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@merki
A vueltas con Drake Diener
¿Qué le pasa a Drake Diener?
Supongo que no habrá seguidor del CAI Zaragoza que a estas alturas de temporada -todavía comienzos, cabe recordar- no se haya formulado dicha cuestión en su cabeza.
¿Si es tan bueno, y su carrera así lo acredita, por qué no funciona?
Lo cierto es que los condicionantes para que un jugador encaje en un equipo determinado son varios y difíciles de determinar. Pueden ir desde cosas obvias, como un mal momento de forma o confianza, hasta cuestiones complejas que pasan por el plano personal. Aunque en muchas ocasiones, la pregunta no solo tiene una única respuesta y es complicado que salga a la luz pública.
Desde la lejanía, solo tenemos la certeza de que los 14 minutos que jugó contra la Penya (anotando dos únicos puntos habiendo realizado tres tristes lanzamientos de campo, 1/1 en T2 y 0/2 en T3) no son suficientes para el, posiblemente, jugador con mayor cartel que jamás ha fichado el CAI Zaragoza (al menos entre los ya consagrados). La cosa no se queda en un partido puntual, pues ante el Real Madrid firmó una estadística similar (0/2 en T2, 0/2 en T3 y 2/2 en TL en apenas 16 minutos de juego).
Sin duda, cuando el pasado 22 de agosto el CAI anunció el fichaje del norteamericano, las expectativas eran otras.
¿Esta a gusto Diener en Zaragoza?
Curiosamente, el escolta es uno de los jugadores designados por la Eurocup para mantener un blog en el que ir contando su semana a semana. Como parte de la previa del enfrentamiento de los rojillos contra el Venecia, en el que es su regreso a Italia, el jugador publicó una entrada de título sospechoso.
“Magníficas noticias para el CAI Zaragoza”
Lo cierto es que, tras la lastimosa derrota ante el Joventut, no parece el inicio ideal. No obstante, uno que ya tiene algunos tiros en esto de la edición, casi podría asegurar que ese título ha sido puesto desde la página de la Eurocup, seguramente por alguien ajeno al clima de preocupación que yo parezco percibir desde Zaragoza.
En su entrada, Diener habla de lo bien que le va al equipo en Eurocup -no le falta razón- y muestra el principal motivo de su felicidad.
“Tengo mejores noticias (que los resultados deportivos). ¡Mi mujer y yo estamos esperando un bebé! Será nuestro tercer hijo y nacerá en marzo. No sé si será un chico o una chica, pero sé que nacerá en Zaragoza. Los otros dos nacieron en Italia, y se están adaptando muy bien a su nueva ciudad. Como he dicho en otras entradas, se trata de la ciudad más grande en la que he jugado. Zaragoza tiene muchos parques, zonas de recreo, centros comerciales y cosas así. Mi familia se ha adaptado muy bien a la ciudad y estamos disfrutando mucho aquí”
Leyendo esto, cualquiera piensa que su adaptación a la ciudad es buena. Diener está feliz en Zaragoza, también su familia -tema nada baladí, se han visto casos en los que jugadores extranjeros han preferido que sus esposas tengan a sus hijos en sus países de origen- y habla en clave futuro.
Entre otras muchas cosas, también habla de la química de equipo existente.
“Tenemos un gran grupo de tíos aquí y nos llevamos muy bien. ¿Conocéis el juego del Risk? Cuando estamos de viaje solemos jugarlo en el iPad, y es muy divertido. Solemos jugar cinco o seis, y yo soy el número uno. Estas sesiones de Risk son una parte importante de nuestra temporada (...)”
La otra vertiente por la que Diener quizá no rinde como se espera es la deportiva. Si alguien pide mi opinión, creo que no se juega lo suficiente para un anotador de tal magnitud.
En el Periodico de Aragón, Raquel Machín habló con el escolta a modo de previa del compromiso de Eurocup. El norteamericano dice no estar preocupado por sus números, aunque sí realiza una declaración que llama la atención.
“Estoy bien, sé que en cuanto a anotación no estoy dando todo lo que puedo dar pero siempre intento hacer lo posible por ayudar al equipo. Sin embargo, en Badalona no hice por ayudar al equipo y eso es frustrante. Contra el Ulm solo anoté dos puntos pero sí hice algo más. Tengo un rol diferente al que he tenido a lo largo de mi carrera y tengo que ajustarme a él”
¿Cuál es el nuevo rol de Diener en el equipo? ¿Qué es eso nuevo que le pide Ruiz Lorente a un jugador tan contrastado como él?
A pesar de que la situación es totalmente reversible, el CAI no está bien. Lograr una versión reconocible de Drake Diener debería ser el primer paso hacia la recuperación.
La ‘guerra santa’ de Halil Kanacevic
El baloncesto universitario está plagado de pequeñas pero encarnizadas rivalidades que lo hacen apasionante. Por eso, pese a que todas las luces se las lleva el gran torneo de marzo, lo cierto es que los partidos con más ambiente se juegan antes. Con el paso de los años, algunas instituciones, que normalmente comparten Conferencia, generan una historia en común que se va heredando entre generaciones. Sin embargo, algunas enemistades van mucho más allá.
Es el caso del llamado Big Five. Una competición no oficial entre las cinco universidades más importantes del área metropolitana de Philadephia: Pennsylvania, La Salle, Saint Joseph's, Temple y Villanova. Todos los años, durante la temporada regular, los cinco equipos, que está encuadrados en cuatro Conferencias diferentes, juegan entre ellos y se disputan un campeonato informal. Informal, sí, pero tremendamente importante. “Quien diga que ganar el Big Five no es un trofeo, no es de Philadelphia”, dice el lema.
Por su fuese poco, dentro de esta enorme rivalidad local subyacen otras tramas individuales. Un sub texto dentro del sub texto, el culmen de la competición deportiva. Es el caso de la relación existente entre Villanova y St. Joseph's. Dos instituciones que empezaron a jugar entre ellas en la década de 1920, mucho antes de que el Big Five se estableciese. Debido al carácter religioso de ambas universidades -Villanova pertenece a los agustinos mientras que St Joe's, como es conocida, es de inspiración jesuita-, cada partido entre Wildcats y Hawks es conocido como 'Holy War' -la guerra santa-. No sé si santa, pero los enfrentamientos en ocasiones sí son una auténtica batalla.
Fue el caso de la edición de 2012, jugada en casa de Villanova. Halil Kanacevic, defendía entonces los colores de St. Joseph's, que a mediados del segundo tiempo se mantenían en el partido a pesar del ambiente hostil. La tensión era máxima cuando, con 10 minutos por jugarse, el ahora pívot rojillo conseguía anotar un triple que daba aire a los suyos. ¿Su celebración a la rabia contenida? Una doble peineta dirigida a la sección estudiantil del pabellón, conocida como 'Nova Nation'.
El gesto, claro, escandalizó al país. No hay que olvidar que, a pesar de todos los intereses que envuelven a este tipo de encuentros, en el fondo no deja de ser un encuentro entre dos equipos universitarios. Esto es, dos instituciones dedicadas a la enseñanza. El jugador, un hombre de fuertes valores familiares, explicó que, durante todo el partido, el sector en el que se sitúan los estudiantes locales se había estado metiendo con su madre. Algo que le había llegado a sacar de sus casillas. No obstante, merece reseñar que, poco después, Kanacevic se mostró arrepentido, aceptando la sanción impuesta por la propia Saint Joseph's de dos partidos sin jugar.
Curiosamente, aquellos dos partidos en la grada impedirían que su tío Rizo, que había viajado desde Montenegro para verle jugar, pudiese cumplir su propósito de ver a su sobrino jugar en directo. Es el motivo por el que, la siguiente temporada, el pívot pasó a lucir el número 45 que ahora le acompaña en el CAI Zaragoza. Esta historia está mejor explicada en la edición número 98 de AD Basket.
¿En cuanto al partido? A raíz de la doble peineta ejecutada por Kanacevic la presión ambiental se volvió insoportable. Así, a falta de dos minutos para terminar, St. Joe's iba ganando por 58-61. Kanacevic, totalmente fuera del encuentro, perdió el balón y permitió que la cosa se estrechase (60-61). En la siguiente posesión, el pívot rojillo evidenció que la situación le había sobrepasado y falló dos tiros libres. En la otra canasta, con medio minuto por jugarse, el escolta de los Wildcats James Bell mostraba sangre fría y mataba el choque con un triple (63-61). Por si fuese poco, Kanacevic todavía volvería a perder la bola una vez más, aunque esta vez tras una mala jugada colectiva de los Hawks. Bell, otra vez, esta vez desde el libre, rubricó el 65-61 con el que terminó el choque.
