Mi crítica del concierto de la ROSS, con Juan Pérez Floristán y John Axelrod, anoche en el Maestranza.
seen from Malaysia
seen from Singapore
seen from China
seen from France

seen from Pakistan
seen from Türkiye

seen from United States

seen from Malaysia

seen from Malaysia
seen from Malaysia
seen from India
seen from Malaysia
seen from United States
seen from Malaysia
seen from Malaysia
seen from China
seen from China
seen from China
seen from India
seen from China
Mi crítica del concierto de la ROSS, con Juan Pérez Floristán y John Axelrod, anoche en el Maestranza.
Mi crítica del primer concierto de abono de la temporada de la ROSS anoche en el Maestranza.
Breve crónica de otro día de huelga.
Genios populares
[John Axelrod justo antes de la presentación de la temporada 19-20 de la ROSS. La foto es de José Ángel García]
La última temporada programada por John Axelrod para la ROSS lleva el título genérico de Genios y hay en ella mucho de esfuerzo por atraer a un público amplio, generalista. Será una temporada casi de Clásicos populares. Domina la música romántica y la típica estructura en obertura - concierto - sinfonía. Pese a los problemas presupuestarios, será también una temporada de solistas, pues de los 14 programas de abono sólo en uno faltará la participación del solista. Se echan en falta, en cambio, obras corales que permitieran la participación del Coro del Maestranza en un momento en el que el conjunto necesita de este tipo de actuaciones. Desechada por razones financieras la prometida Octava de Mahler, Axelrod no parece haberle encontrado acomodo al coro, posiblemente también por las estrecheces presupuestarias. Una lástima.
El maestro de Houston se reserva ocho de esos catorce programas de abono en los que parece que se fija la temporada de la orquesta (hasta hace dos cursos, no lo olviden, eran normales hasta 16). Para los otros seis programas, sólo repite el japonés Junichi Hirokami, que dejó un buen recuerdo en su paso por el podio de la ROSS en abril de 2018. De los otros cinco, el más conocido es sin duda el mexicano Enrique Diemecke (que dirigió ya a la ROSS, pero no en su ciclo de abono, sino en el foso del Maestranza, en una Tabernera del puerto de hace más de una década). Los otros cuatro directores (Eivind Gullberg Jensen, Daniel Smith, Benjamin Yusupov y Giuseppe Finzi) son perfectos desconocidos.
Solistas
En el apartado de solistas, abundan sin embargo las caras conocidas. De los cuatro violinistas, sólo será debutante la joven ucraniana de 25 años Anastasiya Petryshak, que tocará el infrecuente 6º concierto de Paganini. El canadiense Alexandre Da Costa abrirá la temporada tocando otra obra rara, el Concierto de Sigfried Wagner, hijo del autor de Tristán e Isolda, que rellenará programa con El idilio de Sigfrido y el Preludio y Liebestod de ese Tristán. Dirigirá Axelrod. La madrileña Leticia Moreno tocará el 5º de Mozart en un programa dirigido por Gullberg Jensen que completará Mendelssohn. Y la moldava Alexandra Cornunova hará el Concierto de Beethoven, que compartirá programa con la 4ª de Bruckner. Por cierto, sorpresa: será la única obra de Beethoven de toda la temporada de abono en año internacionalmente beethoveniano (en 2020 se conmemora el 250 aniversario de su nacimiento).
En su debut con la ROSS el violonchelista Adolfo Gutiérrez Arenas tocará el Concierto de Elgar (lo que ya anunció en este Diario hace unas semanas). Xavier Phillips hará el Primero de Shostakóvich y Enrico Dindo, el de Dvorák en un monográfico dedicado al compositor checo. Entre los pianistas brilla la nueva presencia del sevillano Juan Pérez Floristán (1º de Chaikovski). Repite también Andrea Lucchesini, que tocará en una misma sesión los dos conciertos de Chopin, que se ofrecerán junto a dos poemas sinfónicos de Liszt, uno de ellos (Los ideales) muy infrecuente. Finalmente, Tatiana Postnikova, la pianista de la propia ROSS, tocará junto a Natalia Kuchaeva, sevillana de adopción, El carnaval de los animales de Saint-Saëns en un programa francés dirigido por el australiano Daniel Smith.
