro para encontrarse con los intensos carmines, preguntándose, por primera vez en aquella noche, si el alcohol seguiría impregnado en ellos.
Cruella de Vill: "Palabras, sólo escucho palabras." aura desafiante es la que emana con la boca y la mirada, las únicas dos herramientas que se permite esa noche usar para acariciar a la soberana locura. Despojada de todo deseo de descifrar quién se escondía detrás de la farsa identidad, temerosa de las consecuencias. Porque por fuera irradiaba, desafiaba y jugaba, pero por dentro, por dentro persistía la insignificante niña que giraba en un mundo de fantasía. Porque abajo del vestido apretado no es más que una columna vertebral rubricada en temores, la misma sudorosa jovencita que florece en pesadillas. "Por supuesto que no lo eres, sería un acto de lo más hipócrita." burla asomando en forma de sonrisa gatuna, cincelada por la punta de la lengua ávida. "Soy de las que actúan" secuestra y roba la misma oración dicha por el masculino hace tan sólo segundos, veneno mortífero que escapa mientras sus dientes, voraces y deseosos de distracción, mordisquean el interior de la mejilla derecha. Un paso más, percibe el aroma y lo esconde en alguna tumba de su cementerio de memorias para traerlo a la vida en algún momento de nostalgia. Es necesario elevar el cuello y que la vena de pulsación agitada se marque bajo la piel pálida. Los falanges, peligrosos, escalan por encima de los brazos, dedo a dedo, tanteando terreno hasta posicionarse plácidos en los hombros ajenos. "Eres muy alto" como si fuese un reclamo y su culpa, palabras que firman las siguientes acciones que son el movimiento y ejercida fuerza para buscar que el cuerpo masculino caiga al borde de la tinta que descansa cercana al encuentro de provocadas anatomías, buscando que tome asiento para tener una mejor iluminación de la mancha y también para llenar la intravenosa de un poder que sentía vulnerable al tenerlo tan cerca, y la vulnerabilidad la enfermaba y desquiciaba "Y algo me dice que no debes estar acostumbrado a oír un no a esa pregunta, o a ninguna" encadenado susurro que logra pronunciar mientras busca lugar más cercano a su acompañante para, finalmente, usar la toalla en movimientos suaves y delicados, despegando el líquido dulce, pero nunca sin poder apartar la mirada de las orbes que resultan de color desconocido.
Spiderman: "¿Deseas algún acto en especial, acaso?” continúa tocando las brasas sin importarle perder piel en el camino, su lengua pasea entre sus carnosidades, buscando eliminar la sequedad creciente ante la ausencia de alcohol recorriendo su garganta. La curiosidad bañaba cada uno de sus miembros, el anhelo de conocer a quien se esconde tras el fuerte maquillaje y la falsa piel, sin embargo, el mismo misterio le fascinaba. La idea de un mañana inexistente, de quitarse la piel de escarlata y zafiro, ser un hombre sin pasado ni un futuro. Carente de consecuencias reales que no respaldaría tras el alcohol que se apoderó de su raciocinio, sino apoderarse del desconocimiento. “¿Sí?¿Por qué? Digo, podría ser alguien juzga y actúa así sólo por tener una máscara.” no lo era, no obstante, la mascara que cubría sus facciones lo empujaban a un remolino de impulsos que se negaba en evadir, prefería cometer cuantos errores fueran posibles antes de despertar al día siguiente con el sabor amargo del podría ser. Se sienta sobre el frío borde de la bañera, hipnotizado por los movimientos femeninos y obediente, mas éste último sólo como un preso de la sorna que atravesaba sus orbes. “Me lo han dicho toda la vida.” acota, sus manos se posan sobre la diminuta cintura femenina, entre las pieles, tocando la tela negra que cubre su anatomía. Las mantiene firmes, aún temeroso ante la idea de hacer sentir incómoda a la tercera o a sí mismo, a sus propios limites establecidos aún con la capa de ficción puesta sobre sus hombros. “Te sorprenderías.” acidez clásica, su mirada se mantenía fija en los zafiros de la morena, mas tarde o temprano desciende nuevamente hacia los carmines, buscando pistas; intentando reclamar un premio por descubrir de quien se trataba la seductora alma que se había posado frente a sí. Retándolo, llevándolo hasta el limite y siguiendo cada uno de sus juegos. Posó sus falanges sobre la muñeca de la contraria, recordó el reto que los azotó iniciado el evento y quiso saber si aquellos labios seguían igual de helados. Acercó el rostro hasta el contrario, rozando su nariz cubierta a medias con la de la contraria, sus labios entreabiertos le permitían el paso de oxígeno; mientras una de sus manos se movía hasta la espalda baja de la contraria y la otra buscaba detener la limpieza. “Deténme.” rogó por lo bajo, sólo para mantener limpia su consciencia, mas sus deseos eran totalmente los opuestos.
