6x19: “BITCHCRAFT.”
[ NUEVA YORK – 17 DE ABRIL DE 2021 ]
Era la primera vez que pisaba la tan conocida ciudad de Nueva York. Madison, quién había pasado la mayor parte de su vida dentro de una burbuja como Idris siempre soñó con salir al exterior y vivir una realidad distinta. Amaba ser bruja y había sido criada con un objetivo fijo: heredar la propiedad de los Mercados de Sombras de Los Ángeles y la tienda “Sallows” en Londres. No se quejaba, había nacido con una buena posición y de una buena familia, es por eso que siempre le puso todo el empeño en demostrar que era digna de lo que se esperaba de ella, aun cuando eso significara sacrificar ciertos gustos y sueños aparte. Allí estaba, vestida para la ocasión y con una dirección apuntada en el móvil para encontrar a la tan requerida “Melanie Harrison”. En el Mercado no hacían más que mencionarla donde fuera que estuviese. Ella quería la mejor y si eso conllevaba a tener que salir a un lugar que solo conocía a través de películas, estaba dispuesta. NY parecía ser su lugar, la moda y el estilo eran como ella, quién parecía pez fuera del agua en las calles de Alacante o del mismo Londres donde en muy contadas ocasiones visitaba por motivos de trabajo. Se detuvo frente a un portón de acero muy bien decorado. En la entrada se divisaba un portero electrónico que llamó su atención y lo observó por largos minutos antes de atreverse a presionar el único botón. Una voz colorida le preguntó su nombre y el motivo de su visita. Tenía cierto aspecto de seriedad, pero no le importó. —Mi nombre es Madison Deveraux Vex, descendiente de Hypatia Vex. Requiero comunicarme con Melanie Harrison. Me han dicho que puedo encontrarla aquí. Muchas gracias. —murmuró con cordialidad, algo no muy común en ella, pero deseaba con todas sus ganas encontrar a la chica. El Centro de Nueva York se caracterizaba por trabajar casi las veinticuatro horas del día. No sólo con el fin de estar recibiendo a toda la gente que solicitaba ayuda para quedarse; ya sea porque estuvieran heridos por los cazadores que aún existían por la ciudad, porque no tuvieran alimentos ni hospedaje para quedarse o simplemente porque estaban hartos del mundo mundano, sus reglas y ser siempre catalogados como “raros”, para irse a un hogar que Idris les daba a todos aquellos que necesitaban. Era muy cómodo para todos los seres sobrenaturales. Nueva York era la puerta para la felicidad, pero no estaba excluido de las reglas, que sin ellas no serían lo que soy hoy en día. El filtro cada año se ponía peor con las reglas de La Clave. Cuando sentía que lo había aprendido todo, le llegaban apéndices nuevos con mensajes de fuego a su escritorio y pasaba más horas en la oficina llenándose de protocolos, pautas que rellenar para las entrevistas. Lo cierto, es que sin asistente todo se tardaba más pero el mundo de sombras era tan minúsculo que se hacía lo que se podía. Todos daban lo mejor de si. Escuchó la alarma de entrada pero nadie vino a comunicar la entrada. Melanie avanzó hacia las cámaras y notó a una chica curiosa llamando para el Centro. Era seguro que no era mundana dado que hubiera visto cualquier cosa menos el botón de entrada pero a distancia no podía reconocer qué era. Cuando preguntó el motivo se sorprendió al principio pero luego recordó que llevaba bastante tiempo en el puesto y la información corría más rápido, en especial con magia. Así que no tardó en abrir el portón eléctrico e indicarle que fuera a la puerta oeste dónde se encontraban las oficinas y no la entrada principal para urgencias. Avanzó desde el fondo del edificio hasta la sala principal que daba a las oficinas principales. Abrió una de las dos grandes puertas y la esperó allí. — Hola Madison, soy Melanie Harrison. Un gusto conocerte. Pasa por favor — Murmuró con su voz cálida y amigable. Le hizo un gesto con su mano para que entrara, así se sintiera más cómoda en hablar en su oficina que en un lugar tan expuesto. Si bien Madison no era muy consciente de toda la tecnología que existía fuera de Idris, no le sorprendió que el portón de pronto le brindara el paso y simplemente ingresó, concentrándose en el camino que tenía por delante. Mucha gente le había contado cómo era el Centro de Atención Sobrenatural de