Una novedad será la presencia del dúo de clarinetistas que forman los hermanos gemelos Daniel y Alexander Gurfinkel (nacidos en 1992) que tocarán un Concierto para dos clarinetes del tayiko Benjamin Yusupov, Images of the Soul, con la batuta de su autor, que completa programa con música rusa (Mussorgski, Chaikovski, Rimski). También actuará como solista el guitarrista José María Gallardo del Rey en el estreno de su Concierto para guitarra y shamisen titulado El Samurai de Sevilla. La temporada concluye con otro estreno de un compositor sevillano, Alberto Carretero, que presentará La bella Susona, sobre textos de Rafael Puerto. Como solista cantará la neoyorquina de origen portorriqueño Marisol Montalvo (¡la inolvidable Lulu del Maestranza en mayo de 2006!) y un octeto de voces del Coro del Teatro. La Sinfonía Patética de Chaikovski cerrará, en la segunda parte de ese programa, que dirigirá Axelrod, la andadura del maestro tejano como director artístico de la ROSS, un camino con muchas más luces que sombras.
Repertorios
Como decía al principio, el repertorio está lleno de obras populares. Los conciertos se han citado ya. Con respecto a las sinfonías, anoten: 3ª de Mendelssohn (la Escocesa), 4ª y 6ª de Chaikovski, 2ª de Sibelius (una lástima que se caiga otra vez en su obra más difundida, ¿para cuando un ciclo con sus indispensables siete sinfonías?), 1ª de Bizet, 9ª de Schubert, 4ª de Bruckner y 8ª de Dvorák. De cualquier forma se cuelan también algunas oberturas de grandes maestros, como el Hamlet de Chaikosvki o el Otelo de Dvorák, poco frecuentes.
Queda Mahler. Como no le han aceptado su propuesta con la Octava, Axelrod se ha reservado un programa mahleriano (el único sin solistas) en el que tocará Blumine, el movimiento eliminado en la versión final de la 1ª, Totenfeier, el primer movimiento de la 2ª, que tuvo, en una versión algo diferente, vida independiente como poema sinfónico, y dos de los movimientos lentos más difundidos del compositor, el Adagietto de la 5ª y el Adagio de la 10ª.
Cámara
El ciclo de cámara que patrocina ELI (English Language Institute) en el Espacio Turina tendrá trece citas. El crecimiento se debe a la celebración beethoveniana del fin de semana del 6 al 8 de marzo, que incluirá seis cuartetos del genio de Bonn interpretados por tres conjuntos diferentes. Del resto del programa cabe destacar la apertura con el Cuarteto para el fin de los tiempos de Messiaen, que se contrasta con el Trío elegíaco de Rajmáninov, la vuelta de un clásico navideño (el Royal Brass Quintet) y sendos monográficos dedicados a Poulenc y Nino Rota.
[Diario de Sevilla. 26-06-19]
Mi crítica del primer concierto del 9º programa de abono de la ROSS ayer en el Teatro de la Maestranza.
“Ha llegado el momento de que el coro del Maestranza se abra a la ciudad”
[Íñigo Sampil. Las fotos son de Belén Vargas, salvo la de una de las funciones de Il Trovatore del Maestranza, que es de Juan Carlos Muñoz]
Cuando cumple nueve años al frente del coro sevillano, el bilbaíno Íñigo Sampil afronta esta semana uno de los retos de la temporada, el segundo concierto de cámara del curso
Después de pasar por la Ópera de Bilbao y de estar tres años como correpetidor y pianista del Coro del Maestranza, Íñigo Sampil fue nombrado en junio de 2010 director del conjunto, el quinto que tiene el coro desde su fundación en 1995 y el que más tiempo lleva en el puesto. "Es sin duda el trabajo más significativo de mi carrera. La responsabilidad y la complejidad de la tarea son importantes. Es un puesto que requiere muchas habilidades. A lo mejor en ninguna de ellas soy especialmente brillante, pero en todas tengo que funcionar. Incluso a nivel político y psicológico. No siempre basta con lo que tú eres, no siempre vale eso, sino lo que transmites, lo que negocias".
-Acaban de terminar las funciones de El trovador de Verdi. ¿Cómo se han saldado desde el punto de vista del coro? -Ha ido bien. Es una obra que cogíamos con muchas ganas. Porque El trovador es la quintaesencia de la ópera. Les he dicho que es como la ópera estándar, pero a la vez es algo único. Es una ópera un poquito extraña, por su argumento, por su carácter sanguíneo. Y es muy variada, para nosotros también. Tiene fortes, a cappellas, tiene partes en las que hay que controlar mucho el color... La hemos trabajado mucho y estamos muy contentos con los resultados. Las críticas han sido muy buenas.