Cruella De Vil: "Sorpréndeme” sí, quiere todo, en ese momento es títere y mártir del impulso etílico que surca sus venas, en ese momento se ha despojado de cualquier tipo de inhibición que en la dura realidad la alejaría del instinto lascivo. Aprovechar aquel pequeño paraíso infernal era un acto casi necesario que acabaría con un hambre indescifrable. "Intuición, instinto, no creo que seas uno de esos, si me equivoco no serás el primer hombre que me decepciona.” las pestañas baten junto al latido desesperado de su órgano principal, la jaula de su pecho y costillas cruje ante la adrenalina que baila salvaje por el torrente. Pero sin embargo, por fuera, está intocable, de facciones afiladas y astilladas, sólo un pequeño color en las mejillas producto del alcohol y del calor que provoca la cercanía. “¿Humildad o de verdad hubo alguna que logró romper la racha de suerte?” la curiosidad tiene garras y uñas que la atrapan con facilidad, volviendo presa y máquina de interrogantes que se escapan en un susurro al hilo de la vacilación, se distrae, cómo no, cómo no hacerlo cuando la boca masculina está ahí, servida para el hormigueo y revolución de la cordura. Siente el desequilibrio atacar su fisonomía, siente el aire más pesado y el piso temblar, ¿o es esa una mentira que se inventa para buscar seguridad al momento de apoyar sus manos libres sobre las piernas masculinas, en un arrastre casi de tortura desde ambas rodillas hasta el límite de la entrepierna? La toalla cae porque sus manos encuentran ahí, en ese refugio, un mejor lugar, un mejor entretenimiento, en ese lugar de debilidad encuentra su seguridad. “No quiero.” sinceridad esculpida en un murmullo, las yemas van en delicado movimiento, apartando un poco de la máscara para dejarla a la altura del puente de la nariz. “Yo sé lo que quiero, ¿sabes tú lo que quieres?” indaga entonces, las palmas todavía ahí, sin efectuar demasiada presión y el cuello estirado para que su interrogante llegue sólo al oído masculino, deseosa de algo más que aquel inocente toque de sus manos en sus caderas. Y no sabía si estaba al abismo del placer o de la locura, o si aquel era un único abismo y lo había hallado ahí, en un baño silencioso y entregándose a un fuego desconocido.