James Bell. El mismo que este miércoles se enfrenta al CAI como jugador de Sluc Nancy.
Asunto de familia
Hay familias en cuyo escudo heráldico debería aparecer un balón de baloncesto. En Zaragoza lo sabemos bien. Estirpes como los Arcega o los Angulo son la perfecta muestra de que la pasión por el baloncesto se pasa de padres a hijos y se contagia entre hermanos. En el patio de colegio de una sociedad dominada por el fútbol, ser el niño que se flipa por el basket suele convertirse en rasgo característico de la personalidad. Poder compartir esa pasión más allá de la cancha, por lo tanto, no hace más que reforzar todavía más los lazos existente con este hipnótico juego. O al menos eso me figuro yo, que soy hijo único y no tengo ni pajolera idea de lo que supone tener un hermano.
Sin embargo, hay veces que ese binomio sangre y baloncesto se lleva hasta el paroxismo. Difuminando los límites a priori claros que existen entre uno y otro para formar una amalgama común en el que la pelota naranja pasa a ser una rutina familiar más. Como desear los buenos días por la mañana o pedir pizza el domingo por la tarde porque a nadie le apetece cocinar después de una dura semana. Este es el caso de los Baron, una familia que creció junta pero que, sobre todo, jugó junta.
Jimmy Baron no necesita presentación. Ex jugador de GBC y Fuenlabrada, entre otros, acostumbra a hacerle un roto al CAI Zaragoza cuando su camino se cruza con el del club aragonés, que básicamente es todos los malditos años. Este curso, el escolta estadounidense milita en las filas del Spirou Charleroi que, como no podía ser de otra forma, será el encargado de abrir la presente edición de la Eurocup en el pabellón sin nombre. Aunque el bueno de Jimmy no estará esta vez sobre el parqué a causa de una lesión.
La marea roja respira, pero por poco tiempo. Un vistazo rápido al roster de los belgas en seguida ofrece un dato revelador. Con el dorsal número 10... Billy Baron. Sí. Hermano de Jimmy -el pequeño concretamente-. Y sí, tirador letal, como no podía ser de otra forma. ¿Que por qué no podía ser de otra forma? Pues porque al igual que el mayor de los Baron, Billy lleva en su juego la firma de su progenitor, Jim Senior. Quien, además de los genes, pone la técnica, pues su profesión no es otra que entrenador de baloncesto. Cosas de casa.
Jim Baron posee fama de hombre estricto y de valores tradicionales. Un hombre con mostacho, chapado a la antigua y para el que la disciplina y el trabajo duro son las bases del éxito. Así se lo enseñó a sus hijos, a los que nunca regaló nada. Jimmy, antes de entrar en el programa de baloncesto de University of Rhode Island (URI), comandado por su progenitor, tuvo que pasar un año académico en la Worcester Academy para mejorar su juego y así ser aceptado en una Universidad de Division I. En 2009, tras cuatro intensos años en las que las tensiones familiares y deportivas se entremezclaron, el primogénito de los Baron salía como máximo triplista histórico de los Rams y ponía rumbo a una carrera profesional en Europa que se ha mostrado estable -alternando siempre conjuntos ACB con proyectos de Eurocup-.
Sin embargo, la guerra en casa de los Baron solo había llegado a su interludio. En 2010, Billy, que durante el periplo universitario de su hermano se había destacado como un magnífico jugador a nivel de Instituto -tres veces campeón estatal y dos veces designado mejor jugador-, tenía que dar el paso a la universidad. Como muchas veces ocurre, el pequeño solo estaba interesado el seguir las huellas de su hermano mayor. Worcester Academy y transfer a URI previo paso por Virginia La historia es cíclica, dicen.
Lamentablemente para la familia, la 2011/12 fue una temporada para olvidar para los Rams. Por primera vez desde que el entrenador Baron había tomado posesión de su cargo en el año 2001, el equipo de baloncesto contaba en negativo el saldo del balance de victorias/derrotas. Bueno, en realidad, los guarismos fueron dramáticos; solo siete triunfos por 24 partidos perdidos. Números tan bajos que Rhody optó por la decisión más drástica: cesar al entrenador jefe. La noticia fue todo un bombazo en el hogar de los Baron. De cara al siguiente curso escolar, Jim encontró trabajo en Canisius College. Una institución en la que el programa de baloncesto no posee mucha relevancia y en la que había quedado un puesto vacante tras una desastrosa temporada en la que solo habían conseguido cinco triunfos por 25 derrotas.
Quedaba por conocer la decisión de Billy. La prestigiosa Purdue llamó a su puerta, como también lo hizo el nuevo entrenador de URI, Dan Hurley. El mismo día de su presentación como coach de los Rams, Hurley invitó al pequeño de los Baron a su despacho para tratar de convencerle de que, a pesar de que su padre ya no estaba al mando, seguía contando con un lugar en el equipo si así lo deseaba. La conversación duró tres horas:
“Fue un momento muy difícil para mi. Estaba sentado con él en la oficina de mi padre. La misma que había ayudado a limpiar tantas veces. No tenía nada en su contra, de hecho deseo lo mejor para Rhode Island, pero todo era demasiado duro (…) Creo que en Rhode Island no supieron manejar la situación. La temporada había sido mala, pero solo era el comienzo de algo nuevo. Es mi padre, está claro, pero también era una figura paterna para todo el grupo. Sin embargo decidieron cortar por lo sano”. Fuente, aquí
La decisión, pues, estaba tomada. Billy, por lealtad, siguió a su padre hasta Buffalo y en dos años con los Golden Griffins logró finalizar elegido como mejor jugador de la Metro Atlantic Athletic Conference. En su último año, el pequeño de los Baron anotó 24 puntos de media y el equipo finalizó con un nada desdeñable balance de 21 victorias por 13 derrotas. Nada que ver con el solar que los Baron se habían encontrado dos campañas antes.
Terminado su ciclo universitario, la pasada campaña Billy probó suerte en Europa. En su caso, en el Lietuvos Rytas. Disputó Eurocup con el conjunto lituano, aunque su papel fue secundario. Jugó contra Sevilla en el Last 32, aunque apenas anotó dos y seis puntos, y su mejor actuación fue ante Telenet Ostend, a los que endosó 15 puntos. Sin embargo, una vez en el viejo continente, el destino de los Baron estaba escrito. Por ello, cuando este verano el Spirou belga anunciaba de una tacada la contratación de los dos hermanos a nadie pudo sorprender. Era cuestión de tiempo que los dos hijos de Jim terminaran compartiendo vestuario. Al fin y al cabo, en aquella casa, el baloncesto es asunto de familia.
Lectura recomendada:
Jimmy Baron, el búho de Rhode Island
El hijo del rastafari
Zaragoza, 4 de agosto. El tedio lo inunda todo.
Un vistazo rápido a Twitter totalmente rutinario. Casi inconsciente. De repente, la cuenta oficial de la ACB llama mi atención poderosamente.
El CAI Zaragoza ya tiene a su base: Seketoure Henry firma por una temporada.
¿Cómo? ¿Quién?
Me atrevo a suponer que, pese a venir de una liga que alguna vez fue relevante como la italiana, el común de los seguidores del conjunto aragonés reaccionó de manera similar a la de un servidor cuando se enteró de la noticia. De repente, el CAI Zaragoza tenía cubierta la posición de base. Por primera vez en mucho tiempo, con dos jugadores que iban a debutar con la camiseta rojilla al mismo tiempo. Y el que tenía que dar el relevo a Tomás Bellas, teórica apuesta fuerte de la dirección deportiva, era un total desconocido.
Sobre el papel, el típico jugador norteamericano de perfil bajo que, quizá, ayude a cuadrar el presupuesto para apuestas mucho más sexys para el espectador. Desde luego, el tópico lo cumple a raja tabla. Hago el retuit de rigor a la cuenta de la ACB -como si lo necesitase-, y acto seguido comienza el ritual característico que se repite cada vez que Willy Villar se saca un conejo de la chistera. Jugó en la Universidad de Nebraska los cuatro años, institución importante en EE.UU. pero totalmente centrada en su programa de fútbol americano. De ahí, experiencias laborales en Japón, Polonia y, finalmente, Italia. Una progresión constante, pero en la que formar parte del CAI Zaragoza supone un paso de gigante hacia delante.
