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¿No fue un milagro que Kaley aceptara ser novia de Kiran? Mas vueltas que una calesita dio la niña.
Para mi el milagro es que Kiran la soporte… Ni las mejores noches de su vida valen la pena para soportarla.
¿Cuándo habrá hijo del K2? La cigüeña se está tardando ¿No crees?
El mundo agradece que aún no los haya…
Kaley tenía la boca llena de pollo cuando una voz conocida hizo que casi se atragante. Todos sus músculos se tensaron a la vez, dispuestos a correr si hacía falta. Giró su rostro para verlo y haciendo la mejor de sus actuaciones le habló con la boca llena:- Comiendo, ¿no es obvio?- Dijo y se volvió hacia su plato.
Kaley Windlower. Can you love me again?
~ I cut myself free.
Se sentía fría, rota, sola. Su corazón se había roto en mil pedazos después de la batalla. Algunos de sus amigos o conocidos habían muerto, muchos otros pasaron por San Mungo y quizás aun estén, Hogwarts había cerrado y ella tenía una costilla rota. No era partidaria de formar parte en las batallas, pero Hogwarts era todo lo que tenía, y lo defendería un millón de veces más; aunque su vida corriese peligro. Por algo el sombrero seleccionador la había puesto en Gryffindor seis años atrás; no era solo por su lealtad, si no también por su valentía. Sus heridas físicas empezaban a sanar, pero las psicológicas y emocionales no. Siempre pasaba lo mismo. Se podía romper todos los huesos de su menudo cuerpo que se recompondría sin problemas; pero las heridas emocionales eran un tema aparte. Tampoco ayudaba el echo de que no tenía ni idea de que les había pasado a Kiran o a Lysander. Había hablado con Martha hacía unos díass y sabía que todos estaban bien, pero hasta que no los viera no se curaría una de las grandes heridas que no la dejaban ser feliz. Por su desgracia, no sabía cuando los volvería a ver, o si lo haría...
Kaley no sabía qué hacer con su vida; si quedarse o si marchar. Si graduarse o jugar al quidditch profesionalmente. Lo que tenía bien claro era que se tenía que ir de esa casa. La convivencia con su madre estaba en el peor momento, no lo soportaba más. Y era por su propia salud mental que tenía que recoger todo e irse a algún lado. No sabía dónde. Pero lejos, bien lejos de todo. Aunque tuviera que alquilar una habitación de hotel el tiempo que sus ahorros se lo permitiesen; tampoco necesitaba tanto, solo aguantar hasta volver a Hogwarts. Si era que iba a volver. Se encontraba en una encrucijada de la que no sabía como salir, ni que era lo más conveniente. Tendría que terminar sus estudios, era algo importante, pero para jugar al quidditch no los necesitaba mucho, pero sí para defenderse afuera. Y en Hogwarts siempre tendría un hogar.
Su castaño cabello le obstaculizó la vista. Había escasas ráfagas de viento, pero conseguían despeinarla y taparle los ojos con su pelo. Seguía clavada en el sitio, sujetando el asa de su maleta con ruedas veía su antigua casa. Estaba a escasos pasos, pero nadie la podía ver desde el interior. Aunque nadie lo intentaría de todas formas. No sabía si echarse a llorar, tirarse de los pelos, hacer una masacre en el Valle de Godric, reírse como una psicópata o suicidarse ahí mismo. Lo que estaba claro, era que no había ningún sentimiento "lindo" en su interior en ese momento. Y quizás no lo habría por un largo tiempo.
