5x08: “El principio del fin”.
[ Idris, Alacante — 07 de Junio, 2020 ]
Era una noche hermosa como todas en Idris. Había mucho en qué pensar: Clases, trabajos, responsabilidades, pero el ir a Pandemonium era mágico. Todos iban a bloquear sus mentes. En la pista de baile, me olvidé de todo eso. Su luz brillaba directamente sobre mí, y era tan cálido. Estaba a sólo unos pasos de Matthew. Esa primera canción terminó, y nos movimos a la siguiente antes de que me diera cuenta de que había cambiado el ritmo. Varios minutos después, vi a Matty por encima del hombro de Kylo. Él estaba de pie en el bar con una de las chicas con los que había estado bailando.
Pero en el camino, mi mirada se enganchó con una desconocida extensión de cabello rubio rojizo, que era más hermosa que todas las de esa noche. Esta chica, también tenía sus elecciones de parejas de baile, y aunque no podía tener más de dieciocho años, era evidente que había bebido mucho más que Matty o Kylo. Pero, a pesar de lo bonita y obviamente carismática que era, al verla bailar, algo se torció en lo más profundo de mis entrañas y mi pecho se apretó, como si no pudiera obtener el aire suficiente. Algo andaba mal con ella. Ese tipo de sentimientos se habían vuelto una costumbre, pero, no necesariamente se adaptaba a ella. Nunca lo haría.
— ¿Estás bien? — Gritó Kylo, poniendo una mano sobre mi hombro, y de repente me di cuenta de que me había detenido, mientras todos a mí alrededor estaban retorciéndose al ritmo de la música.
— ¡Sí! — Me sacudí el malestar y me sentí aliviada al mirarme en los ojos de Matty, que desprendían una extraña sensación, dejando en su lugar una nueva calma, misteriosos en su profundidad y alcance. Bailamos durante varias canciones más.
En algún momento nos detuvimos para tomar una copa, el sudor recorría mi nuca y mis brazos estaban mojados. Recogí la mayor parte de mi cabello para sentir un poco de aire, mientras que con mi mano libre saludaba a Matty y me giraba para seguir a Kylo fuera de la pista de baile, y casi choco con la misma rubia rojiza.
No es que ella se diera cuenta.
Pero en el momento en que mis ojos se encontraron con los de ella, la sensación de malestar regresó, el malestar era más fuerte, como un mal sabor en mi boca. Lo sentía por todo mi cuerpo. Y esta vez estaba acompañado de una extraña tristeza. Una melancolía general que se sentía especialmente conectada con esta persona. A quien nunca había conocido.
— ¿Eileén? — Gritó Matty por encima de la música. Se puso de pie en el bar, agarrando dos vasos de refresco. Cerré el espacio entre nosotros y tomé el vaso que me ofrecía, con un poco de miedo al notar que esta vez, incluso mirándome en sus ojos directamente, no podía relajarme completamente. No podía aflojar mi garganta, la cual amenazaba con cerrarse contra la bebida fría que tan desesperadamente necesitaba.
— ¿Qué sucede? — Estábamos a pulgadas de distancia, gracias a la multitud que presionaba cada vez más cerca del bar.
— ¡No lo sé! Hay algo sobre de esa chica…, la pelirroja que está allí — Hice un gesto con la cabeza hacia la bailarina en cuestión.
– …Me molesta — Bueno, mierda. No había querido reconocerlo. Sonaba tan patético en voz alta. Matty sólo echó un vistazo a la chica, luego me miró otra vez.
— A mí me parece que está bien. Asumiendo que va de ida y vuelta…— Soltó una sincera Matty.
— Sí, supongo — Pero entonces la canción actual terminó, y la chica tropezó, viéndose de alguna manera elegante, aún cuando obviamente estaba embriagada, fuera de la pista de baile y hacia el bar. Se dirigió directo hacia a nosotros. Mi corazón latía más fuerte con cada paso que ella daba. Mi mano estaba enroscada alrededor de mi vaso hasta que mis nudillos se pusieron blancos. Y esa sensación familiar de melancolía se transformó en un sentimiento de tristeza. De negros presagios. Jadeé, sorprendida por una súbita certeza, horrible. ¡No otra vez! Todo el mundo va a creer que me he vuelto completamente loca. Matty colocó su vaso en la barra y me miró a la cara.
— ¿Eileén? ¿Estás bien, de verdad? — Pero yo sólo podía mover la cabeza, incapaz de responder. Estaba lejos de estar bien, pero no podía articular el problema en modo alguno que se asemejara a la coherencia. Y, de pronto, los rumores potenciales devastadores parecían la cosa de menor importancia comparado con el pánico que crecía dentro de mí. Cada respiración era más rápida que la anterior, y un grito crecía en lo profundo de mi pecho. Apreté mi boca para mantener el grito dentro, mis dientes rechinaban dolorosamente. La rubia rojiza se acercó a la barra, hacia la izquierda, y había un sólo taburete entre nosotras.
El camarero tomó su pedido y se volvió hacia los lados para esperar su bebida. Sus ojos se encontraron con los míos. Ella sonrió brevemente y luego miró hacia la pista de baile. El horror se apoderó de mí en una ola devastadora de intuición. Se me cerró la garganta. ¡Ahogada en un grito de terror! Mi vaso se escapó de mis manos y se destrozó contra el piso.