Spiderman: Siente el débil frío ambiental chocando contra su torso, un recordatorio de las condiciones a las que él mismo se había expuesto. Medio vestido, medio culpable. Quizás jugaba a una especie de realidad ficción, de consecuencias que azotarían a medias su bagaje mental a la mañana siguiente. Se encuentra en el umbral de las posibilidades e imposibilidades, del raciocinio y la carencia de éste; mas se impulsa al segundo, se mueve sin cuidado hasta la punta del rascacielos, dispuesto a abandonarlo. “Los hombres somos una decepción constante, si no lo hago ahora, quizás lo haga en un par de horas.” ¿pero importa? A él no. En este momento, en el segundo en el que sus palabras son entonadas, lo único que parece formar parte de su engranaje de preocupaciones es el no arrepentirse de haber dado pasos atrás a la mañana siguiente. Prefiere avanzar en el camino trazado, inventar excusas para dejarse caer al vacío sin tomar atención en las fracturas, en el detenimiento de sus órganos. En el sabor amargo de la culpa que podría encerrarse en su boca, mas que ahora se fundía ante la presencia constante del amargo brebaje anteriormente compartido. “¿Importa realmente?” se niega a hundirse en el pasado que deja atrás, pasos que lo distan de la figura femenina que lo demacró emocionalmente, que se encargó de cambiar su concepción de sentimentalismo y relaciones; arrastrándolo hasta la incapacidad de vislumbrar los limites que debían surcar el romanticismo. El cariño que profesó, mas que había sido incapaz de sentir por alguien más que por sí misma. No quiere caer nuevamente en el agujero negro del recuerdo, y no lo hace. Lo controla, lo respira y lo abandona. La sonrisa se posiciona en sus facciones ante la negativa contraria, encontrando tras el discurso femenino sus propios anhelos y las respuesta a interrogantes que atravesaron su cabeza apenas el encuentro fue producido. “¿En serio quieres saber qué quiero?” murmura, su nariz moviéndose sobre la opuesta, sus labios descienden movidos por el movimiento de sus propios deseos, y quizás de los contrarios. Colisiona sus carnosidades con las opuestas, sus dígitos se entierran en su piel, detestando las prendas que cubrían las curvas femeninas, mas la acerca. La impulsa contra su cuerpo, en aquel hueco que sus piernas crean al abrirse. Teme perder el equilibrio y caer atrás en la bañera, mas el miedo se arranca ante el embriagante sabor de la contraria. Cálido, respondiendo la duda proclamada internamente.
Cruella De Vil: Por un momento silencio, ¿tiene que abrir los senderos de los amargos recuerdos sobre decepciones masculinas? Ninguna es dueña de la ilusión del romance, pero la sombra paterna fue la primera en lograr florecer el más amargo de los sabores, posterior a ello, afirma que nadie podría provocar dicho fragmentario en el espíritu. Ingenua jovencita que no sabe del vértigo del amor que embriaga y enloquece. “Puede que nos decepcionemos mutuamente” tono socarrón en uso. También está acostumbrada a despertar ese tipo de efectos, o al menos eso le murmullan las voraces voces, su tendencia a quitar todo entusiasmo. “Soy curiosa, y sí, me importa.” confesión profana, la dueña de ojos claros es coleccionista de anécdotas que se empapan en el plomo de la melancolía, dicha característica penetra la identidad malvada que esa noche la corroe. Y cuando sucede, cuando finalmente se da el lujo de beber de aquel desconocido tufillo, mezcla de licor y colonia para hombres, el pulso se acelera. Como el mordisco de lo prohibido, el efecto es dominó, sólo logra hacer crecer necesidad de más, de los límites hasta la caída sin recuperación ni salida. Perderse en el laberinto hecho beso que profundiza al momento de abrir escasos centímetros más la boca y dar inicio a una danza de ritmo que, escalón a escalón, roce a roce, aumenta junto a la respiración cardíaca. Manos sagaces lo atrapan y toman como presa, un viaje de caricias inicia desde los hombros hasta encontrar calor en la nuca, donde los dedos se entierran entre cabello y tela que resulta ya para ese momento un obstáculo insoportable, termina, de algún modo, sentada en una posición que llamaba al peligro sobre las piernas del mayor, incitando a que se dé un recorrido por la delineada silueta en susurro y mordisqueo del labio inferior que atrapa y suelta en complicidad de una sonrisa. Lo que sucede a continuación es un juego del destino o simplemente una invitación a la locura interminable. Caída, se rompe el demoníaco y cálido encuentro, ella sobre él, ella afortunada de no recibir ningún golpe más que la bienvenida de la cerámica seca de la tina. Una queja que al segundo se convierte en carcajada, incrédula, embriagada en la magia del momento o en el alcohol o en él, una pierna afuera y otra adentro, una mano sobre el pecho masculino impone distancia, surca ahí, en ese rostro maquillado en blanco y rojo, el gesto gatuno que atenta contra la vida. Un breve lapso de mirada, desafiante y juguetona mientras al mismo tiempo las yemas se mueven por los mosaicos y pronto llegan a la canilla que puede ser inicio del tormento y el delirio al unísono. Tan sólo miserablemente mueve la misma y escasas gotas caen, no hay accidente ni error en dicho movimiento, es maravillosamente intencional y lo deja claro en la menguante sonrisa que la sigue. “¿Me detienes o ya estás resignado?” dientes atrapan el carmín inferior, juega un momento con la carnosidad propia sin apartar la vista del interlocutor.