¿Pero, quién es Seketoure?
Lo cierto es que, pese a que su nombre no es nada corriente, san Google no daba muchas referencias. Por si fuera poco, algunas contradictorias, como las que apuntaban hacia los Arizona State Sun Devils justo en los años en los que un tal James Harden estaba por allí. Lo cierto es que Seketoure prefiere ser Sek -y así el número de coincidencias en el buscador de buscadores aumentan sensiblemente-, sí que firmó por el equipo de la barba más famosa del baloncesto -perdónales, Sergio-, aunque nunca llegó a jugar allí. Una vez terminado el instituto, el base prefirió jugar un año en Patterson School, que es una institución previa a la universidad a la que algunos estudiantes optan ir por motivos diversos. Y de ahí ya, sí, a los Cornhuskers.
Todo esto está muy bien, vale, pero; ¿quién es Seketoure? Y lo más importante, ¿cómo juega y qué puede aportar al CAI Zaragoza 2015/16? Willy Villar, siempre al rescate, escribió lo siguiente en Twitter -y que también retuiteé, de nada Willy-.
¡Bienvenido, Sek! Potencia física, polivalencia y crecimiento continuo. Seguimos soñando, muchos retos...
Una descripción escueta, le sobraron caracteres para poner el rollo ese de los sueños incluso, pero que a mi me bastó para generarme una idea mental basada en la nada más absoluta. Una señora paja mental, vamos. Bellas llegaba para ser el nuevo Llompart. Un base cerebral, que sabe leer el partido y controlar el tempo. El uno arquetípico, del que se espera una carrera larga a orillas del Ebro siendo timonel y, en un tiempo, tal y como se nombra el mismo en su aka de Twitter, el futuro capitán del equipo. Sek, en cambio, con su “potencia física”, sería el jugador destinado a revolucionar los partidos. Para jugar uptempo si la situación lo requiere. Además, gracias a su “polivalencia”, podría hacer el dos en momentos puntuales. Compartiendo pista con Bellas durante bastantes minutos, y el equipo volvería a una configuración más similar a la que tenía con Llompart y Tabu -quien por cierto había sonado con fuerza días antes de firmar a Henry-, que al fracaso que supuso el dúo Llompart-Lisch. Cabe mencionar que, por entonces, ni me imaginaba ver algún día a Drake Diener en el CAI.
Si hablásemos de música, Bellas sería reggae. Un sonido constante, sostenido. Que mueve al cuerpo ininterrumpidamente, siempre al mismo compás. Henry, por su parte, sería el encargado de ponerle distorsión a la orquesta. Frenéticos riffs de guitarra que fagociten al rival en un pit circle sin fin. Solo una pega, no puede haber nada más reggae que un tío que se llama Seketoure.
La explicación es sencilla. En la bio ofrecida por la Universidad de Nebraska se explica que el pequeño Sek nació el 28 de junio de 1987 en California, hijo del matrimonio formado por Juanita y George Henry. Lo que no dice es que George no es más que el nombre civil de Ras Michael, leyenda jamaicana del reggae. Un rastafari de convicción, que colaboró varias ocasiones con Bob Marley and The Wailers y que junto a su banda, The Sons of Negus, ha editado la friolera de 22 discos. Todo un legado cultural que le ha llevado a ser distinguido por el Gobierno jamaicano por su contribución a la difusión de la música del país.
Entonces; ¿Sek es rock and roll, como en mi absurda elucubración de una tarde de verano, o reggae como su progenitor?. Algo así se preguntó Ed Odeven, periodista de Japan Times, cuando el jugador estuvo por allí en 2011 -único documento que he sido capaz de encontrar sobre el jugador y la relación con Ras Michael-. Esta es la respuesta del base sobre qué ha aprendido de su padre:
Hay cosas que van en los genes, en la sangre. Él se expone cada vez que sale al escenario, en cada actuación, y me ha explicado que cuando salto a la pista se trata de la misma situación para mi. Él siempre me ha dicho que siempre tuvo claro que quería hacer música reggae, del mismo modo que conoce que mi pasión siempre ha sido el baloncesto. Por ello cree que si me centro en algo que me apasiona, seré bueno.
Él es el tipo de persona que nunca se rinde y siempre lucha por lo que cree, y yo soy igual que él. Me comporto como él; nunca me rindo y me molesta perder incluso a los videojuegos. Esa es mi mentalidad, y lo único que deseo es perseguir mis sueños y hacerlos realidad.
Sek Henry es el hijo del rastafari, aunque la herencia recibida de ello parece centrarse en una férrea determinación por luchar en lo que cree -get up, stand up-, más que en el ritmo monótono por el que el reggae transmite su mensaje. Vistos a través de Youtube los dos amistosos del CAI en Palma, - bueno, más o menos-, lo cierto es que la sensación que trasmite se parece más al perfil ideal imaginado que otra cosa. Son solo dos partidos, amistoso, y vistos de aquella manera. Por lo que mi fundamentación sigue basándose en la nada como en verano. Sin embargo, estoy convencido de que Sek Henry va a poner al José Luis Abós a bailar -si alguien lee esto y me lo quiere echar en cara tras un plausible fracaso lo comprendo perfectamente, al fin y al cabo nada mejor refleja el aburrimiento estival que este post-.
El infierno es demasiado dulce
Los renglones de la historia confiesan el fracaso humano
tan bestiales comportamientos de políticos depravados
y hoy el aburrimiento es el orden del día
contra el no sirven las aspirinas
Satanás, el infierno es demasiado dulce...
'Bienvenidos al infierno rojo'. Henk Norel, a los lomos de una Harley Davidson y teóricamente vestido como Terminator, realiza el gesto de la chica que buscaba a Jacques e invita a los aficionados del CAI Zaragoza a abonarse para la próxima temporada. Afortunadamente, el encargado de diseñar la campaña -que no entraré a valorar- tuvo a bien denominar el recinto donde los rojillos juegan como locales con un eufemismo -que no entraré a valorar-. En él, se extraé que el pabellón es una caldera, que existe un factor cancha en el que mucho tiene que ver la afición que lo puebla. La apelación, es, por tanto, directa y sencilla. Vosotros, la afición, hacéis el CAI Zaragoza. Venir y ser parte del CAI Zaragoza.
No deja de ser lenguaje publicitario, claro. Son conceptos básicos; identificar a los potenciales compradores con la marca y crear vínculos que van más allá de la relación que surge entre comprador, vendedor y el bien intercambiado. Es, además, el abecé sobre el que se sustenta el deporte profesional. Solo así se puede explicar actitudes como la fidelidad incondicional de algunos aficionados. Fenómenos inexplicables desde el punto de vista mercantil, como que algunos seguidores continúen renovando su carné pese a que el espectáculo recibido no sea de su agrado. Sucedió en Zaragoza entre 2002 y 2008, temporadas en las que el CAI llenaba el pabellón pese a estrellarse una y otra vez en la consecución de su objetivo. Desde luego, había otros factores: precio de los abonos, idealidad del horario de juego, bonanza económica general, mayor calidad de la LEB... Pero, en el subtexto de todo residía, siempre, la relación, diré sentimental, existente entre el que ocupaba la butaca y esa entidad en apariencia abstracta que es el club.
Esa misma relación amorosa es la misma que llevó a un grupo de aficionados, representados -perfectamente- por el joven Jorge Lambán, a pedir que el pabellón donde juega el CAI, el infierno rojo (sic), fuese renombrado pabellón José Luis Abós tras el triste deceso del técnico zaragozano el pasado 20 de octubre. La iniciativa recogió el respaldo de más de 15.000 firmas y fue celebrada, prácticamente, por la totalidad del mundo del baloncesto. Se trataba de un gesto bonito, sincero, que se dio de bruces con la realidad de la ciudad. Primero, el poder político dominante en aquella época, lo frenó en pleno. Posteriormente, con dichos agentes en la oposición, fue aprobado por el Gobierno presente, eso sí, en minoría. La estrategia a seguir por la oposición no pudo ser más sucia, generar una polémica ficticia para intentar frenar un homenaje que -y esto es quizá lo que más duele a todo aquel que haya apoyado la propuesta- no dañaba a nadie.
