( @jeremiahvanrosen )
Las hojas caídas de los árboles crujían bajo la suela de sus botas. Cada aliento que exhalaba se pintaba de blanco tan pronto tocaba el frío del exterior. Anochecía, y a pesar de que no había sido un día estresante quería variar de las recurrentes tazas de café a las que acudía, por lo que salió del edificio de maestros y se recargó en la pared exterior a un costado, a una distancia razonable de la presencia que notó en ese punto. “Tener que salir a este frío de mierda para fumar un cigarrillo es ridículo” señaló, colocando el cigarro entre sus labios y buscando en los bolsillos de su abrigo por su encendedor, del cual no hubo señal alguna. Gruñó, antes de dirigirse al extraño “¿Tienes fuego, hombre?”














