Lois & Clark by Jorge Tinoco.

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Lois & Clark by Jorge Tinoco.
Chismes de velorio I
Los que fueron al velorio carecían de razón "No es un muerto fresco" Aunque recién ella murió Y uno diría por su aspecto que pronto envejeció, pero no hay duda alguna que el cadáver sorprendió. Era tierna y jovencita, gran belleza nunca tuvo. Era de buenos sentimientos, era la "quedada y tontita" Un día conoció a un muchacho Que de lejos se mudó, cierto es que fue pasajero, pero a ella deslumbró En unos días ellos se hablaron, luego en la mejilla la besó, después pasaron a la boca y ella redonda cayó. Cayó entre almohadas en la cama. Las sábanas manchó. Traía encendida una llama pues le dio su corazón Al poco rato se fue de viaje. Él prometió regresar, pidió prestado pal peaje ¡Élla se quería casar! Pasaron los meses y no lo vieron, obviamente se fugó. La tonta lo estuvo esperando nunca regresó. Un día de llanto, se lamentaba Ella quería hablar con dios era tanta su tristeza que un rosario sacó La caja estaba más que vacía ni el polvo habia ahí, el rosario era de oro. Era una reliquia de la familia. La bilis quemó su cuerpo. Un grito soltó. De rabia le dio un infarto. El enojo la carcomió. Maldito vividor aquel que sus tesoros le quitó, y todo por urgida en la ruina terminó La gente dice que fue de amor lo que al otro mundo la llevó, esos son chismes de velorio, el coraje en un instante la mató.
¡Ay sabor mío!
Me sabe a que no te conocía Me sabe a que ahí debías de estar Me sabe a noche Me sabe a azar Me sabe a vino Me sabe a olivo, a campiña medieval Me sabe a una vista junto al mar Me sabe amargo y fuerte Mi lengua ha de recordar Me sabe fierro viejo Me sabe a cantar Me sabe lejos Me sabe rojo, a piedra de catedral. Me sabe a esperar Mi memoria se excita Mi piel va cimbrar ¡Oh, paladar de mis sabores, Es un arte el amar! Jorge Tinoco
Corazón
Mi piel al color del barro cada segundo que pasa se seca. No se arruga, se queda. Estática. Coraza antropomorfa.
Mate es ahora el reflejo de mis extremidades tendidas en el suelo. Me convertí en un recipiente vacío por dentro. Abierto por el pecho.
Ondulada de verde la circunferencia. No hay costilla alguna, ni si quiera una que hubiese compartido. En su lugar hay un cristal celoso.
Y dentro aquel muñeco terroso yace un corazón negro que redujo su húmedo candor. Exhibido al curioso.
Se agobió Se esperó Se secó
Jorge Tinoco
Lluvia
Ejército milenario que desciende a la batalla fielmente choca y penetra la tierra. Multiplicándose piadosamente si es que quiere o castigadoramente si así se requiere. De día o de noche el tremor de su marcha bate cristalino a cualquier eco que se encuentre. Gravitatorio se deja adorar, del cielo directo baja a su muerte. Y tras marcial paso el soldado escurre su vida a la Madre benévola entregándose para esperar y subir de nuevo a las filas vaporosas de la acuosa milicia. Jorge Tinoco
Por eso sonrío cuando te veo.
La oscuridad entero me cubrió, mi mente se iluminó de la luna, como siempre despierta y astuta, de inmediato, la masa gris pensó.
Hipotético yo.
Libertino mi espíritu, añora momentos de los cuales creo espacio y tiempo, detallo hasta los más finos ornamentos. Escucho tus palabras, en tu mirada me reflejo.
Platónico, utópico.
Quizá algún día te desnude frente al espejo! ¡Oh! Pido tu perdón, amor secreto, es que en la noche me permito estas cosas. Ofendo a tu razón con tan atrevidos rosas.
¡Pero se vale!
Engordo la imaginación con mi enajenado sentimiento. Y me encanta porque río cada vez que te veo, ya que recuerdo las fantasías que de ti sueño cuando en medio de la noche me quedo perplejo.
Jorge Tinoco