Spiderman: “Puede que ya me hayan decepcionado lo suficiente como para que logres hacerlo.” su voz continúa en tonos descendentes, confesiones nocturnas que son impulsadas por el alcohol que nubla su raciocinio. Mismas razones lo arrastraron hasta las frías paredes albinas, mas no lo lamentaba. Demasiado ocupado en pensar en el ahora, en el movimiento constante de sus falanges sobre la prenda femenina, en el calor emanado por ambos cuerpos y en la respiración que amenaza con seguir aumentando. “Tendrás que seguir con la duda.” se niega a comenzar con el relato tantas veces callado, fantasmas del pasado que es incapaz de formar en un presente que ruega por la ausencia de éste, buscando hacer realidad la concepción de la inexistencia histórica. De un nacimiento reciente, que terminaría con su muerte cuando el sol volviese a posarse nuevamente en el horizonte que le prohibía su total esplendor. La batalla va en un ascenso constante, carmines tiñendo los masculinos tras cada movimiento, embriagado por la textura y las mezclas de sabores que atacaban su cavidad bucal. Parpados caídos, viéndose obligado a buscar un camino a tientas sobre la tela del vestido femenino, subiendo sus manos por su espalda, mientras la inmóvil, aquella que deseaba mantenerla pegada a su cuerpo, se enterraba sobre su piel; viendo en aquel apretado vestido un obstáculo. Uno que en un momento le fascino, mas ahora generaba un gruñido ahogado por el desesperante movimiento de sus labios y el aumento del ritmo cardíaco. Siente el abrigo rozando con su piel, soltando la figura que ahora se acomodaba sobre sus piernas, para buscar el abandono de la pesada capa. Sin embargo, pierde estabilidad, cayendo de espaldas sobe la fría cerámica que se encontraba tras sí. Dolor esparciéndose en la zona alta de su espalda, contrasta con la carcajada que nace desde las profundidades de su garganta, para terminar escapándose por los labios disfrazados de los contrarios. Sus dígitos aprisionan la muñeca femenina con delicadeza, acariciando el borde con sus grandes falanges, mientras se convierte en un observador más de los movimientos movidos por la irracionalidad, la misma que domina cada uno de los miembros del francés. Se inclina sobre la superficie, buscando la comodidad de su espalda. “¿Me detienes tú a mí?” murmura, sus labios cercanos a la tersa piel femenina, tomando su perfume para depositar sus labios sobre la nívea zona, descendiendo con lentitud, jugando con sus limites y con los de su acompañante. “Eres la peor cuando se trata de secar a alguien.” murmura sobre la piel, volviendo a alzar su mirada, buscando las facciones femeninas escondidas tras la pintura aplicada; una máscara ceñida a la piel que le daba mucha más libertad que la propia, una que podía ser arrebatada en un par de segundos, mas rogaba su permanencia. Vuelve a descender su mano por su espalda, recorriendo a paso lento la espina dorsal de la representante de la crueldad, ahora infantilizada por el alcohol, mas aún con el signo del pecado estampado en su epidermis.
