Ilusión
28/10/17
¿Cuándo había sido la última vez que la ilusión había nacido en mi corazón y hubo recorrido todo mi ser con la suficiente fuerza como para sonreír lleno de una alegría y esperanza, surgida de la más profunda nimiedad? El recuerdo era confuso, borroso, el tiempo había pasado demasiado rápido y ni Renée ni yo sabíamos qué había ocurrido con ese niño interior que antes siempre estaba presente.
Aunque, para qué mentirnos, realmente sí sabíamos qué había pasado durante el transcurso del año de la Suerte. Como en la vida de todo el mundo truenos y tormentas surgen mientras que el reloj avanza sin piedad, arrancando violentamente las hojas del calendario sin ningún tipo de piedad, lo que hace que todo rastro, por pequeño que sea, de una ilusión de niño desaparezca de una forma lenta y progresiva sin darte cuenta de que se va marchitando y muriendo como las hojas de los árboles en otoño.
Aun así, hay veces que cuando todo parece perdido, todo resurge como el ave fénix de sus cenizas, más fuerte y poderoso que antes. De nuevo ese niño interior había renacido, creando en mi cabeza un mundo donde la única cabida era felicidad e impresionarse incluso por la cosa más obvia. Las preocupaciones seguían, claro que sí ¿quién no las tiene? Hasta la persona con más corta experiencia de vida tiene sus propios problemas, aunque se les resten importancia y cambien con el tiempo.
Sólo había necesitado una mano en la que sostenerme más, un apoyo dulce que ayudara a mi pequeño círculo de amistad a no dejarme caer. A devolverme esa ilusión perdida.