-Las críticas vienen siendo muy buenas desde hace tiempo. ¿El elogio debilita? -En principio, es positivo. Trabajamos mucho, y tener el reconocimiento de la crítica, del público y de los artistas con los que trabajamos te ayuda y te motiva a seguir trabajando, pero es verdad que tiene un punto en el que la gente puede pensar que está todo hecho, y eso es peligroso. En esto de la música en directo, un día que uno no tenga la concentración necesaria, en el sitio más aparentemente tonto y que siempre ha salido bien, puede haber problemas. Eso pasa. Tenemos que mantener la concentración todos los días y con ella, la regularidad. No en todas las funciones de este Trovatore hemos estado al mismo nivel, pero intentamos dar siempre el máximo.
-El próximo jueves ofrecen el segundo recital de cámara de la temporada. Después del que hizo la sección femenina, esta vez será la sección masculina del coro. ¿Echaba de menos estos programas? -Se echaban de menos, sí. Desde el punto de vista del coro es una oportunidad abordar un repertorio que tiene tanta o más riqueza que el repertorio operístico y sinfónico. El repertorio de cámara es una gran experiencia para nuestros coralistas, es un acicate y también una aventura. Tenemos casi 25 años de historia en la ópera, pero esto empieza a andar ahora. Por otro lado, es importante para la cultura de la ciudad. Igual estamos ocupando con estos dos conciertos un repertorio que no se hace tanto. En Sevilla hay mucho grupo barroco, pero este sector del repertorio está algo abandonado. El coro femenino hizo un programa con arpa y música de Brahms, Holst y Britten. El masculino ofrece un programa con obras de Schubert y Mendelssohn dedicadas a la noche. Ese es el hilo conductor, pero el programa tiene una gran variedad temática. Para nosotros es lo más difícil del año. Es un repertorio en el que puedes profundizar y no acabar. Esperamos que sea una experiencia que no termine aquí, sino que pueda tener continuidad.
-¿Es suficiente el repertorio sinfónico que hace el coro? -Me consta que el maestro Axelrod quiere contar más con el coro, pero a veces hay problemas de presupuesto, ya que normalmente las obras que requieren coro también necesitan solistas, a veces solistas de prestigio. Este curso ha estado bien, porque colaboramos en tres obras, hicimos Kaddish de Bernstein, el Réquiem de Mozart en el Amadeus del Lope de Vega y terminaremos con El sueño de una noche de verano. Sin embargo, la temporada anterior no tuvimos programas sinfónicos. Yo estoy comprometido con lo sinfónico. Hago un esfuerzo personal para que haya al menos uno o dos programas al año, porque es importante para la calidad del coro, pero también porque estamos para eso, la ciudad tiene que escuchar esas obras.
-John Axelrod habló en una reciente entrevista de la posibilidad de programar la próxima temporada una Octava de Mahler, que sería la primera vez por la ROSS y la segunda vez en la ciudad. Cómo está eso. -Están los planes, pero se trata de una obra extraordinariamente compleja. Hay cosas que cerrar, de solistas, de ubicaciones, de con qué coros contar, porque nosotros seríamos uno de ellos; el otro tendría que venir de fuera. Se ha hablado, pero a ver cómo se define y se cierra. Si no sale, tenemos algún otro programa sinfónico. Son importantes. El coro crece con ellos. Cuando montamos una ópera, musicalmente vamos creciendo hasta que llega la escena, entonces empieza a haber una cierta inestabilidad, porque hay que adaptarse a muchas circunstancias, los solistas, el maestro, las luces… A veces tenemos que bajar y volver a subir. En el sinfónico se trata de concentrarnos sólo en la música, es siempre subir.