Martha
No habían sido pocas las ocasiones en las que la castaña había puesto sus pies en el Valle de Godric, y siempre con un mismo motivo, visitar a Kaley, al igual que ahora hacía. Debería haber ido antes, y no podía evitar no culparse por no haberlo hecho, pero no era nada fácil convencer a sus padres de que nada malo le pasaría, y si bien podría haber ido sin más, después del ataque a Hogwarts no quería preocupar a sus progenitores mientras pudiese evitarlo. Y aunque ya había visto a la Gryffindor, debía acabar con la necesidad de visitarla. El ataque la había marcado, claro que como a todos los que lo habían vivido, y no podría llegar a olvidar las decenas de hechizos que iban de un lado a otro, mucho menos como uno de sus compañeros había caído muerto a su lado, sin ella poder hacer nada para evitarlo.
Y aún así, tenía en mente regresar al castillo el próximo curso, claro, si es que Hogwarts abría sus puertas de nuevo, algo que realmente esperaba. Al fin y al cabo había pasado seis años de su vida allí, también había conocido a sus amigos, o descubierto lo que quería hacer con su futuro. Y por otro lado, no quería tirar ese tiempo a la basura, después de tanto no iba a irse sin graduarse, o al menos esa era su intención en ese momento. Además, y para su desgracia, aún era menor de edad. Mas poco le importó esto cuando sacó la varita del bolsillo trasero de sus vaqueros tras escuchar un ruido tras ella. Podía ser menor de edad, pero no iba a esconderse si alguien le atacaba, por más que al instante pudiese tener allí a varios miembros del Ministerio.
El ruido desapareció de un momento a otro, y aunque guardó nuevamente la varita, no bajó la guardia. Lo que si tenía claro era que, si se trataba de Kaley, le daría un escobazo en cuanto tuviese ocasión. Recorrió de memoria la distancia que le separaba de la casa de su amiga, y por primera vez se preguntó si tal vez debería haberla avisado antes, no quería aparecer de la nada en un mal momento. Obvio estos pensamientos cuando su mirada se cruzó con el cuerpo de la castaña, de espaldas a ella. Arqueó una ceja al ver que sujetaba una maleta, y dudaba que fuese para irse de vacaciones precisamente. Ya tendría tiempo para preguntarle. Avanzó en el más absoluto silencio hacia ella, aprovechándose de una ráfaga de viento que silenciaba aún más sus pasos. -Espero que me hayas extrañado, enana. – habló a modo de saludo, aún cuando ella era la pequeña.
Por más que le diera vueltas al asunto no encontraba solución posible; o una solución que no fuera tan drástica. Aunque en el fondo sabía que, drástica o no, no tenía otra opción. Tenía que irse; irse para no volver jamás. Quizás podría quedarse unos días en Hogmeade; aunque como estaba el tema en la sociedad mágica no sabía si sería buena opción. Por más que estuviera orgullosa de su impuro linaje, sabía que la balanza no se inclinaba a su favor precisamente. Pero tampoco tenía miedo. No miedo por una próxima batalla, pero miedo a morir ¿quién no lo tiene? Todos quieren ver un nuevo amanecer, hasta aquellos que se sienten los más miserables del mundo y que no tienen ningún por qué para seguir despertándose. No estaba en el mecanismo del ser humano renunciar a la vida. Solo aquellos a los que la depresión los había consumido por completo. Y esos, no eran la regla.
Kaley saltó en el lugar. No había escuchado ruido alguno que le avisara que se había acercado alguien; también se sorprendió porque la voz la había sacado de sus pensamientos. Se giró como si la hubiesen pinchado con un alfiler. Nunca se le había pasado por la mente encontrarse con su mejor amiga frente a su casa, y mucho menos ese día. Al parecer, la vida le había sonriendo un poco. Se rió al verla ahí. La mitad de su risa fue de felicidad, la otra mitad de calma. De felicidad por haberla visto y de calma por ser ella. Apoyó su mano libre en su cadera y enarcando una ceja le contestó.
