La capacidad difusiva de un medio es proporcional a la ficha de sus financistas. La información es una venta de servicios al mejor postor.
También alcancé el rumor de que José Rubén Zamora había escrito algo sobre los infiltrados dispuestos a arruinar la manifestación pacífica, seguramente porque la protesta había trascendido de mera indignación a medidas de hecho simbólicas (en el Parque Central, los manifestantes habían arruinado la fiestecita cívica a los milicos e impedido izar la bandera) y de medidas simbólicas a enervadas medidas de hecho, que aunque al final reprimidas por agentes de las Fuerzas Especiales de la Policía, eran síntoma precioso de una desobediencia civil primigenia.Al regresar a casa, acompañado de mi hermana adoptiva, víctima lamentable de la pimienta policiaca, sintonicé la cobertura audiovisual de Nómada; esa mara no pierde el tiempo. Al día siguiente publicarían ese estúpido “flyer” que decía que no iban a permitir que los infiltrados les arruinaran su manifestación. O sea, la misma postura de Zamora y elPeladero, el cual en su edición del domingo 17 dice que fueron los infiltrados quienes habiendo secuestrado a los diputados habían arruinado la legitimidad de la manifestación ciudadana recurriendo a la violencia.
En síntesis, parece este ser el único punto de carácter geopolítico en el que todos los medios y grupos de la derecha organizada de carácter global (incluido el periodismo iconoclasta, los agitadores fascistas del tipo Méndez Ruiz y los intelectuales orgánicos del empresariado como Zamora) convergen últimamente. No extraña la tremenda preocupación de nuestro señor presidente por “la grave situación por la que atraviesa el pueblo venezolano (…) que deriva hacia la posibilidad de la ruptura del orden democrático, a la falta de garantías constitucionales, a la violación de los derechos humanos y a los continuos actos de violencia y persecución y represión política”[4]. Menos mal vivimos en Guatemala.
La impunidad en Guatemala tiene hitos que no deben ser olvidados. En la historia reciente el hito por antonomasia fue el golpe de Estado a Árbenz financiado por Estados Unidos y el emisario armado de las corporaciones estadounidenses & Co., la Agencia Central de Inteligencia (CIA). El derrocamiento de la llamada primavera democrática marca el resto de la historia de Guatemala, o sea, la que gestó la corrupción intestina, empoderó a los militares contrainsurgentes y a los capitalistas emergentes (en su mayor parte ilícitos) hoy perseguidos por la Cicig con la venia irónica del gobierno gringo.