-¿Recuerda algún momento especialmente complicado en estos nueve años, alguno en el que le saliera de dentro un espontáneo "¡madre mía!"? -No recuerdo ningún momento especialmente crítico. Pero madres mías hay dos o tres mínimo a lo largo de la temporada. Mi trabajo es muy fácil de hacer unos días y en otros empiezan a salir problemas por todas partes. Sí recuerdo algunas obras especialmente complicadas. Por ejemplo, en la segunda temporada hicimos el Requiem alemán de Brahms. Yo tenía mis dudas de si era el momento para que el coro lo cantase. Fue una experiencia difícil. Por suerte, lo dirigió Günther Neuhold, y el maestro nos ayudó. Era una obra en que necesitábamos que nos guiasen bien, que lo hiciesen fluido. La experiencia nos sirvió para crecer mucho. El año siguiente hicimos un Réquiem de Mozart con relativa facilidad. Posiblemente si no hubiéramos hecho antes el de Brahms eso no habría sido posible. Fue especialmente duro, porque es una obra kilométrica. La gente no estaba acostumbrada al estilo. Yo sabía lo que quería en cada nota. Otra cosa es que saliese. Esa obra es de las que recuerdo complicadas. Otra fue el Doctor Atomic, muy compleja musicalmente. Hubo que trabajarla, pero el coro la salvó, lo hizo muy bien. También recuerdo Tannhäuser, obra muy larga, que exige mucha energía. A veces hay obras grandes, con grandes masas complejas que necesitan mucho trabajo, pero una vez montadas, las cantas y no se aprecian tanto los detalles, pero el problema de Tannhäuser es que hay que cantarla muy bien, es muy transparente, sobre todo los a cappella, el coro de peregrinos y todo eso. Tuvo su fatiga.
-¿Hay problemas específicos derivados del idioma? Por ejemplo, en el repertorio eslavo. -El repertorio eslavo se hace poco en Sevilla. Hicimos Sarka de Janácek, que no es su ópera más representativa precisamente. Lo más interesante de la obra era casi la música coral, sobre todo la de las mujeres. Lo trabajamos y no salió mal. A veces es más complicado el francés. Es muy difícil de cantar. Es tan importante a la hora de hacer la música, las e abiertas, las e cerradas. Es que la correcta pronunciación es ya música, controlar que una sílaba tenga más peso que otra... Transmitir esto a un coro español cuesta, porque ese nivel de musculatura de movimiento para las vocales no es fácil. El alemán es más estable en ese sentido. El francés es de los que más cuesta. De ruso no he hecho nada aquí. A ver cuándo toca.
-El del Maestranza es un coro semiprofesional, ¿qué problemas acarrea eso a la hora de planear una temporada? -Uno de ellos es una cierta inestabilidad de la plantilla. Hay gente muy comprometida, que lleva mucho tiempo y tiene su vida adaptada al coro, y hay otra gente que no lo está tanto, y cuando vienen las apreturas, lo deja. Y claro, si se juntan dos o tres bajas importantes en una cuerda, puede cambiar la dinámica de esa cuerda.
-¿Cómo se trabaja para hacer que eso no se note, que la homogeneidad no se pierda? -Cuando entré hubo una cosa que yo quería corregir, la irregularidad. Yo llevaba tres años observando al coro como pianista y creía que podía mejorar eso. El teatro programaba de una forma que era difícil de asumir para el coro, porque había cosas que iban demasiado seguidas. A veces tienes que hablar con el teatro para ver cómo te pueden ayudar. A veces tienes que programar periodos de ensayo imaginativos para solventar los cuellos de botella que se producen. Luego había también cierta irregularidad entre los grupos de trabajo. No eran iguales. He intentado mejorar eso. Hablo cara a cara con cada uno de los miembros del coro sobre la temporada que tenemos por delante, su disponibilidad, y pretendo hacer grupos compensados. Como maestro del coro tienes que tener claro que cualquier cosa que hace el coro es importante. Primero, por el público y segundo, porque tienes que intentar transmitir que no hay obras importantes, que hay que hacer bien, y otras no tan importantes que bueno, las hacemos de cualquier manera, porque eso genera la sensación de que no importa si no das lo mejor de ti. Y eso es algo a evitar siempre. Recuerdo cuando hicimos Cristoforo Colombo en versión concierto hace unos años, y la gente estaba un poco aburrida, poco motivada, y yo tuve que estar ahí, apretando. Si haces Turandot es todo muy bonito, y la gente se pone las pilas enseguida. Pero hay que ponerse las pilas siempre. Y por eso necesitamos que haya audiciones continuas, necesitamos gente que entre y cubra bajas de los que lo dejan o tienen una actividad más esporádica. Necesitamos que haya gente que mantenga el nivel en cantidad y en calidad.