- Enana serán tus tetas, querida.- Curvó los labios en una media sonrisa. La repentina felicidad que sentía inundaba todo su ser sanando las heridas que encontraba en su camino. Quizás no las curase definitivamente, pero no le venía mal olvidarse de que existían por un rato. Moviéndose por sus más ocultos sentimientos, y sin pensarlo si quiera, dejó caer la maleta, que calló al suelo con un ruido sordo, y corrió hacia su amiga. En momentos pasados seguramente se hubiese contenido; pero en momentos pasados ninguno de ellos habrían estado al borde de la muerte. Y Kaley tampoco estaría tan frágil emocionalmente como lo estaba en ese momento. - Claro que te extrañé, puta.- Habló sobre su hombro casi al borde del llanto.
Martha ~
Sonrió para si misma, jamás habría llegado a pensar que escuchar la voz de Kaley le fuese a tranquilizar y alegrar tanto. Estaba bien, y no podía pensar en otra cosa. Se rió con ironía al escuchar su respuesta, al mismo tiempo que bajaba la mirada unos segundos antes de responderle. – Deberías saber que eres la primera que me ha dicho eso, y creo que te costaría encontrar a alguien que comparta tu opinión.- murmuró divertida, para después reír con ganas. La había extrañado demasiado, más de lo que podría haber imaginado y también más de lo que ella misma pensaba. Solamente ahora que la tenía frente a ella se daba cuenta de cuanto la había necesitado en todo ese tiempo. Y es que a fin de cuentas, compartía con la castaña más de lo que nunca antes había llegado a compartir con nadie. Sin contar que pasaban casi todo el año juntas, y por si eso fuera poco, desde su primer año en Hogwarts compartían cuarto.
No sin cierta incredulidad reflejada en su mirada, observó como Kaley tiraba la maleta al suelo y corría hacia ella, por Merlín que jamás se habría imaginado que haría eso, pero también se sentía feliz de que lo hiciese. Caminó hacia ella, sin esperar a que la alcanzara, y si lo que su amiga acababa de hacer le había sorprendido, el abrazo que acababa de darle aún más. –Que ñoña te me pusiste, ¿eh?.- dijo divertida, devolviéndole el abrazo.- Si es que no puedo dejarte sola tanto tiempo, mira como te me pones.- añadió contra su hombro, intentando reír, cuando realmente quería llorar de la felicidad que en ese momento sentía.
Rompió el contacto, pero tan solo lo suficiente como para sujetarla por los hombros, mirándola de arriba abajo, arqueando una ceja. –Vaya, como has crecido, ¿no?- comentó seriamente, como si lo que acababa de decir fuese lo más común del mundo en una situación así. Y la verdad era que ella odiaba que le hiciesen eso, algo que siempre habían hecho las amigas de su abuela y también de su madre. Sumándole a eso un tirón de mofletes. Si, definitivamente era algo que siempre había odiado, y que cuando era pequeña le tenía casi traumada. Detuvo por un momento su mirada en la maleta que había quedado más atrás, esperaba que Kaley le contase que pensaba hacer con ella antes de que sintiese la necesidad de lanzarle mil y una preguntas.
Nunca había confesado la felicidad que había sentido cuando la batalla terminó y vio a sus mejores amigos sanos y salvos. Tampoco confesó, ni lo hará, que lloró toda esa noche en su habitación de San Mungo. Lloró de felicidad por seguir viva, lloró de dolor físico y mental, lloró porque la adrenalina había desaparecido y lloró porque no sabía que iba a ser de su vida después de aquel día. Lloró por todo eso y mucho más a partes iguales. Habían muchos sentimientos dentro de ella, dando vueltas y chocando entre sí como las partículas de un gas. No sabía que sentir, por qué sentimiento dejarse guiar, y mucho menos sabía como calmarse. Aunque debía de admitir, para ella misma, que Martha era el mejor bálsamo que pudiese existir en el universo. Y por primera vez en días, se sentía completamente segura; aunque estuviese parada en medio de un barrio muggle que en cualquier momento un grupo de neo-mortífagos podría destruir. Siempre había sido así cuando estaba con sus amigos; se sentía invencible. Porque sabía que, pasara lo que pasara, ellos siempre estarían para ella.
