“Y el estrés y agotamiento empezó a ahogarme, hasta convertirse en una bola de humo que no paraba de salir con gran dolor”
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“Y el estrés y agotamiento empezó a ahogarme, hasta convertirse en una bola de humo que no paraba de salir con gran dolor”
Infierno repetido
Volver a recordar un pasado poco prometedor es de las cosas más siniestras que puede ocurrirte en una noche larga de insomnio, pero volver a vivir un sufrimiento parecido al que viviste tiempo atrás puede llegar a ser como un infierno repetido. Lo intentas evitar, porque sabes lo que está por venir, esas lágrimas, ese dolor de pecho, esa dificultad al respirar, el no parar de pensar en cosas negativas, en cómo el mundo va cayendo sobre ti. Intentas evitarlo, pero sabes que es inevitable, por "x" o por "y" de nuevo te toca sufrir un dolor, un dolor que intentas no mostrar para no preocupar a nadie más, una penitencia interna que se parte en lloros por la noche, buscando la ayuda de alguien que no sabe cómo socorrerte, porque la noche es fría y solitaria y nadie puede venir a ayudarte. Así solo quedas tú, con tu Infierno repetido.
Cuatro paredes
La libertad se siente coartada en cuatro paredes donde siempre sucede lo mismo, donde todo tu alrededor cobra una rutina cansada porque no para de ocurrir exactamente las mismas acciones y donde no se puede innovar porque no hay suficientes herramientas para ello.
Dentro de estas cuatro paredes sinsentido un estrés se causa en mi mente al ver cómo mi libertad queda coartada al verse reducido drásticamente el abanico de opciones que una vez tuve. Puede que os parezca un infierno, pero mientras que yo estoy habituado a otro lugar para algunos estas cuatro paredes son un lugar perfecto para residir toda una vida, pero ese no será mi caso, nunca.
El reloj de arena, viejo amigo. El reloj de arena se muestra presente mientras que el tiempo pasa, cayendo cada pequeño gránulo en la otra parte del reloj, dando a entender que el fin cada vez está más cerca, que esa puerta que ahora tiene echada la llave se abrirá.
Pero la pregunta es ¿me volveré loco antes de que se abra esa puerta?
Miedo
La oscuridad se cierne. No se ve ni se siente nada aparte de un frío cortante. El silencio vuelve toda la situación más incómoda y agobiante, solo mi respiración entrecortada la rompe de vez en cuando. No puedo evitar temblar, temblar ante lo desconocido ¿qué me espera en esa oscuridad que lo guarda todo?
La opresión en el pecho me carcome, me estoy dejando invadir por todo aquello por lo que estaba luchando, intentando conseguir esa tranquilidad que hacía tiempo que ansiaba. Si no fuera porque siento el quemazón en los ojos y lágrimas en mis mejillas no sabría que estoy llorando, porque la oscuridad invade mi alrededor y mi interior.
Caigo de rodillas al suelo, el frío persiste y es acompañado por un dolor insoportable. Había soportado más de lo que podía solo, había intentado protegerme a mí mismo de algo de lo que necesitaba una mano más de ayuda, unas palabras de ánimos del que tuviera al lado para seguir adelante, para encender una luz potente en esta noche eterna que se estaba cerniendo sobre mí sin que yo pudiera pararlo.
Me abrazo a mis piernas. Todo este tiempo, todas esas páginas de calendario arrancadas esperando una mejor estación... Se sentían tiradas a la basura. Todo por querer hacerlo solo, pero ¿qué se puede esperar de aquel que ayuda pero no quiere ser ayudado? Miedo, miedo por perder a tus allegados al ser insistente con tus problemas, que no desaparecen, que se hacen más grandes y van tomando nuevas formas. Miedo a estar de verdad solo.
Y ahora recuerdo mi vía de escape.
Torbellino
Hay veces que la mente tiene una capacidad increíble de serenidad, de mantener la calma en situaciones límites, en situaciones donde el vacío te rodea o donde sientes que no perteneces, ya seas porque piensas que no deberías estar ahí o porque estás perdiendo el tiempo allí.
Pero ¿qué ocurre cuando sientes una opresión en el pecho? ¿cuando tienes un torbellino de sentimientos que no sabes describir y que te van carcomiendo hasta que esa serenidad inventada va desapareciendo? Sientes que ese torbellino te arrastra hasta el peor de los lugares.