Los grupos municipales de PP y PSOE, en comandita, utilizaron el debate para trazar un plan común; enturbiar el acto de renombrar el hasta entonces pabellón Príncipe Felipe, nomenclatura caduca habida cuenta de que el ínclito ya es Rey, y unirlo a un debate ficticio sobre la corona. De esta manera, ambos partidos sumaban la ciudad de Zaragoza a la polémica de moda en la agenda setting -ya totalmente olvidada, por cierto-, y preparaban armas de cara a las próximas elecciones generales de noviembre. Nada que ver con el ámbito local, pero qué más da. Hasta ahí, todo asumible por la ciudadanía. Otro capítulo más de la guerra política que, en tantas ocasiones, transcurre de manera paralela a los asuntos cotidianos. La novedad llega cuando, en una vuelta de tuerca totalmente inesperada, el club decide posicionarse. Y lo hace, para sorpresa general, del lado contrario al de su ex entrenador.
Hablaba antes de la relación sentimental existente entre el que ocupa la butaca y esa entidad en apariencia abstracta que es el club. Pero lo cierto es que el CAI Zaragoza tiene una faceta tangible; unos propietarios, con nombres y apellidos, y probablemente con posicionamientos políticos e intereses particulares. O, al menos, esa es la única explicación plausible que, el que escribe, ha logrado extraer de todo lo vivido. Porque explicar que una entidad deportiva decida ponerse en contra de su masa social, o al menos de una parte significativa de ella, resulta altamente complicado. Se trata de un suicidio social inaudito, del que podemos entrever sus causantes, aunque ninguno de ellos se antoja lo suficientemente poderoso como para forzar tan drástica decisión. Porque la relación sentimental entre aficionado y equipo puede argumentar, en parte, los comportamientos atípicos del seguidor, pero se trata de un vínculo bidireccional, que también puede romperse desde la calle Zurita a la grada.
El CAI se encuentra ante su inicio de temporada más complicado de los últimos años. Tras varios cursos de crecimiento sostenido, los rojillos inician una nueva campaña tras haber fallado en su objetivo de alcanzar los pasados playoffs de la ACB. Necesita, por tanto, la fidelidad de sus incondicionales. A algunos de los cuáles les ha dado la espalda de manera totalmente injustificada. 'Bienvenidos al infierno rojo', dice el eslogan. Averno que se llamará, en contra de la voluntad del club al que ayudó a poner en el mapa, José Luis Abós. El infierno es era demasiado dulce, pero a mi me lo han amargado.
¿Por qué Michael Roll "odia" a Florida?
No es raro, sobre todo cuando llega marzo, ver a Micael Roll expresar a través de Twitter su odio a Florida -nótese que dicho verbo siempre va a ir entrecomillado, pero no por ser una cita literal, que lo es, sino por ponerlo en un contexto deportivo no violento-. Así, cuando el 'selecion sunday' de 2013, el día en el que se desvela el cuadro final del torneo, emparejó a UCLA y a la Universidad de Florida en la región Sur, citándolos en una hipotética segunda ronda, el escolta pidió a su antiguo equipo que, sobre todo, se encargaran de ganar a los Gators. El partido, sin embargo, nunca llegó a ocurrir pues los Bruins, liderados por el inestable Shabazz Muhammad, se fueron a casa antes de hora, batidos por Minnesota en el primer partido del campeonato. Hoy, 27 de marzo de 2014, un año más tarde, el tirador californiano puede tener su revancha. Esta vez sí, Bruins y Gators se encuentran en el torneo final, concretamente en la tercera ronda del mismo, apodada 'Sweet Sixteen'.
Pese a ser dos centros geográficamente muy distantes, se trata de un partido de gran rivalidad. Una enemistad de nuevo cuño, pues históricamente no existen muchas fricciones entre el equipo universitario más laureado de la historia, UCLA con 11 campeonatos, y una universidad tradicionalmente famosa por su sección de fútbol americano. Sin embargo, recientemente, ambos conjuntos se han visto las caras sobre el parqué a menudo. Marcando, entre otros, el periplo universitario de Michael Roll.
En 2006, la Universidad de Florida consiguió el primer campeonato de baloncesto de su historia. Lo hacía sorprendiendo al mundo, con un equipo muy joven que comenzó el curso sin haber sido incluido en el tradicional ranking de favoritos. David Lee acababa de abandonar el conjunto tras cumplir los cuatro años de su periplo y, en principio, parecía que aquella campaña se trataba de una transición para un quinteto -Brewer, Noah, Horford, Humphrey y el ex del CAI Taurean Green-, formado por cuatro jugadores de segundo año y uno de tercero, que, sin embargo, pasaría a la historia como uno de los más importantes de la NCAA. Estipulados con un cabeza de serie número tres, los Gators eliminaron a South Alabama, Winsconsin-Milwaukee, Georgetown, Villanova y a la sorprendente George Mason ya en la Final Four. El partido definitivo fue contra UCLA, donde Michael Roll cumplía su primer año. El escolta rojillo, a pesar de ser novato, jugó siete minutos y, desde el banquillo, vio perder a los suyos por 73-57.
Pese a la enorme tentación que suele suponer la NBA, para la temporada siguiente, los Gators consiguieron mantener a todos sus hombres importantes, lo que les convirtió, lógicamente, en los favoritos para repetir título. UCLA, por su parte, poseía un núcleo de jugadores jóvenes al que sumó a un prometedor debutante, Russell Westbrook, a la postre All-Star de la NBA. El peso, eso sí, lo mantenían jugadores ahora en la NBA como Mbah a Moute, Arron Afflalo o Darren Collison. Roll, sophomore, también aumentó su presencia, aunque partiendo generalmente desde el banquillo. Los Bruins consiguieron, por segundo año consecutivo, plantarse en la Final Four. Un hito ensombrecido por la machada de Florida, que eliminó al cuadro californiano en semifinales (66-76) y completó un back-to-back que actualmente engrosa los libros de historia.
La rivalidad está servida y el March Madness 2014 nos sirve un nuevo capítulo. ¿Será, por fin, el de la revancha para Michael Roll?
Apoyo:
Resumen de la final de 2006; UCLA-Florida
Resumen de la semifinal de 2007; UCLA-Florida
Durant contra sus fantasmas
“He sido el segundo toda mi vida. Fui el segundo mejor jugador de instituto. La segunda elección en el draft. He sido el segundo en las votaciones por el MVP en tres ocasiones. Llegué a las Finales y quedé segundo. Estoy cansado de ser el segundo... He terminado con esto ya”. Las palabras de Kevin Durant, realizadas a Sports Illustrated en abril de 2013, resuenan ahora con más fuerza que nunca. Entonces, una inoportuna lesión de Russell Westbrook truncó de forma irreversible la temporada de Oklahoma City y, con ella, la declaración de guerra realizada por su líder. Hoy, ni la ausencia de su segundo espada puede frenar la revolución iniciada. En la madrugada del 29 al 30 de enero, según el huso horario español claro, la NBA asistió boquiabierta al golpe de estado formal realizado por Kevin Durant con el objetivo de alcanzar la supremacía individual en el planeta basket. Frente a los vigentes bicampeones, Miami Heat. En su casa. Ante el tiránico LeBron James. Con las cámaras de la televisión nacional como testigos. La paliza de OKC a los locales fue severa (112-95). La actuación de KD, sublime. En el partido más importante de la temporada regular, el alero firmó 33 puntos (12/23 en tiros de campo), siete rebotes y cinco asistencias. Alargando, además, su racha de partidos consecutivos anotando por encima de la treintena, van 12 y contando. Números de MVP. Lo cierto es que la historia pudo ser diferente. Quizá por la responsabilidad de la cita, Durant comenzó pasado de revoluciones. Al fin y al cabo, era él quién tenía que demostrar que está listo para alcanzar el siguiente nivel. Se trataba de su exorcismo público. A estas alturas a Miami con llegar a tope para Playoffs le basta, por tanto la presión estaba en la acera visitante. Lo notaron los Thunder, que a los cinco minutos se veían abajo en el marcador por 22-4. Momento clave en el que comenzó la remontada. Con Derek Fisher sobre el parqué (15 tantos con 5/5 de triples), el equipo de Oklahoma comenzó a carburar y su estrella se soltó. Anotó la primera y comenzó a sonreir. Era su noche. Lo sabía. Lo anhelaba. El gran duelo se produjo en el tercer cuarto. Quizá demasiado tarde para el transcurrir general del encuentro, ya prácticamente sentenciado para el cuadro visitante. Daba igual. Durant y James se retaban. Se buscaban. Pese a que, en un principio, era Sefolosha el encargado de estar sobre el Rey por parte de OKC, los dos astros coincidían en ambos lados de la pista. Sin rehuir el choque directo. Un pulso particular que podría quedar en tablas (LeBron terminó con 34 puntos, tres rebotes y tres asistencias), pero que sirvió para que Durant disparase al estómago de su principal fantasma. En su liberación faltó, por cerrar el círculo, la aparición, aunque fuera en forma de cameo, del hombre que le hizo sobra durante sus primeros pasos; Greg Oden. El pívot, que en el baloncesto profesional nunca pudo ser amenaza debido a la mala suerte en forma de lesiones, vio el partido completo desde el banquillo de los Heat. En su revancha personal, Kevin Durant ha golpeado primero. Se ha liberado. Sin embargo, la pelea está lejos de ser cerrada.