Ignoró las palabras de su amiga, no porque no fuese capaz de retrucarle, si no porque por su salud mental era mejor que no se imaginara a Martha teniendo sexo con a saber quien. Se rió a carcajadas, a la vez que se secaba las indiscretas lágrimas que empezaban a salir de sus ojos. Su risa la sorprendió. Tantos días sin emitir una risa verdadera había causado que empezara a olvidar como sonaba y que se sentía cuando se producía. Para su suerte, Martha le haría recordar lo que era una risa de verdad. No de esas que se hacen por obligación o para que nadie se preocupe y no pregunten cosas de las que no está dispuesta a hablar. - Yo me habré vuelto ñoña, pero tú te volviste una vieja. Una vieja ciega que empieza a chochear.- Sonrió mostrando los dientes. Había omitido contestación al segundo comentario de Martha para no reconocer que la Gryffindor tenía razón. Estar tanto tiempo sola había empeorado todo. Cuando en un pasado estaba feliz de estar sola con sus pensamientos, sin nadie que la atosigara. Pero el tiempo pasa y las cosas cambian. Espero que vuelvan a cambiar en poco tiempo. Ni en pedo sigo siendo como ahora. No puedo ser tan débil, joder.
"Stop, where am I? Shock, I can't cry. Pop, I need some space.
Oh, please let me breathe
I'll be back sooner than you know."
Kaley siguió la mirada de su mejor amiga; y cuando vio lo que ella estaba viendo, su alma se calló a sus pies. No estaba en sus planes tener que contarle lo que se traía entre manos. Mucho menos parecer dramática, o que quería atención después de lo sucedido. Por más que estuviese frágil sentimentalmente, su fuerza no se había ido y seguía siendo el mismo titan anti balas que había sido meses atrás. Y se lo demostraría al mundo. Y a ella misma. Bajó la mirada para verse los pies; suspiró, respiró hondo dos veces antes de hablar. - Me voy.- Dijo escuetamente. No creía que tuviera las fuerzas suficientes para explayarse explicando. Y tampoco quería montar un drama donde no lo había. Ni preocupar a su amiga; algo que siempre había odiado.
" I need this space. I need this time, time to clear up my mind.
You know it's not personal. Sorry if I'm hurting you.
Please don't give up on me now. I needed this time alone
To breathe, breathe, breathe"
Martha ~
Desde su regreso a casa no había pasado un día en el que no pensase en sus amigos o en el que no tuviese que matar las ganas de mandarles más de una carta. Pero sabía que no podía, pues no era solo su propia seguridad la que estaba en juego, sino también la de ellos. Se había pasado días enteros en su casa, a pesar de que en su país natal La Cúpula apenas tuviese poder y los ataques fuesen prácticamente inexistentes. Con el ataque había perdido las ganas de prácticamente todo, por no hablar de la rotura que había sufrido en su pie y que, durante los primeros días, se había negado y requeté negado a curar con magia. Lo había considerado un castigo. Un castigo por no haber podido ayudar a su compañero, por no haber sido capaz de salvarle aquella tarde. Le había llevado tiempo el permitir que un sanador le revisase el tobillo, y por irónico que para algunos pudiese resultar, había sido su madre muggle la responsable de que cambiase de opinión. Y, después de todo, ya había sido castigada viviendo ese momento, y también reviviéndolo en su mente, aunque gracias a Merlín que cada vez con menor frecuencia.