-¿Cómo se las arregla con los horarios, porque cada cual tiene su trabajo? -No es fácil, sobre todo porque se crean cuellos de botella. El Maestranza es complejo. Hay temporadas, la próxima puede pasar, en que hay meses excesivamente relajados y de repente, mucho trabajo. ¿Cómo se hace? Pues anticipando algunas cosas, aunque sabes que los cuellos de botella son inevitables. La planificación es algo que tengo que pensar mucho porque es parte importantísima de que los resultados sean buenos. Estoy ya planificando la temporada que viene, aunque no esté del todo cocinada. Pero me estoy haciendo una idea de lo que el coro estará haciendo en octubre, en noviembre... Hay por ejemplo una obra en junio que igual tenemos que empezar a trabajar en enero y luego retomarla en abril. Pero también hay que intentar que no haya mucho tiempo entre los ensayos y los estrenos. Si haces un ensayo suelto a falta de seis meses, la gente se olvida… No es fácil. Tiene su arte. También tienes que procurar no pasarte de ensayos. Necesitamos que los ensayos sean eficaces, y acertar exactamente con lo que hace falta, no programar cuarenta y que luego sobren veinte.
-¿Cómo han sido los primeros contactos con Javier Menéndez, el nuevo Director General del Maestranza? -Positivos. He tenido pequeñas reuniones en las que le he presentado el coro, hemos hablado de la temporada que viene… Él tiene experiencia en un teatro de ópera con un coro de naturaleza similar al nuestro. Está cocinando la temporada y las ideas de lo que quiere transmitir.
-¿Cuál es el repertorio que mejor le va al coro? -El italiano belcantista nos va muy bien, pero creo que la polivalencia es nuestra principal virtud. Sin ser un coro especializado en el Clasicismo cuando hemos hecho cosas clásicas las hemos hecho muy bien. Incluso el Gluck que hicimos o La princesa de Navarra de Rameau. Rameau fue una experiencia un poco extraña para mí, tuve que sumergirme en un mundo muy particular, el de las inégalités, los trinos... Es algo muy particular, mucho más que hacer Haendel o Bach.
-¿Cuáles son sus principales retos ahora mismo? -Esta semana tenemos uno muy importante. Pero me gustaría que el coro tuviera más presencia independiente activa. En los 90, tras la apertura del teatro, tras la Expo, la gente venía casi sin que tuvieras que hacer nada. Ahora nos tenemos que ofrecer más a la sociedad y no esperar que las cosas nos caigan del cielo. Creo que ha llegado el momento de que el Coro del Maestranza se abra a la ciudad. Tenemos esto que estamos haciendo bien y hay que mostrarlo. Todos los miembros del coro tienen una calidad. Estas 80 personas tienen su calidad. No es que mañana puedas coger a otras 80 y vaya a funcionar igual. Estaría bien mostrar esto a la ciudad.
-¿Qué obras le gustaría hacer? -Hay muchas, aunque si las pienso como maestro de coro traerían muchos quebraderos de cabeza. Por ejemplo, Boris Godunov me encantaría, pero no sé si estamos preparados para una obra como esta, en la que el coro es tan importante. Lady Macbeth de Shostakóvich sería otra, pero también es complicada. Un reto sería hacer Carmen. Imagino que llegará en algún momento. Sería un reto importante, el coro estaría muy motivado para hacer eso especialmente bien. Peter Grimes también me gusta mucho. Y creo que está en el límite del coro. El sonido no es el mismo que en Boris Godunov; el sonido de Boris no lo tenemos todavía, pero si el coro sigue creciendo y se dan las circunstancias adecuadas, el de Peter Grimes, sí y podría salir bien. Me gustan mucho Jenufa de Janácek o Idomeneo de Mozart. Son dos obras que podríamos hacer muy bien. También me apetece Lohengrin, pero tampoco es fácil. Lo cierto es que me gustan cosas que son un poco marrón para el coro.
-Ahora mismo tiene un contrato indefinido con el Maestranza. ¿Se ha planteado alguna vez buscar otro proyecto? ¿Ha tenido propuestas? -Alguna oferta ha habido. Y en algún momento puede ser bueno tanto para mí como para el coro que haya un cambio, pero de momento no se da. Tenemos la ventaja de que nos conocemos y hay cosas que así son más fáciles. A corto plazo no lo veo. A medio plazo es algo que puede surgir. No sé cuándo la relación se romperá. Pero ahora mismo estoy bien.
