52.
Sí, hoy cumples 52.
Estás más viejito que yo, grandísimo cabrón. Aunque te duela, aunque te cague. Aunque mientes madres. Porque no por haberte ido antes te has ido, tarado. Ni te irás nunca. ¿Pensaste que te irías joven y guapo?, pues no, no fue así. Aquí sigues y te seguirás haciendo siempre más viejito, conmigo en mi corazón y en el corazón de toda la gente que te quiere, te agradece y te piensa todos los días. Te salió mal la jugada, animal. No te fuiste. Pensabas que te irías, pero no te fuiste.
Basta con que te des una vuelta por el Facebook de la gente hoy, en tu cumpleaños, para que veas lo vivo que estás. Lo presente que estás en tantas personas, en tantos grupos, lo importante que sigues siendo (bueh, tampoco tanto, no te la creas chaquetón). Basta con que leas un poco todas las muestras de cariño, todos los agradecimientos, todas esas vidas que tanto tocaste, para que veas que sigues y seguirás aquí, siempre.
Basta que veas, como estoy seguro que lo haces todos los días, lo maravillosos que son Pacho y Dany y lo mucho que tienen de ti, cada uno en su estilo, cada uno con su personalidad, pero qué te digo si seguro lo ves y estás muy orgulloso. Como orgulloso estoy yo de haberme quedado con esas dos increíbles bendiciones, porque no son ninguna responsabilidad. A veces fantaseo con que se metan en un problema, aunque sea pequeño, para ser “¡¡El Rul al rescate!!” pero no carajo, lo hiciste muy bien porque no me dan ese gusto, soy totalmente innecesario.
Basta que veas cómo le brillan los ojos a Pachy cuando habla de ti, cuando escribe sobre ti y cuando mira cualquier cosa que tenga que ver contigo. Y basta también con que veas también la maravillosa vida que se está construyendo, lo fuerte que es y lo bien que lo ha hecho, sí, justo como quieres, justo como lo planearon.
¿Tu familia?, ¿tus sobrinos?, ¿tus hermanos?, no hay día que no hablen de ti con orgullo y con un cariño que se les desborda en cuanto sales a la conversación. Aquí estás, en todos sus corazones, como el ejemplo perfecto del hermano perfecto, el tío perfecto, el hijo perfecto, el primo perfecto...ya, qué hueva, todos te idealizan siempre aunque no lo merezcas carajo.
Y de tus amigos, qué te digo. Digamos que en “The Shark is Back” y “Felices”, nuestros grupos de wassap, hoy las felicitaciones empezaron a sonar a las 6 de la mañana. Pero léelas tú que a mí me da hueva contártelas. Aquí sigues, cabrón, en el grupo, todos los días, en cada conversación, en cada plan y, por supuesto, claro, en cada anécdota cagada de las miles que tenemos contigo. Me encanta contarlas. De hecho te confieso que me gusta más que antes, ¿sabes por qué?, porque por lo menos no puedes estarme jodiendo cuando las exagero. Sí, ponte verde de coraje porque las exagero, me doy cuerda y las cuento con detalle y te imagino perfecto allá arriba pegándole a algo (o a alguien) mientras gritas “Ruliña!!, Ruliña!!, pinche Rul, no fue así cabrón!!”...pero tú sabes, tú sabes que sí: todo fue así, porque no hay personaje más cagado y al que le pasen más cosas extrañas que a ti y, afortunadamente, yo estoy aquí para asegurarme de que nadie se quede sin escuchar las grandes aventuras de Lalolopez. A veces, de hecho, pienso que debería cobrar por contarlas, escribir un libro y hacerme millonario a tus costillas o algo, carajo. Eso sí que te haría enojar y, por supuesto, me haría cagarme de la risa de ti.
Aquí sigues, animal. No hay nadie como tú.
Te cuento que hace un par de semanas estuve filmando en Boston con el querido Rodrigo García y, en una cena me contaba lo mucho que le gusta trabajar conmigo, lo mucho que le gusta cómo escribo ideas y yo me sentía muy orgulloso hasta que me dijo “¿pero sabes quién estaba muy cabrón?...Lalolopez. Ese cabrón era un genio. Además, un tipo increíble, auténtico. No ha habido ni habrá otro así. Terco como la chingada, pero un genio. Fue de los primeros que creyeron en mí y le estaré siempre muy agradecido”.
Y así, sin más, ¡pasé a segundo término, pendejo!, ¡estaba hablando de mí y terminamos hablando de ti carajo!
Por esto que te escribo y por muchas cosas más, no, no te has ido.
No te irás nunca, pendejo.
Así que, aunque sea por 6 meses, como te he dicho cada año: ¡¡¡ESTÁS MÁS VIEJITO QUE YO CABRÓN!!! ¡¡¡JAJAJAJAJA!!!
Felices 52, chaquetón.