'Made in Texas'
Texas no es un estado más. Su especial idiosincrasia y folclore lo convierten en un territorio único, con una fuerte personalidad que permanece marcada a fuego en el imaginario popular. Hasta seis países han llegado a reclamar sus interminables páramos en un momento u otro de la historia. Un legado cultural cristalizado a través de sus característicos ranchos y regado por los dólares procedentes del petróleo. “Todo es más grande en Texas”, dice con orgullo uno de sus eslóganes más reconocibles. Una máxima que llevan a la práctica en todos los ámbitos de la vida.
A pesar de contar con numerosas franquicias en las diferentes ligas profesionales, los texanos, como casi todos los estadounidenses, vuelcan su devoción en el deporte universitario. Algo que en el estado de la estrella solitaria se dibuja, fundamentalmente, en dos colores; el ocre de la Universidad de Texas (UT) y el granate de Texas A&M (TAMU). Los dos centros públicos más numerosos, con aproximadamente 50.000 alumnos cada uno. Dos equipos, Longhorns y Aggies, que paralizan el estado cada vez que se miden entre ellos. Especialmente en fútbol americano, el deporte por excelencia en Texas. Casi, una religión. Así lo refleja la recomendable serie de televisión 'Friday Night Lights', ambientada eso sí en el ámbito de instituto.
El primer partido de fútbol americano entre ambos colosos data de 1894. Una rivalidad que poco a poco iría impregnando al resto de modalidades. Tanto que, a lo largo de los años, llegaría a generar el llamado 'Lone Star Showdown”, una pequeña competición que contabilizaría todos los enfrentamientos directos entre las dos universidades en cada disciplina. Esto es, cada victoria de un equipo sobre otro, sea cual sea la disciplina, supone un punto para la general. Asunto de estado. Con tal competitividad, sumada al placer de poder derrotar al eterno rival, cada partido entre la UT y TAMU es una batalla. También en baloncesto, claro. Un ambiente especial que bien conoce Joseph Jones, actual jugador del CAI Zaragoza y máximo referente en el que seguramente ha sido el mejor equipo de los Aggies en el presente siglo.
Así, en 2006, el equipo de la A&M se desplazó al Frank Erwing Center, hogar de su eterno rival, con la intención de tumbar al que por entonces estaba considerado como el séptimo mejor equipo del país. En una actuación memorable, Joseph Jones acumulaba 31 puntos en su casillero particular a falta de, aproximadamente, cuatro minutos para el término del partido. Una auténtica masacre al poste bajo que los Longhorns eran incapaces de frenar. Hasta que Brad Buckman, su par, decidió simular falta tras un contacto en ataque del actual poste rojillo. Quinta personal y al banquillo. “No estaba fallando ningún tiro y tenía que intentar hacer algo”, dijo después el interior de la UT. En aquel asalto, los locales se apuntaron el tanto (70-83).
Afortunadamente, en el partido de vuelta, los Aggies pudieron vengarse. En un choque trabado, los de la A&M consiguieron vencer a sus máximos rivales (46-43) y desataron la locuraen el Reed Arena. Tanto que el público terminó por invadir la pista, tal y como se muestra en este vídeo. "El partido más importante de la historia", dice el narrador.
Este miércoles, Buckman, actualmente en el Besiktas turco, y Jones se volvieron a encontrar las caras sobre el parqué. En esta ocasión, con la Eurocup como telón de fondo. A pesar de la evidente motivación mostrada por tener en frente a su viejo rival, el pívot del CAI tuvo un mal partido con solo dos tiros de campo de los siete anotados. Cobrándose, eso sí, un brutal tapón a su favor. El triunfo, como ocurrió en Texas, fue para el equipo de Buckman. Claro que todavía queda la vuelta...
Las cuentas del CAI
A algo más de tres horas de que el CAI Zaragoza dispute su último partido de la primera fase de Eurocup, una duda ronda mi cabeza. Debido al enfriamiento que este martes me dejó KO en la cama, vacilo entre coger mi bufanda roja para ir al pabellón o ponerme el pijama y quedarme en casa a escucharlo por la radio. Leyendo algunas previas, la noche no se presenta muy animada. José Luis Abós lo deja caer sin mucha sutilidad: “Lo que queremos es ganar. Sí que es cierto que no queremos que eso nos lleve a un sobreesfuerzo pensando en que el partido importante es el del domingo”. El amigo Fran Castarlenas, en Twitter, me lo dice más claro: “El CAI quiere ser tercero, Javi”.
Sin mirar mucho posibles cruces, yo, inocente, creo que ser segundo es mejor que tercero. Por aquello de estar más arriba. Sin embargo, seguramente no sea así. Aquí van pues unos cálculos, rápidos y aproximados, pues en deporte nada se puede dar por sentado, de las cuentas del conjunto rojillo.
Si el CAI quedase segundo quedaría encuadrado en el grupo J del Last 32
Brose Baskets (Alemania)
Dinamo Sassari (Italia)
CAI Zaragoza
Ankara (Turquía) / Paok (Grecia)
Lo más lógico sería que de Euroliga le tocase con el Brose alemán, aunque a falta de una jornada Zalgiris Kaunas y Estrasburgo todavía tienen opciones matemáticas de acabar quintos de su grupo. La experiencia, en forma de Berlín y Bonn, nos dibuja al Brose como un equipo complicado, con muchos jugadores norteamericanos y viejos conocidos como Velickovic o D'Or Fischer. El Dinamo Sassari, que ha quedado primero en un grupo donde Bilbao seguramente sea eliminado, también se presenta como una amenaza seria. Es el segundo equipo más anotador del torneo, run & gun con el ex Duke e internacional italiano Travis Diener como máxima estrella. Turquía y Grecia suelen ser un mal negocio, aunque hasta ahora su rendimiento se muestra más flojo. Resalta, sobre todo, el PAOK con quién Zaragoza tiene una deuda histórica. En el conjunto otomano, por otro lado, se encuentra Golubovic, hasta la fecha jugador más valorado de la competición.
Si el CAI es tercero quedaría encuadrado en el Grupo P del Last 32 de Eurocup
Lietuvos Ritas (Lituania)
Panionios (Grecia) / Besiktas (Turquía)
Cedevita (Croacia) /EWE Baskets Oldernburg (Alemania)
CAI Zaragoza
Lietuvos es un clásico en horas bajas, apenas han ganado un partido en la presente edición de la Euroliga y da la sensación de que el CAI podría competir contra ellos. En la segunda posición vuelve a aparecer la dualidad greco-turca, aunque en esta ocasión, seguramente, de mayor nivel competitivo. Por otro lado, Cedevita tiene más posibilidades de finalizar segunda de su grupo que Oldenburg, que juega este miércoles en Bilbao. Los balcánicos, dirigidos por Repesa, basan el núcleo de su equipo en el talento croata.
Conclusión
Con las cartas sobre la mesa, la segunda opción, esto es, el CAI Zaragoza clasificándose como tercero, se antoja como un camino menos escarpado que si los aragoneses finalizarán segundos. Como contra, geográficamente se tratan de desplazamientos más lejanos e incómodos y el interés de los equipos que visitasen el Príncipe Felipe es ligeramente menor.
El club ya parece haber elegido su itinerario preferido, yo, en cambio, todavía no sé si ir al pabellón esta tarde o no.
Tema Tabu
El CAI Zaragoza no ha conseguido nada todavía -en la presente temporada, se entiende-, pero este miércoles lo pareció. El conjunto aragonés vapuleó en el Príncipe Felipe al todopoderoso Alba de Berlín (75-50). A un histórico. A un gigante. A uno de los equipos 14 conjuntos europeos que pueden seleccionarse en el NBA 2K14. Los pupilos de José Luis Abós vencieron, convencieron y emocionaron. No fue un puñetazo en la mesa, no. Fue más allá. En la hipotética negociación, los aragoneses se levantaron de sus sillas y arrojaron el tablero por la ventana antes de despedirse con un portazo sin que el oponente pudiera, si quiera, abrir la boca. Juego coral y tensión defensiva como en el mejor pico vivido la pasada temporada. Un partido redondo, en el que una matrícula de honor general resulta justa. Palabra.