Quieres gritar con todas tus fuerzas qué es lo que te pasa, todo el mundo a tu alrededor se pregunta qué es lo que te pasa que no te centras, que no eres ese tú feliz al que tantos quieren. Por algún motivo no sabes qué es lo que te ocurre para que estés en todo momento a punto de querer dejar todo de lado, de gritar sin motivo, de estar enfadado sin ninguna razón para estarlo, de llorar todo el día en la cama por nada en específico. Afortunadamente, si es que se puede decir afortunado, llegué a saber por qué a mí me pasaba.
Soledad, falta de egoísmo, opresión de la libertad. La soledad que me envuelve incluso cuando tengo un grupo a mi alrededor, por no estar rodeado de quien necesito. Falta de egoísmo por siempre dar lo que la gente espera de mí, por ayudarlos, pero sin mirar ni una vez en lo que yo quiero. Opresión de la libertad porque me siento como un pájaro con las alas rotas a causa de no poder estar al lado de quien quiero.
Sometimes is good to feel invisible in a society that only wants more from ourselves, forgetting all the effort that we have done before.
Serendipia II
29/11/2017
A veces cuando ves las estaciones pasar no puedes evitar mirar las fotos de un pasado lejano, tiempos donde los pétalos de una preciosa rosa hicieron aparecer a este pobre iluso escribe-diarios cuando aún sus dientes de leche no habían caído. Un niño que vivía en su mundo de imaginación, sin fijarse en los sujetos de su alrededor, no le interesaba ¿Para qué se iba a fijar en su alrededor cuando tenía su propio Mundo? Un Mundo que se desgarra ahora en palabras.
El niño creció hasta ser capaz de ignorar durante cierto tiempo ese Mundo de fantasía, protagonista de otras historias que él no había escrito aparecieron en su vida, fijándose en ella lo suficiente como para que dañaran y pintasen un mundo que una vez fue de color en el negro más profundo, oscuridad que ahora persiste en ella como una cualidad sacada de la podredumbre.
Siempre tuvo palabras para todos, pero sabía que eran las suficientes para expresar por esa persona que algún día le clavaría la estaca final, para alguien que no merecía la pena. Dejé las memorias atrás de un pasado lleno de imágenes y miré a Serendipia ¿cuándo la suerte se había mostrado tan sonriente conmigo? ¿cuándo había ocurrido que mis palabras ya no eran suficientes para describir el poder que ejercía esa persona sobre mí?
Solo me queda una palabra: magia. Serendipia es pura magia y esencia innata de la que no se puede deshacer, con su poder creador de chispas ha remontado parte de mi Mundo a lo que alguna vez fue, convergiendo con esa elegante oscuridad. Uno solo ha sido capaz de dar un vuelco, de arrancar páginas y crear nuevas. Incluso la rosa que una vez me vio nacer entre sus pétalos reconoce a Serendipia como el origen de esta mejoría.
¿Cómo se le puede agradecer a alguien más después de haberle dado tu todo? Siendo su todo.
Relato #11: Pesadilla
Una pesadilla más. Abrió los ojos asustado, un sudor frío empapaba todo su cuerpo como si acabara de salir de la ducha. No recordaba con claridad qué era lo que había ocurrido mientras dormía, su sueño se mostraba borroso en su mente, solo sabía que la sensación de agobio que embargaba su pecho persistía, tal y como lo haría una daga fría.
En cualquier otro momento, en cualquier otro año, despertarse hubiera sido el mayor de los alivios de una persona que acaba de tener una pesadilla, pero ese no era el caso de él. De él ni de nadie ya. Por como estaba la situación en la vida real, uno preferiría vivir hasta en las peores de las pesadillas. Se apartó la deshilachada y sucia manta que tenía sobre él para evitar pasar frío, aunque poco efecto surtía cuando estabas en un polvoriento suelo de cemento de unas viviendas a medio construir que le habían servido a él y a su familia de refugio durante un mes. Ahora solo le servía a él como guarida.
La luz entraba por el agujero de la pared, estaba amaneciendo otro fatídico día en el mundo. Se levantó trabajosamente, dirigiéndose hacia el hueco de luz. Las calles estaban desiertas, con un halo desesperanzador sobre la ciudad, los coches estaban abandonados en la carretera con las puertas abiertas, los cristales rotos y abollados por todos lados, había cientos de objetos por el suelo, desde un simple paraguas a carritos de bebé que se mecían de vez en cuando con la brisa mañanera, causando un sonido chirriante que en aquel silencio terrorífico se hacía eco.