-Un deseo. Algo que supondría un salto adelante para el coro. -Se me están ocurriendo muchas cosas. Porque siempre es posible mejorar. Y claro que hay cosas mejorables. En el teatro estamos valorados, pero el coro, como le pasa a la ROSS, no deja de ser una entidad que no forma parte del teatro. Hay algunas cosas de entendimiento con el Maestranza que podrían mejorar. A veces echo en falta un poco más trabajo de equipo dentro del teatro. Espero que con Javier Menéndez eso pueda ir mejorando. Luego, tengo gente muy heterogénea en el coro. Si todos tuviésemos la ambición, el carácter y la capacidad de sacrificio de algunos de mis coralistas, si eso lo tuviésemos todos, seríamos un coro impresionante. Nadie es perfecto. Tengo gente con una motivación por mejorar increíble, que incluso van por delante de mí. Yo comprendo que no todo el mundo es igual, no todos tienen el mismo empeño, y que para muchos el coro es sólo una parte más de su vida. Pero a veces lo pienso, si ese espíritu de los más comprometidos lo tuviésemos todos, sería algo extraordinario.
[Diario de Sevilla. 1-04-2019] [1 / 2]
“La música es la voz de Dios”
[Pepe Romero en la Elbphilarmonie de Hamburgo el 12 de marzo de 2019. La foto es de Maarten Ederveen]
Con 75 años recién cumplidos, el guitarrista Pepe Romero pasea por Alemania, en compañía de la ROSS y John Axelrod, la música de Rodrigo, Moreno Torroba y Sabicas
Tras su exitoso debut en la aún reluciente Elbphilharmonie de Hamburgo el pasado martes, el día en que la gira de la ROSS pasa por Colonia resulta duro, por los viajes y la exigencia de los horarios, pero Pepe Romero (Málaga, 1944) no deja de mostrarse amable y sonriente durante esta entrevista que tiene lugar entre el hotel donde se ha retirado a descansar unas horas y el autobús que lo lleva, junto a los miembros de la ROSS, a la Kölner Philharmonie, el auditorio en el que esta noche continúa su gira alemana de todos los años.
-¿Cuántos años ya? -Pues si tiene en cuenta que mi primer concierto lo di con 7 años, figúrese. Y si tomamos desde la fundación de nuestro cuarteto, han pasado ya sesenta años. Toda una vida.
-¿Y por Alemania? -La primera vez fue en enero de 1970, y desde entonces no he dejado de venir. Al principio era cada dos años, luego cada uno. Ya llevamos muchos años que venimos. Yo vengo siempre, o con el cuarteto o solo. No falto.
-Y esta vez ha sido con una orquesta española. ¿Se nota la diferencia? -Para celebrar mis 75 años qué mejor que un programa español con una orquesta española, además la de Sevilla. Porque yo nací en Málaga pero pasé mis últimos años en España, antes de marchar a California, en Sevilla. Me fui con 13 años, y de los 9 a los 13, años formativos básicos, muy fuertes, los pasé en Sevilla. En el año 70 empezamos a volver por España. Y ya es una relación continua entre los Estados Unidos y España. Tengo además casa en Granada. Para celebrar esos 75 años era importante que la gira fuera con la orquesta de Sevilla, que representa todo lo que son mis raíces, lo que es la guitarra
-Hace diez años hizo ya usted, como miembro del Cuarteto Los Romero, una gira por Alemania y Austria con la ROSS. ¿Ha notado cambios significativos? -Hace 10 años hicimos una gran gira, es cierto. Pero por supuesto que se notan cambios. Entonces fue con Pedro Halffter de director y esta vez es con John Axelrod. El maestro es una parte fundamental, es un tercio del total. La orquesta reacciona de forma muy diferente de un maestro a otro. Y yo estoy felicísimo con esta gira, con la otra también, que conste. Pero me voy muy feliz con la orquesta y con el maestro Axelrod. Hemos conseguido una unión musical muy natural entre los tres.
-Una unión que se ha fraguado en muy poco tiempo. -Es que esto es así. O se fragua en poco tiempo o no se fragua en absoluto. O es o no es. Y la conexión ha sido total.
-Usted es un guitarrista clásico. -Absolutamente
-Pero ¿lleva algo de flamenco dentro? -En este programa hay mucho de flamenco. Porque el concierto de Federico Moreno Torroba se titula Concierto en flamenco. La parte de la guitarra es música de Sabicas. Y Sabicas fue un gran intimo amigo de toda mi familia y mío. Yo siempre he sido un enamorado del flamenco, y el flamenco ha sido una fuente de la que han bebido no solo compositores sinfónicos españoles sino de todo el mundo: Albéniz, Falla, Granados, Torroba, Rodrigo, Debussy, Ravel, Glinka, Rimski-Korsakov y otros muchos se han sentido inspirados muchas veces por el flamenco. En esta obra, Torroba se mantiene muy fiel a sí mismo en su lirismo y su manera de orquestar, de componer, pero mezcla todo eso con una música que no es aflamencada, sino que es flamenco. La parte de la guitarra está basada en un disco de Sabicas que se llama Flamenco puro, y con eso está todo dicho. Fue en Sevilla donde nació mi gran amor por el flamenco. En Málaga escuchábamos cosas en la radio, pero en nuestra casa no teníamos grandes amigos de flamenco. Sin embargo en Sevilla nos hicimos amigos de toda la familia flamenca, de La Niña de los Peines, Manolo Caracol, Arturito Pavón, Paco Ávila, el Niño Ricardo, Manolo de Huelva, una amistad que ha continuado entre los flamencos y mi familia y que ha continuado conmigo, mis mejores amigos son Manolo Sanlúcar, era Paco de Lucía, Enrique de Melchor... Siempre ha existido gran amistad y una admiración mutua entre los flamencos y los clásicos.