Había dudas. Ya no las hay. 'Shambala' trasladado al estado anímico. Porque puede volver a haberlas. O quizá ya no. Todo dependerá, como siempre, de próximas sensaciones y, más tiránico, resultados. Especialmente, del que surja el próximo miércoles, en un trascendental choque ante el Telekom Bonn por el que pasan todas las opciones zaragozanas de continuar en Eurocup. Todo o nada. Pares o nones. En la ruleta, aquí se apuesta al rojo. Al menos, claro, hasta que los uniformes negros vuelvan a escena.
Cuando las cosas no salieron como se esperaba, varios fueron los frentes abiertos. Ahora ya, seguramente, cerrados con la contundencia del carpetazo. Ese rotundo sonido producido por la goma, estirada hasta su tope, al golpear el cartón y que no deja lugar a réplica alguna. Desde veteranos como Roll, Rudez, Llompart o Stefansson hasta caras nuevas como Sanikidze o Shermadini han generado comentarios acerca de su rendimiento en pista. De fondo, siempre, la accidentada pretemporada vivida y la dificultad de conjuntar al grupo una vez subidos al carrusel de dos partidos semanales existente en el presente curso. Dentro de esta afección, especialmente importancia posee el papel del base. El bajito en un mundo de gigantes. Generalmente, la extensión del entrenador sobre la pista. Un papel que, en la presente temporada, ha sido asumido por un recién llegado; Jonathan Tabu. Con la dificultad que ello implica. Nuevos compañeros, nuevos sistemas, nueva competición. En su blog de la Eurocup, el armador belga reconocía que, debido a su experiencia en la liga italiana, le estaba constando adaptarse al mayor ritmo que este año quiere aplicar el CAI. Velocidad en la que, más de una vez, terminó estrellado. No pasa nada, nadie aprende a andar sin antes tropezar y a Tabu, este año, se le exige correr.
Los errores fueron evidentes y las dudas razonadas. Mientras el belga aumentaba las revoluciones de su motor interior, muchas veces gripó sobre el parqué. Pérdidas de balón absurdas, decisiones erróneas y una incapacidad pseudo crónica para pausar partidos que los rojillos parecían tener encarrilados pudieron desesperar. Denegar los partidos de cortesía que todo jugador necesita antes de ser juzgado, más si se trata de un posición polifuncional como la de 'uno'. Poco a poco, el CAI va conociendo a Tabu y, lo que es más importante, Tabu va conociendo al CAI. Ahora sabemos que es un base más anotador que pasador y que posee un gran lanzamiento de tres puntos -42% en ACB y 73,7% en Eurocup-. Es capaz, por tanto, de dinamitar partidos él solo y, además, a pesar de que por físico pueda sufrir, se aplica duro atrás. Su trabajo sobre Talor Battle en los dos partidos ante Mons fue vital. Contra el Alba de Berlín, junto a la obra coral de sus compañeros, logró que David Logan, estrella germana, anotara un único lanzamiento. Además, aunque no esté en su mano, su partenaire, Pedro Llompart, parece ir fortaleciendo poco a poco. Algo que, sin duda, debe ayudar a que el belga pueda hacer brillar sus virtudes y logre disimular sus vicios.
El calcetín impar
Es matemático, hacer la colada y descontar un calcetín en el proceso. Siempre es la misma historia; ir a tender, sacar la ropa mojada del cubo y a la hora de colocarla sobre las cuerdas observar que el número de calcetines es impar. Me gusta pensar que se trata del peaje que pide la lavadora por dejar todas nuestras prendas limpias y listas para volver a ser utilizadas. Un fenómeno empírico y universal del que debería ocuparse la ciencia. La consecuencia más directa de dicho misterio se concentra, por supuesto, en el armario. Concretamente, en el cajón de la ropa interior. Lugar en el que los desparejados se juntan entre sí para dar pie a un nuevo par que, a partir de cierta edad, solo puede ser utilizado con pantalón largo. Eso si no posees la rara aspiración de convertirte en una versión adulta -y masculina en mi caso- de 'Punky Brewster', claro.
Seguramente exista gente que, cuando un calcetín pierde a su gemelo, opte por no utilizarlo más. Que lo arrincone en una esquina del cajón a la espera de un retorno que nunca se producirá o, directamente, lo arroje a la basura. Diferentes opciones a tomar cuando el plan previsto, en este supuesto tener dos calcetines totalmente idénticos dentro del vestuario habitual, sufre una variación inesperada. ¿A qué viene todo este rollo macabeo, digno del monólogo más chusco del 'Club de la comedia'? Sencillamente, a que el CAI Zaragoza no funciona como debiese y que, en un barrido entre sus afecciones, que son varias, la falta de acople de Viktor Sanikizde en el juego coral resulta una de las más evidentes. Actualmente, el ala-pívot georgiano es un calcetín impar en el cesto de la ropa del club rojillo. Un calcetín caro, de los que se lucen con pantalón corto y zapatillas del 'Foot Locker'. Un calcetín, eso sí, de naturaleza extravagante, capaz de desordenar por sí solo todo un atuendo completo si no se combina con las prendas adecuadas.
No es ningún secreto que el CAI Zaragoza, en general, presenta un déficit importante de acople entre sus piezas. Lo que el año pasado era un bloque sólido, que arrollaba a sus rivales gracias a su concepción colectiva del juego, este año todavía no ha logrado carburar como conjunto. El propio José Luis Abós, incluso, coincide en el diagnóstico. “Tenemos un problema de descoordinación en ataque y defensa”, analizó el técnico zaragoza. Los motivos son de sobra conocidos; la ausencia de una pretemporada como tal, la disminución de entrenamientos semanales derivada de la disputa de la Eurocup o la adquisición de un nuevo base al que le cuesta ordenar a sus compañeros en pista, parecen lastrar en demasía el rendimiento de un conjunto que este domingo firmó su tercera derrota consecutiva. Señales preocupantes aunque no irreparables, ojo.
Sin embargo, Sanikidze resalta en esa falta de conexión general. Sobre la pista, el 'cuatro' parece estar totalmente desenchufado del resto del equipo. Quizá debido a su particular idiosincrasia, la cual le dibuja como un ala-pívot heterodoxo, muy alejado de la sobriedad sin estridencias abanderada por Pablo Aguilar las últimas campañas. Planteamiento en el que sí parecía cuadrar la apuesta inicial del club, Daniel Clark. El georgiano es un hombre alto que inicia los contraataques y, en ocasiones, asume tiros que sobre la pizarra no parecían destinados para él. Es el diferente. El raro. Barba poblada y coronilla despejada. Un 'outsider' necesitado de un orden sobre el que sobresalir. Un calcetín desparejado en un armario desordenado.
El enigma del 30-5
"Ha sido un desastre. No me lo puedo creer, todavía no puedo entender que ha pasado. Para mi es muy difícil explicar qué ha ocurrido en el último cuarto. Hemos anotado 5 puntos, hemos recibido 30 y hemos cometido 5 pérdidas de balón. Ha sido muy extraño, todo el partido en realidad ha sido muy extraño. Nosotros hemos empezado jugando rápido, anotando fácil en varios contraataques. Sin embargo, poco después el choque ha entrado en una dinámica de subidas y bajadas. Gravelines ha comenzado a defender fuerte y hemos estado todo el rato arriba y abajo. Al final, nosotros hemos dejado de anotar y nos ha resultado muy difícil poner la pelota en el lugar correcto. Ellos han jugado una gran defensa y han encestado con unos grandes porcentajes. Desde luego, ha sido una situación increíble. Todo el mundo que ha presenciado el partido ha visto un duelo igualado, con varias alternativas en el marcador. Alguna vez Gravelines ha conseguido una ventaja más amplia, pero nadie podía esperar lo que se ha visto al final" - José Luis Abós
Telekom Baskets - CAI Zaragoza
Llegaba el CAI Zaragoza a Bonn con la intención de lograr su segunda victoria europea y, con ella, postularse como firme candidato a la terna de equipos que avanzaran a la siguiente ronda de la Eurocup. Evidentemente, en una fase inicial que incluye a seis participantes por grupo, el camino es largo y casi nada está andado todavía. Sin embargo, teniendo en cuenta que el conjunto anfitrión todavía no conocía la victoria, un triunfo visitante hubiese supuesto un golpe casi definitivo a las aspiraciones germanas por continuar en la competición continental. No fue así.
