Prompt number: “will you look at this?”
Fandom: Mob Psycho 100 AU
Warning/Tags: Paranormal situations
Los Secretos De Kageyama-san
—¿Vas a ver esto? — preguntó Hoyuelo al pequeño Reigen, que no contestó, estaba absorto en cómo, con una mano, su maestro, Kageyama-san, destruía a un feroz espíritu maligno de un edificio viejo que planeaban demoler. Con el espíritu maligno acabó a otros más, no tan poderosos.
Reigen, de 14 años, era un estudiante que trabajaba de medio tiempo en la oficina de asuntos paranormales de un psíquico adulto de nombre Shigeo Kageyama-san, y con su nuevo asistente, Hoyuelo, un espíritu que posesionó el cuerpo de un hombre que se suicidó.
—Fantástico —dijo Reigen al final del exorcismo—, Kageyama-san, usted es poderoso.
—Supongo —dijo, siempre sin expresión—, aún no he encontrado alguien tan poderoso como yo.
—Aún —rio Hoyuelo, aunque la mirada de soslayo de Kageyama-san lo hizo callar, sonriendo nervioso.
Los tres salían del lugar, cuando se encontraron con una biblioteca vieja.
—Maestro —dijo Reigen—, ¿podría revisar este lugar un momento?
—Supongo que no los molestará, dijeron que nada aquí les servía.
Kageyama-san entró con Reigen, y revisó algunos libros con el chico, hasta que, cargado de varios libros, volvieron a la oficina.
Reigen guardó los libros en la oficina, llevándose uno por uno a su casa, leyéndolos en sus ratos libres.
Hasta que encontró uno con una gran sonrisa dibujada en la portada. Lo hojeó, hasta que encontró un dibujo mal hecho de su maestro Kageyama-san.
Le pareció extraño pues el libro hablaba de una secta que esperaba que un "mesías" creara "con sus poderes" un mundo donde sólo existiera la felicidad. Los "Ja Ja Ja" se llamaban.
Reigen terminó el libro, sintiendo que había leído algo aburrido y demasiado fantasioso para haber sido escrito por un adulto. Pero tenía curiosidad por el dibujo, así que decidió preguntarle a su maestro al día siguiente.
Sin embargo, al llegar a la oficina, escuchó a Kageyama-san:
—Hoyuelo, encárgate de este caso.
—¿Yo? —reclamó molesto Hoyuelo.
—Estás viviendo aquí gratis, y no haces nada, ni siquiera limpias.
—¿No estás Reigen aquí para eso?
—Reigen es mi asistente, está aquí para lo que yo diga, ahora ve a está dirección y encargarte de todo.
—Sí, jefe —dijo resignado.
—Maestro —entró Reigen—, ¿puedo acompañar a Hoyuelo-san?
—Sí, está bien, pero no te separes de él.
El edificio estaba cerca del lugar que habían exorcisado hace días, y tenía un espíritu tan fuerte como el que Kageyama-san destruyó.
Hoyuelo lo encontró, pero en lugar de desaparecerlo, lo absorbió.
—¿Tú…? —tartamudeó Reigen.
—Tranquilo, recuerda que no soy un humano, soy un espíritu malvado, y para mí es fácil alimentarme de otros espíritus, aunque éste de verdad era muy fuerte.
—Hoyuelo-san, ¿usted cree que hay más psíquicos como Kageyama-san?
—Pero, ¿igual de fuertes?
—Eso… Jamás había visto a alguien exorcisar un edificio sólo con un movimiento de mano… Sin duda Kageyama es poderoso.
—¿Y cree que algún día yo podré tener poderes?
—Nunca he visto a un humano desarrollar poderes sólo así, los psíquicos que conozco nacieron con sus poderes.
—Entonces… Yo podría ser el primero —sonrió.
—Yo no lo creo, ya vámonos…
—¡Hoyuelo-san, mire esto!
Reigen se acercó a un pilar donde estaba la misma sonrisa de su libro, con dos huecos como ojos.
—¿Qué…? —comenzó a preguntar cuando, asustado, miró la sonrisa.
—Vámonos —le tomó la mano al chico y miró a su alrededor—, este lugar es más peligroso de lo que creí.
Salieron sin ver a un par de sombras, pisos más arriba, observándolos.
—Los espíritus —decía Kageyama— parecen más fuertes que los que normalmente viven en las construcciones abandonadas.
—¿Por qué succede eso, Kageyama-san? —preguntó Reigen.
—Parece como si alguien los invocara a propósito.
Hoyuelo, sentado junto a la puerta, lo miró, y se escondió detrás de uno de los libros de Reigen.
—Será mejor mantenernos alerta abre cualquier situación extraña; Reigen, si ves a alguien extraño házmelo saber.
Kageyama sonrió y le revolvió el cabello al chico.
Reigen tomó su mochila, cuando recordó y sacó el libro. Kageyama miraba por la ventana para encender un cigarro, cuando escuchó a Reigen preguntarle algo, pero, al volverse, lo primero que vio fue el libro el vamos del chico.
Kageyama le arrebató el libro al mismo tiempo que la ventana se abría sola, y lanzó el libro, que se prendió en llamas hasta que al suelo sólo cayeron cenizas. Telequinesis y piroquinesis juntas.
Hoyuelo alejó a Reigen unos pasos de Kageyama-san, que parecía nervioso.
—Reigen —dijo Kageyama—, ese libro…
—Estaba entre los libros que encontramos.
—¿Y…en el edificio de hoy…viste…?
—Sí, la sonrisa de la portada…
—Reigen, no debes volver aquí.
—¿Hice algo malo? —preguntó alarmado— Yo no sabía…
Kageyama-san se volvió, furioso.
—¡No quiero verte aquí otra vez!
—¿Qué crees que estás haciendo aquí? ¿Crees que sólo por mirarme desarrollarás poderes psíquicos? ¡Eso jamás va a suceder?
Reigen miró a su maestro con los ojos llenos de lágrimas.
—¡Dije que te fueras! —gritó, y Hoyuelo y Reigen pudieron ver su aura negra, a punto de atacar al chico, cuando Hoyuelo se interpuso. Kageyama miró molesto a Hoyuelo y le dio la espalda.
Hoyuelo tomó la mano de Reigen.
—Ven —le dijo—, te acompañaré a tu casa.
Reigen no miró hacía atrás, tomó la mano de Hoyuelo-san, y salió.
Kageyama se alejó de la ventana para no mirarlo.
Por el bien del chico, lo mejor era tenerlo lo más lejos posible.