El CAI Zaragoza no ha conseguido nada todavía -en la presente temporada, se entiende-, pero este miércoles lo pareció. El conjunto aragonés vapuleó en el Príncipe Felipe al todopoderoso Alba de Berlín (75-50). A un histórico. A un gigante. A uno de los equipos 14 conjuntos europeos que pueden seleccionarse en el NBA 2K14. Los pupilos de José Luis Abós vencieron, convencieron y emocionaron. No fue un puñetazo en la mesa, no. Fue más allá. En la hipotética negociación, los aragoneses se levantaron de sus sillas y arrojaron el tablero por la ventana antes de despedirse con un portazo sin que el oponente pudiera, si quiera, abrir la boca. Juego coral y tensión defensiva como en el mejor pico vivido la pasada temporada. Un partido redondo, en el que una matrícula de honor general resulta justa. Palabra.
Había dudas. Ya no las hay. 'Shambala' trasladado al estado anímico. Porque puede volver a haberlas. O quizá ya no. Todo dependerá, como siempre, de próximas sensaciones y, más tiránico, resultados. Especialmente, del que surja el próximo miércoles, en un trascendental choque ante el Telekom Bonn por el que pasan todas las opciones zaragozanas de continuar en Eurocup. Todo o nada. Pares o nones. En la ruleta, aquí se apuesta al rojo. Al menos, claro, hasta que los uniformes negros vuelvan a escena.
Cuando las cosas no salieron como se esperaba, varios fueron los frentes abiertos. Ahora ya, seguramente, cerrados con la contundencia del carpetazo. Ese rotundo sonido producido por la goma, estirada hasta su tope, al golpear el cartón y que no deja lugar a réplica alguna. Desde veteranos como Roll, Rudez, Llompart o Stefansson hasta caras nuevas como Sanikidze o Shermadini han generado comentarios acerca de su rendimiento en pista. De fondo, siempre, la accidentada pretemporada vivida y la dificultad de conjuntar al grupo una vez subidos al carrusel de dos partidos semanales existente en el presente curso. Dentro de esta afección, especialmente importancia posee el papel del base. El bajito en un mundo de gigantes. Generalmente, la extensión del entrenador sobre la pista. Un papel que, en la presente temporada, ha sido asumido por un recién llegado; Jonathan Tabu. Con la dificultad que ello implica. Nuevos compañeros, nuevos sistemas, nueva competición. En su blog de la Eurocup, el armador belga reconocía que, debido a su experiencia en la liga italiana, le estaba constando adaptarse al mayor ritmo que este año quiere aplicar el CAI. Velocidad en la que, más de una vez, terminó estrellado. No pasa nada, nadie aprende a andar sin antes tropezar y a Tabu, este año, se le exige correr.
Los errores fueron evidentes y las dudas razonadas. Mientras el belga aumentaba las revoluciones de su motor interior, muchas veces gripó sobre el parqué. Pérdidas de balón absurdas, decisiones erróneas y una incapacidad pseudo crónica para pausar partidos que los rojillos parecían tener encarrilados pudieron desesperar. Denegar los partidos de cortesía que todo jugador necesita antes de ser juzgado, más si se trata de un posición polifuncional como la de 'uno'. Poco a poco, el CAI va conociendo a Tabu y, lo que es más importante, Tabu va conociendo al CAI. Ahora sabemos que es un base más anotador que pasador y que posee un gran lanzamiento de tres puntos -42% en ACB y 73,7% en Eurocup-. Es capaz, por tanto, de dinamitar partidos él solo y, además, a pesar de que por físico pueda sufrir, se aplica duro atrás. Su trabajo sobre Talor Battle en los dos partidos ante Mons fue vital. Contra el Alba de Berlín, junto a la obra coral de sus compañeros, logró que David Logan, estrella germana, anotara un único lanzamiento. Además, aunque no esté en su mano, su partenaire, Pedro Llompart, parece ir fortaleciendo poco a poco. Algo que, sin duda, debe ayudar a que el belga pueda hacer brillar sus virtudes y logre disimular sus vicios.