Cruella De Vil: “No podrías sonar más nostálgico. Me gusta” no es una burla ni un ataque, una observación que emana la mirada oceánica en el batido de las pestañas tan bien pintadas y cargadas en negro. Algo en el tono, como si ahí descansara el espíritu plomo de lo que la curiosidad podía despertar, ¿heridas sin cerrar, heridas que todavía lloraban a la caída de sal y recuerdo? Pero no está en condiciones de pactar un trato con el diablo y que su mente logre enfocarse en algo más que los intrusos dedos que descargan una corriente eléctrica a través de toda la espina dorsal, o en algo más que el encuentro fogoso de bocas que se enfrentan a una guerra de roce y toque, que la corona perdedora y vencedora al mismo tiempo. “No sé si pueda dormir esta noche” inevitablemente sarcástica. Y aquella era la paradoja, ¿podría dormir con la conciencia corroída por una memoria borrosa y caricias sin dueño?, encontrarse con Morfeo sería una aventura que de por medio tendrías las pruebas de recordar con el tacto el momento de lujuria que en aquel momento encandilaba cada milímetro de pálida dermis. Esclava y sucumbiendo al coro de voces que le rogaban fundirse cuando la boca masculina llegaba al cálido refugio de su cuello, desesperantes acciones que la obligan a soltar un quejido. “¿Cómo hacerlo?” murmuro muerto y deshojado, por un momento estirándose y acomodándose de tal manera que parecía puesta al banquete para ser respirada por su acompañante, percibida y leída cual poema hecho a base de versos que tiemblan, de temperatura elevada y embriagados por algo más que simple licor. “Podría decir lo mismo de ti” juego de palabras, buscando que su menuda anatomía quede perfectamente puesta sobre el masculino, acoplada a él, llegando de algún modo a un ordenado caos de accesos para caricias o provocaciones hechas carne. “Pero déjame mostrarte que puedo ser peor.” sentencia a muerte evocada y profanada al momento de abrir con más furia la caída de gotas, y junto a ellas, su cordura, la rica y el entretenimiento de saborear el agua caer. El atrevimiento fue notorio, con la suavidad de un coro de ángeles, los dedos se atreven a buscar más cordura y despojar la máscara, párpados caídos no atinan a lógicas, deseosa de besar la boca humedecida por la caricia grácil de la ducha en lo alto. Toque de pánico, corriente y brisa directo a los cimentos de su cerebro. “Nicolas.” no es una incógnita, no es un ruego, ha dicho su nombre en forma de duda en su interior, deseosa de que se trate de un espectro imaginario, pero es él, corpóreo y tangible, el acompañante empapado en aquella cárcel rectangular de cerámica que con el pasaje de segundos va llenándose de pecado. “Joder, soy una...” estúpida, idiota, los canales a los pulmones se llenan de lava que muta en un color peculiar en su cuello, reacción anómala y habitual de su parte cuando una situación drena de su poder “Sal huyendo ahora.” lo está haciendo como un supuesto favor, el agua no ha logrado despojarla del consumo de alcohol, pero sí del maquillaje blanquecino y rojo que la mantenía a la merced del enigma.
