¿Puede ser KangYeon? (KangIn x TaeYeon)
Listo, espero que lo disfrutes<3.
No podía describir la largura del día. Ah, claro que podía. Interminable. Para su suerte, había llegado a la hora de la jornada que más le gustaba, la hora exacta de la tarde en la que se sentaba en una de las mesas de aquél local con un humeante café en las manos. Tras un suspiro que parecía no terminar, Taeyeon cerró los ojos con más fuerza de la que quería y se concentró en la tranquilidad y en la quietud del lugar, aspirando las combinaciones de vainilla, avellana y granos de café orgánico que flotaban desde el mostrador, donde los atraídos clientes esperaban por la promesa de aquél caliente líquido para alivianar un día abrumador, al menos así era en su caso. ¡La universidad realmente podía ser un grano en el culo!
Un suspiro más y sus pequeños ojos viajaron a la taza que reposaba entre sus manos. Vanilla Latte. Descremado. Simple. Fácil de recordar. No estaba segura de cuándo había sido la última vez que pidió algo distinto, y tampoco sabía si eso la convertía en una mujer fiel o, por otro lado, en una realmente aburrida. Mirando hacia el lado, captó una fugaz visión de sí misma en el cristal que le mostraba la acera fuera de la cafetería y, presa de una honesta reacción, dio un respingo. A veces lo olvidaba, a veces olvidaba que ya no era una adolescente y que ahora estaba en sus veintitantos. Una divertida curvatura se asomó por sus labios, no es que hubiese cambiado mucho, a decir verdad, pero tenía que reconocer que las facciones infantiles de su rostro ya estaban desapareciendo por completo. Además de eso, otro destacable cambio era que el color marrón oscuro natural de su cabello había sido reemplazado por un bonito ámbar.
Se llevó la pulcra loza a la boca y dio un abundante sorbo a su latte, mismo que salió mínimamente disparado hacia la mesa y que quedó regado por sus labios.
― ¿Y tú quién eres? ― Tuvo que llevarse una mano al pecho para ayudar a que su ritmo cardíaco volviera a ser el mismo, porque honestamente, no era demasiado corriente que un tipo se acercara a su mesa y se plantara frente a ella de la nada para… ¿escanearla cuidadosamente? Bueno, eso era lo que decían sus orbes.
― Youngwoon, pero puedes llamarme KangIn. ― La chica parpadeó durante varios segundos, lucía completamente descolocada. ¡Y vaya que lo estaba! Quizá por eso ahora KangIn sonreía de aquella forma tan atractiva. ¿Atractiva? Dios, Taeyeon.
― ¿Qué clase de persona decide ponerse un apodo que ni rastro tiene de su verdadero nombre? ― ¿Era mayor? Le parecía mayor, pero no pudo evitar soltar la pregunta, así que las formalidades no eran del todo obligatorias en esa situación. En realidad lo eran, pero su mente quería pensar lo opuesto.
― Mmh. Tu segunda cita. ― Venga, ya. ¿Su segunda cita? No estaba jugando si decía que sintió con todo detalle el momento en el que su ceja izquierda se alzó con sutil incredulidad.
― No, no eres mi segunda cita. Ni siquiera hemos tenido una primera cita. Además, ¡no te conozco! ¿Qué tal si eres un viejo pervertido? ― Se cubrió la boca de inmediato. Sí, se le caracterizaba por decir todo sin filtro y ya sabía por qué.
― No soy un viejo pervertido. ―Él aún sonreía, parecía genuinamente divertido. ― Muy bien, dime tu nombre y así podremos empezar con nuestra primera cita. ― No podía estar hablando en serio. Se revolvió el cabello con frustración, no tenía idea de qué se suponía que debía pensar de una persona que le abordaba repentinamente en una cafetería porque sí y le invitaba a una cita en el mismo instante, tomando como nada el hecho de que estaba invadiendo su espacio personal. Pero… Ya, sí, existía un pero tan cliché como todos. Parecía increíblemente decidido a tener una cita con ella. Cruzó los brazos sobre su pecho y entrecerró los ojos, mirándole con detenimiento. ― Mi nombre es Taeyeon. ― KangIn rió, una grave y agradable risa que invadió sus oídos y le hizo relajar el gesto hasta modificarlo a sonrisa divertida que terminó transformándose en una carcajada. ― ¡Yah! No me hagas reír. ― Desvió la mirada hasta el suelo y negó con la cabeza.
― Eres graciosa. Y muy bonita. ―
Y sucedió, de alguna manera acabó convenciéndola de que esa era una primera cita, y que debía prepararse para la segunda, y la tercera. Era muy raro, verdaderamente atípico, aunque, ¿qué demonios? Le había caído en gracia y no solo eso, las vistas eran más que buenas, tenía pinta de oso, y estaba segura de que sus abrazos debían ser bastante cálidos y cómodos.
Cuando la joven volvió a la realidad, los colores en el cielo iban mezclándose entre naranjos y violetas, evidente signo de que anochecía.
Volteó el rostro en un brusco movimiento y le echó un vistazo lleno de curiosidad. ― ¿KangIn oppa? ― Él volvió a sonreír, creía que había sonreído mucho en esa tarde, pero valían todas y cada una de las muecas. No cesaba de picarla o de hacerla reír como una idiota.
― Te veo mañana. ― Y sonrió. Otra vez.