Le sonrió a Kaley. Si hubiese sido ella la que hubiese caído a su lado no sabría que habría hecho a partir de ese momento, y agradecía al mundo entero que las cosas no hubiesen sucedido así, no habría sido capaz de soportarlo, y no le hacía falta el tener que vivirlo para saberlo. No podía imaginarse una vida sin Kaley a su lado, jodiéndola día sí y día también. Rio sin poder contenerse al escucharla, repitiendo sin querer sus palabras en su mente, como si su propio cerebro también quisiese burlarse de ella. – Al menos así no tendré que verte la cara de pervertida que se te queda cuando ves a quién ambas sabemos.- Contestó, dándole un codazo y guiñándole un ojo al mismo tiempo que hablaba. –Claro que me perdería tantas cosas…- murmuró distraída, fingiendo concentrarse mientras hablaba y dejando la respuesta a la plena imaginación de su amiga, que, conociéndola, no pensaría demasiado bien de sus palabras. Algo que Martha sabía, de la misma forma que sabía que a Kaley no le gustaba pensar lo más mínimo en ella con un chico de por medio. –Claro que tu podrías describirme todo, como buena amiga que eres.- añadió con una sonrisa ladina, dando instintivamente un paso hacia atrás para no ser agredida por la leona.
Ladeó el rostro, como si tuviese la necesidad de procesar y analizar ese me voy que había salido de los labios de Kaley. Sabía que la relación con su madre era de todo menos buena, y que lo que acababa de decirle era cuestión de tiempo, pero no podría haberse imaginado que se fuese en plena guerra. -¿Te vas? ¿Cómo que te vas? ¿Y a dónde mierda te vas?- En cuanto comenzó a preguntarle creía que no podría parar de hacer preguntas, pero tenía que saber a dónde se iba a ir, lo necesitaba y no pensaba irse de allí sin una respuesta. –Ni sueñes que voy a dejar que te vayas por ahí y a cualquier lado, Windlower.- dijo apuntándole con su dedo índice y apoyando la mano libre sobre su cadera. Ni borracha le permitiría hacer algo así, y la arrastraría de las orejas a su casa si fuese necesario.
Se sentía feliz y angustiada a partes iguales. Feliz por tener a Martha frente a ella; solo ella misma sabía lo importante que era su amiga en su vida, y angustiada por no encontrar el camino a seguir. Por no saber qué hacer con su vida, ni qué hacer con todos los sentimientos encontrados que habitaban en su interior. No podía dejarse guiar por ninguno, porque de una forma u otra, terminaría haciendo algo arriesgado. Por empezar, ya había cometido un intento de suicidio en toda regla. Se había ido de su casa sin pensarlo siquiera, sin consultarlo con la almohada, sin pensar en otra opción. Aunque ella sabía que no le quedaba otra, que lo tenía que hacer, hoy o mañana, no importaba el día, pero se tenía que ir. Y que su madre adelantara el proceso no cambiaba nada. Aunque estaba esperando, con una fuerza sobrenatural, cumplir los diecisiete para irse a alguna parte. Seguía siendo menor de edad, tanto para el mundo mágico como para el muggle. Pero solo quedaban unos meses para que eso cambiase en el mundo mágico, y de alguna forma, aunque escasa, eso le ayudaba. Para continuar, no sabía qué hacer con su vida privada. Familia sanguínea ya no le quedaba, aunque... ¿alguna vez la había tenido? No tenía ningún familiar al que tocarle la puerta y pedirle estadía hasta regresar a Hogwarts, siempre y cuando el colegio reabriera. Aunque siempre le quedaban sus amigos, solo que no sabía cómo estaba su relación con Kiran. Desde ese día en el campo de Quidditch no se habían hablado más. Sabían de la existencia del otro por sus amigos, pero evitaban todo contrato, incluso el visual. Era una tarea difícil cuando pertenecían a la misma clase y al mismo círculo de amistades. Se habría odiado hasta el día de su muerte si Kiran hubiese muerto en la batalla sin haber hecho las paces. Por lo cual, estaba pensando muy seriamente hablar con él apenas se vieran, aunque su orgullo no la dejara. Pero en tiempos de guerra, no era buena idea estar peleados con las personas que más quieres. Y Kiran y Martha eran lo más importante que tenía en su vida, sin olvidar a Lysander, que poco a poco se iba apoderando de una parte de su vida. Y cuando Kaley quería a una persona, un amigo, la quería hasta el fin de los tiempos. Por lo cual, se hablase o no con Kiran, lo seguía queriendo como el mejor amigo que había sido siempre. Y esperaba que lo siguiese siendo.