Su barriga rugió ¿cuánto hacía que no comía nada? Su simple pensamiento lo hizo reírse, sabía que hacía dos días que por su estómago no pasaba nada, desde que su familia murió frente a sus ojos, sin poder él hacer nada porque estaba escondido, solo esperar a que se fueran esas bestias que una vez pudieron considerarse humanas. Todo porque quisieron salvarle la vida a él ¿por qué a él?
Un gruñido. Se escuchó un gruñido por toda la viviendo con un eco constante. Había uno por allí deambulando todavía, y él tenía que salir si quería comer algo, si es que encontraba algo. Cogió su bate bañado sangre, se puso la mochila a la espalda que tenía una simple botella de agua a medio terminar y dos cuchillos. Era momento de salir y sobrevivir. Esa era la verdadera pesadilla.
Relato #10: Seis hermanos; Hermes
Y allí estaba Hermes, observando con la mayor frialdad del mundo mirando el cuerpo inerte de su hermano en el suelo a causa del tiro que le había dado, ahora por fin todo estaba bajo el debido orden establecido, su orden. Nunca estuvo de acuerdo con la presencia de sus hermanos, presentes después de sus primeros años de vida, siempre se notaba en sus continuas quejas de niño pequeño, aunque siempre pensó que él iba a ser el “especial”, aquel que iba a ser el único con un don especial, por su parte el de ordenar a las personas de su alrededor con solo una mirada si hacía falta. Pero se dio cuenta que hasta el ser diferente lo tendría que compartir con sus hermanos.
Desde ese momento Hermes siempre había pensado en la manera de deshacerse de sus hermanos para obtener su ansiado liderato de familia que lo llevaría a un mayor poder aún si cabe. Había estado años esperando a una brecha por mínima que fuera, para que sus planes se pudieran llevar a cabo. Y con el amante de Venus había aparecido. El mayor de los hermanos no había tardado en ir lentamente guiando a cada uno de sus consanguíneos hacia un fatídico final, excepto a Mitra y Luna, que parecían haber adivinado los planes de Hermes y quitarse ellos solos de en medio al saber que no tenían posibilidades. Lo tenía todo su plan calculado, pudiéndolo llevar todo a cabo. Era perfecto. O eso pensaba él, porque Ares supo en el último momento que había una salvación.
Tiró la pistola al suelo con desgana mientras con una leve patada apartaba a su inerte hermano para ir directo al escritorio, quería saber qué era lo que le había dado tiempo a escribir a Ares en ese papel, para saber si corría un grave peligro o debía de seguir con su maravilloso plan hacia adelante. Entonces sintió una mano a su espalda:
— Hola, hermano.
Esa voz recorrió todo su ser mientras leía el papel una y otra vez “Devolver la cordura a Venus” Su plan había dejado de ser tan perfecto, se había desmoronado en pedazos con solo unas simples palabras. Venus nunca había muerto, era cierto, simplemente se había esfumado en un bucle temporal de locura, pero nadie había sabido más de ella, todos habían supuesto su muerte tras su desaparición a causa de querer resucitar a su amante. Hermes había querido deshacerse primero de ella, porque era lo suficiente inteligente para atar cabos en meros segundos y eso es lo que había hecho después de que Ares le devolviera la cordura con su último aliento. Y allí estaba, tocándolo, siendo el arma que iba a dar fin a aquella masacre. Sin poder pronunciar palabra, el cabecilla de los hermanos fue envejeciendo a una velocidad de vértigo hasta que solo quedó huesos, para luego quedar polvo.
Venus había terminado todo, si hubiera estado antes habría sido capaz de enmendar todo sin ninguna muerte, ahora era demasiado tarde, no podía arreglar nada y lo sabía de sobra, ya lo había intentado mucho y sabía que lo único que podía hacer era seguir hacia adelante. El Tiempo no perdona.
Relato #9: Florencia
La luz que entraba entre las cortinas de lino fueron a atacar mis ojos cerrados, que se resistieron con todas sus fuerzas a ver otra cosa que no fuera la oscuridad que me fusionaría de nuevo con aquel sueño profundo para descansar un poco más, “solo cinco minutos, no pido mucho”. Para mi desgracia, la luz se alió con el despertador del móvil, que empezó a emitir ruidos sonoros tan molestos como el grito continuo de un gallo. Metí la mano debajo de la almohada para deslizar el dedo sobre el móvil, dejando de sonar inmediatamente ese sonido infernal.