En un símil musical, a nadie se le escapa que el conjunto dirigido José Luis Abós sería una orquesta de cámara. Un grupo repleto de virtuosos músicos con sección de percusión, viento y cuerda. Música clásica traducida sobre el parqué en un baloncesto versátil, capaz de abarcar desde el juego al poste hasta la amenaza situada más allá del 6,75. Todo ello, eso sí, bajo unos parámetros armoniosos que nada tiene que ver con los interpretados en la antigua capital de la República Federal Alemana.
Curiosamente, en la ciudad que vio nacer a Ludwig van Beethoven, la música clásica no está en boga. En las orillas del Rin atronan las guitarras eléctricas, aporreadas de manera frenética por un Telekom Baskets fascinado por la velocidad. Bonn, en baloncesto, es puro rock and roll. Chaquetas de cuero, melenas al viento, posesiones cortas y marcadores altos. Vive rápido y muere joven. Los tres acordes de los Ramones interpretados por un base norteamericano apellidado Jordan y nombre Jared. ¡Gabba gabba hey! Por sus manos pasa todo el juego del equipo alemán. La fórmula, tan básica como divertida. Corte en la zona, búsqueda del hombre desmarcado y, al mínimo hueco, lanzamiento a canasta. 'I know, it's only rock and roll but I like it'.
Algo así debió pensar el CAI Zaragoza. Y eso que los de Abós comenzaron el encuentro fieles a su refinada partitura. Rudez, más alto que su par, castigaba en el poste bajo, bien tirando o buscando el dentro-fuera que tan bien ejecutaba el curso pasado Henk Norel. Además, los dos músicos más reputados del plantel, los georgianos Shermadini y Sanikidze, aportaban al unisono lo que siempre se ha esperado de ellos. Por si fuera poco, Stefansson interpretó dos solos impecables y los zaragozanos comenzaron a generar sus primeras ventajas.
Desgraciadamente, el dominio visitante se fue diluyendo conforme avanzó el partido. No tanto en el marcador, donde el CAI siempre marchó por delante hasta los instantes finales, pero sí en el ritmo. Profundamente atraídos por el irreverente sonido que emanaba de los altavoces del Telekom, los zaragozanos olvidaron la defensa y se abandonaron a los placeres del lado oscuro. El cuadro aragonés cambió el chaqué por la chupa y, para desesperación del director Abós, se unió a la orgía ofensiva propuesta por el conjunto local.
El dato de los lanzamientos triples lo dice todo, 50% de acierto para los alemanes (14/28) por 60% de los rojillos (15/25). El Telekom Dome era Woodstock. Lamentablemente, el festival se le hizo demasiado largo a los aragoneses. Tanto que, en el último cuarto, llegaron a ir ganando por 12 puntos, ventaja que dilapidaron en un tramo final para olvidar. La clave estuvo, sin duda, en el momento en el que los colegiados le señalaron la quinta falta personal a Pedro Llompart. Los del Príncipe Felipe se quedaban sin su metrónomo en pista y Tabu se vio fagocitado por la vorágine desatada en el pit. Un triple de Jordan desde ocho metros y a una pierna servía para culminar la remontada de los anfitriones (108-104). El CAI yacía en el suelo víctima de una sobredosis de sexo, drogas y rock and roll. No todos pueden caminar por el lado salvaje.
Radiografía de una enemistad manifiesta
"We don't like them, they don't like us. It's not unheard of. We all know how it is” - LeBron James
Las palabras de LeBron James no pueden ser más clarificadoras. A lo largo de estos años de pugna por el dominio del Este, entre Miami y Chicago se ha gestado una rivalidad imposible de disimular. Se trata de un roce profundo, creado en la cancha pero que trasciende más allá del parqué. A su manera, Heat y Bulls representan las dos vías hacia el éxito. El ataque y la defensa. El smokin de lentejuelas y el mono de trabajo. La playa y el viento. Thibodeau y Spoelstra. James y Rose.
Protohistoria
Esta madrugada, como parte del programa de inauguración de la nueva temporada, los Bulls visitan el American Airlines Arena, donde los Heat recibirán elevarán al cielo la bandera que les acredita como el mejor equipo de la NBA en la pasada temporada. No será una estampa inédita. En 2006, la franquicia de Florida celebró el que fue el primer campeonato de su historia. Como convidados, un equipo de Chicago que no dudó en aguar la fiesta. Tras las celebraciones, el cuadro entonces entrenado por Scott Skiles sometió a los vigentes campeones en un vergonzante 108-66. De aquella, solo Wade y Haslem, por parte local, y Deng y Hinrich, por los visitantes, repiten.
Génesis
Claro que los actuales Miami Heat no se pueden comprender sin la figura de LeBron James, quién, antes de llevarse sus talentos a South Beach, persiguió el anillo en su Ohio natal. En su última tentativa con la camiseta de los Cavs, 'El Elegido' comenzó su particular disputa con el conjunto de Illinois. Seguramente, el verdadero origen de la rivalidad. Así, en la primera ronda de los playoffs de 2010, se iniciaron las hostilidades. La serie fue dura, aunque las tropas del 'Rey James' consiguieron el pase de ronda por un inapelable 4-1. Nada fuera de lo previsto, teniendo en cuenta que acudían a la eliminatoria como el mejor récord de la liga regular mientras que los Bulls se habían colado in extremis desde la octava posición del Este. Para el recuerdo las palabras de Joakim Noah sobre la 'Ciudad Bosque': “Cleveland realmente apesta. No hay nada que hacer allí. ¿Conoces a alguien que haya dicho alguna vez, 'ey, tío, me voy de vacaciones a Cleveland'?”.
Una nueva rivalidad
Seguramente, cuando el pívot francés pronunció esas palabras, LeBron consideraba a Cleveland como su territorio. Sin embargo, en verano, pareció alinearse con el poste y, en una criticada ceremonia televisada, anunció que cambiaba de aires hacia un lugar mucho más excitante; Miami. Entre medias quedó, claro, la frustrada intentona de los Bulls por hacerse con sus servicios. O con los de Chris Bosh, que también marchó hacia el sur en una operación que ponía a los Heat como máximos aspirantes a todo. Sin embargo, cuando todos los focos apuntaban a los chicos de la playa, Chicago se puso por medio para hacer sombra. Al menos, en temporada regular, en la que lograron 62 triunfos y 20 derrotas, la mejor marca de la Liga. En las Finales del Este, sin embargo, las cosas fueron distintas y los Heat alcanzaron una Finales que acabarían perdiendo ante Dallas Mavericks. Oficialmente, había nacido una rivalidad.
Rose-James
La temporada 2010/11 reflejó, además, un salto generacional. La sorprendente actuación de los Bulls en temporada regular deparó a su estrella, Derrick Rose, el MVP. Con 22 años, el base se convertía en el jugador más joven en conseguirlo. Un hito que LeBron James, empeñado en pulverizar todos los récords individuales, no podrá batir. Además, el del base es el único trofeo Maurice Podoloff que no ha ido a parar a manos del 'Elegido' en los últimos cinco años. El único capacitado para discutir el tiránico reinado de 'King James'.
Estilos contrapuestos
Ambos jugadores franquicia evidencian, además, las diferencias irreconciliables entre el estilo adoptado por cada equipo. Desde la implantación del llamado big three, Miami son flashes de cámara y opulencia. Ropa hortera, rituales pre partido llamativos y una forma de entender el show bussines que en muchas ocasiones ha generado controversia. Sobre la pista, los Heat trasladan esta manera de ser al baloncesto, siendo el 'alley-oop' en contragolpe su principal seña de identidad. Los Bulls, sin embargo, son todo lo contrario. Es evidente que su máxima estrella es Derrick Rose, aunque el mérito de los Bulls reside en hacer de Luol Deng y Joakim Noah dos tótems absolutos. Sin duda, ambos jugadores simbolizan mejor que nadie el sacrificio y el trabajo sobre una pista de baloncesto. Obreros en servicio del equipo. El colectivo es lo más importante y el brillo individual es solo una consecuencia. Esta filosofía casa a la perfección con la personalidad de Rose, más reservado y poco amigo de la ostentación que se tanto gusta en South Beach. Para el recuerdo queda, sin duda, la presentación del All-Star de 2012. Mientras James, Wade, Howard y Melo bailaban, el base, totalmente concentrado, les miraba con el gesto fruncido, en claro gesto de desaprobación.
