En cuanto tuvo la oportunidad, Cassian cargó la bláster y puso rumbo fijo. No se quitaba de la cabeza la imagen de Star-Lord, con cientos de remordimientos sobre los hombros, pero él era el capitán de la base. Debía demostrar que estaba comprometido con la causa y dar ejemplo. Por mucho que llegada la hora de la verdad no lo tuviese tan claro como el día en que firmó su sentencia de muerte; no tenía más opción que cumplir su misión.
No tendría que acercarse, mucho menos iniciar un enfrentamiento, con esperar y tener puntería certera sería suficiente. Nadie tenía por qué sufrir.
Pero no contó con perder el papel que con tanto ahínco había guardado desde su última misión con K-2SO, donde no solo se rebelaban los planes de la alianza rebelde, sino donde también se desvelaba el gran secreto que vincula a las Supernenas con Ego y su hijo. El mayor fallo de toda su trayectoria.
—¿De verdad le vas a disparar?
En cuanto reconoció la voz que intentaba frenarle, Cassian sintió la desesperación y la frustración adueñarse de él, pero hizo alarde de sus nervios de acero y continuó de espaldas para seguir al acecho del líder de los Guardianes.
—Estás interfiriendo en una misión de la Alianza Rebelde —pronunció como si nada—. No tienes permiso para estar aquí. Márchate, Blossom.
Su respuesta provocó que la pelirroja se enfureciera, dando un salto para caer frente a él. Dio un paso y clavó el cañón de su arma sobre su propio estómago sin siquiera parpadear, con la mandíbula tensa.
—Dispara entonces. Por la Alianza Rebelde. Dispara. Dispárame a mí también.
—¿Has perdido el juicio? —Apartó el cañón hacia un lado, tratando de guardar las formas—. Jamás os haría daño a ti o a alguna de tus hermanas. Especialmente a ti. Vete antes de que sea tarde. Estoy hablando muy en serio.
—Yo también soy hija de Ego. —El pecho de Blossom se hinchaba y deshinchaba de forma notoria. Intentaba controlar la rabia que sentía, puños prietos—. Dispárame. Yo también soy una amenaza.
Con aire desconfiado, el Capitán Cassian miró a su alrededor para comprobar que no hubiera nadie y la jaló por un brazo, obligándola a ocultarse tras los árboles. Su gesto se crispó.
—¿Cómo has...? —Se llevó la mano al bolsillo y comprobó que no llevaba el papel encima, lo que lo llevó a maldecir entre dientes. Su tono de voz se endureció—. Escúchame, no vuelvas a pronunciar esas palabras en voz alta. Nunca. ¿Tienes idea del peligro que correrías si alguien se entera de esto? O cualquiera de tus hermanas. Estoy intentando protegeros.
Se llevó una mano al brazo, con gesto malhumorado. Era incapaz de apartar la mirada de él, sintiendo como si un jarro de agua helada le cayera por encima cuando el capitan confirmó la información que ya poseía.
—¿Protegernos? Quizá alguna de nosotras seamos tu próxima misión. Quizá ya lo somos y por eso estás aquí. —Señaló a Jimbo en la distancia—. Si le disparas a él, no veo por qué no hacerlo con nosotras. ¿No has pensado que puede ser inocente o que ni siquiera lo sepa, como nosotras? Si le disparas te convertirás en uno de ellos. Creía que la Alianza protegía y luchaba por una causa justa. Creía que tú eras diferente.
Su respuesta se tornó ilusa para el capitán. Si Blossom realmente creía que habían llegado tan lejos a base de diplomacia y acciones pacíficas, entonces nunca había sabido a qué tipo de alianza pertenecía.
Aun así, sus últimas palabras le hirieron de verdad; ya no era especial a sus ojos. Ahora él sentía que le volcaban un jarro de agua fría, aunque fue capaz fingir que seguía impasible. Con la excepción de que, lejos de seguir con el brazo en tensión por si debía disparar, terminó de bajar el arma.
—A veces nos toca tomar decisiones que nos impiden volver a mirarnos del mismo modo. Ninguna causa está llena de santos, sino de personas dispuestas a hacer lo que sea necesario. Lamento mucho que hayas tenido que golpearte contra la cruda realidad.
—Espero que mañana Jimbo siga con vida. Él también tiene una familia que le quiere y que haría lo que fuera necesario por él. Y ahora cuenta con tres hermanas más.
Dio un paso hacia atrás manteniéndole la mirada por unos segundos, aunque en seguida la apartó para inclinarse hacia delante y soplar en dirección al arma que portaba Cassian, quedando repleta de hielo.
Al sentir el frío de pronto en su mano miró hacia su arma, ladeándola antes de dejarla caer al suelo, muy consciente de que había sido cosa de ella. Por unos segundos se atrevió a mirar a la pelirroja, consciente de que, en realidad, era incapaz de disparar. Desde primer momento hubo algo en esa misión que le encogía el estómago.
—Espero que tengas razón sobre él —pronunció.
—Espero que algún día tú te des cuenta —replicó Blossom.
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