Abrí por fin los ojos, mirando toda la habitación completamente desordenada de folios desperdigados por un lado y por otro, porque un día en el trabajo podía llegar a ser un estrés. Salí con toda la pereza del mundo de la cama, dejando que mis pies descalzos tocaran el parquet, que crujió ligeramente ante el peso de mi cuerpo sobre él.
La rutina siempre era la misma, después de que esa alarma estúpida sonara iba directamente al pequeño balcón de la habitación con un cigarro a punto de ser encendido en la boca, para que la brisa mañanera despertara todos mis sentidos mientras que miraba aquellas calles de Florencia despertándose, cómo la gente iba saliendo de sus casas como los ratones de su madriguera. Calles de piedra mojada por la lluvia del día anterior y pequeños negocios que iban abriendo sus puertas, dejando la mañana ya los primeros olores a pan y dulces en el ambiente.
La rutina siempre era la misma, tras esos dos minutos de calma observada se escuchaba un gemido perezoso atrás, donde se encontraba él, simplemente él, con su delgado cuerpo tapado por las sábanas de la cama, su pelo despeinado y emitiendo pequeños ruidos de quejas por tener que levantarse, tapando su rostro primero con la almohada y luego con sus perfectas manos, hasta que al fin su rostro moreno se abría ante mí, su precioso rostro de recién levantado.
La rutina siempre era la misma, cuando un hilillo de voz entre dulce y ronca rompía el silencio diciendo “¿ya es hora?”, mi cuerpo no podía evitar correr a desayunarlo a besos bajo la mañana de Florencia.
Chispas
14/11/2017
De noche las chispas resaltan como un fulgor intenso, con una fuerza que asustaría a la mayor de las tormentas, a la mayor de las corrientes y al mayor de los huracanes. Cualquiera se vería eclipsado por esas chispas de luz tan llamativa, que hacen de la oscuridad de luna el primer día de verano, sin necesidad de que ninguna lámpara o fuego esté encendido para ayudar a ver, porque los dos sabemos que no lo necesitamos.
Si alguien observase esas chispas tendría un inmenso respeto por ella como si se fuera a quemar, a hacerse tales quemaduras que las yemas de sus dedos quedarían sin huellas. Sin embargo, ambos sabemos que no es así. Las chispas son candentes, de una temperatura tan cálida que convierte el mayor de los fríos en una templanza del calor de una chimenea, un calor que te recorre todo tu ser igual que lo hace el calor del café caliente por la mañana cuando necesitas un poco de ayuda para despegarte de las sábanas.
Las chispas están llenas de color, son rojas, verdes, violetas, amarillas... De todos los colores posibles que ambos nos podíamos imaginar, todo tipo de colores que se fusionan y dividen mientras recorren nuestras manos, nuestro cuello, nuestra espalda, dejando a su paso cosquillas creadas por el mero roce juguetón de estas.
Porque cuando tu piel roza con la mía crea esta magia. Se crean chispas.
Karma
07/11/17
There was a time where my mind couldn’t find an end to this madness. My thoughts were full of despair and sadness full of nonsenses. Yes, it was enough to take myself down during a hard time, a time where the stars and the islands couldn’t do anything, although they tried it. And at that time Serendipity didn’t appear in my heart. A dark season of my short life.
You tried to make me feel guilty of everything that happened. You made me feel like shit when I was in a weak condition. You didn’t care about me, about my feelings, you only disappeared with a short explanation that you thought that could be the answer about all the things. You crushed me like a dead grass. But how wrong you were to treat me like nothing.
Time passes, and things changed. The month of the autumn and the Halloween passed out with a great sun while the month of the spirits is stronger than ever, like me. I recover myself, I’m that me who was lost in the shadows, I’m again in the game with the support of that people that matters.
Karma is a bitch, and we all know it. And we love it. And now don’t come for me, because I will see how Karma destroys you while I’m drinking a cup of hot coffee.
Ilusión
28/10/17
¿Cuándo había sido la última vez que la ilusión había nacido en mi corazón y hubo recorrido todo mi ser con la suficiente fuerza como para sonreír lleno de una alegría y esperanza, surgida de la más profunda nimiedad? El recuerdo era confuso, borroso, el tiempo había pasado demasiado rápido y ni Renée ni yo sabíamos qué había ocurrido con ese niño interior que antes siempre estaba presente.