-¿Se siente, junto a su padre y sus hermanos, responsable de haber introducido la guitarra española en los Estados Unidos? -En cierto sentido, sí, porque por las grandes ciudades americanas si habían estado ya Llobet, Segovia y otros, pero nosotros llevamos la guitarra a todas las esquinas del país. Llegamos a California en 1957 y desde 1959 nos cruzamos el país de este a oeste y de arriba abajo.
-Fueron años duros. -Fueran años muy bonitos, pero es cierto que salíamos de casa y teníamos doscientos conciertos seguidos o más y eso un año tras otro. Luego las giras siguieron, y siguen ahora, pero ya no con esa dureza, claro está.
-75 años cumplidos el pasado día 8, y de jubilación ni hablamos, ¿no? -De la música y de la guitarra uno no se jubila nunca. Puedes dejar los conciertos, pero no te jubilas. Todos los colegas que conozco que se han retirado de los conciertos siguen entregados a la música.
-¿La música ayuda a mantenerse física y mentalmente? -La música ayuda a conectarte con tu propio espíritu. Cuando una persona se conecta con su espíritu pasan cosas maravillosas y ese es el gran poder que te da la música. Pasamos la vida sin entrar dentro de nosotros, sin conocernos. Pero con la música... Mire, la música es la voz de Dios, la voz que nos une. Fíjese, en este autobús vamos ahora muchas personas, cada uno pensando en lo suyo, pero en unos minutos vamos a estar juntos, unidos a una misma vibración y sintiendo con atención lo que siente el otro, y uniendo el sentimiento del otro al tuyo para que en perfecta armonía y en perfecta coordinación rítmica y de sonido salga algo bello, que es la expresión de muchas personas sintiendo lo mismo al mismo tiempo.
-Para un guitarrista, abrazado a su instrumento, ¿esa vibración es especial? -Claro. Es que a la guitarra la tienes abrazada. El guitarrista no solamente la escucha, sino que la siente, porque la guitarra tiene una vibración que te penetra. Aprendes a sentir eso, porque esa vibración la sentimos todos cuando escuchamos música, pero no lo apreciamos, pero el guitarrista sí, porque es algo que está sintiendo físicamente.
-¿Cuántas veces ha tocado el Concierto de Aranjuez? -Yo diría que más de mil veces.
-¿Cómo hace para no convertirlo en algo rutinario? -La música es amor. Tú tienes que tener una relación con la música. El Concierto de Aranjuez es una obra perfecta, bellísima, genuina, inspirada, le llega igual al que no entiende nada de música que al más experto musicólogo. Y tú tienes una relación con esa obra. Es casi como un matrimonio. Cada vez que la tocas te compenetras más. En vez de volverse rutina se convierte en un sentimiento más fuerte. Yo, que lo he tocado mil veces en público y no sé cuántas ensayándolo, no lo toco nunca ni lo he tocado jamás tomándomelo a la ligera, como algo que ya me sé y puedo improvisar; le tengo un enorme respeto y siempre que lo toco estoy muy atento, porque necesito escuchar la voz del concierto, lo qué me está diciendo en cada momento, porque siempre te dice algo nuevo.
[Diario de Sevilla. 16-03-09]
Embajada sinfónica
[Pepe Romero, John Axelrod y la ROSS saludan al público de la Elbphilharmonie de Hamburgo el pasado martes]
En su cuarta cita de la gira que la mantiene aún en Alemania, la ROSS actuó en la Kölner Philharmonie, la principal sala de conciertos de Colonia
Tras diez años sin salir de España, la ROSS vuelve a estar de gira. Cierto que el conjunto se mueve en formación de orquesta clásica, una cincuentena de profesores, y básicamente para arropar al guitarrista Pepe Romero en su 75 cumpleaños. No menos cierto que el recibimiento en las primeras etapas de la gira está siendo extraordinario.