Nueva York, era uno de los más nuevos y por ende, todo se veía de mejor aspecto, no como las paredes gastadas por el tiempo como por ejemplo ocurría en Los Ángeles, aunque claro, siempre existía la magia que cada cierto tiempo le brindaba un aspecto mucho mejor a lo que naturalmente tendría. Hizo caso a sus indicaciones y fue hasta el oeste, esperando pacientemente frente a dos puertas. Pensó en sentarse, pero se encontraba con mucha ansiedad y emoción de finalmente lograr su cometido, que optó por mantenerse allí, a la espera de la morena. El sonido de la puerta abrirse fue el sonido de invitación para que Madison desviara la mirada en dirección al sonido. Una chica joven, apareció detrás y no pudo evitar elevar las cejas con sorpresa. Sin duda esperaba a una mujer anciana tras la forma en que hablaban de ella, pero le gustaba aún más que no fuese así ya que sentía que sin duda ambas podrían congeniar. El lugar estaba solitario, pero podía escuchar el sonido de gente caminar y hablar a una distancia no muy lejana. Asintió con la cabeza tras su petición y avanzó hacia ella, pasando por su lado y buscó sentarse en una de las sillas aterciopeladas frente a su escritorio. Esperó a que la Directora se sentara para comenzar a hablar. — Lamento no haber agendado una visita para hablar con usted, pero lo cierto es que me dicen que siempre está muy ocupada y preferí ver si tenía suerte. — comenzó a decir con el mismo tono educado y amable que antes. Ella estaba lejos de ser así, pero también tenía conocimiento de que a los líderes había que tenerles cierto respeto. Después de todo, eran sus representantes. — Ya le he dicho quién soy y seguramente tiene claro en qué área de Idris me desempeño, pero el motivo de mi visita netamente es para pedirle un favor, si es que fuera tan amable, claro. — agregó, sin ser capaz de continuar con lo que estaba diciendo, al menos, hasta que ella abriera la posibilidad de ayudarla. Tampoco deseaba exponer su propia vulnerabilidad. La mirada que le brindaba Madison era de una persona muy educada, con cierta curiosidad que denotaba en su mirada en el interior del Centro pero hasta ella había tenido esa mirada la primera vez que había pisado un lugar así. Si bien en las oficinas no había demasiada tecnología como lo estaba el área para identificar energía demoniaca o la armería, se veía bastante moderno. Era las fortalezas de vivir en una de las ciudades más populares y requeridas del mundo. Cerró la puerta tras pasar y caminó rápidamente hacia su lugar en el escritorio. Quitó unas carpetas que tenía en el centro para tomarse todo el tiempo en enfocarse en su petición. No conocía demasiado sus motivos pero conocía perfectamente su apellido. Le emocionaba claramente, pero debía ser neutral ante los deseos que tenían que ver con los Acuerdos del submundo. Escuchó sus disculpas y rápidamente le hizo un gesto con su mano para restarle importancia. — Primero, soy Melanie. Por favor, puedes hablarme con naturalidad porque no soy amiga de las formalidades. Estamos juntos en esto, ¿no? Se necesita la jerarquía impuestas por la Clave pero soy favorecedora que todos somos dueños y partidarios de un lugar unido por todos los seres — Su sonrisa fue amplia y cuando miró sus ojos su sonrisa se extendió mucho más. — Puedes venir cuando quieras — Murmuró tomando su agenda para dejar una hoja en blanco para rellenar. Recordó que tenía que agregar cada reunión con un acta que siempre debía enviar al acabar el día. Los detalles que iba a escribir claramente lo iba a decidir al final de la reunión improvisada. — Tengo cierta fascinación por tu familia, hablando personalmente, porque somos iguales en cierto sentido — Soltó riendo, dado que no podía compararse con una familia tan conocida y ligada a la sangre cómo la tenía ella. — Me refiero a nuestras características, no tengo herencia pero supongo que eso lo sabes — Se corrigió bajando su vista para poner la fecha y su nombre. Cuando le dijo su motivo de visita, de inmediato respondió. — Por supuesto, para eso estoy aquí. Trataré de ayudarte en lo mejor que pueda pero, debes explicarme bien el asunto y sobre todo, si es algo que es por algo que sucede dentro de la ciudad o Idris, porque si es en la capital es un