¿Qué extrañas? Si jamás te regalo flores, jamas te dijo buenos días, siempre se encargo de arruinarte fechas importantes, cómo navidad, año nuevo, tu cumpleaños.
Siempre que te engañaba se indignaba y se alejaba, nunca estuvo en los malos momentos, cuando te sentías mal eran las veces que más se alejaba.
“Todo el mundo será tu enemigo, prníncipe de los mil enemigos, y te matarán si te alcanzan.
Pero antes tendrán que atraparte, a ti, que cavas y escuchas y corres, príncipe con la alarma presta.
Sé astuto e ingenioso y tu pueblo nunca será destruido.”
Mientras que las notas tan conocidas del piano pregrabado llenaban cada rincón del lugar, permitió que sus orbes celestes se fijaran en el techo de una habitación que nunca se había sentido como suya, más bien como una de las muchas otras en las que se había alojado alrededor del mundo. No se trataba de algo de lo que hablara, pero la realidad era que Maxwell no había logrado encontrarse con aquel sentimiento del que había escuchado de la boca de sus amigos, la cálida sensación del pecho y la tranquilidad de poder encontrar un lugar al que pudiese llamar hogar. De una u otra manera la mente del neoyorquino siempre se descubría a sí mismo vagando por aquellos sentimientos faltantes en su vida, patético ¿cierto?
Una de las muchas razones por las cuales sólo se permitía hacerlo en completa soledad, lejos de cualquiera e ignorando los recuerdos de sus padres, indicándole una y otra vez que, un Barlow, nunca se comportaría de aquella manera.
Y la invocación de aquellos disgustados rostros a su mente fue lo único que necesitó para terminar de decidirse a llevar el par de pastillas blancas que llevaba en su bolsillo a su lengua, ayudándoles a transitar por su sistema con un largo trago de la botella de vino de la cosecha favorita de su padre, finalmente, el pasar de los días sólo le habían confirmado, que no la necesitaría pronto.
Como cada vez que abría esa caja con todo lo que guardaba dentro de él, quiso identificar las razones por las cuales un respiro le había sido tan necesario.
¿La falta de su nana? ¿Las decisiones que había tomado? ¿Las decisiones que tendría que tomar? ¿Lo frágil que todo era? ¿La capacidad que tenía que arruinarlo?
El poder no era a lo que hubiese temido, al contrario, se trataba de algo que había ansiado desde que tenía memoria. Las conexiones, los movimientos y la presentación correcta era todo lo que le habían necesitado que necesitaría para conseguir todo lo que deseaba. Por supuesto que sus padres no se equivocaban, siguiendo aquellos consejos como si de una religión se tratase era la manera en la que el de cabellos rubios había conseguido todo lo que deseaba, pero sin embargo... algo había cambiado y podía notarlo. Tal vez no se trataba de algo reciente, pero aquella era la primera vez que podía notarlo con tanta claridad.
Las piezas que se encontraban sobre su tablero no se trataban de simples activos en el inventario de propiedades de su familia o de ceros vacíos sobre sus cuentas de cheques. Las piezas venían con rostros, sentimientos y vidas que ahora que los conocía tan bien, no deseaba echar a perder únicamente por sus deseos propios., pero ¿de verdad tenía que sobreponer los deseos de toda la facción que ahora llevaba sobre sus hombros en cada ocasión?
Sintió como su corazón se estrujaba y como aquella impotencia volvía a alojarse en desde su garganta hasta sus ojos... como siempre, prefirió adjudicárselo a los químicos que ahora transitaban por su cuerpo.
Pero que tonto era, ¿por qué le sorprendía?, finalmente todos con los que decidía abrirse, se decidían por mentirle en la cara, por ocultarle cosas u ocultarlo a él... hasta su propia madre lo había cambiado por un instructor de la quinta avenida cualquiera, ¿qué le hacía pensar que uno de esos rostros que tanto lugar ocupaban en su corazón ahora, no lo harían?...
Que pesados estaban sus párpados... ¿a quién mierda le importaba si nadie se quedaba?... él tampoco quería que se quedaran, no los necesitaba, los hombres Barlow no necesitaban de nadie... Maxxie, Maxxie, Maxxie... el pobre niño triste de los buenos ratos, ¿cuándo entenderás?