Apenas tres horas antes de que el conjunto ofreciera el miércoles en Colonia su cuarto concierto del tour, John Axelrod comentaba emocionado el impacto de la noche anterior en la Elbphilharmonie de Hamburgo, un auditorio que, inaugurado en 2017, es ya centro emblemático de la música europea: “Todas las entradas vendidas. Tres salidas a escena entre ovaciones”. En Düsseldorf y Bremen, que precedieron a Hamburgo, la reacción del público fue, según cuentan, similar. Y Axelrod continúa: “¿Por qué tenemos que salir a Alemania para vivir esto? ¿Por qué no en Sevilla, por qué en la Cartuja, en la presentación de la gira, había 500 personas y la sala de Hamburgo estaba llena, más de 2000 espectadores?”.
Para entender el éxito de la ROSS y Pepe Romero en Alemania la cita de Colonia puede servir como referencia. El conjunto actuará en la Kölner Philharmonie, un edificio levantado en 1986 en la ribera del Rin, junto a la catedral, el Museo Ludwig de arte moderno y la Estación Central de ferrocarril. Con una sala principal en forma de anfiteatro y aforo para 2000 espectadores, el centro es la sede de las actuaciones de las dos grandes orquestas sinfónicas de la ciudad, la de la Radio del Oeste de Alemania y la Gürzenich. Sólo en marzo hay programados 41 conciertos de distintos estilos de música, aunque predomina la clásica, con intervenciones de grandes figuras del panorama internacional (Currentzis, Gergiev, Sokolov, Villazón, Queyras, Aimard...). Y esto es así todo el año.
Para Axelrod, la diferencia con Sevilla no tiene que ver con el público: “No podemos culparlo. Échele la culpa a la falta de promoción, de márketing, de capacidad para retener a los abonados, a la escasez de personal. La ROSS debería ser el orgullo de Sevilla, su gran embajadora cultural. Es la joya de la corona. Pero si quieres aspirar a ganar la Champions tienes que invertir en los mejores jugadores. Los políticos tienen que decidir si quieren que la ROSS aspire a competir con las mejores orquestas de Europa o conformarse con mantener un conjunto básico. Venimos a Alemania y tenemos éxito, pero en realidad llevamos cuatro años de éxitos y nada ha cambiado”.
El del concierto resulta, de todos modos, uno de los ritos sociales más asentados entre los alemanes. Al auditorio de Colonia, la gente empieza a llegar una hora antes de la hora prevista para el inicio, cuando se abren las puertas, compra su programa de mano y se reúne con los amigos y conocidos entre copas de vino y canapés. En apariencia, este público no tiene nada de especial, es socialmente tan variopinto como el que puede verse en nuestros auditorios y su edad media se aproxima también peligrosamente a la de la jubilación, pero mantiene una capacidad de entusiasmo que se aprecia en los pequeños detalles, en la forma de acompañar sin ningún complejo la salida de la orquesta con aplausos, en la reacción vehemente cuando Pepe Romero aparece en escena. A los alemanes, que esta vez no llenan la sala –aunque no se anduvo lejos de hacerlo: quizás se reunieran 1500 personas–, parece en efecto fascinarles la guitarra tanto como los ritmos que Torroba tomó de Sabicas para su Concierto en flamenco, en especial los de las Alegrías de Cádiz, que provocan de improviso la primera gran ovación de la noche.
Tras la pausa, el Concierto de Aranjuez trae el delirio, y el público despide a Romero puesto en pie. Axelrod insiste en que la gira “aumentará la visibilidad del perfil de la ROSS como una orquesta de primer nivel” y se esfuerza en agradar. Lo hace con una soberbia Suite nº2 de La Arlesiana de Bizet, cuya vigorosa Farandole de cierre arranca un nuevo estallido de entusiasmo y con una Habanera de Carmen de propina que congela a muchos en el acto de marcharse. Y el director americano aún se guarda una última carta de seducción: repite la Habanera, pero invitando a los espectadores a tararear la melodía, y allá que se lanza el aficionado de Colonia, desinhibido, gozoso, con una alegría casi infantil. Quizás en unos años algunos recuerden aquella noche en que una orquesta sevillana y un director tejano los hicieron cantar al amor, ese pájaro rebelde que no se puede enjaular.
[Diario de Sevilla. 15-03-2019]