poquito más complicado, pero si puedo saltarme alguna regla para hacerlo de aquí… lo haría si está en mis manos — Jugueteó con su lápiz que lo daba vueltas con ambas manos. La rubia asintió con la cabeza ante su petición de no ser formal. Soltó un poco de aire, mucho más relajada. La personalidad de ella no era para nada de alguien que trata con respeto a otra, pero estaba acostumbrada a morderse la lengua o a quedarse callada cuando se trataba de su familia. Ser un Legado era bastante difícil de llevar y ser ella sin duda conllevaba a vivir con estrés a diario. —Está bien, Melanie. Eres muy amable por decirlo. ¿Si eres consciente de que no todos son como tú, ¿verdad? Incluso generaciones por sobre mi cabeza me piden un nivel de formalidad que me dan nauseas, pero bueno… uno tiene que acatar con las reglas, ¿no? —se encogió de hombros e hizo un gesto con sus cejas que demostró de inmediato su verdadera personalidad. — Mi familia es un tema de fascinación constante — dijo, con un tono de orgullo que fue bastante obvio. — Es una de las razones de la porque estoy acudiendo a ti en estos momentos. No me es fácil requerir asistencia de alguien que no sea Deveraux o Vex pero se trata de un tema de… presentimiento. —Soltó un gruñido por lo bajo, más que nada por la frustración de no poder expresar con palabras lo que realmente sentía. Cerró los ojos momentáneamente en búsqueda de fuerza para soltar lo que tenía que decir y tras tomar un poco de aire, soltó: —Es algo que sucede conmigo, pero esto debe quedar en secreto entre nosotras. No sé si es algo que romperá algunas leyes, pero… estoy desesperada y estoy arriesgando todo lo que me corresponde por herencia de mi familia. —sus ojos eran suplicantes y al notar que Melanie seguía con la misma expresión comprensiva, continuó. —Verás, hace un tiempo estoy comenzando a tener visiones del… futuro. Y no es una característica común en mi familia o… de alguien cercano y no sé cómo explorarlo; junto a otros tipos de descontrol de poderes y tú eres un tipo de bruja especial, pensé que podrías ser algún tipo de mentora. Además de mantener esto lejos del Consejo. Podrían tomarme como loca o mentirosa, no quiero manchar todo por lo que he trabajado. —soltó agitada tras decir las últimas palabras tan rápido que la dejó sin aliento. En su mirada se podía observar lo aterrada que estaba por la situación. Entendió perfectamente todo lo que decía Madison acerca de las formalidades pero seguía pensando que todas las decisiones de los directores e incluso problemas de comunicación se debían a que nunca salían de buena manera cuando ponían el puesto sobre las personas. Ella quería mantener su personalidad y luchaba porque el ego no se le fuera a las nubes. Obviamente eso no lo iba a admitir en voz alta. — Es una regla si, pero mientras tú no me acuses… no tendría porqué haber problemas. Somos brujas, por lo tanto eres mi hermana. No me gustaría que alguien me viera hacia arriba cuando venimos del mismo lado. Incluso, muchos pueden juzgar porque literalmente soy del submundo, pero en la actualidad a nadie le debería importar eso. Soy su voz dentro de este mundo angelical — Dijo con cierta gracia en su voz. No cómo burla sino más bien que verse como oradora de Nueva York. Si era un gran peso sobre sus hombros. Sus ojos se fueron directamente a los de la rubia. Con cierta cautela siguió hablando pero mucho más cuidadosa que antes. Los presentimientos eran una características de las brujas, no de todas pero quienes las tenían más desarrollado era una súper ventaja en su mundo. — No debes evitar lo que sientas, de hecho, creo que es algo súper especial. Ya sea como un don o como una maldición — Murmuró sólo eso. No quería agobiarla, puesto que no sabía si se sentía bien con aquello o ya lo estaba odiando. Relamió sus labios intentando comprender. No era la persona con más conocimiento del mundo pero tenía la experiencia de los ancestros y ellos podrían guiarle de la mejor manera posible. Así Madison podía manejar de mejor manera su habilidad y podría ayudarlos a ellos con los acontecimientos futuros. — No, no estás rompiendo con ninguna regla. Podemos decir que no estabas segura y puedo ayudarte a bloquear la imagen el tiempo suficiente para que encuentres un lugar cómodo. Sin espectadores — Decía con tanta calma como fuera posible. No sabía si había pasado por el dolor, la culpa y la agonía de lo que había visto pero no era momento de agobiarla. — Puedo usar las técnicas para el control mental, la expansión de imagen y quién sabe si podemos llegar a la comunicación, que alguien pueda comunicarse contigo dentro de tu visión — Murmuró con una pequeña sonrisa de esperanza. — No te voy a acusar —dijo de inmediato.