Spiderman:“¿A qué se deberá el insomnio?” irónicas fueron sus palabras, presas de un humor propio en el que las insinuaciones primaban. Un pirómano empedernido, dispuesto a dejar que sus extremidades se consumiesen antes de dar un paso atrás, acostumbrado a entregarse a los escasos límites que la ausencia de juicio le obsequiaba, envuelto en papeles de oro; brillando hasta embriagar cada uno de sus sentidos, logrando que sucumbiese en la línea pecadora. La sonrisa torcida vuelve a aparecer, mas esta vez no se deja ver por los zafiros, se mantiene escondida sobre la nívea piel, muriendo por consecuencia de las marcas proporcionadas sobre la curvatura de su cuello. Perfume desconocido, texturas adictivas y un sabor que se mezcla con el del alcohol que seguía reinando en sus papilas, adormeciéndolo, transformándola a ella en un fruto prohibido que amenazaba con estar disfrutando. “Yo no te he mojado.” murmuro muerto sobre su epidermis, sus labios se abren para atrapar entre sus dientes la mandíbula contraria, con cuidado. Imitando la delicadeza de sus dedos descendiendo por la oscura tela, deteniéndose sobre uno de los muslos que yacía cómo sobre cuerpo. “No sé si quiera saberlo.” arruga su nariz, separándose del mapa que había trazado con sus labios. Su mano alzándose para tomar uno de los rebeldes mechones femeninos, buscando su lugar tras la oreja contraria, vagando por las facciones que paulatinamente iban perdiendo el color que las bañaba. Terminando con el incógnito, al igual que con el suyo cuando sintió las gélidas gotas descendiendo por su rostro. La voz femenina lo llevó a quitar sus manos del cuerpo femenino, alzándolos a la altura de su rosto, mostrando que el tacto ha sido descontinuado, como si aquello fuese a eliminar los últimos minutos compartido, pero ¿se arrepentía? Lo dudaba. El alcohol comienza a dejar marcas de cordura entre vacíos, el abandonar la escena parecía ser un acto viable de encontrarse sumergido en la irracionalidad, mas no se mueve. “No.” se niega, se encuentra dispuesto a asumir las consecuencias de sus propios actos. Ve el error, mas no en su persona, sino en cruzar límites con quien no deseaba hacerlos realmente; sólo bastaba con observar las reacciones que recorrieron el rostro contrario, para sentir la culpabilidad abarcando cada rincón de su anatomía. En quien consideraba pureza naciente, un faro de luz en medio del pecado que constantemente recorría los pasillos hoteleros; quizás una potencial amistad que se veía perjudicada por caminos que no habrían sido tomados en circunstancias normales. “Está bien, Blue.” pronuncia con suavidad, alejado ya de las intenciones que recorrieron anteriormente su torrente mental, mas manteniendo la lejanía de sus dígitos, sin saber si un simple roce la arrastraría más al borde del precipicio. “No voy a salir corriendo por la puerta, está bien.” intenta tranquilizarla, manteniendo el tono calmado que contrastaba con cada una de las culpas que desfilaban en su cabeza, con el cargo de conciencia que se encargaría de acompañarlo lo que quedase de semana; quizás más. “Vamos, salgamos de aquí, te pasaré una toalla y te sacas antes de salir.” sonríe, le permite el nacimiento a una débil curvatura, que no sólo busca serenarla a ella, sino también a sí mismo.
Cruella De Vil: Risa, reseca, humeante y burbujeante, así como la personalidad envolvente que la hace vacilar sobre un hilo tan inestable, mas el vértigo ya no logra efectos en su ser, no al menos en esos momentos que, sin saber, son los últimos previos a la tempestad interna que sacude desde los pulmones hasta las sienes. Los motivos sin inclusive borrosos y complejos de entender para ella, Blueliv, ahora sí puede decirse a sí misma así, dueña de una laberíntica mente, manojo de inseguridades que la carcomen al segundo de descifrar el enigma masculino en su totalidad, le molesta esa mirada sobre ella, le molesta la escena, le molesta el final, hubiese deseado seguir degustando lo prohibido antes de aquel martirio que es la realidad. Qué alegría hubiese sido para su conciencia que aquel rostro sea un total desconocido, pero el destino, desgraciado e incierto, juega nuevamente en su contra. Se siente ajena, destartalada, a la demostración de una fachada