Aunque, para qué mentirnos, realmente sí sabíamos qué había pasado durante el transcurso del año de la Suerte. Como en la vida de todo el mundo truenos y tormentas surgen mientras que el reloj avanza sin piedad, arrancando violentamente las hojas del calendario sin ningún tipo de piedad, lo que hace que todo rastro, por pequeño que sea, de una ilusión de niño desaparezca de una forma lenta y progresiva sin darte cuenta de que se va marchitando y muriendo como las hojas de los árboles en otoño.
Aun así, hay veces que cuando todo parece perdido, todo resurge como el ave fénix de sus cenizas, más fuerte y poderoso que antes. De nuevo ese niño interior había renacido, creando en mi cabeza un mundo donde la única cabida era felicidad e impresionarse incluso por la cosa más obvia. Las preocupaciones seguían, claro que sí ¿quién no las tiene? Hasta la persona con más corta experiencia de vida tiene sus propios problemas, aunque se les resten importancia y cambien con el tiempo.
Sólo había necesitado una mano en la que sostenerme más, un apoyo dulce que ayudara a mi pequeño círculo de amistad a no dejarme caer. A devolverme esa ilusión perdida.
Dulce
23/10/17
Los recuerdos del ayer seguían invadiendo mi mente como el olor de un dulce bizcocho recién horneado que crea la calma en tu ser y a muchas le hace pensar que están en casa. Concentrarse era inútil y todo porque por una vez sentía una energía y una alegría digna de Apolo brillando en el cielo.
La mañana también era digna de recordar con la misma dulzura, todavía podía sentir en mis labios como un sabor de azúcar glas que me llenaba de satisfacción de solo pensar en los hechos.
Estaba en la absoluta soledad sentado en la hierba, dejando que la brisa acariciase mi rostro en el cual seguía una sonrisa amplia en los labios desde ayer. Cerré los ojos, y me tumbé mientras mi mente seguía en otra parte, lejos de la realidad ¿cuándo volvería a sentir ese sabor dulzón en los labios? ¿cuándo iba a sentir ese olor tan atrayente como el de un dulce recién hecho? ¿cuándo iba a volver a tocar esa piel tan suave como el sabor de la crema?
Aquellas preguntas eran tan obvias que me reía de mí mismo por el mero hecho de planteármelas. Sabía de sobra cuándo volvería a sentir aquella sensación tan apetecible y embriagadora. Toda la situación en sí me causaba risa, porque si cualquiera me hubiera dicho todo lo que iba a sentir después de salir de aquel armazón, pensaría que estaba de broma.
Pero la sorpresa es cómo un beso dulce puede cambiar tu pensamiento y el curso de tu historia.
Encerrado
17/10/17
Cuatro paredes de hormigón. Ninguna puerta. La habitación no está para nada decorada, no denota ningún tipo de esfuerzo por parte de su creador, solo hay una bombilla colgando de su propia cable en el centro del techo, estando justo debajo de ella una mesa de madera con un folio en blanco y un bolígrafo encima y una silla.
Allí me encontraba yo sentado. No sabía cómo había llegado hasta ese extraño lugar que parecía no tener ningún espacio por el que salir o entrar. Miré una vez más esas paredes de hormigón, ¿dónde estaba Renée? ¿y Serendipia? ¿dónde se habían metido las vistas hacia las estrellas y las islas? Pero la pregunta más importante que rondaba mi cabeza ¿dónde estaba yo?
Eché por fin en cuenta aquel bolígrafo sobre el folio en blanco. Lo tomé en mi mano. Pesaba más de lo que pensaba, tanto que sabía que si escribía con él mi muñeca y mi mano acabarían adoloridas a las dos líneas de haber empezado a escribir. Mis ojos se dirigieron ahora al folio en blanco, no sabía por qué pensaba que mágicamente iban a aparecer unas instrucciones sobre qué hacer, sobre qué escribir. Sin embargo, nada apareció.
Mi vista siguió fija a esa blancura impoluta mientras que le daba vueltas al bolígrafo en mi mano. No sabía cuánto tiempo había pasado, pero cada vez sentía más miedo, un estupor se apoderaba de mí y el silencio frío no ayudaba para nada. Estaba empezando a impacientarme ¿qué se quería de mí en aquel lugar?