—Quiero decir, contarle algo al Consejo o al Aquelarre sería una locura considerando que diré todo lo que no quiero que se sepa… aún. Por eso imaginé que me entenderías ya que he oído historias tras tu muerte y todos los poderes que tienes. Durante mi crecimiento no he practicado mi magia ya que mi familia se inclina hacia otro ámbito de la brujería y estaba bien con eso —se mordió el labio inferior, conteniendo hacer alguna mueca y así mantener un papel de tranquilidad— pero esto de las visiones me están asustando un montón. Al principio solo parecían sueños, pero cada vez están aumentando en intensidad y temo que sea inevitable que me descubran—— Resopló al escuchar la palabra “don”, le fue inevitable, en los últimos días se había estado preguntando el porqué ella tenía que pasar por eso puesto que no era la persona más amable del mundo. Si eso significaba que era algo así como una “profetiza” —tras consultar algunos libros— entonces le resultaba de lo más trági-cómico. —Maldición, definitivamente. La última vez me desmayé y créeme que no fue nada de sutil o hermoso; literal mis pies terminaron volando y mi cabeza contra el piso — rodó los ojos queriendo bajarle la importancia, aunque en su interior fuese todo lo contrario. Sus ojos se abrieron, sin ocultar el miedo ante la idea de comunicarse con alguien. Sintió un escalofrío recorrer su espalda y tragó saliva con dificultad mientras intentaba recuperarse de esa sensación. —Es… está bien— titubeó insegura. —Recuerdo toda la visión, tampoco es la gran cosa, pero las veces anteriores fueron con cosas muy mundanas, como que se me caería la taza de las manos o que llovería sorpresivamente una mañana del Mercado y pensé que serían así, cosas muy simples pero presiento que no será el caso. Las primeras veces eran un aviso de que me fuera acostumbrando, se vendrán peores. Acepto probar todas las técnicas, incluso el poder eliminar este jodido don/maldición— sentenció seria y aceptando su última decisión. Se quedó en silencio escuchando todo lo que le decía. No conocía muy bien su historia familiar más que los detalles de su poder y el largo linaje. Tenía mucha curiosidad sobre no ejercer su poder pero tampoco quería parecer chismosa en ese momento. Cuando quisiera contarle, estaría feliz de escuchar. — ¿Quieres comenzar a practicar? Toma su tiempo como cualquier disciplina pero siento que sería mucho más rápido debido al gran poder que posees — Murmuró abriendo los brazos mientras seguía hablando. — Además, las visiones son considerados un regalo. Por supuesto — Dijo con una sonrisa. — ¿Regalo para quién exactamente? — Dejó la pregunta en el aire y se tiró hacia atrás, en el gran asiento con un respaldo suave de cuero. Dio un largo respiro al escuchar de su caída. No podía hacerle sentir mejor puesto que las visiones no daban un aviso con anticipación; te tocaba en el lugar que fuera. — Si esto sale a la luz, sabes que tu lugar en la comunidad asciende, ¿No? Estarías yendo directamente al Gard y querrán saber quién es el que te comunica tus visiones, lo primero que harán es creer que es del Ángel Raziel y luego pensar que es alguien del submundo, ya sea ancestros tuyos o de otros — Trató de explicarle. No quería preocuparla pero hace mucho tiempo no había una profetiza en el mundo y ella sería la primera después de mucho tiempo. — Puedo ayudarte, ser tu guía de la mejor manera posible y si tienes dudas podemos mandarnos mensajes de fuego que es el medio del cual no nos estarán vigilando sobre nuestros temas. Podemos encontrarnos en el Cementerio dónde no hay jurisdicción alguna para hacer hechizos y si alguien pregunta, me estás ayudando con mi trabajo allí — Dijo anotando en un papel su número telefónico y su dirección por cualquier emergencia, ya sea porque