de la realidad temblorosa de una niña ligeramente perdida. Lo deja hablar, por momentos vuelve a ser la muñeca de trapo de siempre, la de labios cosidos que imponen silencio y ojos entumecidos por un ardor indiscutible, como fiel integrante del grupo de los detractores. Sus manos se aferran a los costados de la bañera, recién ahí se da cuenta de que la ducha continuaba encendida, buscando apagar inútilmente el fuego creciente que se atasca en su garganta en forma de nudo “Si pudieras ver, Nicolas...” una pausa para obligar a su tono a sonar firme, inquebrantable como el invierno que hay en su pecho y boca “Si pudieras ver cómo me estás mirando ahora mismo, entenderías. Supongo que no esperabas que fuese yo, mejor dicho, estoy segura de que no querías que fuese yo, ¿huh?” él no tenía porqué entender, no le culparía si no lo hacía, no le culparía si sus retinas no estaban infestadas en fantasmales espectros que creaban demonios donde no los había, claras eran las buenas intenciones masculinas, pero claro también su talento por deformar todo lo bueno que tenía una efímera estadía en su vida “De tantas muchachas en el hotel, qué suerte la tuya. No se lo voy a decir a nadie, así que no te preocupes” una carcajada irónica mientras se acomoda los mojados mechones de cabello detrás de la oreja, usando la palma de la mano para secar alguna que otra gota que obstaculiza su visión totalitaria. Torpe, pero orgullosa, busca ponerse de pie “Y no necesito ayuda. Y mejor ignora lo que dije, estoy... borracha, hago el ridículo” un juramento en vano y que no cumple en los primeros segundos con sus movimientos, algo inestables son los movimientos, algo desequilibrada recoge los últimos vestigios de cordura, no sabe de las consecuencias de poner pie firme sobre la tierra, el efecto ultimátum de tantos tragos bebidos producto del impulso o el simple deseo de ser una más del montón y camuflarse en las falsas risas. Pero jamás creyó que el ingenuo deseo llegaría a aquel abismo. En aquel segundo por su mente pasan sólo dos cosas, su almohada y el deseo de olvidar.
Spiderman: La voz femenina atacó sus canales auditivos, la culpa se movía en cada uno de los rincones de su anatomía. No la conocía, pero sabía su nombre, que poseía una bufanda especial y que el miedo la carcome ante el peligro.Sin embargo, más no sabe, y lo poco que mantiene en su cerebro sobre ella lo carcome por dentro. Le habría encantado que aquellas facciones careciesen de un título, de un plan o de una carcajada apagada. “¿Tú querías que fuese yo, acaso?” cuestiona, responde a la pregunta con otra interrogante, intenta arreglar el camino destrozado que pudo haber proclamado como una amistad, mas ahora no reconoce las direcciones que deben seguir; si es que debiesen continuar con alguna. “Hubiese preferido que tu cara no tuviese nombre, sí, pero no es nada personal.” admite, intenta sonar tranquilo y sereno, mantener la calma que lo caracterizada desde que la infancia aún acusaba rasgos de inocencia. Alza una ceja ante el comentario femenino, no comprende, no entiende el sentido de sus palabras ni el nacimiento de una vergüenza inventada en su inconsciente; ¿acaso debía avergonzarse por besar los carmines contrarios? No. No lo hacía, el arrepentimiento figuraba entre sus emociones, sí, mas no una deshonra que los zafiros intentan encontrar tras su afiladas facciones. “¿De qué está hablando, Blue?” entrecierra sus orbes, busca una respuesta tras la inseguridad creciente que se apodera de la labia femenina, sin encontrar justificaciones. Clásica ingenuidad francesa, incapaz de ver los vasos rotos en medio de un desastre, acostumbrado a observar los espacios pulcros, carentes de grietas. Había hecho lo mismo con la contraria, y seguía haciéndolo, sin ser capaz de percatarse de lo destrozada que podría encontrarse el autoestima de su interlocutora. Lleva su mano hasta la muñeca femenina, intentando detener el movimiento de la de oscuras hebras, sin embargo, es lento y el agarre se hace imposible. Una vuelta a la cordura, a la realidad que intentó evadir entre tragos y risas carentes de sentidos, entre provocaciones que terminaron arrastrándolo hasta las paredes de blanca cerámica. Busca incorporarse, le toma algo de trabajo, mas