El frasco vacío.
En un instante, de esos que llegan sin avisar, notas que la dosis de felicidad se está agotando.
Es como un pequeño frasco de medicina que evita que el corazón y el alma se vayan secando. Es aquella medicina, que como una especie de droga, nos mantiene en un estado y emoción constante, evitando recaídas de tristeza.
Un día despiertas con la sensación de un cigarrillo que quema en el pecho, señal de que el frasco ya se está quedando vacío.
— KP