- La verdad es que no sé de que hablas.- Miró para otro lado desentendiéndose completamente del asunto. El tema chicos no había sido nunca su fuerte, siempre los veía como amigos y no como posibles amoríos o algo relacionado a ello, por lo cual, cuando sentía algo por uno que no fuese una simple amistad o relación de camaradería, había que anotarlo en el calendario. Y era tal la vergüenza que sentía cuando Martha lo sacaba a relucir, que podía enrojecer hasta el nacimiento del cabello en escasos segundos. En su vida solo había tenido un novio "formal", cuya relación tampoco había durado demasiado, pero eso no significaba que fuese una santa. Ella tenía más que claro que terminaría en el infierno de una forma u otra. Y el pecado de la lujuria no era un pecado que no la tocase o lo ignorara. Ella abrazaba todo lo que la vida le daba, incluido toda clase de sentimientos que no infligieran ningún dolor. - Por supuesto.- Contestó volviendo a verla.- Puedo contarte todos los lugares en los que me besan y me dejan chupetones, o incluso en los lugares y posiciones en que lo hago. Y con quién, ¡pero qué detalle más importante como para olvidadlo! Siempre y cuando sepa su nombre.- Dijo con aire teatral. Al decir eso no pensaba prometerle que lo haría, ni mucho menos, siempre le contaba todo, pero sin entrar en detalles privados; por lo cual, solo quería crearle a Martha tal imagen mental que no se le ocurriese en su santa vida volver a pensar en decir eso.
- Te invitaría a pasar a casa para hablarlo, pero la verdad es que no quiero tener una cuchilla de carnicero clavada en la frente. - Habló con un tono sarcástico, sin darle importancia a la verdad que se ocultaba en su comentario. Su madre le había dicho que si salía por esa puerta que no regresara nunca más. Si lo hacía le lanzaría la cuchilla que solo usaba para cortar la carne (por lo cual Kaley no dudaba que te tuviera un filo a considerar) a la cabeza y ninguna excusa sería válida. Las últimas palabras de su madre habían sido: "ya vendrás llorando, pidiendo por mí, porque me vas a extrañar mal nacida" Y las de Kaley: "eso es imposible, querida, en cualquier lugar se está mejor que en esta mierda a la que tu llamas casa y en donde solo importan tus sentimientos y tus pensamientos. Y no dudes que jamás volveré, prefiero hacerme monja antes de volver a vivir contigo" y la Gryffindor cerró la puerta antes de que algo impactara contra su anatomía. Volviendo al presente, e intentando no volver a recordar la escena con su madre, pensó en alguna forma para expresarse claramente. Suspiró y se mordió el labio en busca de las palabras. Al no encontrarlas, optó por decirlo todo de golpe, sin pausas, sin respiraciones. - Me voy, ¿cuántos significados le puedes encontrar a eso? Me voy. No sé a dónde, ni cuánto tiempo. Ni siquiera si seguiré en Londres. Pero me voy. Me voy lejos del Valle de Godric, lejos de toda la mierda que tengo sobre los hombros, lejos de la mierda de familia que dejo aquí. Lejos de todo el dolor que me hicieron sentir. Me voy... - La palabra familia fue escupida por sus labios. Agachó la cabeza y dejó que las lágrimas saliesen en silencio. Su anatomía no se convulsionaba, no emitía sonidos, solo las lagrimas caían de sus ojos. Lloraba en un completo silencio. Algo que hacía todas las noches que estaba en su casa.