Batallas recientes
La larga lesión de Derrick Rose ha borrado las dos últimas temporadas a los Bulls de la lista de aspirantes al título. Sin embargo, eso no significa que la rivalidad con los Heat se haya enfriado. Al contrario. A pesar de las mil lesiones que asolaron la pasada campaña a los de Illinois, el equipo entrenado por Tom Thibodeau se coronó como uno de los rivales más duros de batir. Así, no extrañó a nadie que fuese Chicago quien pusiese fin a la racha de 27 victorias consecutivas que acumulaban los Heat, la segunda más larga de la historia. El hecho enfureció públicamente a los de Miami, que buscaban sin tapujos el récord absoluto. La respuesta del técnico chicagüense -a mi también me suena raro- en sala de prensa no pudo ser más gráfica: “¿Qué racha?” En playoffs ambos contendientes se volverían a juntar, en esta ocasión en segunda ronda. A pesar de sus innumerables bajas, los de la Ciudad del Viento consiguieron anotarse un triunfo que se consideró todo un éxito. La serie, además, se caracterizó por lo duro de sus encuentros, quedando para el recuerdo una falta de Mohammed sobre James y algunos conatos de tangana.
Esta madrugada, esta enemistad escribe un nuevo capítulo.
Derrick Rose, por fin
Derrick Rose llegó a mi vida como 'The Killers', por el canal equivocado. O dicho de otro modo, los equipos de Calipari, basados en jugadores cuya única misión es pasar un año por la NCAA a la espera de ser elegibles para jugar en la NBA, me simpatizan tan poco como el típico hype que se pone de moda entre los pseudo indies de camisa y salón. Sin embargo, a diferencia de la banda de Las Vegas, Rose era bueno de verdad. Tanto que, en su caso, el 'one and done' solo resultaba una consecuencia lógica de su nivel. El chico estaba para metas mayores, iba a ser una estrella de verdad.
Seguramente, así lo evidenció en el instituto, cuando consiguió llevar a Simeon a dos títulos estatales consecutivos, siendo considerado el conjunto número uno de la nación tras derrotar a la prestigiosa Oak Hill Academy. Aunque servidor, como el gran público supongo, no lo supimos hasta 2008, cuando lideró a los Memphis Tigers hasta la gran final del March Madness. No pudo culminar la machada, su equipo cayó por un ajustado 78-75 ante la Universidad de Kansas, pero el destino estaba escrito. Era, sin duda, el número uno del draft, por delante de un Michael Beasley repleto de talento pero cuya personalidad ofrecía unas dudas que pronto, demasiado pronto incluso, se encargaría de despejar, claro que esa es otra historia.
Hasta ahí, todo correcto. Sin embargo, el destino, la suerte, o Stern, vaya usted a saber, quiso ligar el futuro de Rose con el del equipo al que apoyo incondicionalmente en la NBA. También, claro, con el equipo al que el base apoyaba de niño, teniendo en cuenta que es nacido y criado en Chicago y que, durante su infancia, tuvo el privilegio de alucinar con Michael Jordan y sus seis anillos. Pese a tener solo un 1,7% de posibilidades, los Bulls se adjudicaron la elección prioritaria en la lotería y, sin ninguna duda, eligieron al talento más brillante de la generación. La leyenda comenzaba.
Sólo echando un vistazo a sus logros se puede dibujar una imagen de la grandeza de la carrera de Derrick Rose. En su primer año, premio al mejor novato. En el segundo, inclusión en el All-Star de los mayores y serio aviso de que la cosa iba en serio. A la tercera temporada, el MVP. La máxima distinción individual de la NBA. Lograda únicamente con 22 años, el jugador más joven en la historia en conseguirlo. Casi, casi, algo insultante.
Ante tal frenética sucesión de acontecimientos, acompañada de partidos e hitos inolvidables como la serie de playoffs ante los Celtics en 2009 o el mejor récord de la temporada regular en 2011, resultó complicado no involucrarse. Así, recuerdo, que poco después su primer curso, mi amigo Quike viajó a Nueva York. Mi petición no pudo ser más concreta, tráeme una camiseta de Rose de manga corta. Entonces no se podían encontrar en España, de hecho en El Corte Inglés todavía se comercializaba una réplica 'Champion' con el dorsal número tres de Ben Wallace. Al poco tiempo, con el desembarco de Adidas, el base lo inundó todo. A aquel regalo posteriormente uní a mi colección una camiseta de juego blanca y otra conmemorativa del MVP. Incluso hubiese colgado en mi habitación un póster si no superase con mucho la edad máxima para hacerlo.
Desgraciadamente, cuando el anillo parecía cuestión de tiempo, el sueño se rompió. Fue en el primer partido de Playoffs del curso 2011/12 y el armador ha permanecido sin jugar un partido oficial hasta hoy. Esta madrugada, ante los todopoderosos Heat, vigentes bicampeones, reaparece Derrick Rose. Según sus propias palabras, más fuerte que nunca. Se acabó la espera, por fin.
Berlín
Berlín, para mi, es el escenario de mis últimas vacaciones de verano. Cuatro días sin tregua ni descanso tras los cuales solo existe una única conclusión: se trata de una ciudad imposible de abarcar. Sea cual sea el prisma a través del que se pretenda observar, la capital germana desborda las expectativas y deja en unos insuficientes 3:4 lo que pretendía ser una vista en 16:9. Incluso cuando la intención es tan humilde como pueda ser visitar lo más típico del lugar. Porque la gracia de Berlín reside en el deseo que genera por profundizar. En sus calles existe fondo y contenido, otearla desde la superficie desde luego no casa con su carácter.
Especialmente, porque desde el punto de vista estético no se trata de una ciudad bonita o acogedora. Totalmente arrasada durante la Segunda Guerra Mundial, conserva algunos monumentos que, en contexto europeo, no resultan la repanocha y, aunque particularmente la arquitectura sovietica me trasmite un cierto encanto complicado de explicar, hay que reconocer que barriadas repletas de edificios cuadriculados no es lo que se puede calificar como una oda a la belleza.
Siendo una de mis grandes asignaturas pendientes, preparé el viaje con la dedicación que mi por entonces apretada agenda me dejó. Así, en los días previos a tomar el infame Ryanair que me transportó junto a mi amigo Jorge desde Reus hasta Bremen, releí el pasaje de 'Fútbol contra el enemigo' dedicado al balompié berlinés durante la época del muro, vi la extremadamente dura 'Yo Cristina F.', que aborda el problema de la drogadicción que golpeó la ciudad en los años 80, y me perdí en Internet en busca de reportajes y documentales sobre Tacheles, ya cerrada y de la que apenas pude ver la fachada. Lo del techno lo dejé por imposible, soy incapaz de encontrarle sentido alguno a semejante música.
A pesar de todo, no estaba preparado ni de lejos para lo que se me venía encima. Mi total desconocimiento del alemán, y por consiguiente incapacidad de memorizar cualquier tipo de nombre propio, complicó el asunto. Afortunadamente, la guía de mi amigo Antonio, residente en Braunschweig y que se unió a la expedición tras previo paso por su casa, y un más que recomendable Free Tour en castellano que partía desde la puerta de Brandenburgo, que en algo más de cuatro horas repasó los acontecimientos históricos más relevantes de la ciudad, salvaron la situación.
Junto a mis amigos, en Berlín visité el estadio olímpico, dónde actualmente juega el Hertha, en el que años antes Jesse Owens se atrevió a desafiar al mismísimo Hitler. Presencié un concierto acústico de una banda que no recuerdo en el único museo de los Ramones que existe fuera de Estados Unidos. Anduve durante horas por Kreuzberg en busca de un schnitzel a cinco euros, y cuando lo encontré me comí una hamburguesa de pollo crujiente. Vi una de las escenas más surrealistas de mi vida cuando, tras una extensa escolta policial, apareció un camión con la música electrónica más machacona que se pueda imaginar a todo volumen y, tras de él, una corte de punkis bailando desaforados. Intenté seguir aquel absurdo peregrinaje, pero desistí por clemencia con mis tímpanos. Pasé por la puerta del imponente O2, y le hice una foto, sin imaginar siquiera que algún día el CAI Zaragoza disputaría un partido oficial en él.
Tengo que volver a Berlín.