Intenté levantarme de la silla. No pude. Una gota de sudor frío empezó a recorrer mi rostro, por mucho que lo intentara con todas mis fuerzas no era capaz de separarme de la silla, era como si la gravedad jugara conmigo y me obligara a quedarme allí. No pude hacer otra cosa que gritar con todas mis fuerzas. Me agarré bruscamente a la mesa mientras tiraba de mí mismo hacia arriba. Nada. Clavé las uñas en aquella madera, haciéndome daño en los dedos que empezaban a entumecerse y sangrar. Quería levantarme. Salir de allí.
Entonces, como si el mundo hubiera escuchado mis plegarias silenciosas, abrí los ojos para ver un cielo estrellado y sentir la hierba fresca bajo mi espalda. Miré a mi alrededor, volvía a estar en mi hogar. Sentía lágrimas y sudor frío por todo mi rostro, pero ahora no podía negar el inmenso alivio. Todo había sido un sueño.
Relato #8: Seis hermanos; Ares
Cuando eres el más sensato dentro de toda la locura, ¿qué se puede hacer? Así es como se sentía continuamente Ares. Con el suicidio de Mitra y Luna, la muerte por culpa de todos los hermanos de Saturno y la desaparecida en el tiempo de Venus por la locura, solo quedaban dos hermanos y él era uno de ellos.
Ares siempre había sido el más sensato de los hermanos, el que se había quedado aparte de todos los conflictos y ganas de poder de sus consanguíneos. Nadie sabía qué poder era el que tenía, excepto él mismo, o al menos eso pensaba él. Su don era la capacidad de poder hacer realidad todo lo que escribía, con solo un bolígrafo y un papel era capaz de cambiar el destino de cualquiera, o del mundo entero si quería.
Él no era así, su afán por el poder relucía por su carencia, nunca quiso nada aparte de vivir tranquilo. Así fue hasta que encontró la nota de Mitra y Luna. Su hermano, el mayor de todos y el único que seguía vivo, era el causante de todo aquel lío, todas las muertes habían sido llevadas a cabo por él, por su mente maestra y todo por un solo motivo: Quedarse con el liderato de la poderosa familia, para poder dirigirla a lo más alto en la escala de poder dentro de la Tierra. Y con su don lo conseguiría.
Ares quiso volver pronto a la casa familiar, quería parar los pies a su hermano, y con solo escribir dos líneas en un papel podría hacerlo parar, podría volver todo hacia atrás, cambiar el destino catastrófico que podría ocurrir si solo quedaba él con vida.
Llegar a la casa fue como un vaso de agua para un sediento. Se fue directo a su cuarto, de donde sacó un bolígrafo y un papel, todo con una rapidez inusitada digna de admirar. La tinta empezó a mojar la hoja con brusquedad, ya faltaba poco. Pasos. Su hermano estaba llegando, pero no le importó, siguió escribiendo. Los pasos dejaron de escucharse. Un disparo. El cuerpo de Ares cayendo inerte en el suelo ¿había sido demasiado tarde?
11:11
10/10/2017
Olor a café humeante por la mañana, acompañado de unas tostadas cuya mantequilla se derrite lentamente como un cubito de hielo dentro de una copa. El silencio de la mañana es casi tan tranquilizante como las noches frías refugiado en tu cómoda cama.
A veces los pequeños placeres que encuentras a tu alrededor son lo que te hacen sentir momentáneamente completo, no necesitas de nada más para saciarte. Durante unos simples segundos por fin aprecias la vida que tienes y que muchos otros apreciarían obtener con toda su alma.
Son los deseos los que promueven la ansia de querer algo más del ser humano, de a veces no estar contento con todo lo conseguido en tu carrera en la vida. Siempre se quiere aquello que aún está por alcanzar y, cuando se alcanza, se mira mucho más allá.
La voluntad y la fuerza que reside en ella es increíble, todo el mundo se ha visto luchando por lo que quería, con uñas y dientes, con espadas, como guerreros. Incluso muchos, donde me incluyo, acechan a la ingenuidad y aferran su deseo a las supersticiones más insólitas jamás vistas, ¿quién no se ha visto pidiendo que uno de sus deseos se haga realidad cuando los minutos y las horas coinciden? Hasta el menos creyente de toda suerte posible por medio de solo creerlo se habrá visto deseando algo frente a un reloj mostrando los mismos números.
El café está a medio terminar y las tostadas están terminadas. Marcan las 11:11. Por qué no ser el ingenuo que de vez en cuando pide un deseo a la hora.