La bailarina pelirroja gritó y saltó hacia atrás mientras mi refresco helado le salpicó a ella, a mí, a Matty, a Kylo y al hombre del taburete de la izquierda. Pero apenas me di cuenta del líquido frío o de la gente que me miraba. Solamente miraba a la muchacha, y la oscuridad, la sombra traslúcida que la envolvía.
– ¿Eileén? — Esta vez era Kylo que inclinó su cara de modo que nuestras miradas se cruzaron. Sus ojos estaban llenos de preocupación, los colores giraban fuera de control, ahora en las luces intermitentes. Verlos me mareaba. Yo quería decirle… algo, cualquier cosa, pero si abría la boca, el grito saldría libremente, y entonces cualquiera que no estuviera mirándome se volvería a verme. Ellos pensarían que me volví loca. ¡Quizás tenían razón!
– ¿Tienes convulsiones? — Pero sólo podía mover mi cabeza hacia él, negándome a dejar que el llanto saliera de mí, negando la existencia de una estrecha cama en una habitación blanca, esperando por mí. Luego ambos me empujaron a través de la multitud. Me apreté la boca con mi mano libre. Matty me llevó al pasillo de atrás, que estaba cerca de los baños, con Kylo pisándonos los talones. Desafortunadamente, no había suficiente espacio en todo el club para estar lo suficientemente lejos de la chica del bar. Incluso estando parada en la puerta de atrás, el pánico era tan fuerte como siempre. El grito quemaba en mi garganta, y si aflojaba mi paladar, si perdía mi control, mi grito rompería los tímpanos de todos en todo Pandemonium. Quizás el ruido de la música podría tapar mi vergüenza, y posiblemente apagar los altavoces, si no de las ventanas. Todo por culpa de una pelirroja que ni siquiera conozco.
Sólo pensar en ella enviaba una nueva oleada de devastación a través de mí, y mis rodillas se colapsaron. Me caí tomando a Matt con la guardia baja, y lo hubiera arrastrado conmigo de no ser por Kylo, que me agarró. El me levantó completamente de la tierra, me acunó como a un niño, y siguió a Matt por la puerta trasera conmigo en sus brazos. El club estaba poco iluminado, pero el callejón estaba oscuro, y se quedó en silencio una vez que la puerta se cerró detrás de nosotros, Matt sacó la tarjeta del coche. El frío, y el silencio, debería haberme tranquilizado, pero el jaleo en mi cabeza había llegado a su límite. El grito que me negaba a liberar giraba alrededor de mi cerebro, resonante, haciendo eco, puntuando el dolor al rojo vivo en mi corazón. Kylo me dejó sentada en el callejón pero, para entonces, mis pensamientos habían perdido todo rastro de lógica o de comprensión.
Sentí algo suave y seco debajo de mí, y más tarde me di cuenta de que Matt había encontrado una caja para que me sentara. Mis jeans se me habían subido por mis piernas.
— ¿Eileén?— Matty se arrodilló en frente de mí, con su rostro a centímetros del mío, pero no podía darle sentido a las palabras que dijo después de mi nombre. Escuchaba solamente mis pensamientos. Sólo uno, en realidad. Un delirio paranoico, de acuerdo con mi ex terapeuta, que se presenta asimismo con la absoluta autoridad de una larga lista de hechos. Entonces el rostro de Matt desapareció y yo estaba mirando sus rodillas. Kylo dijo algo que no podía distinguir. Algo acerca de un trago…
Kylo se dejó caer de rodillas y me miró a los ojos, sus ojos claros y marrones seguían en su frenesí; de algún modo, seguían combinándose los colores, aunque ahora no había luces en el techo.
— … La rubia rojiza — Allí lo había dicho en voz alta, y me comprometí a mí misma a algún tipo de explicación. La frente de Kylo estaba surcada por la confusión. La de Matt no tanto, porque sabía de su capacidad, pero de un segundo a otro desapareció.
—¿La conoces? — Preguntó Kylo.
— No — Por suerte. El mero intercambio de oxígeno con ella casi me había robado la mente. — Pero algo está mal con ella, Kylo — Soltó confusa.
— ¿Qué? — Su gesto ahora era más profundo, pero más desconcertado o escéptico, se veía sorprendido. Luego vino la compresión vaga. Compresión y… miedo. Tal vez él no sabía exactamente lo que quería decir, pero no parecía totalmente desorientado.
— ¿Qué quieres decir con mal? — La voz del chico trató de ser paciente, pero se notaba la urgencia en el tono. Cerré mis ojos dudando en el último segundo. ¿Qué pasaría si me entendía mal? ¿Y si creía que estaba loca? Peor aún ¿Y si estaba en lo correcto como siempre? Pero, al final, abrí mis ojos y lo miré con franqueza, porque tenía que decirle algo, y seguramente no podría dañar más la opinión que él tenía de mí. ¿Cierto?
— Está bien. Esto va a sonar extraño… — Empecé. — Pero algo está mal con esa chica del bar. Cuando la miré, ella estaba… rodeada de sombras — Dudé, tomando coraje para terminar lo que había empezado. —¡Ella va a morir, Kylo! Esa chica va a morir muy pronto — Soltó la colorina con un hilo en su voz.