no le importa; y se detiene allí, justo en el borde que lo hizo caer, manteniendo su mirada fija en las claridades de la fémina. “No me voy a ir.” continúa, insiste, se niega a descender sus brazos y aceptar cada una de los vocablos pronunciados. “No soy de las personas que dicen con quien se besó y con quien no, porque considero que es algo privado y no un premio. Así que de mi boca no saldrá nada, pero no por vergüenza, ni siquiera sé a qué viene eso.” intenta explicarse, pero aún se mantiene en un limbo que no le permite ordenar sus ideas. Una de sus manos se pasea por su rostro, intentando detener el flujo de las frías gotas trasparentes cayendo por su rostro, no obstante, la humedad de su cabello no se lo permite. “ni siquiera sé por qué alguien debería sentirse avergonzado por besarte a ti.” y la mira, estirando su mano para recibir alguna toalla, un gesto de ayuda o de presencia. “si alguien lo hizo es un pasado, bueno, no fui yo. Y probablemente la esté cagando más, pero estoy siendo sincero, es decir, estoy borracho, ¿no?” se burla de sí mismo, de su discurso mal estructurado y de las palabras que intentan solucionar aquello que está a punto de colapsar entre sus dígitos. “No eres alguien que me hubiese gustado besar ebrio, Blue. Pero no por eso alguien que no me hubiese gustado besar nunca.” se encoge de hombros, la sonrisa torcida aparece por sí sola, mas no cargada en sorna, sino en timidez. Una que suele atacarlo cada vez que las confesiones martillean en su cabeza hasta ser expulsadas.
Cruella De Vil: Los párpados caen y ocultan los ojos algo acuosos, no por lágrimas sino por cansancio y producto de la pequeña lluvia de la ducha, evasivas orbes que se ponen en el terapéutico conteo de la cantidad de cuadrados que se dibujan en las paredes: once, doce, trece, los cuenta en su interior, mordisqueando la mejilla derecha. “No hagas eso” y cuando dice eso se refiere claramente al juego de responder incógnitas con otras, crear un laberinto y perderla todavía más en una red que ella misma había tejido. Es hasta complicado de creer que es la misma mujer que hace minutos usaba las manos como garras y la lengua como arma, graciosos los efectos de ver sus paredes y enigma caer. Por un momento el silencio reina en sus labios, la tormenta de pensamientos y revolución de ideas llegan a la conclusión de que es beneficioso para ambos que él no sepa, no sacarle la venda de los ojos y que siga empapado en esa confusión que la protege al mismo tiempo “Nicolas, de verdad, no tiene que ver contigo nada de ésto, no busques solución a problemas que no están en tus manos, ¿por qué no haces eso con tus problemas?” una sonrisa amarga, sílabas algo trastabilladas, que emanan vacilación, el gesto débil, fácil de hacer desaparecer. Un juego de una mirada que sube y baja, que va y viene. “No pensé que le dirías a alguien, no tengo esa imagen de ti, eres buena persona, ya lo noté.” paulatinamente se encoge de hombros para restarle importancia a la situación que se diluye a cada segundo, marcando con más prepotencia la cercanía de un inminente punto final, de una fuga como está tan acostumbrada a hacer en los momentos donde el control no está en su poder y su cuerpo no le pertenece. “Ya, ¿por favor?” una sentencia con sus dos dedos movidos en dirección a la boca masculina, pero que no lo tocan ni cortan muros o distancias, es un ruego por parte de sus labios fríos y aterciopelados, ajenos al color del labial que desapareció en consecuencia a la templada agua que hace minutos le acariciaba junto a la locura. Porque cada palabra sus oídos la transforman en un discurso que se se le da a un sujeto que genera y despierta lástima, y el por favor es síntoma del deseo de no oír nada más. Sus ojos estudian la mano al hilo, al aire, acto seguido toma la misma toalla usada hace momentos, pero la acerca al pecho masculino a la espera de que por sí mismo pueda solucionar su situación e imagen desastrosa que ella refleja también. Y a la primera oportunidad, su cuerpo gira y se dedica a hundirse en cualquier distancia de la escena del crimen, alejándose a pasos apresurados que cierran la puerta detrás de su espalda y manos buscando calor en un propio abrazo en una caminata que se antojaba eterna.