había tenido problemas para mandar los mensajes. — No te asustes, ¿si? — Extendió su brazo con su papel en su mano. — Vamos a ir paso a paso, analizando cada visión y si es algo gigante podemos contarlo al Cónsul pero omitiendo de quién vino la noticia. — Cuando le entregó el papel doblado se echó nuevamente atrás. — Y no puedo decirte que tengas cuidado con tus visiones pero no luches, te sentirás peor si no te entregas — Soltó como un aviso pero lo odiaba. Nadie podía decir lo molesto que podían ser aquellas cosas. Ni siquiera había tenido uno pero en la historia las que tenían visiones odiaban cómo perdían el control de su cuerpo. Con sus ojos recorrió todo el rostro de la morena frente a ella y la desvió sutilmente a sus manos, las que inconscientemente unió por sobre su regazo para estrujarlas fuertemente. Quería practicar, pero a la vez temía amplificar lo que sea que estuviera pasando dentro de ella. “¿Sería lo más sensato?”, pensó. Pero también tenía claro que ese era el camino más obvio. Ambas eran brujas, de distintos niveles, por supuesto. Mientras que Mel era todo fuerza y potencia, ella no era más que una bruja apagada, que jamás se había dedicado a potenciar su magia, ni siquiera en el período que fue parte de la Academia cuando era mucho más joven. También pasó por su cabeza el rostro de su madre, quién repetidamente le inculcó que su familia tenía más responsabilidades que ser solo brujas que se dedican a hacer magia, que el Mercado de Sombras y sus negocios eran su vida, incluida la de ella también. ¿Qué pensaría de ella de estar buscando ayuda en la persona que menos apreciaba? Tragó saliva con dificultad, tampoco era una opción viable contarle eso a Melanie. No supo que contestar acerca del “regalo”, por lo que entornó los ojos y resopló a modo de respuesta. Abrió la boca estupefacta ante la información que le estaba brindando. ¿Ella en el Gard? No podía considerarlo algo bueno. Ninguna Deveraux en la historia familiar había sido considerada para un puesto en un rango tan alto. Ella siempre pensó que se debía al orgullo de su familia más que en el rechazo en sí a ser parte de la Clave y era razón por la que nadie quería verse relacionado con ellos o para ellos. Cumplían la Ley, sí, pero más que nada para no terminar encarcelados o con penas más desastrosas. No podía arriesgarse, no era opción para ella llegar a ese punto. — Por favor, no, no quiero ser considerada en El Gard. Sé que para todos es un honor, pero para mi familia… eso es una mancha. Simplemente no puedo llegar allí. —soltó sin pensarlo. Se llevó la mano hacia la boca y la miró con los ojos abiertos y muy preocupados. Esperó que puede transmitirle que eso no podía decirle a nadie o estaría acabada. Esperaba que su líder fuera sensata. Tenía fe, aunque no tenía otra opción que no perderla. Suspiró largamente por primera vez en varios minutos, relajada de tener, al menos, una noticia buena dentro de toda la conversación. Que Melanie la ayudara era más de lo que había esperado. Tener una guía dentro de todo el proceso no la hacía sentir tan sola contra el mundo, en donde no tenía idea de lo que estaba sucediendo. —Suena bien lo del Cementerio. No había pensado jamás que podía ser un lugar de encuentro seguro. Eres muy lista. —asumió, mostrando su sonrisa de oreja a oreja, ya más positiva. Tomó el papel con la información personal de la chica y se puso de pie, queriendo dar por terminada aquella conversación. ¿Quería? No. Pero ese tipo de encuentros siempre tenían un tiempo estimado y no quería llamar la atención más de lo usual permaneciendo allí. La escuchó con atención y asintió a lo que le decía. —Intentaré, lo prometo. —le dijo, caminando con paso decidido hacia la salida. Se volteó rápidamente sobre sus talones, con una expresión más de ella, egocéntrica y decidida. —Y por favor, ¿Podríamos comenzar con una clase para abrir portales? Juro que, si sigo así, viajando y viajando, mi trasero se va a volver cuadrado, ya sabes, estoy evitando las salidas de los Institutos y ha sido toda una odisea llegar aquí. —se encogió de hombros y tras hacerle un gesto de despedida con la mano abierta, se perdió tras la puerta y luego hacia las calles de Nueva York. —Mierda, aquí vamos. —












